Presunta impunidad

Hizo bien la Pajín callando como muerta sobre el asunto impresentable del respaldo dado por el PSOE a sus trece imputados: se notan los galones. Para los cabos quedó el penoso papelito de apelar a la maldad del adversario y a sus manejos como causa de estas corrupciones. Por no hablar de las otras que quedan en la provincia procurando que el tiempo borre sus manchas y se olviden sus desmanes. Nunca habrá honradez en la vida pública mientras los dos grandes partidos –según el Fiscal General, 260 casos pendientes el PSOE por 200 del PP—no se decidan a cambiar el modelo a fondo. Ellos garantizan la impunidad que hace prosperar la corrupción. Y es de temer que la sigan garantizando.

Sangre fresca

Veinte años ya desde la matanza de los seis jesuitas de la Universidad Centroaméricana de El Salvador y de dos empleadas suyas, por parte de cincuenta militares del régimen de extrema derecha. En 1991 una farsa judicial absolvió a siete imputados y condenó a dos para los que los propios jesuitas solicitaron el perdón meses después, pero los esfuerzos por desenmascarar a sus poderosos inductores continúan todavía. Ahora sabemos, en todo caso que los servicios secretos yanqui y español conocían el plan de los criminales, y que no avisaron en ningún momento a las víctimas, pero también que estos descubrimientos tardíos de secretos a voces no suelen servir para gran cosa. Ni una explicación se ha dado en Washington y ni que decir tiene que tampoco en Madrid, donde sobran, sin duda posibles, los testigos de cuanto ocurrió cuando todavía era posible identificar toda rebeldía con el tópico comunista. ¿Han oído ustedes a algún espíritu sensible hablar en este caso de “memoria histórica”? Sólo en El Salvador y a manera, a mi juicio, testimonial, un grupo de trabajo de la Compañía trata de esclarecer aquella tragedia así como la liquidación de otros mártires comprometidos con el pueblo como el obispo Romero y el jesuita Rutilio Grande. Jon Sobrino, que escapó por tablas de la matanza, sostiene que esos crímenes no castigaban a rebeldes subversivos sino que, simplemente, perseguían a quienes osaron hacer de “conciencia crítica y de conciencia creativa” en una sociedad podrida. Pero ¿qué justifica el silencio de la democracia americana y el todavía más oprobioso de la española? Pues probablemente que ni una ni otra eran ni son trigo limpio. Pase el montaje en torno a la huesa del pobre Lorca pero mejor estaría que alguna voz revelara –todo es desclasificable con el tiempo—aquella presunta colaboración del CESID, es decir, del Gobierno, en la masacre.

Los empeñados en mantener viva aquella memora abolida insisten en que hay que hacer justicia para que no haya impunidad, pero sin perjuicio del perdón. Aquello de “no hay justicia sin misericordia” de santo Tomás, lo de “no hay justicia sin perdón” de Wojtila, ya saben. Pero nadie se inquiete entre los asesinos porque la ley los protege: la salvadoreña de amnistía de 1992, por ejemplo. En USA la propia desclasificación de esos secretos funciona como una suerte de catársis blanda. Aquí entre nosotros, como puede verse, simplemente no se habla y, en circunstancias extremas, se miente y a otra cosa. ¿Supo España de antemano que Ellacuría y los suyos iban a ser asesinado? Si así fue –y parece que así fue—no sólo los verdugos tienen sangre en las manos.

¿Dinero tirado?

Hay que sopesar con cuidado el cálculo del PP, según el cual, con los 109.000 millones de euros que nos lleva costada la concertación entre la Junta y los llamados “agentes sociales” podrían haberse creado en Andalucía cuatro millones de empleos. El PP no tiene en cuenta, por lo visto, que esa fortuna permite escenificar la paz social, es decir, garantizar el silencio aquiescente de esos profesionales del consenso que, sin embargo, siguen sin representar más que a una ínfima parte de sus colectivos, un 10 por ciento más o menos. ¿Tiene sentido continuar con esa estrategia de la foto y la boca cerrada o valdría más dirimir en libre competencia el conflicto social pero evitándolo a base de invertir productivamente lo que ahora chupan los intermediarios? Ese debate impensable no es ninguna tontería.

Grave denuncia

Urge que la autoridad aclare hasta dónde llega el denunciado uso de fosfoyesos como abono en las proximidades del Parque Nacional de Doñana, que atestigua el Seprona. Cuesta creer que la insensatez llegue a extremos tales, habida cuenta de que ni siquiera hay consenso científico sobre los eventuales efectos más que peligrosos de esos desechos a pesar de tanto informe y tanta gresca. Es desde Dpñana desde donde debe partir la iniciativa. Con tanto órgano y tanta gente como vive del cuento del Parque, lo menos que cabe esperar es que, en un caso como el denunciado, averigüen qué ocurre con certeza y tomen las medidas que proceda.

Filtros de amor

Nada más antiguo que el filtro de amor, la idea de que existen artificios capaces de conseguir, incluso contra su voluntad, el deseo y, en consecuencia, la entrega de la persona deseada. Nuestra mitología y nuestra literatura están plagadas de filtros. Buenos y malos. Aristóteles refiere un caso de “aliño” –como se dice aún en la Andalucía profunda– que da como cierto. Algún emperador romano los prohíbe, la hechicera Circe lo usa para alejar a Odiseo y Medea para maleficiar a Jasón. Hasta en las “Decretales” se habla de ellos. O en Shakespeare, en “El sueño de una noche de verano”, y también en Cervantes, cuyo ‘licenciado Vidrieras’ –esa prodigiosa anticipación de la hipocondría—enloquece a causa de uno de ellos. Hasta se dijo que al católico Fernando lo había “aliñado” para el otro barrio un filtro preparado por Germana de Foix. A saber. La noticia hoy es que un laboratorio que buscaba un remedio para la depresión ha encontrado de rebote un afrodisíaco de uso femenino, haciendo realidad la leyenda del clorhidrato de yombina que obsesionaba al viejo donjuanismo. Los sabios buscan un remedio y dan con otro, tal como ya pasara con el ‘Viagra’, empleado en principio contra la hipertensión, o con la propia yombina –un adrenérgico con efecto central y periférico que favorecía la vasodilatación– ideado contra ciertas cardiopatías. Cuando los hombres anhelan una cosa, la dan por cierta o, cuando menos, por posible. Pero parece que, encima, cuando trajinan averiguando algo dan en cosa distinta y mejor. Mejor digo, en casi todos los sentidos: el ‘Viagra’ ha producido ya muchos miles de millones de dólares, aunque haya mandado al jardín a más de un incauto. Descansen en paz.

Ya veremos que nos cuentan las usuarias, pero uno, de momento, se mantiene terne en el fundamento donjuánico de que no hay afrodisíaco más efectivo que la palabra, esa pócima irresistible que ablanda voluntades porque enajena la razón. Lean a Ovidio o escuchen al Burlador. Alguien dijo, comentando a Eurípides que el amor entra por la oreja, no por el ojo. Ese “desorden hipoactivo del deseo sexual” de la mujer fría que retrató don Manuel Halcón, se produce siempre con el marido, jamás con el amante. ¿No les dice nada eso? A mí me sugiere que el principio activo del filtro no es la mandrágora –planta fría desde Dioscórides– sino del verbo cálido, arrebatador, que acorrala al amado y lo rinde con armas y bagajes. Aunque no pongo en duda la virtud de esta flamante “flibanserina”. ¿Qué más da desde dónde actúe el agente? Objetivo o subjetivo, ese invento siempre le vendrá al ama de casa mejor que el optalidón.

Lo que faltaba

No creo de el presidente Griñán se merezca el tornado que a su alrededor se está levantando. Un presidente que no ha pedido serlo, y más en medio de una crisis aterradora, debe contar con el apoyo incondicional de todos, empezando por su partido, hoy retranqueado visiblemente respecto a su magistratura. La partitocracia trae estas cosas, caiga quien caiga, y en este asunto, el PSOE andaluz –entrillado entre la influencia personal de Chaves y el justificado temor a ZP—está anteponiendo el interés del “aparatro”, no ya al del Presidente sino al de Andalucía. Lo que faltaba era un jefe ninguneado por su propio partido. Y parece que ya lo tenemos.