El varón celoso

Dice una psiconalista francesa que el miedo de los machos a no ser al padre auténtico de sus hijos no es cosa nueva sino reacción que se remonta –lo dice ella textualmente, a “la noche de los tiempos”. Y debe de ser verdad, considerando que, según datos oficiales, entre 15 y 20.000 ciudadanos franceses recurren cada año a esa prueba de la paternidad que en su país, por cierto, carece de valor a menos que se practique ordenada por un juez, y ello a pesar de que una considerable mayoría de la opinión pública reclama su legalización. Otro “analista” argentino sostiene que al menos un 44 por ciento de los hombres desconfía de su mujer (frente a un 82 por ciento de las mujeres), admitiendo la posibilidad de un escarceo que el cambio del rol femenino hacen cada vez más verosímil, y explicando que, a pesar de que para la mujer el hombre es su amor mientras que para el varón “su mujer es su mujer”, la hembra ha poseído siempre un poder sobre la reproducción imposible para el macho. Quizá no sea del todo ajeno a este hecho el proyecto platónico o comunista, qué más da, de organizar la reproducción al margen del ideal familiarista, de manera que sea la sociedad en su conjunto –la ‘polis’, el ‘Estado’—la única instancia legítimamente paterna, reducidos los padres a meros instrumentos de la colectividad. Pero lo que es evidente es que, en el seno de la nueva sociedad, el macho vive con especial zozobra el ancestral estado de sospecha que tanto tiene mucho que ver con la noción de propiedad y con la idea de herencia. Se queja el varón de esa libertad de la mujer que amenaza con convertirlo en criador de hijos ajenos, pero ni él renuncia a su inveterado donjuanismo ni objeta nada a fin de mes cuando la liberada trae la soldada a casa. Quien algo quiere, algo le cuesta, ¿no?

En Internet se encuentran más de 200.000 entradas con información o/y ofertas sobre los test en cuestión, lo que da una idea de la enormidad del negocio, pero también de cómo ha crecido el recelo varonil en estas circunstancias nuevas, tan lejanas ya de aquellas bíblicas en que, con tanta frecuencia, un anciano aceptaba tan pancho que su mujer concibiera un hijo a pesar de su edad provecta. Yo creo que este asunto dice mucho sobre la índole y evolución de nuestras relaciones amorosas, por fin escapadas al arbitrio masculino, lo que no quiere decir que en el modelo antiguo ataran los perros con longaniza. Se necesitará un tiempo para devolver las aguas celosas a su cauce y cuando se logre nos hallaremos, probablemente, ante un espejo histórico en el que nos resultara difícil reconocernos. El progreso tiene sus costes. Parece que Platón ya lo sabía.

Alarma judicial

No sólo por excepcionales van a tener eco garantizado las declaraciones del juez de Menores de Sevilla, Francisco Serrano. Levantar la voz desde el Juzgado para decir que la ley que regula la “violencia de género” es injusta y penaliza al varón porque procede de “la dictadura del feminismo radical” suena fuerte en un país acollonado por el qué dirán y la “corrección política”, pero no deja de resultar inquietante, considerados los datos que el juez proporciona en apoyo de su tesis. Desde luego, no se servirá mejor esa causa en defensa de la mujer trampeando legalmente. Habría que comprobar enseguida la denuncia de este magistrado y tener el sentido común de actuar en consecuencia.

Sin rumbo fijo

Si les digo mi verdad, no entiendo cómo el viernes pasado posaban como una piña, en la sede del PSOE onubense, los sindicatos junto a la patronal, y al día siguiente aquellos enviaban a Madrid a medio millar de onubenses a manifestarse contra los empresarios. O sí lo entiendo, pero paso de exégesis. Lo único que quedó claro es la unidad de acción contra el Ayuntamiento en el tema del AVE, que no es más que otra estrategia contra el alcalde de la capital muñida pro los beneficiarios del pacto de “concertación social”. Sin rumbo fijo, pues, trampeando de mala manera, anteponiendo el interés político (y el económico) al interés público. Lo mismo unos que otros. Callar estas cosas es apostar por esos grupos interesados en perjuicio de Huelva.

El axioma de Butler

Samuel Butler fue un sabio al que no tuvieron más remedio que reconocer el mérito incluso desde los círculos influyentes de la sociedad victoriana a la que fustigó como pocos. Pintó y llegó a alcanzar cierta fama como músico pero una vez escribió una frase que tengo anotada como oro en paño desde mis tiempos de liceo, la que dice que el canibalismo es, sencillamente, moral en una tribu de antropófagos. Nunca he tropezado con tan alto y eficaz relativismo moral, como nunca he visto nada más artificial que la antropofagia “civilizada” con que la novela y, sobre todo, el cine –recuerden a ‘Aníbal Lester’ y sus imitadores—han tratado de arrastrarnos hasta lo más profundo del abismo hobbesiano. Pero ¿de verdad el caníbal es un eslabón perdido de la evolución, como pensaba Theilard de Chardin a la vista de los cráneos perforados de Chu-ku-tien o es una simple condición de la vida cuando la Madre Naturaleza le aprieta las tuercas al viviente? Una foto escalofriante que nos llega desde un observatorio de úrsidos emplazado en Canadá nos muestra la imagen de un oso polar de cuyas fauces pende apenas la cabeza ensangrentada de un cachorro de su especie que, con toda evidencia, acaba de devorar, ni que decir tiene que urgido por el hambre, probablemente a consecuencia de los desajustes estacionales determinados por el cambio climático. También los leones se zampan a sus crías, como recoge ya algún autor clásico, y han divulgado hasta la saciedad los modernos documentales, exceso en el que no están solos en la escala animal ni mucho menos, incluyendo al hombre primigenio (el de Atapuerca, por ejemplo) cuya antropofagia parece demostrado que no se debió en absoluto a la necesidad de agenciarse proteínas cárnicas, como quería Harris, sino a lo que, no sin cierta sorna conceptual, se ha denominado “canibalismo gastronómico ancestral”. Vieja “nouvelle cuisine”, para entendernos, ‘paleodelikatessen’ de rebajan la imaginación de los cineastas a la altura del betún.

Entre Breton y Dalí forjaron la extravagante idea de que, en el arte futuro, la belleza sería “comestible” o, simplemente, no sería nada. Pamplinas. El canibalismo, humano o subhumano, no es más que un recurso eventualmente inherente a la condición animal, tan sólo superada por el convencionalismo de las civilizaciones. En nada se distingue el carnívoro humano de los demás, como tal hecho anterior a la moral y coetáneo riguroso de la necesidad, siempre que no incluyamos en el lote a los monstruos de ficción, incluso si, como en el caso de ‘Lester’, llegan a crear escuela. La foto del oso es horrenda. Ni más ni menos, por supuesto, de muchas que nunca veremos.

El ejemplo médico

La consejera de Salud se queja de que sólo un 6 por ciento de los sanitarios se ha vacunado contra la gripe A. Y lleva razón porque a ver cómo lograr que la gente confíe en un colectivo que –en este caso– aplica el viejo proverbio de “haz lo que yo diga, peor no lo que yo haga”. Pero, entonces, ¿por qué los médicos del SAS despachan con viento fresco a los presuntos griposos (sobre todo a los niños) sin hacerles la prueba analítica que determine si lo que sufren es la pandemia o no? Pues porque se ha dispuesto desde el Poder invisibilizar al fantasma y nada mejor para lograrlo que los enfermos no consten como tales en la estadística. ¡Y encima se queja! Lo que me gustaría saber es si nuestros más altos responsables se han vacunado.

Triste escenario

Como un “triste escenario” se ve, en efecto, la política de la Diputación desde el observatorio interno de IU. Esa acusación, formulada contra la presidenta del órgano, de destinar a promoción política propia y, en concreto, a su campaña como futura candidata a la alcaldía de la capital, los dineros de la provincia, es grave, no sólo porque implique la imputación de un delito, sino porque parece dar por sentado que ese tipo de prácticas es posible y hasta fácil en este ambiente político. Veremos qué responde la aludida, aunque lo previsible es que calle. Realmente esos presupuestos son intolerables y ella y su partido, por supuesto, lo saben.