Los verdaderos pobres

Esa expresión, los “verdaderos pobres”, se acuñó en la España castiza para distinguir entre los mendicantes a quienes de verdad sufrían pobreza severa, como ahora se dice, de aquellos otros que la intuición popular conoce como “pedigüeños”. En la España del XVII se llegó a colgar a los primeros del cuello una cédula de bronce en la que se garantizaba su condición de pobre genuino, y sin la cual la mendicidad pasaba a constituir un delito perseguible si más, todo en medio de una polémica que implicó a plumas tan versadas como las de fray Domingo de Soto o el doctor Cristóbal Pérez de Herrera, pero a la que la Iglesia arrimó también el pan y el caldero caliente hasta constituir la gran sustentadora de los necesitados de toda especie. Es triste que se aluda a aquella hazaña –porque hazaña fue en muchos casos, como lo sigue siendo—con el concepto de la “sopa boba”, ni más ni menos que porque hay un acuerdo general en que, sin ella, aquella España hubiera estallado en el conflicto aparte de morirse de hambre. Nunca hemos superado, en realidad, ese fracaso del Estado frente a la población necesitada ni nunca ha dejado esa Iglesia de paliar con su esfuerzo la incapacidad política para atender precisamente a los más necesitados. Antier mismo, el IV Informe sobre la Acción Social ante la Crisis que elabora Cáritas Española ha lanzado a la cara del Estado datos intolerables: que su acción ha batido su propio récord al atender durante este año a 800.000 necesitados de urgencia –alimentos, vestido, alquileres, hipotecas, ayuda básica en definitiva– ante la demostrada incapacidad de aquel para resolver el problema de la pobreza como lo prueba el hecho de que más de la mitad de los atendidos venían derivados de una Administración que, dividida en dieciséis taifas, ha fragmentado la política social hasta el punto de que ni siquiera dispone de una respuesta única ante la necesidad. El Estado munífico que socorre con urgencia a la gran banca y a los sectores más influyentes ha fracasado frente a la asistencia de los más débiles. La sopa boba sigue siendo imprescindible. Pregúntenle, si tienen dudas, a los propios sopistas.

En medio de esta guerra declarada a la religión tradicional (no a las otras, ojo), el Gobierno no es capaz de pisar la raya roja de la miseria, entre otras cosas, porque sabe que ahí está esa mano mordida para sustituirle con altruismo. Y la crisis se ha encargado de poner la necesidad al rojo, mientras la política contempla inhibida el espectáculo conmovedor de los “verdaderos pobres” rebotados desde las oficinas del Poder a las tradicionales puertas del convento. 800.000 familias con la mano tendida son demasiadas, sobre todo para un Gobierno que cifra su progresismo en prohibir los crucifijos en público.

Andalucía imparable

Échenle una mirada a los números del reparto de dineros entre las autonomías y verán que Andalucía no sólo aparece apalancada en el último lugar de la fila, sino que se descuelga en más de 9 puntos de la media española, mientras Cataluña o Madrid suben que se las pelan. Es la demostración de que el “régimen” andaluz ha quedado para sostén del “Gobierno amigo”, esto es, para acólito del partido cuyo interés prioritario es mandar en el país y de un Presidente dispuesto a lo que sea con tal de perpetuarse en el poder. Y si no, que lo expliquen, que digan por qué la Junta acepta sin rechistar –¡incluso defendiéndolo!—ese sistema injusto que prima al más rico a costa del más pobre. La “Andalucía imparable” de la propaganda viaja sin remedio en el furgón de cola.

Tierra quemada

Esa carta dirigida desde el grupo municipal del PSOE en la capital recomendando a una caja de ahorros que deniegue el préstamo solicitado por el Ayuntamiento es una vergüenza que los onubenses debían conocer con pruebas. Y ya la conocen: esta tropa es capaz, con tal de saltarse al alcalde que la ha derrotado ya en cuatro ocasiones, de perjudicar a Huelva incluso actuando en contra de decisiones adoptadas por su gobierno legítimo. De verdad, han hecho muchas cosas reprobables, pero ninguna acaso como ésta miserable zancadilla a los intereses ciudadanos. No pueden con Pedro Rodríguez y saben que eso pone en peligro muchas cabezas. El problema es esperar que una ciudad confíe en unos prendas capaces de boicotearla con tal de imponerse.

El cambio difícil

A quienes conocíamos la URSS de la “perestroika” o, incluso, la anterior, nos aguardaba una áspera experiencia al visitar la “Rusia libre” que debutó repartiéndose el Gobierno entre los cabecillas de la nueva plutocracia, para ti la telefonía, para aquel el carburante, para mi la banca y en ese plan. El país había cambiado, en efecto, habían desaparecido los consentidos puestos callejeros de los “koljós” y “sovjós”, con sus remolachas y calabacines ante los que la seguridad hacía la vista gorda con tal de prolongar la agonía. Pero a cambio había –en Moscú, en San Petersburgo—una red de modestos “afterhours” como colmaos de urgencia, y racimos de jóvenes prostituidos de ambos sexos que ofrecían sus encantos por doquier, también con la anuencia de la policía. Las pequeñas mafias, así de sencillo, que con los taxis, el casino, el eterno tráfico de caviar, las entradas para el ballet o el puterío se repartían la calderilla del gran festín oligárquico, mientras la hija de Yeltsin amasaba su fortuna secreta en Suiza y los magnates improvisados compraban clubs de fútbol hasta en Inglaterra. Un fracaso, en resumen, el relevo del comunismo. Ayer mismo leíamos aquí una espléndida crónica de Roger Boyes dando cuenta de que en Rumanía, veinte años después de la caída de Ceaucescu, se echa de menos al viejo régimen, que la mitad de los ciudadanos ven peor ahora la situación y el 56 por ciento de ellos asegura que “bajo el comunismo a la gente normal se la trataba con más respeto”. La mitad del país, porque la otra mitad anda rodando por nuestros paraísos de la abundancia con el acordeón a cuestas o asaltando domicilios. No resultaba tan fácil saltar del “socialismo real” a la sociedad opulenta. Lo había advertido mucha gente, entre ellos Rudolf Bahro, pero nadie les hizo caso. Fue muy bella la escena berlinesa, por supuesto, pero la decepción de las masas “liberadas” ha sido también colosal. Ceaucescu cabalga después de muerto.

No es verdad que existan alternativas adaptables de modelos sociales o eso parece. El propio sistema de capital sólo funciona sin trabas, lo más asilvestrado posible, indiferente a sus efectos adversos. Lo hemos comprobado en el rostro impasible de los provocadores de la crisis posando a la hora de trincar la ayuda pública y también en la calamitosa defección de ese trampamtojo que es la “socialdemocracia liberal”. No hay duros a tres pesetas. Y por eso se ha hecho real la profecía soviética del todo o nada. Sí, ya sé que esto no es nada correcto. Pero a ver qué me dicen de lo que está ocurriendo en Rumania como otros países “liberados”. En la mueca trágica del cadáver de Ceaucescu me ha parecido entrever una sonrisa de revancha.

Cintas grabadas

Ni siquiera las grabaciones pueden con la corrupción de la vida pública. En Sevilla se ha grabado a unos mendas municipales cohechando a un empresario; en el mismísimo Ayuntamiento de punta Umbría un concursante despechado ha hecho lo propio con un racimo de presuntos prevaricadores que le imponían aquello de “o estás conmigo o estás contra mí”; en la tele hemos visto a otro alcalde contando sin-vergüenza el dinero contante y sonante que le entregaba una víctima. ¿Qué más hace falta para tocar a rebato? Que el informe de la Fiscalía dando cuenta de que sólo entre los dos grandes sumaban cientos de “casos”, se ha archivado por la vía rápida. ¿Es inherente a la democracia la corrupción? Ésa es la pregunta que se hace ya una inmensa mayoría de los contribuyentes.

Puentes a conveniencia

Dijeron en campaña que harían los puentes a Punta Umbría en el 2008. Luego alegaban que la crisis impedía meterse en semejante berenjenal. Y ahora que crecen los enanos oficiales, vuelven a la carga con los dichosos puentes, prometiendo que se harán en el 2011. Todo, menos mañana, fíjense en eso, aparte de que ya es descaro reservar para la legislatura siguiente las promesas de la anterior, y desnudar un santo para vestir a otro, como es el caso del desdoble famoso que también dicen ahora que es inabordable porque estamos en crisis. Estamos para unas cosas y no para otras, en cada momento según los intereses del partido que gobierna. Los electores son para esta tropa un rebaño de lo más manejable.