Fotos trucadas

Supongo que un rapto de cabreo incontenible, el hijo del famoso fotógrafo de guerra catalán Agustí Centelles ha revelado que la foto, realmente emotiva, de los milicianos parapetados tras la barricada de caballos muertos y empuñado sus fusiles no es más que un montaje realizado después de ocurridos los acontecimientos. Otro caso que sumar al precioso fraude que parece ser que fue la mítica instantánea de Robert Capa del miliciano herido de muerte, icono republicano durante tantos años, y ahora debelado por la técnica. Hasta las foto de Franco con Hitler en Hendaya –en aquella la mayor ocasión que vieron los siglos– resulta que, al digitalizarse los ficheros de la Agencia EFE, se ha probado que no fueron más que montajes en los que se realzó la figura del Caudillo procurando, entre otras cosas, que su estatura no desentonara demasiado con la del dictador nazi. Todos hemos visto en Leningrado el cuadro famoso de los revolucionarios soviéticos del que habían sido eliminado limpiamente la figura de Troski tras le derrota menchevique y algunos menos la foto de los dos líderes frente al Bolshói de la que asimismo se eliminó al vencido. Una foto del célebre rostro esculpido (no hará falta decir que por marcianos) en un saliente del Machu Pichu resultó tan falsa como la del tigre chino extinguido hacían tres décadas y que un agricultor manitas coló de matute manipulando un viejo calendario antes de ser condenado a prisión y a una respetable multa. Miles de instantáneas de ovnis, espectros y fantasmas han dado de comer a una legión de truquistas durante muchos años y le seguirán dando, me imagino, asistidos como están ahora de ese prodigio falsario que es el ‘fotoshop’. Tal es la virtualidad del engaño que hasta ha hecho fortuna la leyenda de que el primer alunizaje no fue más que un embeleco tramado en Hollywood por los fulleros de la NASA. Sin ir más lejos, yo tengo una cuñada que le arañaría a usted la cara si osara discutir el asunto ante ella.

Volviendo a la foto de Agustí, se me ocurre que si con los documentos materiales ocurre lo que ocurre, en el terreno la etérea memoria histórica habrá que estar preparados para lo peor, siempre a favor de un relativismo al que le están saliendo por la culata no pocos tiros. Tampoco eran auténticas las imágenes de los héroes de Iwo Jima izando la bandera ni la del soldado soviético haciendo lo propio con la suya en Berlín que hizo Chaldej, y ya ven que no se ha hundido el mundo de nuestras convicciones. Quién sabe, quizá las pruebas no son tan decisivas para la Razón. No es ninguna novedad, después de todo, que lo mismo en un bando que en el de enfrente, la fe mueve montañas.

Dos varas

Parece que Chaves se ha negado en redondo a aceptar un pacto de concentración en El Ejido, tal como se había propuesto desde el PP a todas fuerzas políticas. Y no le falta razón, probablemente, al margen de que siempre quepa preguntarle por qué, si tan convencido está de su incompatibilidad con los ediles del PAL ejidense (cuyo alcalde está en la cárcel), mantiene con los mismos en la Diputación Provincial esa estrategia que le permite conservarla en su poder. Una cosa es predicar y otra dar trigo, supongo que diría él, pero la contradicción seguiría ahí para escándalo de los ciudadanos. Cada día es más evidente que esta partitocracia no tiene arreglo.

Oferta tardía

Está muy puesta en razón la oferta lanzada al Ayuntamiento “popular” de la capital desde la Mancomunidad Provincial de Servicios (MAS) que controla el PSOE, en el sentido de que estaría dispuesta a comprar el 49 por ciento de Aguas de Huelva para resolver la crisis que el gobierno municipal pretende resolver con un crédito. Lo malo es que ese Gobierno recelará de una oferta que viene de los mismos que antier por la mañana solicitaban por escrito a Cajasol –transgrediendo las más elementales normas de la lealtad institucional– que denegara ese préstamo votado en Pleno. ¿Cómo fiarse de quien con una mano te empuja y con la otra hace como que te sostiene? En el PSOE deben comprender que la oferta es cuando menos sospechosa.

Escrito en el aire

La Asamblea francesa ha dado luz verde al proyecto de transformación de Correos en una sociedad anónima con capital público que en cuestión de un año deberá abrirse totalmente a la competencia del sector, y lo ha hecho a pesar de la resistencia numantina de la izquierda renqueante, en esta ocasión apoyada por dos millones de voces cívicas que rechazan la privatización del viejo servicio. Alegan los reformadores que la carta –ese invento que no cumple ya los cuatro mil años– es un instrumento de comunicación en desuso y que entre faxes, e-mails y sms, por no hablar de los nuevos mensajeros particulares, el antiguo negocio se ha convertido en una ruina. Y frente a ellos, dicen los protestantes que la carta no morirá nunca y que lo que pretende, en último término, la derechona no es otra cosa que la “selección del cliente”. Ellos sabrán, pero puestos a ver las cosas como parecen, la verdad es que hemos vivido una vertiginosa revolución en las comunicaciones que ha puesto en entredicho la viabilidad de la posta de toda la vida. Es bueno recordar, en todo caso, que no es la primera vez que se privatiza el correo, pues eso ocurrió ya en la Edad Moderna española, por ejemplo, cuando Felipe el Hermoso arrendó el negocio, y hubo que esperar a que la razón ilustrada de un Campomanes diera marcha atrás instaurando un auténtico servicio público con todos sus avíos. Hoy se paga una fortuna por el primero de nuestros sello, el de Isabel II, pero a casi nadie se le ocurre ya contribuir al colapso de Correos en Navidad teniendo encerrado en el ordenador a ese Miguel Strogoff silencioso y barato que, en cuestión de segundos, no sólo nos permite cartearnos sino hablar en directo con la novia lejana o el socio impaciente. Suele atribuirse erróneamente el invento del correo a China porque fue ella, en efecto, la que inventó ese elemento revolucionario que es el papel, el soporte ligero que tanto dinamizaría el servicio, pero no se equivocaban quienes, desde la aparición de las mensajerías y el invento de los nuevos trebejos, apostaron por el fin del correo.

Más allá de la novelería de los amores cibernéuticos, uno cree que la desaparición de la carta es otro duro golpe al cochambroso romanticismo que todavía nos asiste. No habrá ya muchachas aguardando al cartero, ni padres pendientes de la misiva del pródigo, ni solterona aguardando el ilusorio envío, reducido el antiguo invento sumerio al servicio de esos niños que envían al Polo Norte sus cartas a Santa Klauss o los que las depositan inocentes en El Corte Inglés. Julio Verne se abriría las venas ante el prosaísmo informático pero eso, afortunadamente, es lo que nos queda.

Turismo de crisis

No se sabe a ciencia cierta cuántos viajeros constituían el séquito de la presidenta de la Diputación de Huelva que se acercaron a Copenhague con el fin de arrimarle a los próceres del mundo su inestimable colaboración. ¿Se imaginan ustedes a la Cumbre de Copenhague sin esa señora y sus amigas, grandes “expertas en la nada” todas ellas? Cuesta trabajo, lo reconozco, aunque tampoco estoy de acuerdo con quienes achacan al fracaso del cónclave a su presencia. Ellas habrán ido a darse el voltio, a zamparse un ‘smorgabord’ y a darse una sauna, no le den vueltas. Y tampoco hay que ensañarse con ellas, creo yo, porque ni han sido las primeras ni han de ser las últimas.

La onubense en Punta

La Universidad de Huelva (UHU) ha demostrado un decidido empeño en incorporar a la enseñanza las tecnologías más modernas, hoy tan inevitables como útiles, en concreto una sala de videoconferencias, otra de polimedios y un laboratorio de contenidos multimedia. Las tecnologías por sí solas no elevan ni prestigian a una universidad pero sin ellas resulta hoy impensable una enseñanza homologable y una competencia puesta en razón. Otro paso dado en el buen camino, en busca de una ‘excelencia’ que, a poco que las Administraciones metan el hombro bajo la trabajadora, puede estar al alcance de la mano.