Vieja novedad

Probablemente no era cierta la noticia que Marco Polo nos da en el relato de su viaje en el punto donde refiere su visita al Viejo de la Montaña. Este personaje existió, en todo caso, si es que su denominación no esconde toda una dinastía de imanes finalmente liquidada por Saladino. Lo que dice la leyenda es que un sujeto carismático que acabó recibiendo ese nombre organizó desde una lejana fortaleza iraní toda una trama criminal especializada en formar aguerridos suicidas dispuestos a cumplir las órdenes terroristas recibidas, una vez probadas las delicias paradisíacas embriagados por el hachis. Sabemos que, en realidad, se trató de una guerra interna del Islam en la que los chiíes ismaelitas optaron por ese método –el asesinato selectivo por medio de sicarios adiestrados—y que la leyenda perduró durante mucho tiempo a partir del siglo XI. De su designación, “hashshashin” o drogados con hachis, deriva la palabra asesino que hizo fortuna en varias lenguas, acaso porque en todas las épocas han existido esas fantasmales amenazas, por lo general mitificadas por las potencias de la imaginación humana. Los “asesinos” eran formados en su base –como ahora— y –como ahora— eran enviados en comandos, generalmente compuestos por tres adeptos, para ejecutar a sus víctimas, en determinados casos parece que incluso como mercenarios. Y bien, ya los tenemos ahí de nuevo, con su Viejo enigmático, su reducto sectario y esa voluntad fundamentada en el sueño vano de la felicidad eterna del guerrero caído.
La Humanidad ha padecido siempre estas lacras –en estas fechas resulta obligado recordar a los sicarios zelotas—porque el terror nunca dejará de ser instrumento del mono loco que, paradójicamente, se llama a sí mismo “Sapiens”, y porque la fantasía de las masas contribuirán siempre a mantener latente ese sinvivir. Nueva York, Madrid, Londres, París, Bruselas, todas esas patrias prestadas a la inmigración medieval, han comprobado ya la ignominia del terror que todavía cuenta entre nosotros con imbéciles que le atribuyen el carácter de respuesta a nuestras provocaciones, mientras el resto de Europa, así como los EEUU, es decir, el conjunto del “paraíso” occidental, contiene el resuello consternado ante la amenaza de los mismos a los que acogió y son ya tan nuestros como nosotros mismos. Vivimos otra Edad Media, oscura y deslumbrante, primitiva y civilizada, pero atenida a esos códigos mentales de la horda para los que la vida no vale más que la incierta promesa de un imán.

La foto

Foto de los políticos sosteniendo la bandera belga. ¡Todos unidos frente al enemigo común, ninguna diferencia entre nosotros, los cabales! Ya. Estupendo. Pero alguien mirará esas fotos y, reconociendo las caras, tal vez piense que los peligros que nos cercan no son sólo los terroristas, sino esos profesionales de la vida pública que posan juntos frente al Otro como si ellos no representaran un ejemplo supino de desunión y riesgo. Estos próceres no se muestran unánimes más que frente al enemigo obvio o a la hora de asegurar sus propios privilegios. Y hay que recordarles que no es sólo el terror exterior el que nos amenaza sino su laberíntica porfía. El minuto de silencio que más nos urge es el que todos y cada uno de los ciudadanos deberíamos guardar mirando de frente a los retratados.

La tragedia humana

El Gobierno español, presionado por la oposición, ha girado en redondo y decidido no aceptar el acuerdo europeo de expulsar masivamente al millón largo de criaturas que han llegado a este paraíso huyendo de nuestras propias bombas y de las ajenas, cuando no del hambre y de la miseria más absoluta. Por su parte, tanto la canciller Merkel como su aliado social-demócrata han sufrido en Alemania un severo correctivo en las recientes elecciones en las que las fuerzas xenófobas de la extrema derecha, pero también amplios sectores de la clases media y obrera, han logrado, de momento, imponer su criterio restrictivo. No hay que esperar demasiado, a mi juicio, del acuerdo –realmente leonino—logrado por Turquía aunque tal vez quede la esperanza de agarrarse a la gallarda postura mostrada hace poco por el papa Francisco en México pero, en cualquier caso, la cuestión de los “nuevos bárbaros”, como desaprensivamente los ha calificado alguien en la prensa británica, es el gran problema de esta hora difícil de la convivencia occidental. Merkel ha recordado incluso que los “padres” europeos apostaron, al concebir en Roma la unión continental, la superación de los egoísmos nacionales y el propósito de dotar al conjunto resultante de un destino común, y Francisco, aparte de descalificar sin palabras al extravagante Donald Trump, insistió en calificar de “tragedia” a esta crisis humanitaria sin precedentes. Parece que esos desgraciados no les quedan más paladines que la hija del pastor protestante y el pontífice católico.

El siglo XXI no pinta, desde luego, en solidario. En Padua vi yo mismo el muro del gueto en que se hacinan los emigrantes. En Ceuta, lo hemos visto todos, y ese loco que se postula para presidir el Imperio promete reforzar el que lo separa de México hasta convertirlo en infranqueable. Nos guste o disguste, la verdad es que sólo Merkel y Francisco apuestan arriesgadamente por tender puentes a ese Oriente Medio en llamas y por buscarle solución a este inesperado desafío de la Historia. Y no me expliquen que un millón de inmigrantes, y quién sabe si muchos más, resultaría un fardo demasiad pesado para esta abrumada Europa que tanto se ha beneficiado hasta ahora de las migraciones. Lo que es una carga bajo la línea de flotación de la Unión Europea es, precisamente, la demostrada incapacidad de sus miembros para esforzarse en una solución que casi todos ellos han tenido que mendigar alguna vez.

Rizo rizado

La Junta de Andalucía ha permitido sin escrúpulos el saqueo de los fondos públicos destinados a compensar a los parados, unos fondos que está perdiendo ya el erario común de los andaluces, no sólo porque los mangazos han prescrito gracias al gambeteo de las defensas, sino porque, como acaba de sentar una decisión judicial, la Junta no puede cobrarse a sí misma. ¿Es eso rizar el rizo o no lo es? El caso es que los 90.000 euros que la Junta concedió a la famosa Faffe –un ente “paralelo” que ahora es ya un órgano suyo—para financiar unos cursos que jamás se dieron, se perderán dado que ahora –y no me digan que el argumento no está bien traído—resulta que el deudor y el acreedor son la misma persona jurídica. ¡El Nobel tendrían que darle a estos incomprendidos aparte de una bola con cadena!

La tragedia humana

El Gobierno español, presionado por la oposición, ha girado en redondo y decidido no aceptar el acuerdo europeo de expulsar masivamente al millón largo de criaturas que han llegado a este paraíso huyendo de nuestras propias bombas y de las ajenas, cuando no del hambre y de la miseria más absoluta. Por su parte, tanto la canciller Merkel como su aliado social-demócrata han sufrido en Alemania un severo correctivo en las recientes elecciones en las que las fuerzas xenófobas de la extrema derecha, pero también amplios sectores de la clases media y obrera, han logrado, de momento, imponer su criterio restrictivo. No hay que esperar demasiado, a mi juicio, del acuerdo –realmente leonino—logrado por Turquía aunque tal vez quede la esperanza de agarrarse a la gallarda postura mostrada hace poco por el papa Francisco en México pero, en cualquier caso, la cuestión de los “nuevos bárbaros”, como desaprensivamente los ha calificado alguien en la prensa británica, es el gran problema de esta hora difícil de la convivencia occidental. Merkel ha recordado incluso que los “padres” europeos apostaron, al concebir en Roma la unión continental, la superación de los egoísmos nacionales y el propósito de dotar al conjunto resultante de un destino común, y Francisco, aparte de descalificar sin palabras al extravagante Donald Trump, insistió en calificar de “tragedia” a esta crisis humanitaria sin precedentes. Parece que esos desgraciados no les quedan más paladines que la hija del pastor protestante y el pontífice católico.

El siglo XXI no pinta, desde luego, en solidario. En Padua vi yo mismo el muro del gueto en que se hacinan los emigrantes. En Ceuta, lo hemos visto todos, y ese loco que se postula para presidir el Imperio promete reforzar el que lo separa de México hasta convertirlo en infranqueable. Nos guste o disguste, la verdad es que sólo Merkel y Francisco apuestan arriesgadamente por tender puentes a ese Oriente Medio en llamas y por buscarle solución a este inesperado desafío de la Historia. Y no me expliquen que un millón de inmigrantes, y quién sabe si muchos más, resultaría un fardo demasiad pesado para esta abrumada Europa que tanto se ha beneficiado hasta ahora de las migraciones. Lo que es una carga bajo la línea de flotación de la Unión Europea es, precisamente, la demostrada incapacidad de sus miembros para esforzarse en una solución que casi todos ellos han tenido que mendigar alguna vez.

Rizo rizado

La Junta de Andalucía ha permitido sin escrúpulos el saqueo de los fondos públicos destinados a compensar a los parados, unos fondos que está perdiendo ya el erario común de los andaluces, no sólo porque los mangazos han prescrito gracias al gambeteo de las defensas, sino porque, como acaba de sentar una decisión judicial, la Junta no puede cobrarse a sí misma. ¿Es eso rizar el rizo o no lo es? El caso es que los 90.000 euros que la Junta concedió a la famosa Faffe –un ente “paralelo” que ahora es ya un órgano suyo—para financiar unos cursos que jamás se dieron, se perderán dado que ahora –y no me digan que el argumento no está bien traído—resulta que el deudor y el acreedor son la misma persona jurídica. ¡El Nobel tendrían que darle a estos incomprendidos aparte de una bola con cadena!