El enchufe según IU

Ha denunciado IU el enchufismo que, según la coalición, rige tanto en Trigueros como en Villarrasa. ¡Toma, y en la Diputación (empezando por IU misma), y en Gibraleón, y en Valverde, y en la Sierra y en…! El ‘enchufe’ es el instrumento del neocaciquismo, el engrudo que fideliza a una amplísima clientela familiar por toda la provincia, y es de temer que también lo fuera en el caso de que gobernara un partido distinto al que gobierna. Hace bien la coalición protestando por esos abusos, pero ¿es que los “equipos” descomunales que “asesoran” sobre todo lo asesorable en la mayoría de las instituciones no son abusivos? Estos políticos dicen no fiarse de los funcionarios porque ello les abre la puerta grande a sus estrategias expansivas. La bendita democracia es un régimen muy caro, de eso no cabe la menor duda.

Ley y clase

Un eminente jurista, con cargo institucional para más inri, reconocía hace bien poco que, con toda evidencia, la aplicación de la ley no resultaba igual en la práctica para el pobre que para el rico. El derecho no lo es tanto, en fin de cuentas, ni lo fue nunca salvo en los momentos fundantes, en la medida en que su ejercicio se conforma a una lógica y a unos protocolos reservados a los expertos, los cuales han sido toda la vida especialistas en extremar el laberinto. Por algo dice el refranero lo que dice de jueces y abogados y por algo repiten los gitanos eso definitivo de “pleitos tengas y los ganes”. La imagen de los dos primos Cortina –condenados por estafa en el Tribunal Supremo y liberados luego de esa condena en el Constitucional por prescripción de los delitos—reclamando al Estado cantidades millonarias como compensación por los “daños injustos” soportados, es de ésas que confunden sin remedio a una opinión nunca curada de espantos a pesar del espectáculo en sesión continua de las corrupciones privadas y públicas que se han adueñado de este país nuestro ante la evidente tibieza de los poderes que podrían remediarlo. En dos casos también recientes, sendos presos por error han reclamado, como los Cortina, por sus muchos años de injusto calabozo sin merecer más que algún que otro suelto o comentario. Los famosos financieros, por el contrario, han campeado en la mayoría de las portadas acaparando un interés que ellos justifican con el argumento de que, al fin y al cabo, ser sentenciados como estafadores por el Supremo les ha causado un perjuicio irreparable no sólo moral sino económico. No fue Balzac, como suele repetirse, sino Rabelais, quien ideó el símil de la ley como tela araña que atrapa al mosquito pero se rompe y deja escapar al tábano. ‘Martín Fierro’lo explica mejor que nadie en sus olvidados cuartetas: “No la tema el hombre rico,/ nunca le tema el que mande,/ pues la ruempe el bicho grande/ y sólo enrieda a los chicos”.

Sin darnos cuenta quizá nos hemos instalado en una situación límite cuyo perjuicio no radica sólo en la ruina que provoca sino, mayormente, en la desmoralización masiva experimentada por la ciudadanía que asiste atónita y en régimen de función continua a situaciones judiciales incomprensibles. Antier mismo un juez dejaba en libertad sin fianza al saqueador del Orfeó Català y al día siguiente otro detenía a un Ayuntamiento en peso en la estela de casos como los de Marbella o Estepona. En el clima moral crítico del Barroco escribió Corneille (cito, una vez más, de memoria) que la Justicia no es precisamente una virtud de Estado. Hoy, en España, esa frase podría ser un lema.

La sagrada familia

Está por escribir el papel de la familia en la política andaluza. Padres e hijos, maridos y mujeres, hermanos, cuñados y demás parientes y afectos aparecen en ella, a todos los niveles, enlazados por el cordón del nepotismo y, llegado el caso, por el de la asociación ilícita. Es nuestra mafia, blanca o negra, nuestra camorra de cuello blanco, que en el Ayuntamiento de El Egido se acaba de descubrir superando todas las marcas. Nuestro sistema fragua el concepto caciquil al calor familiar y hay que decir que con un éxito jamás alcanzado hasta ahora. Desde la cabeza a la cola, insisto, este pescado está podrido. Y no se ve la menor voluntad de sacarlo de la cesta. Hemos inventado la corrupción familiar con tanto retraso como aprovechamiento.

Pactos vacíos

Bramaba ayer el director Unquiles quejándose del interminable recurso a la a comedia política con que, con frecuencia, justifican el sueldo y la inepcia nuestros privilegiados representantes políticos. ¿Qué fue, aparte de la adjudicación “a la sevillana” del contratazo correspondiente, del cacareado pacto por Huelva que pretendía lavar nuestra imagen exterior? Ahora se une a él el llamado “Pacto por le Economía Social de Huelva”, tan vacío al ser presentado en sociedad, que la propia presidente de la Dipu dice que “habrá que llenarlo de contenido en el futuro”. Unquiles se sube por las paredes ante esas teatrales fotos pero lo que no se puede negar a esta tropa es su capacidad para entretener al público.

En el laberinto

Hay cada vez más voces en Europa y en EEUU preguntándose qué sentido tiene mantener la presencia de tropas en Afganistán, si es justificable la muerte de tantos soldados y un gasto tan prohibitivo en medio de un laberinto que tal vez no tenga siquiera puerta de salida. Las elecciones pasadas, que fueron presentadas por los “aliados” como un paso decisivo hacia la democracia, han demostrado que, en realidad, no han sido más que un gigantesco paripé jugado por el manojo de sátrapas –los llamados “señores de la guerra”—del que no se excluye ni el mismísimo candidato de Occidente, Hamid Karzaï, “el hombre más elegante del mundo”, por lo visto, y desde luego un tramposo descomunal. Hoy sabemos, por ejemplo, que su supuesta victoria no era más que un fraude colosal, al menos ocho puntos por debajo de los resultados que anunció en un principio y , según los observadores de la UE, al menos un cuarto de los votos registrados –millón y medio, de los cuales más de un millón beneficiaban a Karzaï– han resultado sospechosos, forzando a una segunda vuelta que, muy probablemente, no resuelva nada en un país en que la mujer vota embozada y los taliban cortan la mano a los votantes. ¿Tiene sentido morir en Afganistán en semejantes condiciones?, se preguntan algunos observadores, sin perjuicio de reconocer la gravedad de una situación que, una vez creada, tal vez no tenga salida. Si se piensa en que, en el fondo, lo que hacen nuestras tropas es el juego a los sátrapas, evidentemente, no. Sólo la contemplación del problema como un conflicto que concierne al orden internacional en su conjunto, permitiría otra respuesta.

Por eso ha resultado tan desconcertante la propuesta de una política española de que la solución en aquel belicoso país no vendrá nunca de las armas pero sí pudiera derivarse de una reforma agraria, extraño concepto para aplicar en un monocultivo de opio del que proceden las inmensas fortunas de los “señores” pero también el pan cotidiano de la inmensa mayoría del pueblo. Todo indica que no habrá otra solución de futuro que mantener esas indeseables armas e incluso aumentar decisivamente el arsenal aunque sólo sea para proteger a los efectivos que combaten en una guerra abierta disfrazada de misión de paz. Y por eso también nos ha parecido a muchos que el Nobel de la Paz concedido a Obama podría estallarle entre las manos por muy buena voluntad que le eche a un mapa bélico en el que a Afganistán se une el panorama de Irak, la amenazante sombra de Irán y el termitero paquistaní. De momento vamos a darle otra vuelta a ese puchero tramposo. Siempre habrá tiempo de pensar en una tercera si el guiso tampoco sale esta vez.

La real gana

Poco ha contribuido la arrogante argumentación de Chaves a la aclaración de su increíble balance de patrimonio personal. “No he ahorrado– dice para justificar la clamorosa evidencia– porque no me ha dado la gana”, como si ésa fuera alguna razón de recibo en un personaje público al que, al contrario del privado, la opinión e incluso la institución están en su derecho de cuestionarle el peculio. Una grosera expansión que no evitará que se mantenga la duda razonable sobre la parquedad de ese balance increíble que, por lo que se ve, no dispones de mejor razón que el inútil recurso a la testosterona.