La ironía teológica

Aseguraba que en su vida hubo dos grandes amores de mujer, antes de aclararle a la grey estupefacta que el primero de ellos fue Nefertiti, la mujer de Akenatón y el cerebro de aquel efímero monoteísmo; y que el segundo habría sido la Giullieta Masina, la prójima de Fellini, el retratista de “La dolce vita”. Dos amores adúlteros, encima, pero también platónicos, sublimados, irónicos en última instancia como a juego con su permanente ironía vital e incluso teológica. Ha sobrellevado la enfermedad más larga –Burgos dijo en su día: “Me he enterado que Javierre tiene leucemia. ¡Aviada va la leucemia!”–, sin perder la sonrisa hasta que al final, reducido a una sombra de sí mismo, cruelmente devuelto a una infancia imposible, plegó aquella sonrisa y se volvió de espaldas a la vida. Fue uno de esos náufragos que se aclimatan a Sevilla pero un día, paseando, me dijo, que el era un “romano en el exilio”, como su hermano el cardenal habría sido un español trasterrado en su Ponto Euxino vaticano, desde cuyas azoteas nos mostraba su cámara el esplendor de Bernini y, más allá, como un coloso de otro tiempo, el Tíber lamiendo la piedra travertina de Sant’Angelo. Se divertía diciéndome que de no poder ser santo, le hubiera gustado ser santo, y no santo de palo –entendí yo– sino de carne y hueso, santo amasado con el barro supino de lo humano que él y tantos otros vislumbraron a la luz también efímera del Concilio, santo fue a su manera, con los pies sobrevolando la realidad o metidos en el fango cuando fue menester, como hizo en los tiempos recios de la dictadura, cuando le dio la vuelta a un periodismo zarrapastroso y se inventó otro crítico acogido a sagrado, santo de calle, sin alzacuellos siquiera, lo mismo en el Cabildo que la Academia, en sus altos alcázares y con sus pobres secretos, que me consta que los tenía.

Se ha ido, en fin, silencioso, independiente, alma cimarrona y cabeza de pedernal maño, de vuelta de casi todo y querido de muchos, llevándose el secreto de sus saberes ocultos, antiguo y moderno, abierto y castizo, distante desde aquel fingido escepticismo que no era sino el recurso higiénico de un moralista que creo yo que renunció a muchas peras con tal de no partirlas. Sin pelearse con nadie y con un genio de mil demonios, además, que es lo que tiene mérito. Yo creo que desde antier anda por las azoteas romanas, soñando perspectivas sepia y tejados rojos –tan sevillanos–, y allá al fondo el Tíber, como un perro de cristal líquido lamiendo los pies de Sant’Àngelo, el castillón donde los papas tomaban el olivo cuando pintaban esos bastos de los que él tanto supo.

Se acabó el cuento

La Junta ha suspendido, al fin, las excavaciones de la supuesta fosa en que descansarían los restos de Federico García Lorca y sus compañeros. Todo un espectáculo que pone de relieve cuánto granuja ha vivido del viejo cuento y cuántos siguen viviendo de él, siempre al hilo de una historia inventada que indigna ver en ruinas ante la evidencia. La Junta dará hoy su versión de los hechos, pero más importante sería que tomara nota de esta macabra lección y dejara de una vez que los muertos entierren a sus muertos aunque a más de un “vivo” se le acabe la mamela. ¿Dónde están ahora, por cierto, los “historiadores” y los “expertos”, los “lorcólogos” de oreja y demás especuladores? Lorca no necesita exhumación porque hace mucho que revivió en la memoria colectiva. A los especuladores, que les den una piocha.

La 435

Del informe del Real Automóvil Club (RACE) que denuncia la extrema peligrosidad de la carretera 435, la Huelva-Badajoz, se deduce, entre otras cosas, la responsabilidad siquiera pasiva de quienes desde el poder han ido postergando su arreglo y desdoble tras haberse pasado años bramando por ellos desde la oposición. Demasiados muertos en tan corta distancia, demasiados problemas como para que el Gobierno y la Junta sigan entreteniendo sus rutinas con la misma tenacidad con que antes reclamaban diligencia a sus adversarios. 27 víctimas en tres años y en sólo 25 kilómetros. Si ahora tampoco reaccionan ya no tendrían perdón.

Tardío pero incierto

Varios procedimientos penales están sustanciándose esta temporada, aparte del que funciona de aquella manera en La Haya para juzgar a los criminales yugoeslavos. Espectáculos de cara a la galería en los que se consiente, bajo el pretexto del derecho de defensa, la cínica exhibición de esa canalla. En Rwanda el tribunal especial ha condenado a una periodista a prisión perpetua por incitar a la violencia y al genocidio de los tutsis y, con el objetivo de ahorrar munición, haber recomendado el empleo del machete a las hordas hutus, pena que alcanza al cerebro de la matanza, Théoneste Basagora y otros dos altos oficiales acusados de incontables atrocidades, pero medidas que la oposición crítica considera simples paños calientes. Por su parte en Camboya, treinta años después del fin de los djèmeres, cuatro acusados están siendo juzgados en un clima de palpable connivencia con los actuales gobernantes del país, en modo alguno ajenos, en muchos casos, a aquella barbarie impune. En Argentina, en fin, se celebra el proceso del llamado “dossier Esma” que, entre otros infames famosos, incluye al capitán Ostiz o “Ángel de la Muerte”, distinguido torturador infiltrado en las Madres de Mayo antes de descubrirse su abyecta identidad. No tiene sentido insistir en el repertorio de inhumanidades perpetradas por todos ellos ni quejarse una vez más de la ineficacia probada de de un sistema de justicia internacional útil sólo para lavar la mala conciencia de unos poderes públicos que han permanecido impasibles ante tales atentados contra la Humanidad. Pocas veces han pagado los graves verdugos, raro es el genocida o el torturador puesto en su sitio por la Justicia. El crimen parece ser menos grave a medida que aumenta exponencialmente su gravedad. La Justicia internacional es una comedia por más que deba justificarse llevándose por delante, de cuando en vez, a alguna de esas bestias salvajes.

El tal Ostiz llevaría razón si se quejara de que Videla o el negro Massera se han ido de rositas y viven apaciblemente su retiro en sus propias residencias. No la lleva en cuanto representa a quienes raptaron ciudadanos, robaron niños, torturaron de modo sistemático, violaron a discreción y, dueños de una suerte de “ius vitae necisque”, acabaron lanzando al mar desde aviones a sus víctimas o enterrándolas en fosas comunes e ignoradas. Hay en el mundo demasiadas responsabilidades por depurar como para que quien puede permita formalizar una justicia ejemplar. Los EEUU ni siquiera han aceptado aún la existencia de un TIP. Los grandes asesinos pueden dormir tranquilos en su mayoría amparados por esta triste razón.

Por algo será

Se niega el PSOE a aceptar el veredicto de la comisión de expertos independientes que, en el seno del Pacto Antitransfuguista, ha declarado tránsfuga al grupo municipal del partido en el Ayuntamiento de Ronda con su alcalde al frente. Por algo será. Ningún partido quiere, en realidad, extinguir esta lacra de la que, cada cual a su turno, recibe beneficios. Pero el espectáculo es ya demasiado obvio, descarado en demasía, hasta le punto de que tal vez lo mejor que podrían hacer los partidos es suprimir ese inservible Pacto y dejar que la cabra tire al monte cuando quiera. Porque mantenerlo implica una doble desvergüenza que todos los sofismas imaginables no podrán ocultar.

Disculpa digna

Honra al presidente de la Junta, José Antonio Griñán, la condena del atentado ocurrido en Punta Umbría con las pintadas en la fachada del ex-alcalde y presidente del PP local, Hernández Cansino, aunque sobra la razón de que lo condena porque el PSOE conoce lo que son los atentados y al coletilla de que las disculpas son obvias. La prueba de que no son tan obvias es que su partido en Huelva no ha dicho una palabra en desagravio, una actitud que demuestra, o bien que el Presidente manda poco en el PSOE, o bien que el PSOE local ve con buenos ojos el condenable atentado. Griñán se salva por los pelos con sus disculpas; el resto del “aparato” del partido queda en una posición indigna más que sospechosa.