Volver a Babel

En una brillante interpretación simbólica de Babel, es decir, de la confusión lingüística, el antropólogo bíblico Xabier Pikaza, proponía entender aquel mito sobre la base de la ambición humana castigada por haber roto la única lengua, “el gozo confiado de la trasferencia comunicativa”, para sustituirla por los propios ídolos. La diáspora forzada de los hombres y su radical incomunicación no serían más que la consecuencia de un desafío basado en la errónea valoración de la propia capacidad y el castigo vendría a ser su propia ruptura e impotencia. Si lo recuerdo ahora es porque se suceden, un poco por todas partes, hechos y anécdotas en torno a la lengua que los diversos nacionalismos pretenden diversificar forzando esa curiosa marcha retrógrada hacia el tiempo ya remoto en que la lógica social fue imponiendo el modelo de lengua única, favorecido por el Estado Moderno pero no sólo por él. El mismísimo ministro de Justicia de nuestro Gobierno se manifestó hace poco en Galicia para defender el gallego del presunto propósito de sus rivales de borrarlo del mapa “como sucediera con el latín”, argumento tan impropio como ignorante de la historia. Pero la tensión es más general. En Aragón, por ejemplo, mantienen las espadas en altos los partidarios de imponer a la región el catalán (a los que apoya el gobiernillo regional), y aquellos que se oponen a ese proyecto proponiendo a cambio la imposición del aragonés. Hay polémicas semejantes en Italia, donde el sardo, el toscano la “lingua veneta” desafían al italiano, o en la Francia meridional, donde el occitano –la vieja “legua d’oc”, el idioma de los trovadores—se manifiesta estos días apoyado por el PS y los Verdes en demanda de una insensata “inmersión” que verosímilmente inquieta poco a los jacobinos de París. Sean Connery se coloca la faldilla, por su parte, para reivindicar el germánico escocés y aquel gaélico celta, que habla tan poca gente y al que le sobran letras del alfabeto, pero que fue en su día la fabla propia de los bardos. Y ya saben que en Cataluña ven bien combatir el español mientras se privilegia al aranés que, por cierto, es occitano. Paciencia.

Vuelvo a la antropología y sus trasparencias, admiro la actualidad de los argumentos que explican el viejo mito respecto de esta actualidad maniática y localista, encerrada cada día más inquietantemente en su alfoz, reparo en la “torre” lugareña expresión del poder ilusorio y causa de la tragedia. Y veo que el hallazgo “moderno” de la unidad decae en manos de esta ratonería aldeana dispuesta a arrostrar la tragedia de la incomunicación con tal de mandar en el pueblo. En Cataluña multan ya al español. Aunque con un ministro de Justicia como el que tenemos raro sería que todo quede ahí.

Cabeza podrida

Insufrible la pelea de El Ejido, las acusaciones mutuas de implicación en la trama entre PSOE y PP, la presencia de personajes de primera fila de la política en el palco del escándalo y hasta mentiras calculadas para inculpar a otros con su defensa bien clara. Lo que queda claro es que no se trata de un negocio muñido por abajo sino de una trama montada desde arriba, habrá que ver si con la complicidad de algún partido o no. Pero, en cualquier caso, los ciudadanos quedarán desolados viendo otra vez el espectáculo asqueroso de la podredumbre en el escenario de nuestra vida pública. Es la clase política, y por arriba, la que está en cuestión. Por eso lo más urgente sería iluminar la escena y proceder luego con la máxima dureza contra los corruptos.

Barcos presos

No hubo acuerdo con el gobierno de Guinea Bissau y, por tanto, no pudo cumplirse la promesa del embajador a las tripulaciones de que ayer martes serían liberados. Medios extranjeros insisten en que la acusación de actuar en aguas no permitidas es firme y sería muy conveniente aclarar ese extremo, pero parece evidente que la diplomacia española, al contrario de lo que ocurre con el secuestrado “Alakrana”, no se está empleando más que en un segundo nivel, a todas luces insuficiente. El Gobierno de España ha fracasado ante el problema y elude implicarse a fondo, y es curiosa la inhibición manifiesta de las Administraciones en el caso, sobre todo en Huelva donde parece que fuera ajeno.

“Costa Nostra”

Quien busque un retrato de la actividad delincuente en la Costa del Sol y se pregunte, acaso, por la realidad aparentemente legendaria de las mafias instaladas en ella, ha de leer el libro escrito al alimón entre ese curtido político comunista que es Antonio Romero y el joven periodista malagueño Miguel Díaz Becerra, bajo el expresivo título de “Costa Nostra”. En él se recoge, en efecto, el fenómeno de la implantación de las mafias en el litoral andaluz oriental, un fenómeno que, según los autores, arranca de ciertos pactos muñidos en los amenes franquistas, pero que luego ha crecido hasta límites insospechados como consecuencia de la interrelación de varios factores como el ‘paraíso fiscal’ gibraltareño, el pudridero de la corrupción urbanística y el colosal tráfico de drogas y personas organizado en Marruecos. Hay que confiar en que estos tremendos –que creo que piensan reeditar ampliada pronto esta versión—no corran la suerte airada de algún autor italiano de moda, riesgo sólo por el cual ya merece el estudio en cuestión un respeto imponente aunque su lectura gratificará, sin duda alguna, a cualquier persona interesada en entender la clave negra de muchas cosas que en Andalucía están ocurriendo. Es más, no se puede entender la realidad andaluza actual sin averiguar antes esa lógica delincuente que comenzó con la irrupción del gilismo y, evidentemente, aún no ha acabado. Esas mafias son un monstruo mutante de difícil control y proceden, como el libro documenta, de una quincena de países que cuenta, además, con el apoyo intelectual y logístico de una legión de profesionales grandes y medianos. Situaciones como las descubiertas en los “casos” Malaya o Estepa no serían imaginables sin la complicidad del Poder. Los autores declaran sin tapujos la responsabilidad de nuestras Administraciones (Gobierno, Junta de Andalucía, Justicia y fuerzas policiales), dentro de las cuales algunos individuos y sectores habrían trabajado y trabajarían para las mafias.

Ante el espectáculo de El Egido, Romero, partidario firme de la teoría de que la organización mafiosa “no está en los genes” españoles (el destino de nuestro bandolerismo no fue como el del italiano), me dice que es posible que incluso estemos asistiendo a un cambio cualitativo que daría paso a una novedad: la delincuencia familiar. No lo sé, pero sí acepto que la invasión de las mafias pudiera llegar a convertirse en el mayor quebradero de cabeza europeo. Suelo recordarle a Romero la suerte de Roberto Saviano y él desdeña olímpico mi amistoso aviso. No me importaría que el tiempo me dejara en este asunto como un mero alarmista.

Queja docente

Grave denuncia de los maestros andaluces. Según ellos, con los dispendios en ‘ordenatas’ regalados y otros trebejos didácticos de la postmodernidad, se ha agotado el dinero presupuestado de manera que no quedan recursos para pagar los maestros que faltan por vacantes. Dicen ellos –que son quiénes mejor conocen el cotarro—que hay una legión de profesionales, con las oposiciones aprobadas incluso, que aguarda mano sobre mano mientras los niños entretienen en tiempo escolar jugando y sin dirección pedagógica. Tómese nota de la queja para cuando llegue el momento de hablar de nuevo sobre el fracaso y el abandono escolar que la Junta está abonando con esos brindis al sol.

Testigo de cargo

Ha sido el propio presidente de la Junta, José Antonio Griñán, quien admitió en Huelva hace un mes escaso que nuestra provincia recibía en los Presupuestos menos inversión de la imprescindible, contradiciendo así la postura del PSOE local que hasta entonces se había limitado, como de costumbre, a declarar óptimas para nuestros intereses las cuentas del Estado. Hay que admitir que Griñán sabe lo que dice mientras que otros que yo me sé, con las cuatro reglas por todo bagaje, mal podrían opinar sobre algo tan complejo como son unos Presupuestos. Y hay que celebrar que el PSOE local –disciplina obliga—parece haber reaccionado dispuestos a pedirle al Gobierno que abra la mano dentro de lo posible. No estaremos tan bien representados, pues, cuando la exigencia de mejora ha de venir desde fuera y desde arriba.