Prioridad pero menos

Está quedando en evidencia el compromiso del presidente Griñán de dar prioridad absoluta a la depauperada educación andaluza. Hasta el punto de que consejera del ramo deja plantado al Parlamento que iba a debatir sobre el tema para irse a la feria de Jaén. Y ello al día siguiente de conocerse que sesenta alumnos andaluces abandonan sus estudios cada día y que, por toda providencia, la Junta ofrece 100.000 pesetillas a los que aguante en el aula aunque sea sin dar golpe. ¿De qué prioridad hablaba Griñán, entonces, si ni siquiera le ha reñido a su consejera feriante por tratar su competencia como si se tratara de una fruslería? No les falta razón a quienes nos llaman “empecinados” a los que aún confiamos en el nuevo presidente.

Chaves el echa cara

El vicepresidente tercero del Gobierno y ex–presidente de la Junta, Manuel Chaves, ha venido a Huelva a “revistar” las obras del famoso ‘Plan E’ –¡hay que tenerla dura!—el mismo día en que la patronal pide al Gobierno que de aprobarse otro que, por favor, no se limite a levantar aceras y arreglar fuentes sino a invertir de manera productiva en este erial. Por lo demás, le gran líder no tuvo inconveniente a aparecer por Punta Umbría años después de haber prometido que la emblemática playa se uniría a Huelva por unos puentes de nunca a acabar que, según él, deberían haber comenzado a construirse a finales del año 2008. El caso es cubrir el expediente, hacer acto de presencia y volver a emplazarnos hacia un futuro cada día más imperfecto.

Libertad vigilada

No sabía yo que las cámaras de vigilancia pública, instaladas en calles y edificios, fueran santísimas. Menos aún podía imaginar que el apoyo del pueblo soberano a esta obvia limitación de la libertad individual, podría ser tan aplastante: entre el sesenta y el ochenta por ciento, no sólo en España sino en varios de los principales países europeos. Sin duda es la consecuencia del sentimiento de inseguridad difundido hoy por medio mundo (el otro medio ni se entera, el pobre), la respuesta de una sociedad asustada a la amenaza creciente que avasalla precisamente las libertades del individuo. Pero junto a esa providencia tan orwelliana, el Poder anda enredado cada día más en una inextricable madeja de espionaje masivo, hasta el punto de que altos responsables de la seguridad comentaban hace poco que, con las tecnologías actuales de su parte, las policías (y quienes no son las policías) tienen en su mano espiar telefónicamente a quien quieran y como quieran sin dejar el menor rastro. El caso Gürtel, tan cutre que se lo merece casi todo, no se merecía, en todo caso, que los resultados de ese espionaje policial fueran expuestos en la picota para que el último en enterarse fuera el juez y el mal estuviera ya hecho, fueran cuales fueran las medidas adoptadas ‘a posteriori’. En un país como España en el que a nadie se le han caído los anillos al reconocer que se había espiado con alcahuetería al propio Jefe del Estado –o sea, para entendernos mejor, al Rey en persona– nadie se va a extrañar porque se “escuche” subrepticiamente al frutero de la esquina o a la vecina de enfrente e incluso se publiquen luego los resultados de la escucha, verosímilmente incómodos para el espiado. Vigilados y escuchados, nuestra vida ha entrado ya sin estrépito en la “servidumbre voluntaria” que anunciara Étienne de la Boétie.

Claro que de momento se publican sólo los materiales que convienen al Poder, por ejemplo el mentado “caso Gürtel”, pero no los que puedan incomodarle, ‘verbi gratia’ ese “caso Faisán” en el que consta que desde la policía española se avisó a los extorsionadores de ETA de su inminente detención en Francia y hasta parece que se confortó a un poli intranquilo por la fechoría asegurándole que el juez (imaginen qué juez) “era amigo” y, por tanto, nada había que temer de una eventual investigación. Vivimos vigilados y contentos, pues, pero, encima, expuestos a que nos divulguen el secretillo si se diera el caso de que ello con venga a quien manda. Lo de Orwell era una profecía, no una ficción. Ya sólo queda confiar en que en su granja los cerdos no acaben armando la marimorena.

La mala educación

Ya hay números cabales, y no sólo cábalas, sobre el fracaso escolar. Resulta que se nos van del aula, cada día, nada menos que 60 escolares mal contados, un total de 106.00 en cinco años. Y encima la Junta no tiene mejor ocurrencia –regalo de ordenatas aparte—que darle una beca de 100.000 pesetas de las antiguas a los alumnos para que no deserten, de tal modo que los colegiales cobrarán sólo por asistir a clase mientras que muchos licenciados seguirán pudriéndose en el paro. Estamos ante un sistema educativo que ha perdido el norte y dentro del cual todo irá a peor, verosímilmente, por más prioridades que prometa Griñán. Con esas cifras en la mano lo más razonable es pensar que nos aguarda un futuro peor que el presente.

La línea vertical

Quien manda, manda. En UGT no han dejado al aspirante a candidato frente al candidato oficial ni siquiera formalizar su entrada en el Congreso. Se ha quedado fuera, por si las moscas, de manera que ni por asomo pueda planear sobre la asamblea la sombra de la oposición. ¡Gran lección de ética, ejemplo admirable el dado por esos ganapanes! También el sindicalismo se ha convertido en una nómina y ya se sabe que con las cosas de comer no se juega. En resumen, habrá un solo candidato y ganará. Bulgaria no es sólo un país sino un ejemplo venerado por todos los tramposos.

Patrimonios súbitos

No seré yo quien le discuta el ex-ministro Solchaga, que debe saberlo de la mejor tinta, que España es el país en el que uno puede convertirse en millonario, partiendo desde la miseria, en menos tiempo. Si él lo dice, el sabrá pro qué lo dice, pero hace tiempo que colecciono datos sobre las fortunas de los políticos –desde los africanos más tópicos, hasta los familiares de Lula, los nuevos rusos, el elenco italiano, el yanqui o el francés—y tengo la sensación de que a Solchaga lo cegó en cierto grado el chauvinismo o la proximidad de un milagro que se estaba produciendo no sé si en sus haberes pero sí que en sus misma narices. Mi última adquisición se refiere al patrimonio del secretario particular del matrimonio Kirchner –primero de él y luego de ella–, un tal Fabián Gutiérrez, que ha logrado aumentar su patrimonio en seis años, es decir desde que llegó al despachito en 2006 hasta la fecha, en un mareante 765 por ciento, una barbaridad se mire como se mire, teniendo en cuenta que incluso el de sus jefes no se acrecentó más, durante el mismo periodo, que en un 572 por ciento. Desde el siglo pasado sabemos que una familia tronada como la de Yeltsin puede de la noche a la mañana conseguir derecho a alfombra roja en los bancos suizos o que los herederos de Mobutu no tienen empacho en reclamar una fortuna incautada que duplicaba la renta del país. Sólo en España un político puede decir con la cabeza alta que, tras un cuarto de siglo con salario de ministro, apenas posee un coche usado y un puñado de euros en su cuenta corriente, o tratar de justificar un alodio de respeto a base de su sueldo como tesorero de un partido. Y digo que sólo en España no para encomiar el caso, sino porque en cualquier otra parte del planeta el personal se troncharía de risa si le fueran con esos cuentos.

La política ha abierto muchas vías de enriquecimiento a sus afortunados servidores con la sola condición fáustica de la renuncia al alma y sus moralidades, y hay que decir que ese fenómeno no es privativo de la democracias ni de las satrapías sino universal y, por lo que estamos teniendo ocasión de ver, enteramente independiente del signo político. A Craxi le descubrieron los lingotes de oro que depositaba, como un bucanero, en una cuenta secreta, a Karamanlis o a Alan García, tuvieron que echarlos por pura vergüenza torera aunque luego hubieran de readmitirlos en sus magistraturas. De Rumsfeld hablan y no acaban los mismos que sospechan que hoy por hoy resulta inconcebible un mandatario que no cuente con un baúl enterrado en una isla que no viene en el mapa. El Leviatán, sin duda, tiene el estómago más grande que la cabeza.