Grave denuncia

Urge que la autoridad aclare hasta dónde llega el denunciado uso de fosfoyesos como abono en las proximidades del Parque Nacional de Doñana, que atestigua el Seprona. Cuesta creer que la insensatez llegue a extremos tales, habida cuenta de que ni siquiera hay consenso científico sobre los eventuales efectos más que peligrosos de esos desechos a pesar de tanto informe y tanta gresca. Es desde Dpñana desde donde debe partir la iniciativa. Con tanto órgano y tanta gente como vive del cuento del Parque, lo menos que cabe esperar es que, en un caso como el denunciado, averigüen qué ocurre con certeza y tomen las medidas que proceda.

Filtros de amor

Nada más antiguo que el filtro de amor, la idea de que existen artificios capaces de conseguir, incluso contra su voluntad, el deseo y, en consecuencia, la entrega de la persona deseada. Nuestra mitología y nuestra literatura están plagadas de filtros. Buenos y malos. Aristóteles refiere un caso de “aliño” –como se dice aún en la Andalucía profunda– que da como cierto. Algún emperador romano los prohíbe, la hechicera Circe lo usa para alejar a Odiseo y Medea para maleficiar a Jasón. Hasta en las “Decretales” se habla de ellos. O en Shakespeare, en “El sueño de una noche de verano”, y también en Cervantes, cuyo ‘licenciado Vidrieras’ –esa prodigiosa anticipación de la hipocondría—enloquece a causa de uno de ellos. Hasta se dijo que al católico Fernando lo había “aliñado” para el otro barrio un filtro preparado por Germana de Foix. A saber. La noticia hoy es que un laboratorio que buscaba un remedio para la depresión ha encontrado de rebote un afrodisíaco de uso femenino, haciendo realidad la leyenda del clorhidrato de yombina que obsesionaba al viejo donjuanismo. Los sabios buscan un remedio y dan con otro, tal como ya pasara con el ‘Viagra’, empleado en principio contra la hipertensión, o con la propia yombina –un adrenérgico con efecto central y periférico que favorecía la vasodilatación– ideado contra ciertas cardiopatías. Cuando los hombres anhelan una cosa, la dan por cierta o, cuando menos, por posible. Pero parece que, encima, cuando trajinan averiguando algo dan en cosa distinta y mejor. Mejor digo, en casi todos los sentidos: el ‘Viagra’ ha producido ya muchos miles de millones de dólares, aunque haya mandado al jardín a más de un incauto. Descansen en paz.

Ya veremos que nos cuentan las usuarias, pero uno, de momento, se mantiene terne en el fundamento donjuánico de que no hay afrodisíaco más efectivo que la palabra, esa pócima irresistible que ablanda voluntades porque enajena la razón. Lean a Ovidio o escuchen al Burlador. Alguien dijo, comentando a Eurípides que el amor entra por la oreja, no por el ojo. Ese “desorden hipoactivo del deseo sexual” de la mujer fría que retrató don Manuel Halcón, se produce siempre con el marido, jamás con el amante. ¿No les dice nada eso? A mí me sugiere que el principio activo del filtro no es la mandrágora –planta fría desde Dioscórides– sino del verbo cálido, arrebatador, que acorrala al amado y lo rinde con armas y bagajes. Aunque no pongo en duda la virtud de esta flamante “flibanserina”. ¿Qué más da desde dónde actúe el agente? Objetivo o subjetivo, ese invento siempre le vendrá al ama de casa mejor que el optalidón.

Lo que faltaba

No creo de el presidente Griñán se merezca el tornado que a su alrededor se está levantando. Un presidente que no ha pedido serlo, y más en medio de una crisis aterradora, debe contar con el apoyo incondicional de todos, empezando por su partido, hoy retranqueado visiblemente respecto a su magistratura. La partitocracia trae estas cosas, caiga quien caiga, y en este asunto, el PSOE andaluz –entrillado entre la influencia personal de Chaves y el justificado temor a ZP—está anteponiendo el interés del “aparatro”, no ya al del Presidente sino al de Andalucía. Lo que faltaba era un jefe ninguneado por su propio partido. Y parece que ya lo tenemos.

La cuenca agoniza

Un editorial de ayer enumeraba aquí los fracasos de los inventos políticos para “diversificar” lo que antaño fue emporio minero. Treinta años de autonomía y de gobierno monocolor no han bastado para plantear siquiera una acción efectiva en una comarca que tiene una tasa de paro probablemente inigualable en España entera. A Riotinto lo han saqueado y engañado a base de simular un nuevo futuro que no era más que amiguismo, y lo más probable es que ya la Junta (del Gobierno o de la Diputación, mejor no hablar) lo hayan dado por perdido. La cuenca agoniza, ésa es la realidad, y las Administraciones se encogen de hombros. En poco tiempo no será más que un fantasmal habitado en exclusiva por los enchufados a la nómina pública.

Miedos demográficos

Un doctorando japonés de la universidad de Sevilla, Yuga Kuraoda, anda muy preocupado con un fenómeno creciente en su sociedad. Se trata de un tipo social (aunque quizá fuera mejor decir “asocial”), el “hikikomori” o “retirado”, que ha decidido aislarse de todo permaneciendo en el seno de la familia donde su leonera – pertrechada de las consabidas tecnologías que permiten comunicarse sin límites—le sirven de celda y paraíso en los que consumir su vida sin compromiso social alguno. Kuraoda ve en esa postura una lógica reacción a la desconcertante crisis de la economía japonesa posterior al estallido de su ‘burbuja’ y, ahondando algo más, en la liquidación demasiado expeditiva del orden tradicional campesino –la “comunidad” de Ferdinand Tönnies—que parecía canonizado en las páginas admirables de “El crisantemo y la espada”, esa biblia escrita pro Ruth Benedict por encargo del Departamento de Estado sin haber pisado nunca el misterioso país. Pero Japón tiene otros problemas demográficos, entre ellos esa tasa del 1’3 hijos por familia que, según la previsión de los expertos, no sería posible remontar ya en modo alguno, aunque el “premier” Hatoyama lo esté intentando al ofrecer a las parejas 26.000 yens por vástago escolarizado (unos 200 euros) en un intento por reanimar la procreación, que resultaría vano de ser cierto que en todo aquel archipiélago, para criar y educar a un niño, se precisan al menos 200.000 euros. El “hikikomori”, como nuestros apalancados, come desganado la maternal sopa boba y dedica luego su tiempo a sublimar enganchado a esa Red anónima y universal que mantiene viva en tanta gente la ilusión de la comunidad virtual. Alguien publicó aquí un manual titulado “Cómo echar a los hijos de casa antes de que sea tarde”. No sería mala cosa reeditarlo en Japón.

El miedo gira en el siglo XXI en torno a la demografía. Circula por ahí una tesis apocalíptica que concluye que la inmigración islámica conlleva nada menos que el ocaso y tal vez el fin de Occidente, mientras en Japón, ya lo ven, la dureza del modelo social mantiene en clausura a una legión de hijos dimitidos de todo proyecto de vida, no demasiado diferente, en fin de cuentas, de la que vegeta en nuestro ámbito. Para mitad de siglo, los más pesimistas prevén ya un planeta irreconocible en el que la profecía de Gadafi –la revolución en el paritorio—habría dado al traste con nuestro antiguo sueño. Quién sabe. Los viejos dioses que prometían descendencias como constelaciones han perdido la batalla y los penúltimos retoños reinventan el monacato zen colgados del ordenata. Había un quinto jinete, por lo visto, y no teníamos ni idea.

Los ‘burgos podridos’

A menos de un mes de la intervención policial del Ayuntamiento de El Egido, otro consistorio almeriense, el de Arboleas, ha vivido la misma experiencia. ¿Alguien entre ustedes lleva la cuenta de los “burgos podridos” –muy mayoritariamente gobernados por el partido en el Poder–, alguien se ha parado a considerar la posibilidad de que la corrupción urbanística, si no universal, esté , cuando menos, generalizada a tope? El PSOE se limita a ignorar por amparar a sus imputados, pero el pacto contra el agio que propone el PP ya ha sido contestado desde dentro del propio partido en un claro gesto de poner las barbas en remojo. ¿Será que ninguno de los dos “grandes” podría soportar una investigación profunda? En cualquier caso, la gestión local está siendo reventada por los especuladores y eso no hay democracia que lo soporte a medio plazo.