La fosa perdida

Tienen que admitir que el papelón que está haciendo la Junta y otras autoridades en el asunto de la fosa de Lorca roza la inadmisible tragicomedia. Ni siquiera saben dónde escarban esos fosores que tal vez acaben perdidos sin remedio en el inmenso osario de la desmemoria. Ahora se vislumbra que más de uno ha ido de listo en este negocio y los resultados están probando que esos iniciados no tenían más noticia del magnicidio que las recogidas de oreja. Porque de momento, los restos no están donde decían. Pero ¿y si en las nuevas excavaciones tampoco aparecen? La Junta tendría que poner orden en semejantes manejos precisamente por respeto hacia los enterrados.

Lo comido por lo servido

Ya ven: Diputación se gasta en pagarse a sí misma y en su funcionamiento diario siete de cada diez euros presupuestados. Para que comprueben que, además de constituir un órgano redundante (en un Estado descentralizado por regiones sobra la antigua Administración “periférica”), nos sale por un ojo de la cara ese pesebre dorado por el que –no hay que engañarse—todos los partidos suspiran. ¡Lo que Huelva podría ganar si se invirtiera en la provincia lo que se llevan estos gestores prescindibles! Uno de cada siete euros. Ustedes no olviden ese dato ni a la hora de votar ni a la de cumplir con Hacienda.

El negocio del clima

La desconfianza sobre lo que pueda suceder en la Conferencia de Copenhague va siendo general. Pocos creen que Obama baya a conseguir que se haga ahora lo que no se hizo tras el acuerdo de Kioto a pesar de que la campaña ambientalista crece por momentos. ¿Cómo van a cortar sus humos los que viven de ellos y los que comercian comprándole sus cuotas a los no industrializados que incomprensiblemente las tienen? En medio de la expectación nos enteramos de que Tony Blair acaba de cobrar por un discursito ‘verde’ de veinte minutos, en el que le ha dado un repaso a Al Gore, nada menos que 100.000 euros, lo que equivale, según los atentos contables, a 83 euros por segundo, pausas incluidas. Un negocio, éste del clima. El propio Gore ya se forró el año pasado recorriendo desde Amsterdam a Tenerife a razón de 200 o 240.000 euros la charleta (que en este punto discrepan los observadores) promocionando el famoso ‘The Climate Proyect’, consistente, por lo que se pudo comprobar en Sevilla, en reunirse con 200 personas y contarles lo que ya sabían, por lo que –fotos incluidas– el Ayuntamiento largó 120.000 euros y la Junta, según dicen, ¡80 millones!, una vez que el gran gurú aseguró, como quien no quería la cosa, que “Andalucía volvería a ser (¿¡) líder mundial en nuevas tecnologías”. No sabemos ya a qué atenernos, entrillados con nuestra mejor voluntad entre quienes nos anuncian el apocalipsis medioambiental y los que pregonan que toda esta gigantesca movida no es más que un señuelo político, organizado por las grandes potencias aprovechando ciertas credulidades, para distraer la atención de guerras y crisis. Pero podemos estar seguros de que hay por ahí un batallón viviendo de este negocio en el que unos cuantos, como los mencionados, se han forrado por fuera y por dentro.

No creo, por lo demás, que un eventual fracaso en Copenhague supusiera el fin del mundo, aunque sí es probable que llegara a complicarle seriamente la agenda al mesías Obama, tocado ya en el ala tras su connivencia con los Guantánamos y sus torturadores además de su demostrado ardor guerrero. De sobra sé que el hombre es capaz y capataz de arruinar un planeta y veinte que le dieran, pero no se me escapa, ni supongo que a ustedes, que este problema del clima ha dado de sí, ya de paso, un fabuloso negocio del que se aprovechan grandes, chicos y medianos, algunos a razón de 83 euros por segundo, pausas incluidas, que me da la impresión de que es bastante menos que lo afanado por Gore: dividan y verán. Si es que no podemos sumar, que sería lo prudente para todos, pero lo que hasta ahora han venido impidiendo esos fabulosos negociantes.

Sagradas familias

Lo de las subvenciones que la Junta otorga con estudiada magnanimidad resulta que, además, es gravemente discriminatorio. Consideren el caso de la delegada malagueña de Bienestar Social que no solamente larga pasta a la ONG de su marido sino que hasta favorece a la de la socia de su cuñada, mientras la Junta hace como los monos de la fábula para no ver, ni oír ni hablar. Por supuesto el negocio de las subvenciones es de un calado mucho mayor, pero estas incidencias son escandalosamente ilustrativas del funcionamiento del “régimen” Una lista rigurosa de estas “sagradas familias” beneficiadas desde los despachos quizá abriera los ojos al electorado. Por eso precisamente lo probable es que no la conozcamos nunca.

El grifo ruinoso

La Diputación, además de un organismo expletivo, es una institución ruinosa. Este año, por ejemplo, se va a gastar en ella millón y medio de euros en propaganda de sí misma y sus mandamases, a pesar de la reducción que la crisis ha impuesto al Presupuesto. “¡Que ahorren ellos!”, parece decir unamunianamente su presidenta, que se reserva para sí nada menos que 300.000 euros para “gastos sin justificar”. Esto, sencillamente, es un abuso y una vergüenza, porque en Huelva, por haber, hay hasta hambre. Ni los jerifaltes franquistas tiraban de caja con semejante facilidad. En el propio archivo de la casa pueden comprobarlos estos capitostes/as de ahora.

La vida del símbolo

Hace poco, el prestigioso The New York Times ha comentado sin complejos que en el año 2001, en plena batalla de Tora Bora, cuando los telediarios nos ilustraban el feroz ataque hablándonos de bombas perforantes que alcanzaban la entraña de la tierra, los mandamases del ejército, concretamente el secretario Rumsfeld y el general en jefe Thommy Frank, dejaron escapar a placer al hombre más buscado del planeta, es decir, a Bin Laden, cuya captura era, al menos en la propaganda, el gran motivo de aquella guerra que continúa hoy. La vida de Bin Laden ha estado siempre en cuestión, como corresponde al interés funcional de todo mito, y por eso desde la primera hora corrió el rumor de su muerte y desaparición, aunque ahora se vuelva a la tesis de que está vivo y coleando, posiblemente “en un centro urbano fuera de Afganistán” –es decir, hablando en plata, en Pakistán—si bien subsiste la impresión de que reparte su morada a ambos lados de la frontera, “unas veces en el lado paquistaní y otras en el lado afgano”, según el consejero de seguridad nacional James Jones. Incluso dicen que el gran perseguido precisa de diálisis a diario, circunstancia que complica no poco esa teoría de la movilidad, o por el contrario, que habría superado milagrosamente su mala salud de hierro. Cualquiera sabe. Lo interesante, a mi modo de ver, es esa insistencia que pone la propaganda –tanto de un lado como del otro— para convencernos de que el mito está realmente vivo y no sólo, como nuestro Apóstol Matamoros, místicamente en reserva entre batalla y batalla. Creo que la vida de Bin Laden interesa tanto a Al Qaeda para conservar su vigor simbólico, como a los EEUU –en realidad, ya a todos sus aliados–, cuyo argumento bélico se robustece frente a un mito disponible. David necesitaba a Goliat amenazante para justificar su pedrada tanto como los filisteos para mantener alta la moral de su gente. Todo mito precisa la vida para cazar sus ratones. Como el gato, ni más ni menos.

Hace tiempo que dejé de coleccionar noticias sobre ese personaje perverso, convencido de que nunca nos enteraremos de su final, si es que alguna vez llega. A Hasan Husein lo exhibieron como una fiera antes de ahorcarle porque lo exigía la ilógica de una segunda guerra que tenía dividido al mundo. Pero Bin Laden no es el burdo Hasan que volaba la sesera a sus ministro o gaseaba sin piedad a los kurdos, sino un ectoplasma conservado en el formol publicitario por los estrategas belicistas. Conviene que mantengamos al mito vivo. Una vez muerto no serviría de coartada ni a los más fanáticos belicistas de cualquiera de los bandos en liza.