Cuentas y cuentos

Llamativa la obsesión por hacer méritos del segundón del PSOE en el Ayuntamiento de la capital, Francisco Baluffo, y escandaloso el retruco de decir que el alcalde se ha subido el sueldo en plena crisis después de enero. Infórmense bien, porque eso –que de ser realidad sería, en efecto, un escándalo– no es cierto. Y Baluffo debe de saberlo bien porque su propia nómina de ese mes, como la de su portavoza Tobar, es exactamente igual que la de diciembre pasado, en cumplimiento del acuerdo plenario de congelación de sueldos fraguado creo recordar que en octubre. ¿Por qué no cuenta Baluffo de lo que cobran ellos mientras exhibe papeles atrasados sobre lo que cobra el alcalde? Pues porque sabe aquello de que difama que algo queda. Es mentira que el alcalde se haya subido el sueldo. Pongo por testigo al señor Interventor.

Cabeza de mujer

Contaba aquel conversador inigualable que fue Ricardo Gullón que Juan Ramón conservó siempre un tremendo horror por la figura de la serpiente con cabeza de mujer que suele aparecer en las representaciones pictóricas de la primera tentación, en no pocas ocasiones con una escalofriante cabellera. Había dos mujeres, pues, en el momento de esa tentación de tan largas consecuencias en la que Adán –no tenemos más que verlo en la escena pintada por Tiziano—se resiste con gesto contrariado a la tentación de Eva mientras la sierpe le ofrece ese fruto, la manzana, ‘malum’ en griego’, ‘malus’ en latín, y tal vez por esa razón léxica confundido simbólicamente con el Mal en abstracto. Me he acordado de la anécdota al enterarme de que el Vaticano –en fin, ‘L’Osservatore romano’, que viene a ser lo mismo—acaba de respaldar la tesis de un  jesuita casi centenario que sostiene que el varón peca de modo distinto a la hembra, pues mientras a ésta la mueve ante todo la soberbia, al zambombo del macho parece ser que lo que le movería es la lujuria. Ya ven: la eterna misoginia que ensombrece la tradición eclesial cristiana, la misma actitud, en el fondo, que la de tantos santos padres y teólogos sublimes que vieron en la mujer un mal, necesario desde luego, pero mal al cabo. No es extraño que el pintor recurriera al híbrido mujer-serpiente, de tan hondas resonancias míticas, movido por una corriente de pensamiento que remonta al mismo Pablo siquiera en términos menos graves, pero de la que existe una antología inequívoca, desde Agustín, que consideraba a la mujer como un ser inferior a Tomás de Aquino, para quien era un simple “defecto de la naturaleza, una especie de  homínido defectuoso y mutilado”, pasando por el sabio Ambrosio que la veía como “fuerte en el vicio y dañina para el varón virtuoso” o por Juan Crisóstomo que sostuvo la tesis de que había sido hecha para la lujuria del hombre. ¿No dijo Tertuliano nada menos que la mujer era la “puerta del diablo”? Muchos siglos después hay cosas que ya no pueden sostenerse pero ahí está el caso para comprobar que tontos no faltan nunca del todo.

“Los hombres y las mujeres pecan distinto”, han dicho los sabios hodiernos, echándole la pata a los viejos misóginos de la doctrina, pues los varones sucumbirían, a la lujuria, gula, pereza, ira, soberbia, envidia y avaricia, por este orden, mientras las mujeres serían víctimas de la soberbia, envidia, ira, lujuria, gula, avaricia y pereza, por este otro. Hay en el libro de José Antonio Pagola, ya citado aquí, un capítulo estupendo dedicado a l a relación del Cristo con la mujer. A las nuevas inquisiciones no les hubiera venido nada mal echarle un vistazo antes de hacer este nuevo ridículo.

Gozo en un pozo

Media hora le ha durado a Chaves el tirón autonomista y su proyecto de expedientar al ministro furtivo. Ha sonado la corneta de Madrid y Chaves ha girado sobre sí mismo reclamando nada menos que la unidad cinegética de España, es decir, la devolución al Estado de las competencias de caza por parte de las autonomías. No se ha inmutado cuando se ha roto la lengua nacional, ni cuando la Historia se ha fragmentado por taifas, ni cuando la guerra del agua ha permitido arrojar sobrantes al mar antes que favorecer a las Españas sedientas, ni cuando el disparate de la Justicia transferida ha tocado fondo, ni cuando… Pero sí que lo ha hecho a la hora de salvar a un ministro del Gobierno por el que no es posible dar ya un duro ni al más fanático. Ha habido entreguismos mucho más sangrantes, pero esta bajada de pantalones hará época.

El bla bla bla de Chaves

Chaves aleccionó antier a los empresarios. Les dijo que de todo se sale, al fin y al cabo, y que él los iba a ayudar una barbaridad. Y luego les recomendó –ya lanzado retórica abajo—todos los tópicos del mundo como receta para la salvación: “seguir apostando por innovar, echar mano de las I+D+I a la producción, tener calidad y excelencia como referente de su trabajo productivo en todos los momentos del proceso, buscar nuevos productos e internacionalizar su actividad”. Bla, bla, bla. Huelva está mal y va siendo una de las víctimas más afectadas por la crisis, tiene problemas en su industria en los que ni él mismo se orienta mínimamente, padece un paro desolador. Parece que apear la palabrería y guardar un ratito de silencio hubiera tenido mucho más sentido.

El grado cero

El presidente del gobierno italiano, Silvio Berlusconi, ha explicado que su canallesco comentario sobre los “vuelos de la muerte” practicados por la dictadura militar argentina no implicaba más que una ironía que es preciso aceptar en el discurso político. Nadie lo ha entendido así, afortunadamente, en el resto del mundo, quizá porque cualquier broma sobre la infamia que supone arrojar al mar desde aviones a los adversarios políticos tiene que resultar inadmisible hasta para el más zote y Berlusconi es, desde luego, un gran deslenguado y un incontinente verbal acreditado, pero en absoluto un memo, lo que quiere decir que para él arrojar al mar desde un avión a los rivales es algo, por lo visto, en alguna medida, gracioso. La política, y no sólo en Italia, está rozando peligrosamente el grado cero hace algún tiempo, pero el Berlusconi incontinente y payaso ha sobrepasado con mucho las licencias de sus colegas llamando en su día “coglioni” a los votantes de Prodi (¡casi como el alcalde de Getafe al llamar “tontos de los cojones” a los electores de la derecha!), mereciendo la dura reacción del presidente Cossiga cuando calificó de ‘mercenarios’ a los electores de D’ Alema o el reproche generalizado por asegurar que se reservaba la tarea de ‘destetar’ a sus propias ministras. No sorprende ya siquiera la aparición pública de un responsable máximo en estado de embriaguez como ha ocurrido en Francia con el propio Presidente o en Japón con el ministro de finanzas, ni el espectáculo degradante de un pleno del Congreso español jaleando con gritos de “torero, torero” a un ministro de Justicia que une a su capacidad para provocar la primera huelga de jueces y perderla por goleada, la desfachatez de cazar furtivo en una finca pública o gratis total en una exclusiva y millonaria montería.

Es de temer que estas salidas extemporáneas no sean más que la extensión de ese talante generalizado que acepta ya como legítimos el cinismo, la mentira o la descalificación personal en la dialéctica cotidiana, en un grado probablemente desconocido en la vida pública española. Aquí se ha llamado “mariposón” al jefe de la oposición sin mayores consecuencias, se ha dado por cierta la paternidad extramatrimonial de un ex-presidente o se ha afirmado que un periodista ‘perdía aceite’, pero hasta ahora al menos, nadie había osado bromear con el terrorismo de Estado aunque, por desgracia, se haya practicado. En la Italia de ese clown milloneti, sí, y lo grave es que ocurre ante el silencio cómplice de sus socios europeos. Hasta el elogio del crimen cabe ya en la política disfrazado de ironía. No es de extrañar el desprecio público por la política que funciona en las democracias como un corrosivo de imprevisible eficacia.

El ministro furtivo

¿Ven cómo habríamos de tocar fondo, por lo menos lógico? Ahí tienen a la Junta de Andalucía expedientando a un ministro de Justicia, al poder autonómico sancionando eventualmente a un miembro del Gobierno, y no a uno cualquiera sino al responsable de que la vida marche derecha y no torcida. Hay que encomiar la determinación de la Junta al dar ese paso y más aún si llega el caso de imponer al ministro la sanción administrativa que le corresponda. Y paralelamente, lamentar que el Gobierno no vea en este amargo trago de Chaves una razón sobrada para apear del cargo a quien, desde luego, ha dado motivos mucho más graves para su destitución. Un furtivo al frente de la Justicia constituye un chascarrillo. Ésta es la primera vez (sin contar los años de Aznar, claro) que Chaves defiende la autonomía frente al arbitrio jacobino.