Los niños padres

Es aleccionador seguir estos días en Inglaterra el debate periodístico provocado por el caso del niño de 13 años, un tal Alfie Patten, de voz aflautada y cuerpo mínimo, que se presenta como presunto padre de una criatura habida con otra menor de 15. Un debate provocado no sólo por la inasumible imagen de ese niño de poco más de un metro de altura en su papel de padre de familia, pero también por la aparición en escena, no se sabe si espontánea o planeada, de otros dos chiquillos de edades similares que reclaman cada cual para sí la disputada paternidad. Han entrado al trapo los principales periódicos de la nación, planteándose todas esas cuestiones que la opinión se ha planteado muchas veces con anterioridad, a saber, si no se habrá equivocado la pedagogía moderna de nuestras sociedades al levantar prematuramente una veda reservada en principio a personas maduras (la edad legal para acceder al sexo en aquel país son los 16 años), si la iniciación proporcionada por la propia escuela no habrá puesto un énfasis excesivo en el autoconocimiento y la libertad sexual en detrimento de la imprescindible conciencia de responsabilidad, si acaso no sería prudente retroceder en la medida de lo posible hasta posiciones más moderadas en las que ocurrencias como la comentada fueran menos probables. Eso se llama torear a toro pasado, desde luego, incluso en el supuesto en que toda esta desconcertante historia no sea un montaje de adultos para sacarle unas perras millonarias en la industria mediática de la basura a una historia inventada o sacada de quicio. Realmente, la imagen de esa familia infantil repugna al sentido común tanto como las viejas represiones.

Ahora, eso sí, todo son quejas y crujir de dientes, lamentaciones y remedios más o menos improvisados con que los mismos que alentaron la práctica desmitificada del sexo o la desdramatización de sus consecuencias tratan de salvar ‘in extremis’ su responsabilidad. Todo ello sin contar el hecho de que, según algunos de los revisionistas, situaciones como la de Alfie y Chantelle no son en absoluto excepcionales –y ojo, porque se cita de manera expresa a nuestra país—sino todo lo contrario, es decir, de lo más habitual, al menos en sectores socialmente marginados. Hay muchas formas de atacar a la familia tradicional y una de ellas es, a no dudarlo, el fomento insensato y cada día más menorero de unas relaciones sexuales por completo banalizadas en el marco de la nueva cultura. Y encima, el negocio, las ofertas millonarias por prestarse a aparecer en la picota televisiva escenificando una casi monstruosa paternidad infantil digna de la vieja barraca de feria. Entre unos y otros, la verdad es que hemos hecho un pan como unas hostias, además de un negocio colosal.

Los ojos vendados

Unos jueces van a la huelga en demanda de mejoras públicas, algún otro se va de montería con el tirolés calado como un morrión casi sin quitarse la toga de perseguir adversarios; el ministro del ramo se postula como “descastador” de cotos exclusivos o caza de válvula en fincas públicas; la policía judicial compadrea con los juzgadores; los secretarios controlan a los jueces por orden superior; imputados por falsificar facturas o pagar obras inexistentes se defienden alegando ignorancia o acusando al rival de haber hecho lo propio dando lugar a que el jurado –un sínodo lego—les de una lección morrocotuda de sentido común; los padres de las víctimas actúan como promotores de las reformas que se les niegan a los expertos. La Justicia tiene los ojos vendados y no es probable que le quiten la venda los mismos que se la pusieron.

Vuelta de hoja

Si pero no y, además, todo lo contrario. El presidente Chaves no debía de estar bien informado sobre la situación de Fertiberia cuando reclamaba hace poco más de un año el cierre de la misma fábrica que ahora tacha de “barbaridad”. Juegan, él y su partido, a contentar a todos diciendo una cosa y su contraria, o cambiando de criterio según soplen los vientos, que es quizá lo peor que puede hacerse en un momento crítico como el presente. Y lo hacen a varias voces, repartiéndose los papeles como antes se repartieron los tiempos, con lo que, evidentemente, no van a ayudar a salvar el empleo del Polo ni a garantizar los derechos ciudadanos. Ese cierre, por ejemplo, que Chaves dijo que no tenía “vuelta de hoja” es ahora una “barbaridad” sin que las circunstancias hayan cambiado. Ya me dirán cómo estar tranquilos si no se entera de la película  ni el propio Presidente.

¿Vuelve la utopía?

Si hasta ahora la opinión y los partidos franceses venían contemplando la aventura de Besancenot y el ascenso de su ‘Nuevo Partido Anticapitalista’ desde la perspectiva curiosa, un sondeo reciente acaba de dar el campanazo al revelar que la formación radical supera ya con mucho las expectativas a las del PSF (y no digamos al PCF), cuyas dirigentes a la greña, la Aubry y la Royal, quedan muy por debajo de la estimación que recibe el nuevo líder. Lo que en Francia se plantea con este experimento –una vez más, adelantándose a todos en el panorama político—es la posibilidad de instrumentar aún en la lucha electoral una baza política revolucionaria que no aspire ya a ‘reformar’ la sociedad modificando el modelo capitalista propio del social-liberalismo, sino a idear una nueva que devuelva sus perdidos fueros a la revolución, partiendo de la hipótesis de que la actual crisis evidencia no una mala coyuntura del sistema de capital sino su definitivo desplome. El proyecto no puede sorprender en los herederos de la LCR trostkista, ahora abierta a todas las tradiciones revolucionarias, desde las marxistas hasta las ácratas, aunque, ciertamente, pueda cuestionarse muy seriamente la virtualidad de su hipótesis de partida, ese fin del capitalismo que nada permite acreditar habida cuenta de la experiencia acumulada. Besancenot y el NPA van a hacerle el favor del siglo a Sarkozy y su dinámica ‘nueva derecha’, pero va a hacer polvo a la izquierda convencional francesa destruida en buena medida por sus propias luchas intestinas. Parece ser, una vez más, el destino de la disidencia troska, ese boomerang idealista que descalabra siempre al vecino ideológico.

No parece probable, sin embargo, el fracaso del viejo sistema ni parece que el que se anuncia traiga recetas razonables para reedificar desde los escombros una nueva sociedad, pero el éxito cosechado hasta ahora parece sugerir que, en amplios sectores sociales, el desencanto respecto del reformismo hace posible nuevamente el sueño del cambio radical. De momento, desde la extrema derecha se anuncia que algo tan significativo como el apoyo al PSF en caso de que gane terreno electoral ese partido europeo, internacionalista, interracista, ecologista, feminista y demás, considerado como una inquietante amenaza quién sabe si capaz de revivir ciertos fantasmas del pasado. Y ya se sabe que nada como una extrema izquierda rampante para reforzar a una derecha arraigada. La crisis está permitiendo soñar de nuevo con la utopía. Lo normal será que el Sistema lo advierta y cierre filas con sus partidos tradicionales.

Bermejo se esconde

El ministro de Justicia estuvo en Sevilla para inaugurar –¡para 2010!—un nuevo registro judicial que permita a los jueces controlar a los delincuentes. Ha hecho falta el espeluznante “caso Mari Luz” y lo que ha venido detrás, para que el Ministerio y la Junta se decidan a crear un elemento tan imprescindible, que el ministro cazador –provocando un sonoro disgusto en los magistrados– inauguró desde sede burocrática con tal de no pisar el terreno de unos Juzgados manga por hombro. Luego explicó con altanera suficiencia que si había participado en la impresentable montería fue para colaborar con los ganaderos en el descaste, ya ven que sandez. Es triste pensar que ese ministro deplorable sea el que necesita un ‘régimen’ para mantenerse seguro.

Cuchara entregada

Irá el PSOE a la manifa convocada por Comisiones Obreras y apoyada por el PP, la misma a la que antier por la mañana decía que no había de acudir porque no tenía tiempo, tan ocupado como estaba en buscar soluciones (¡) para la crisis. Era demasiado, desde luego, ese desmarque, similar al que durante tanto tiempo mantuvo frente al debate de la central de Endesa, a base de abstenerse en las votaciones. Claro que ahora lo peligroso no era el pulso con CCOO sino la competencia con un PP que ha asumido la acción frente a lo que está ocurriendo, dispuesto a ocupar la calle. De manera que “a la fuerza, ahorcan”. El PSOE ha entregado la cuchara y estará presente, eso sí, a segundo nivel,  en defensa del empleo, aunque sea a rastras de CCOO y del PP.