Un gran vacío

Ha muerto ‘Chamaco’, Antonio Borrero, el chiquillo que salió de la confitería de Jorba para vestirse de luces y abrir en Huelva una nueva ilusión de alternativa taurina, en aquellos difíciles años 50 y 60. Una personalidad inconfundible, un arte para la discusión, un valor fuera de dudas, hicieron de él un torero de época que pagó caro tributo a la profesión con cogidas gravísimas. Y hoy que se va deja un hueco en el imaginario de la ciudad antigua, un sitio en la galería de nuestra tauromaquia difícil de rellenar y el rastro de una vida con sus luces y sombras, como todas, en la que, en cualquier caso, el onubensismo fue siempre por delante. Él marcó con su sello toda una época en la que hubo de competir con maestros insuperables y supo hacerlo a su manera. Descanse, al fin, en paz.

Inventos hodiernos

Para Chico Pérez Campos

De tal manera ha evolucionado la investigación en estos últimos años, sobre todo por el apoyo instrumental que le proporciona la informática, que el joven e hiperactivo rector de la universidad de Huelva, la UHU, me describió alguna vez un experimento que se lleva a cabo en ella y que consiste nada menos que en conseguir la transferencia cibernética de los olores, estos, es en enviar un olor a un punto remoto a través del ordenata. Se trataba, obviamente, de un complejo montaje estadístico que permitiría al receptor traducir determinados valores hasta recuperar el olor “transmitido” reconstruyendo sus variables significativas hasta encajarlas en el modelo adecuado, una idea difícilmente visualizable pero que no debe sorprendernos demasiado en esta era de continuos avances de la comunicación física. ¿No nos hemos acostumbrados a guardar en conserva óperas o películas completas, las voces amadas y perdidas o los grandes acontecimientos, reducidos todos ellos a imperceptibles signos electrónicos que permiten su “lectura” instantánea a lo que llamamos “reproductor”? Una universidad española, la ‘Jaime I’ de Castellón, acaba de anunciar que un grupo de sabios de su claustro ha diseñado una nariz electrónica que realiza su tarea de percibir olores a través de otro sofisticado montaje estadístico capaz de permitir la comparación de las características aromáticas de que se trate. Y ha llegado a tanto su antropomorfismo que el aparato ideado tiene, en efecto, forma de napia convencional, adosada, eso sí, al correspondiente panel, un empeño suplementario para dar cuerpo a la idea resistente de que esa función meramente animal puede ser trasferida a un ingenio inerte por obra del conocimiento humano. En apoyo de mi rector y de los sabios castellonenses se me ha venido sola a la cabeza la bella metáfora de Henry de Montherlant: “El olor es la inteligencia de las flores”. Los poetas nos llevan siempre ventaja.

Estamos haciendo entre todos un mundo virtual o, si me apuran, estamos haciendo de la virtualidad una segunda naturaleza q ue amenaza con sustituir a la primera, en no pocos casos, tal como los infinitos sucedáneos han acabado por echar del mercado a tantas realidades para sustituirlas por sus sombras chinescas. Nuestros astronautas se alimentan divinamente con síntesis nutricias y nosotros comemos ostras o lubinas criadas en régimen doméstico cuando no pollos sintéticos, pero es mucho lo que queda por andar en este mundo empeñado en desencarnar el ser para reencarnarlo a voluntad. Quizá estemos perpetrando un nuevo ‘Génesis’ y ni siquiera nos hayamos percatado.

DIez años no es nada

Un decenio cabal ha tardado la Justicia en rematar el procedimiento abierto contra el entonces alcalde de Sanlúcar de Barrameda, Sebastián Cuevas, por haber tentado a un edil del PP con dinero y un empleo a cambio de que facilitara con su ausencia la solución favorable de una moción de censura. Un plazo sin sentido porque ya poco ejemplarizante podrá ser esa pena que el cohechador ha de cumplir ahora en la prisión de Huelva, cuando ya ni los más memoriosos del lugar se acuerdan de la golfada. La corrupción tiene mucho que ver con estos dédalos consentidos en que se refugian los minotauros del ‘pelotazo’, convencidos de que, previsiblemente, Teseo no hará nada por impedirlo.

Cuentos del aljafor

Cuento del alfajor el que la Junta acaba de contarnos sobre el lío del agua contaminada que se tragaron en 2007 los pueblos del Condado bajo la responsabilidad de la Mancomunidad de Aguas y, por supuesto, con su conocimiento. Que no vega ahora con cuentos Salud, que entre otras cosas, dispone de su laboratorio provincial y la obligación de velar por estas cosas, aparte de que en su día recibió el aviso correspondiente y no hizo caso. En materia de salud pública se juega demasiado a este trile temerario en el que, mientras no estalle alguna bomba informativa, cada cubilete se encarga de despistarnos cuando le llega el turno. La Junta sabía lo que pasó en aquel caso como lo sabíamos todos. Lo que no se comprende es por qué no se exigen responsabilidades ahora que se conoce la verdad.

Política rosa

Reciente están las memorias de ese Giscard octogenario que parecen escritas más que nada para ronear de un ligue con la mismísima lady Di y evocar una noche de delicias tras las rejas de Kensington, pero estos días acaba de ver la luz el primer tomo de las memorias de Chirac –otro de la “quinta”—que, bajo el título “Chaque pas doit étre un but”, nos ofrecen una batería de confidencias entre las que el mandatario hoy imputado por la Justicia destaca sus amoríos juveniles en los “campus” universitarios y un amor frustrado con una rubia de Carolina del Sur al que se opusieron tanto su familia como la otra, aparte de revelarnos que durante la mili perdió la virginidad con una puta argelina, asesorado por un oficial, como debe ser. Los políticos parecen haber descubierto en estas íntimas revelaciones algo así como un mérito viril que la opinión pública –tan generosa, por cierto, con ambos confidentes—habrá de tener en cuenta para mejorarles la estima, si es que no se lo toma por la tremenda y acaba preguntándose qué coños le importan a la mayoría silenciosa los trajines presidenciales. Cuentan que Franco fue un témpano, que Hitler tampoco gastaba mucho, que Lenin le jugó sus pajarracas a la Krupskaya como Gandhi cultivaba sus ninfas mientras su mujer hilaba pacientemente en la rueca, que Sartre se encerraba en su despacho con admiradoras y que Marx se liaba a hurtadillas con las criadas, cierto, pero todo eso lo sabemos por oscuras leyendas inverificables y nunca por confesión propia. No sé por qué, pero me da el pálpito de que el “efecto Carla Bruni” está haciendo estragos en el imaginario macho de unos próceres que, instalados en la tercera edad, ciertamente, no están ya para mucho rentoy.

Ninguno de estos faroleros podría, si hubiera caso, con el viejo Mitterrand al que cualquiera pudo ver dando cuenta de un codillo en ‘Lip’ o zampándose unas ostras en “La Coupole” acompañado de sus novias incidentales, y a cuyo funeral asistieron, variablemente desconsoladas, dos familias por falta de una. Aunque en todo caso lo que choca es el hecho mismo del roneo que, lejos de acercar el personaje a la estimativa pública, me temo que apenas logre ya provocar una irónica sonrisa. ¡Venirnos con una novieta lejana o con un alarde prostibulario en esta era licenciosa! No faltará quien piense que el viejo huye campo a través de esos jueces que van a sentarlo en el banquillo de un día para otro ni quien atribuya la pamplina a un pulso con el principesco farol de Giscard, pero en ambos casos, De Gaulle, en sus buenos tiempos, les hubiera mandado el motorista al uno y al otro.

Sin arreglo en Justicia

“Plan de Respuesta Razonable”, llamaba la consejería de Justicia al que improvisó hace mes y medio para descongestionar, al menos en el exceso, los Juzgados con mayor número de asuntos pendientes. Ni siquiera ha sido capaz la Junta, en consecuencia, de organizar unos equipos de auxilio o refuerzo que la consejera dijo que iba a destinar allí donde más falta hicieran, es decir, a las oficinas judiciales más atascadas. Ni eso. Mes y medio después, la incapacidad mayúscula se refugia en excusas burocráticas que hasta los sindicatos han denunciado sin reservas. Es de temer que reforma de la Justicia no estribe en medidas tan simples, se cumplan o no. Los jueces y los fiscales vienen diciéndolo desde hace mucho tiempo.