La ‘loapilla’ cinegética

Reclaman los cazadores que se unifiquen las licencias autonómicas de manera que haya una sola para todo el territorio nacional. Muy bien, entero y pleno, pero ¿por qué empezar por la cazada cuando la lengua o la gestión de los ríos, la historia o las campañas de vacunación siguen en manos de las taifas que, encima, reclaman cada día una competencia nueva? ¿Qué es más urgente, acabar con las 17 licencias de caza o poner coto a las 17 eventuales versiones de una misma y única Historia, hoy destrozada a placer en función de la ideologías? El plan Chaves de licencia única tiene sentido pero parece mentira que un líder de su relieve haya empezado la casa por el tejado.

Basura para todos

Al portavoz parlamentario del PSOE-A, que reclamaba a la Cámara de Cuentas aclaración sobre si el PP presentó en tiempo y forma, allá por el 2004, las facturas de cierta empresa relacionada hoy con la trama de Garzón, ha respondido el vicesecretario general del PP devolviéndole la pelota al pedir que se aclaren las cuentas del PSOE con la empresa del alcalde de Punta Umbría, es decir, ‘El Paraíso’, durante la campaña electoral del 2008. ¿Qué pasa, que unos y otros guardan la basura como oro en paño, por si acaso, dispuestos a sacarla y esparcirla en el momento más oportuno a los intereses de cada cual? Tan indigna es la corrupción misma como su utilización maquiavélica en la lucha política. Los ciudadanos deberían tomar nota de estas trampas que le tienden a la opinión lo mismo tirios que troyanos.

Otra de indios

Un bisnieto del gran jefe lo los chiricahuas apaches, el gran Jerónimo, acaba de montar el pollo en Estados Unidos reclamando a una sociedad secreta que funciona en Yale desde principios de siglo, “Cráneos y huesos”, a la que habrían estado vinculados, los Bush y hasta John Kerry, los despojos de su antecesor robados a principio de siglo del cementerio de Fort Hill, en Oklahoma, por un grupo de pijos entre los que se dice que figuraba el abuelo Bush. Nada tan duro e hiriente en la historia del genocidio amerindio (que ése sí que fue un genocidio) como el triste final de esos jefes heroicos que acabaron, como el propio Jerónimo, exhibido en la Exposición de San Luis o como el mítico Sitting Bull en el circo de Búfalo Bill, una epopeya desconocida a pesar de que en España, desde los años 70, existe una espléndida bibliografía publicada por Juan J. de Olañeta que abarca amplísimos aspectos de la vida indígena con notable rigor antropológico. El bisnieto de Jerónimo, basándose en una célebre carta descubierta en la época que contenía la confesión de uno de los miembros de aquella espantosa fraternidad, acaba de demandar ante los tribunales al propio Obama y al secretario de Defensa, invocando el derecho familiar a dar a su antepasado una tumba atenida a las prescripciones de su cultura, sin la que el espíritu estaría condenado a vagar sin descanso posible por toda la eternidad. En Internet puede contemplarse el alegato de este ex-combatiente de Vietnam que, a estas alturas, resulta verdaderamente conmovedor.

¿Yale? Yale en silencio, como era de esperar, aunque la prensa reproduce por doquier el tremendo anacronismo de esa secta iniciática que parece ser que venera el número 322 e incluye en su ritual el reconocimiento de debilidades sexuales junto al beso a la calavera. Hoy no se lleva el uso del término ‘salvaje’ y es una lástima porque en este proceso habrá ocasiones sobradas para aplicarlo, en su sesgo más peyorativo, no a los pueblos nativos que defendían lo suyo sino a esa élite ocultista y ridícula cuya íntima relación con la clase dirigente en sus niveles más altos constituye un auténtico atentado a la democracia americana y lo que, en definitiva, es mucho peor, al sentido común de ese gran pueblo que no sabe en manos de quiénes está. Los restos de Buffalo Bill están protegidos por una tonelada de cemento en su tumba de Denver. Los países con historia corta se aferran al mito saqueando si es preciso tumbas y héroes.

Lo que faltaba en Baena

La operación de la Policía Judicial sobre la trama de corrupción montada en el Ayuntamiento de Baena se hizo a base de intervenir los teléfonos de los sospechosos hasta que una “garganta profunda” avisó a los investigados. ¿Quién fue, quién pudo ser si lo que estaba en marcha sólo lo conocía el Juzgado, la Fiscalía y la Delegación del Gobierno? Uno no es tan lila como para creer que ésta es la primera vez en que se avisa a un “amigo político” investigado, pero cree, en cualquier caso, que en un ámbito tan reducido, resulta imprescindible dar con el chivato, cuyo color político se trasluce solo. Si era una vergüenza la “trama de los puticlubs”, esta ramificación política convierte el guión en un drama político.

Jamón jamón

Cuentan que los responsables de la promoción del jamón ibérico, o sea, el ‘Jabugo’ de toda la vida, le han hecho entrega de una pata al mismísimo Sarkozy, un gesto que empata por lo menos la insistente campaña de otras comarcas y denominaciones de origen por hacerse con ese liderato. Se busca también abrir a nuestro producto-rey los mercados extranjeros, en especial, el americano y el asiático, un objetivo que, de conseguirse, sería estupendo pero está por ver que pudiera ser atendido por la actual capacidad de nuestra oferta y si, por otra parte, no acabaría convirtiendo en prohibitivo el consumo tradicional. Está bien, en todo caso, el esfuerzo y la imaginación de esos gestores dispuestos a no dejarse arrebatar una bandera tan propia.

Caza mayor

La intolerancia o directamente la xenofobia no había adoptado hasta ahora en nuestro país una forma más abyecta que la presunta decisión del ministro Rubalcaba y su departamento de Interior de ordenar a los agentes a su mando maquillar las estadísticas sustituyendo a los genuinos delincuentes por simples inmigrantes sin legalizar, los “sin papeles” famosos, que habrán de ser detenidos por la infracción administrativa como si fueran responsables de delitos, allí donde se encuentren. Ni que decir tiene que, en contra del testimonio de los propios agentes y de algunos sindicatos policiales, tanto el ministro como la cadena de mano viene excusándose de esa infamia por el sencillo procedimiento de negar la mayor diciendo que nunca ha existido esa orden, pero los agentes insisten en que no sólo es real y está en vigor, sino que incluye algo tan ominoso como la sanción para quienes se nieguen o resistan a ejecutarla y los premios (en días de vacaciones suplementarios) para quienes la acaten. Vean que poco hace falta para levantar la manta y exponer a la luz del día los auténticos sentimientos de quienes han hecho siempre bandera del criterio humanista y hasta se han convertido, llegado el caso, en adalides de una actitud de generosa acogida respecto a una población que mientras han durado las vacas gordas bien que ha favorecido las cuentas de nuestra Seguridad Social de paso que beneficiaba, dejándose en ello la piel, a una sub-economía explotadora que ha gozado de una lamentable tolerancia. Una cosa es predicar y otra dar trigo, quién lo duda, pero que un gobierno que se hace llamar “socialista obrero” cace (también) trabajadores inmigrantes por nuestras calles y plazas, es ya harina de otro costal.

 

Y digo “cace”, pues según los agentes sus órdenes son buscarlos y detenerlos donde sea, incluso camino del trabajo o a la puerta de la escuela donde aguardan la salida del hijo, en el parque donde eventualmente paseen o incluso en su propio domicilio si llega a ser averiguado. El humanismo –ya lo advirtió Sartre, entre otros—es tan frágil que puede desmoronarse ante el menor inconveniente transformándose de forma radical hasta permitir que escape de él la subyacente negación del otro. Fanon decía en los felices 60 que el colonial maltrataba al ‘diferente’ lo mismo negándolo con violencia que simulando su amable acogida. Y ahí tienen a los mismos que rechazaron, con razón, el uso de narcóticos para expulsar emigrantes, cazándolos ahora del modo más impío. España, país de emigrantes, oculta una grave xenofobia en sus entretelas y Rubalcaba aprovecha esa realidad simplemente para mejorar el aspecto de su gestión.