Guetos sin ley

Sobran sitios peligrosos en Huelva capital, lugares sin ley, por lo común vinculados a la droga y su tráfico, aunque no necesariamente, guetos verdaderos en los que el hábito de la indisciplina social termina por imbuir en los vecinos el espíritu de la anomia, la idea de que la ley es cosa de fuera cuyo fuero no alcanza al interior de la fortaleza imaginaria. La agresión multitudinaria a la policía que acaba de ocurrir en La Orden demuestra que hace falta abordar ese problema que excede con mucho a las funciones y posibilidades de la autoridad municipal (y no digamos a la policía local) para concernir al Gobierno, es decir, a su Delegación. Nunca existieron en Huelva esos reductos inabordables ni tienen por qué ser consentidos por una autoridad previsora y al mismo tiempo fuerte.

Lázaro en la cola

Lo he visto en la tele: largas colas aguardando turno para entrar en el comedor público, la cara triste de esta ciudad alegre y confiada que todavía no ha asumido a fondo la gravedad de la crisis. Son gente de cualquier edad, padres de familia, niños, ancianos, muchos inmigrantes, claro, algún que otro ‘out sider’ con la marca del sufrimiento y el alcohol grabada en el rostro. En Barcelona, en Madrid, en Sevilla –donde se han duplicado las asistencias–, en Lérida, en Málaga, un poco por toda España, esta variada pelambre se arracima a las puertas del nuevo “Auxilio Social” –¡quién nos lo hubiera dicho antier!– cuando todavía la ‘new age’ permitía soñar con el mundo feliz de los tiempos finales. Parece que sólo en Andalucía –lo asegura IU en el Parlamento—los desahucios ejecutados este año no bajan de diez mil, lo que equivale a decir que otras tantas personas, acaso familias, se han visto de pronto sin hogar. Los cálculos más optimistas cifran la morosidad muy por encima de lo que se había previsto incluso por parte del pesimismo bancario. Eso es lo que hay: la crisis es ya pobreza pura y dura, no sólo amenaza que se cierne sobre ese “Estado del Bienestar” de los cojones con que nos han dado la matraca todos estos años. Y mientras tanto… Mientras tanto los magistrados más altos de la nación se lucen en monterías millonarias, las autoridades autonómicas se entregan a gastos suntuarios inconcebibles incluso en situaciones normales, todo mengua y se retrae salvo los presupuestos del gasto corriente, que hace mucho que dejó de ser tal para ser realmente extraordinario, escandaloso.

En Huelva se debate acaloradamente entre los dos grandes partidos que se arrojan a la cara los sueldos fastuosos que perciben consejeros, diputados, presidentes, alcaldes, concejales y otras especies dilapidadoras, sin que quede del todo claro si es verdad que hay en la provincia –una provincia castigada en la que hay comarcas con un 50 por ciento de paro– un buen puñado de ellos que cobra por encima del millón al mes, en numerosas ocasiones, adocenados de partido sin una cualificación siquiera mediana. Coches de máxima gama, mobiliario suntuoso, sueldos de magnates, facturas del taxidermista, viajes en yate, mientras en la calle, arreciados de frío, se aprietan los parias en espera de la sopa boba, un generoso cazo de lentejas y un pedazo de pan por todo viático. Por parte de los conservadores pero también, ay, de los autopostulados socialistas, de los “rojos”, como diría el furtivo Bermejo, el que pagaba con billetes de 500 euros sus trofeos cinegéticos. Lázaro en la cola. Veremos por donde le sale la crisis a Epulón, cuando apriete el temporal.

Cosas del 28-F

La conmemoración del 28-F es ya pura rutina, mandingas y canapés, izadas de banderas en las que no cree ni el apuntador. Este año ha habido anécdotas significativas, como la traducción al árabe de la letra de ese himno oficial –que Infante derivado de “cantos del solsticio, rectos indudables de la cultura heliolítica (sic)”– por parte de una asociación de inmigrantes magrebíes e, incluso, de un ilegal cambio en la letra perpetrado por la propia Junta en Almería, donde en el verso “España y la Humanidad” ha sido sustituido absurdamente por “los pueblos y la Humanidad”. Ni el himno respetan (art. 3.3 del Estatuto de Autonomía vigente), empezando por la Junta. Imaginen si a alguien se le ocurre cambiar himnos en Cataluña o Euskadi.

Lo que trincan

Tal vez no debería haber saltado nunca a la actualidad, pero ya que ha ocurrido así, lo natural es que los onubenses se enteren de verdad de cuánto trincan sus políticos en medio de la crisis angustiosa que vive la provincia y la capital. Porque no se trata de traer y llevar papelitos con lo que se tiene ‘asignado’, sino de demostrar (con la declaración sobre la renta, miren qué fácil) lo que de verdad se ha percibido, en concepto de sueldo, de complementos, de dietas o de esos chollos mollares que son las consejerías de empresas u organismos públicos. No faltaba más que, encima de trincar esas fortunas, nos dieran con queso las cuentas del Gran Capitán. Muestren lo que Hacienda sabe y les creeremos. Si no  habrá que dar por buenos los cálculos escandalosos que circulan por ahí.

Héroes bajo sospecha

En varios países americanos, singularmente en Colombia, el tema del secuestro a manos de las FARC se está convirtiendo en un pingüe negocio editorial. Se suceden las ediciones testimoniales de ex-cautivos que narran su experiencia en ediciones que superan con mucho la media de las habituales en la región, hasta el punto de convertirse, en ciertos casos, en libros inencontrables y objetos de mercadeo por parte de una suerte de lonja clandestina del libro que funciona con éxito. El último de ellos es uno, escrito a tres manos por otros tantos supervivientes de los campos, que centran su atención en la celebrada figura de Ingrid Betancourt, cuya aceptación en los países libres es cuestionada por los autores, dispuesto a destrozar el mito de esa liberada de oro que ellos describen como una mujer dominante, altiva, insolidaria e incluso, llegado el caso, hostil a sus propios compañeros de cautiverio, de los que se habría sentido separada por un duro complejo de superioridad. Nada podrá desvelarnos, como es lógico, dónde está la verdad del cuento, si en la carita de ángel de la Betancourt y su algo empalagosa correspondencia (“Cartas a mamá desde el infierno”), o en el encrespado alegato de esos memorialistas dispuestos a derribar sin contemplaciones el ídolo de barro en cuya imagen Occidente ha pretendido con éxito simbolizar y rentabilizar la tragedia de la sociedad colombiana. Nunca sabremos la verdad, ya digo, o al menos, es bastante improbable que consigamos una versión del todo convincente de lo que ocurre realmente en la selva bajo la tiranía de esos narcoguerrilleros. Ni siquiera cual fue el papel de la Betancourt, a pesar de las propagandas.

En pocas épocas ha resultado tan fácil la fabricación de héroes como en esta dominada por la férula audiovisual, en ninguna tal vez entronizar de la noche a la mañana a un personaje sin la menor posibilidad de comprobación de sus méritos. Y en cuanto a la Betancourt, la verdad es que en los medios próximos se advierte un intenso y creciente rechazo basado en la crítica de sus actitudes durante y después del secuestro. Cuesta imaginar a la “princesa”, como la llaman con sarcasmo algunos de sus críticos, sisando comida, apropiándose de los pocos libros existentes o negando a los demás la información de la única radio sospechosamente no requisada por los verdugos. Pero eso es lo que andan diciendo por ahí mientras ella y su entorno guardan un significativo silencio. Nunca fue tan fácil edificar prestigios como en la era televisiva, pero a cambio nunca fue tan sencillo derribar mitos. Echen una mirada a ese “Out of captivity” de los tres liberados, por ejemplo, y verán lo que es bueno.

Imagen podrida

Escena en el telediario: el alcalde de Alcaucín, “Pepe el Patillas”, vitoreado por un grupo de ciudadanos mientras es conducido por las fuerzas de seguridad. Otra vez el miserable “torero, torero” que el entonaron al furtivo Bermejo en el Congreso, eco lejanísimo y menor de la escandalosa manifestación contra el TS a las puertas de la cárcel de Guadalajara en apoyo a dos secuestradores convictos. Ha habido muchos casos y sabemos que las urnas ha confirmado, en las últimas municipales, a varios regidores presuntamente corruptos. ¿Qué ocurre, que la corrupción ha calado hasta los huesos del sistema social? Es urgente reflexionar sobre qué significan estos alardes de impudicia y adhesión al delito. Porque a lo peor es que esto empieza a no tener remedio.