Tocomocho y trágala

Realmente es una tomadura de pelo la forma en que se ha resuelto el larguísimo contencioso de la llamada “deuda histórica” que sirvió al PSOE, a través de la Junta, de ariete opositor mientras gobernó el PP. ¿Qué hubiera contestado Chaves si Aznar le hubiera propuesto liquidar el compromiso dándonos, en lugar del dinero comprometido, solares de suelo precisamente andaluz? Lo del pago en especie es un tocomocho entero y pleno, y la Junta, al funcionar como un dócil apéndice del “Gobierno amigo”, demuestra ser cualquier cosa menos ‘autónoma’. Nos han tomado el pelo sin resistencia. En otras autonomías que todos sabemos no hubieran osado ni plantearse semejante trágala.

Acusación infundada

No lleva razón, a mi entender, el sindicato que ha sugerido que Diputación podría estar prevaricando al “privatizar” encubiertamente la prestación de ayuda a domicilio. El coste de esa prestación por medios públicos resulta casi prohibitivo y por esa razón muchos Ayuntamientos han montado sus cooperativas propias para atenderla, o bien la han contratado con empresas privadas. La Diputación sigue, seguramente, esa tendencia que cualquiera puede comprobar con facilidad con sólo informarse, y hace bien porque lo que no tendría sentido sería elegir el procedimiento más caro. Medir las críticas para ganar credibilidad resulta cada día más imprescindible.

La crisis y el compromiso de todos

PERFIL – Nicolás Redondo

Otra voz autorizada, la de Nicolás Redondo Terreros, ex-secretario general del PSV y personalidad de discreción más que probada, viene hoy a las “Charlas de El Mundo” para reflexionar ante la crisis económica, sus consecuencias y, sobre todo, la eventual salida que hoy parece vislumbrarse. No será la suya una voz que se apunte, seguramente, a disfrazar la situación, que sigue siendo evidentemente desastrosa en muchos aspectos, ni es probable que lo escuchemos ampararse en el recurso a esos términos-talismán, como el de “recuperación” y otros por el estilo, que constituyen hoy por hoy el único recurso del Poder. Nadie bien informado duda de que nuestra salida de la crisis será más tardía y más lenta que en los países equiparables al nuestro, ni de que las esperanzas que anda diseminando el Gobierno no pasan de trucos para ganar tiempo a base, además, de ir prorrogando sucesivamente los plazos anunciados. Pero ante esa razonable convicción, el espectáculo de desunión y rivalidad que están ofreciendo los dos grandes partidos en este terreno resulta escandaloso, en la medida en que incluso puede sugerir la imagen de una Oposición que se regodea ennegreciendo el panorama frente a la de un Gobierno empeñado en desdramatizar sin fundamento, e incluso contra toda evidencia, la gravedad de la situación real.

Si ha habido una reacción a resaltar en toda esta tragedia será, seguramente, la diligencia con que las grandes potencias apearon diferencias y limaron matices para lograr un acuerdo fulminante con el fin de salvar al sistema financiero mundial. No hubiera tenido sentido otra actitud, desde luego, como no lo tiene ver cada día en le telediario la viñeta correspondiente a un pulso partidista insensato que constituye uno de los grandes obstáculos para salir del atolladero. Conociendo a Redondo y su discreto criterio, preveo que viene a abogar por un amplio acuerdo político que, superando las estrategias, tantas veces míseras, de las fuerzas políticas, cree un marco social y político en el que los esfuerzos por superar la debacle puedan arraigar con más fuerza. En Francia o en Alemania hubo y hay discrepancias entre esas fuerzas a la hora de valorar la crisis y sus remedios, pero nada comparable a la sistemática disyuntiva que estamos sufriendo en España, donde los dos partidos decisivos no han sido capaces de templar un pacto que desde hace tiempo está ofrecido, todo hay que decirlo, por uno de ellos. Que el Gobierno y su partido recelen de iniciativas comunes no tiene perdón, en especial si se contempla desde la perspectiva de 4 millones trescientos mil parados y una deuda que se ha disparado en un 20 por ciento en dos años. Y menos aún puede tenerlo que las minorías se dediquen al cambalache de la venta de apoyos parlamentarios ocasionales, incluso a la hora de sacar adelante unos Presupuestos que todas ellas coinciden en calificar de inadecuados para la tarea que queda por delante.

Es verdad que en nuestra democracia parece definitivamente perdida la opción unitaria —que hasta en supuestos como el del penúltimo secuestro ha resultado imposible—pero en la medida en que la crisis, por definición, es un hecho coyuntural, carece de sentido que los responsables de la nación resulten incapaces de acercarse lo suficiente como para remar de manera acompasada en la misma dirección. No se saldrá del profundo pozo en que ha caído la economía si no es con el concurso de todas las fuerzas políticas agrupadas alrededor de un Gobierno que tendría que empezar por tender sus puentes levadizos hasta ahora levantados, una situación que reforzaría a todas ellas, sin duda posible, mejorando una imagen hoy deplorable. No es verdad que en la crisis nos han metido otros; en la crisis nos han metido y nos hemos dejado meter, eso es todo. Pero hoy de lo que se trata es de salir de ella y ese objetivo ha de estar muy por encima de cualquier razón particular. Seguro que Nico Redondo va por ese camino. Lo garantiza un discreción que ni sus enemigos más arriscados, incluyendo a los que impidieron que sea hoy el gran lehendakari que pudo ser, le han negado nunca.

Estados inventados

El nacionalismo no precisa de mucha base para funcionar. Antier mismo nos enterábamos por un obituario de Irene Hdez. de Velasco de la muerte de S.A.R el “príncipe” Jorge I de Seborga, un solar de menos de cinco kilómetros cuadrados cercano a Génova, que declaró unilateralmente su independencia con base en una retorcida interpretación de una lejana historia, ante la lógica indiferencia del Estado italiano. Otro más. Hace años que se habla del país de “Sealand” cuyo territorio es la superficie de una plataforma militar abandonada en medio del Mar del Norte, a cuyos cinco habitantes reales se suman los 160.000 virtuales que a través de Internet ha conseguido un exguardia civil almeriense que lo mismo vende pasaportes diplomáticos que inmunidad penal o exención de impuestos, y que tiene bandera, himno, moneda, embajada en la madrileña calle Serrano y hasta de “selección nacional”. Un dictamen del Comité de Arbitraje de la UE reforzó en su día esta insólita broma al declarar que, al fin y al cabo, un Estado no necesita para serlo más que un territorio, una población y un poder político, extravagante criterio que de hecho liquida la entidad histórica de la realidad estatal reduciéndola a una penosa caricatura. Pero, eso sí, no se lo tomen a coña, porque el negocio informático de ese “principado” demuestra lo cerca que puede estar la comedia de dar de sí un “paraíso fiscal” que, ciertamente, no sería ni mejor ni peor que los amparados por los Estados legítimos, aunque estiraría al extremo la lógica paranoica de los nacionalismos inventados. Por la Historia es que ya nadie da un duro, oigan. Cualquier estafador puede forrarse hoy reescribiéndola o, simplemente, prescindiendo de ella.

Cuando este diciembre se celebren las ilegales consultas independentistas en Cataluña no estaremos ya tan lejos del principado de Seborga como requeriría el sentido común, entre otras cosas, porque aceptado el principio de secesión regional, nadie impediría en buena lógica que nuevas aspiraciones disgregadoras convocaran sucesivos referendos hasta alcanzar por los pelos la soberanía de la masía. Y estén seguros que en cada uno de esos sátrapas terruñeros posaría coronado un príncipe imaginario con derechos similares a los del escalón superior, conformando una nueva aristocracia de campanario para la que la historia comienza siempre hoy, que es día de cobro. La independencia en vieja, el despotismo es moderno, aseguraba madame de Staël al interpretar la historia europea. Lo que ella no podía prever era lo fácil que acabaría resultándole a aquel anular a ésta para montar su negocio.

Limosnas solidarias

Acabamos de enterarnos que Andalucía ha sido la comunidad autónoma que mayor ayuda aportará –un millón ochocientos mil euros– a la los refugiados palestinos que controla la Agencia para los Refugiados Palestinos de le ONU. Nadie dejará de felicitarse por ello aunque estaría muy bien que se ofreciera un balance de estas ayudas a los diversos países necesitados y se precisara su objeto. Para evitar por ejemplo que, como leemos en un BOE del pasado 13 de agosto, nos sorprendamos con ayudas tan raras como una de casi 30.000 euros concedida por Exteriores a la asociación “Gays and Lesbian of Zimbawe”. Una razonable prioridad a la hora de ser solidarios no estaría de más.

Peor nos lo ponen

El alcalde de Punta Umbría contradice la buena opinión que se pudiera tener de él al implicarse, de hecho y con tan malas maneras, en el impresentable “caso” de cohechos y prevaricaciones o lo que resulte ser la presión ejercida por destacados miembros del Ayuntamiento y del PSOE provincial sobre una empresa, Ibercons, en el marco de lo que –no hay más que escuchar las cintas grabadas por el empresario y entregadas al juez—no ha más remedio que considerar una trama exactora. Prohibir la comisión investigadora será para ambos pan para hoy y hambre para mañana, dada la contundencia de las pruebas. Allá ellos. Si su partido, encima, los respalda, habrá que entender que en aquel negocio no estaban solos.