Arriba el telón

Hoy comienza la función judicial en cuyo reparto intervienen tantos imputados del PSOE a los que su partido respalda sin excepción. Será en Ayamonte donde comparezcan el alcalde cartayero, Juan Antonio Millán, y su segundo, Novoa, por un caso que se me antoja menor. Ya veremos. Pero luego han de venir otros que están ya más claros y a cualquiera se le ocurre que fiarlo todo a la buena suerte en el Juzgado es temerario por parte de un partido, que bien podría ponerse a resguardo aunque fuera a título cautelar. No se puede vivir de denunciar presuntas corrupciones ajenas mientras se den estas muestras de amparo a las presuntas propias. Ganar tiempo es uno de los recursos menos recomendables en la vida pública.

El hincha patriota

Ganó Argelia a Egipto el partido que la clasifica para el Mundial. Menos mal, porque desde hace meses no cejan los tambores de guerra en los dos países, animados por unos medios de comunicación rendidos al “share”. Al encuentro se refería un importante periódico como “un match de guerra”, algo que no resulta tranquilizador a la vista de cómo van las cosas en el fútbol de competición africano: al menos diez hinchas han muerto en broncas futboleras en los últimos cuatro años y la seguridad (¿) argelina recuenta al menos 800 heridos de consideración, especialmente jóvenes. El partido en cuestión ha debido celebrarse en Jartum, al otro lado del Nilo, ante su peligrosidad incontrolable y a su final, la victoria argelina ha desatado una auténtica locura masiva en todo el país, donde cientos de miles de personas la festejaron entre risas y lágrimas, fuegos artificiales y un ensordecedor concierto de bocinas, incluidas por contagio las de los coches policiales. En Togo, en el Congo, en Marruecos o en Túnez el espectáculo es el mismo, como si el fútbol –esa ‘koiné’ que, a estas alturas, chamulla todo el planeta—fuera la expresión del sentimiento nacionalista que hay que entender como reacción lógica a la globalización de hecho.

Un especialista de la Sorbona, Youcef Fates, dice en un libro reciente que la adopción por parte de la hinchada africana del ‘hooliganismo’ occidental no obedece tanto a la causa que indico sino que se explica como la única reacción escapista al alcance de los jóvenes en aquellas dictaduras implacables. Quizá lleve razón, pero entonces, ¿cómo explicar nuestra propia barbarie, la que vemos cada domingo en los estadios europeos? Fates insiste en ello: no hay que reducir a la causa nacionalista tensiones como la que acaba de vivirse en torno a ese partido, sino que es preciso verlas como consecuencia de la presión política vivida por esos pueblos sin libertad. Las ultras africanos habrían aprendido en la tele el modelo europeo pero lo que los moviliza hasta el salvajismo es la catársis tolerada. El estadio es el único lugar exento de la férrea disciplina en países en los que se lapida o flagela un día sí y otro también. En Orán una multitud enloquecida ha destrozado La Corniche, el gran paseo marítimo, pero un día es un día y la policía ha permanecido ajena, comprensiva y hasta cómplice. Es de sabios dejar abierta la espita de la olla y más si lo que hierve y se agita es el potaje nacionalista. Que se desfoguen. De Platón a Maquiavelo, un hilo de discreta textura permisiva enhebra la razón del Poder. Con él andan pespunteando sus conflictos latentes los sátrapas que ven en el fútbol al mejor aliado.

Teatro y política

Una vez más resulta obligado este título. Esta vez lo exige la “función” que ayer interpretaron Griñán y Chaves para convencernos de unas paces inverosímiles que, naturalmente, no se creen ni ellos. Y eso se llama cerrar en falso el problema, dejar a Andalucía en manos de un Presidente finalmente sometido a un político amortizado como Chaves y bajo la estrecha vigilancia de sus pretorianos. Ya lo hemos dicho y repetido: Griñán no se merece este trato pero en adelante habrá que contar también con que él traga y participa del juego. Quien pierde es Andalucía. De protagonista y antagonista no se acordará nadie en cuestión de unos pocos años. Al tiempo.

Despliegue tardío

La concentración de la ‘nomenklatura’ del PSOE en la toma de posesión del delegado de Empleo (me resisto a llamarle ‘nuevo’ puesto que ejerce de hecho desde hace dos meses), Eduardo Muñoz, no puede resultar más elocuente, porque sugiere que algo ha impedido durante este lapsus demasiado largo que el nombrado llegara oficialmente al cargo. Tal vez alguien cayó en la cuenta del boquete laboral que deja tras de sí en Nerva, quizá se ha dudado todo este tiempo entre revocar el nombramiento o esperar a que amainara el temporalillo inicial. Tanta presencia constituye un gesto sospechoso, acaso sólo explicable en internas claves partidistas del PSOE local. Muñoz tiene ya pista abierta. Si no ha cambiado de Nerva a aquí, Dios nos coja confesados.

Fiesta en Somalia

La orgía de los piratas tras derrotar en toda la línea al Estado español ha sido memorable. Un Alexander Exquemelin está pidiendo a gritos esa Tortuga en la que el oro del rescate ha disparado los precios hasta un mil por mil en medio de una descomunal fiesta en la que han hecho su agosto putas y narcos, tras el paripé lamentable protagonizado por unas fuerzas armadas atadas de pies y manos. En la historia de la piratería, ésta es la primera ocasión en que a los piratas les asiste el derecho a matar al tiempo que el de no ser atacados, una circunstancia que hace muy probable que el problema se prolongue y agrave, al menos a corto plazo. Hemos hecho el ridículo más absoluto escenificando la confusión tanto en los despachos de los ropones como en las planas mayores controladas, paradójicamente, por esos pacifistas que las teledirigen, lo que, no les quepa duda, nos convierte en presa favorita para unos bucaneros que ya sabe que pagamos a tocateja mientras nuestros guerreros, todo lo más, podrán perseguirlos sin quitar el seguro del arma. Un chollo. Los franceses, como los italianos y portugueses, han ido a por ellos enarbolando las leyes del mar y sin comerse el coco con las martingalas que tratan de explicar el corso como respuesta legítima y, naturalmente, se los han llevado por delante. ¿Qué quiere decir esa regla europea de que a los piratas se les puede perseguir pero no disparar y, para más inri, ese galimatías de que a los secuestradores del finibusterre no es lícito pagarles rescate pero hay que pagárselo? España ha hecho un ridículo sin atenuantes y los piratas lo han festejado –supongo que también en Londres y quién sabe dónde más—como una victoria de hecho contra nuestra costosa Armada y sobre un Gobierno débil y desconcertado. Hay barcos de otros países en la mira de los corsarios pero los nuestros deben pintar para ellos como peras en dulce. Seguro que los marinos están que trinan como no lo habían estado desde Trafalgar.

Coincidiendo con la exaltación pirata, no muy lejos de esa feria se lapidaba trasantier públicamente a una joven de 20 años acusada de adulterio, tal como el mes pasado lo fueron dos hombres por la misma causa y hace cosa de un año una niña de 13 años que había sido violada. Ése es el Estado con el que han estado negociando nuestros diplomáticos y ése el pueblo despojado por la avaricia colonial del que hablan algunos ingenuos. ¿Se puede llegar a menos de donde hemos llegado? Es curioso que eso le esté ocurriendo a la nación que tiene la experiencia más larga y cruenta como víctima de la piratería. Que anden quitando la Historia de los planes de estudio explica, desde luego muchas cosas.

La santísima dualidad

Que no, que se han empeñado desde su partido en mantener a raya al presidente Griñán, en no dejarlo afirmarse, como sería imprescindible, como el único líder. Eso de reducirlo a “indiscutible líder social” y “máxima autoridad política” significa, ni más ni menos, que se olvide de mandar en el partido, lo cual es decisivo en un “régimen”. Quieren mantener intacta “la santísima dualidad” –uno en esencia, dos en persona–, con Chaves ejerciendo de padre eterno y el Presidente reducido a su ámbito institucional, ya se verá si provisionalmente o no. Y que se ande con ojo y recuerde lo que les ocurrió a Escuredo, a Borbolla y al propio Chaves. Desde luego, si Griñán fracasa no podrá decirse que fue por su culpa.