La 435

Del informe del Real Automóvil Club (RACE) que denuncia la extrema peligrosidad de la carretera 435, la Huelva-Badajoz, se deduce, entre otras cosas, la responsabilidad siquiera pasiva de quienes desde el poder han ido postergando su arreglo y desdoble tras haberse pasado años bramando por ellos desde la oposición. Demasiados muertos en tan corta distancia, demasiados problemas como para que el Gobierno y la Junta sigan entreteniendo sus rutinas con la misma tenacidad con que antes reclamaban diligencia a sus adversarios. 27 víctimas en tres años y en sólo 25 kilómetros. Si ahora tampoco reaccionan ya no tendrían perdón.

Tardío pero incierto

Varios procedimientos penales están sustanciándose esta temporada, aparte del que funciona de aquella manera en La Haya para juzgar a los criminales yugoeslavos. Espectáculos de cara a la galería en los que se consiente, bajo el pretexto del derecho de defensa, la cínica exhibición de esa canalla. En Rwanda el tribunal especial ha condenado a una periodista a prisión perpetua por incitar a la violencia y al genocidio de los tutsis y, con el objetivo de ahorrar munición, haber recomendado el empleo del machete a las hordas hutus, pena que alcanza al cerebro de la matanza, Théoneste Basagora y otros dos altos oficiales acusados de incontables atrocidades, pero medidas que la oposición crítica considera simples paños calientes. Por su parte en Camboya, treinta años después del fin de los djèmeres, cuatro acusados están siendo juzgados en un clima de palpable connivencia con los actuales gobernantes del país, en modo alguno ajenos, en muchos casos, a aquella barbarie impune. En Argentina, en fin, se celebra el proceso del llamado “dossier Esma” que, entre otros infames famosos, incluye al capitán Ostiz o “Ángel de la Muerte”, distinguido torturador infiltrado en las Madres de Mayo antes de descubrirse su abyecta identidad. No tiene sentido insistir en el repertorio de inhumanidades perpetradas por todos ellos ni quejarse una vez más de la ineficacia probada de de un sistema de justicia internacional útil sólo para lavar la mala conciencia de unos poderes públicos que han permanecido impasibles ante tales atentados contra la Humanidad. Pocas veces han pagado los graves verdugos, raro es el genocida o el torturador puesto en su sitio por la Justicia. El crimen parece ser menos grave a medida que aumenta exponencialmente su gravedad. La Justicia internacional es una comedia por más que deba justificarse llevándose por delante, de cuando en vez, a alguna de esas bestias salvajes.

El tal Ostiz llevaría razón si se quejara de que Videla o el negro Massera se han ido de rositas y viven apaciblemente su retiro en sus propias residencias. No la lleva en cuanto representa a quienes raptaron ciudadanos, robaron niños, torturaron de modo sistemático, violaron a discreción y, dueños de una suerte de “ius vitae necisque”, acabaron lanzando al mar desde aviones a sus víctimas o enterrándolas en fosas comunes e ignoradas. Hay en el mundo demasiadas responsabilidades por depurar como para que quien puede permita formalizar una justicia ejemplar. Los EEUU ni siquiera han aceptado aún la existencia de un TIP. Los grandes asesinos pueden dormir tranquilos en su mayoría amparados por esta triste razón.

Por algo será

Se niega el PSOE a aceptar el veredicto de la comisión de expertos independientes que, en el seno del Pacto Antitransfuguista, ha declarado tránsfuga al grupo municipal del partido en el Ayuntamiento de Ronda con su alcalde al frente. Por algo será. Ningún partido quiere, en realidad, extinguir esta lacra de la que, cada cual a su turno, recibe beneficios. Pero el espectáculo es ya demasiado obvio, descarado en demasía, hasta le punto de que tal vez lo mejor que podrían hacer los partidos es suprimir ese inservible Pacto y dejar que la cabra tire al monte cuando quiera. Porque mantenerlo implica una doble desvergüenza que todos los sofismas imaginables no podrán ocultar.

Disculpa digna

Honra al presidente de la Junta, José Antonio Griñán, la condena del atentado ocurrido en Punta Umbría con las pintadas en la fachada del ex-alcalde y presidente del PP local, Hernández Cansino, aunque sobra la razón de que lo condena porque el PSOE conoce lo que son los atentados y al coletilla de que las disculpas son obvias. La prueba de que no son tan obvias es que su partido en Huelva no ha dicho una palabra en desagravio, una actitud que demuestra, o bien que el Presidente manda poco en el PSOE, o bien que el PSOE local ve con buenos ojos el condenable atentado. Griñán se salva por los pelos con sus disculpas; el resto del “aparato” del partido queda en una posición indigna más que sospechosa.

Violencia y política

Circulan por doquier las opiniones sobre el atentado perpetrado por un loco contra Berlusconi. La imagen de esa cara ensangrentada y los dientes quebrados, desbordan lo que puede tolerar la vida pública, incluso la italiana de estos años. Una cerrada condena ha reunido a la clase política –a ver cómo eludirla—que denuncia, con razón, el peligro que supondría una escalada violenta en una sociedad partida en dos que ya no representa siquiera la síntesis maniquea de postguerra que protagonizaron al alimón ‘Pepone’ y ‘Don Camilo’. Una de sus voces –la de Di Pietro—ha tratado de repartir culpas con el argumento de que Berlusconi ha recogido el fruto de la desunión y el fanatismo que él ha contribuido más que nadie a instalar en esa vida pública, pero eso es tan injusto como que los medios propiedad del herido –sobre todo “Il Giornale”—acusen por derecho y sin matices a “La Repubblica” o mencione a varios periodistas como “causantes” de un estado de opinión responsable de lo ocurrido. Ni una cosa ni la otra: la violencia no puede ser justificada en ningún supuesto. Ahora bien, es cierto que la hegemonía de Berlusconi –que hay ya quien define como un “régimen”–, con su descarado desprecio de la ley y su capcioso populismo embaucador, sus escándalos miserables y hasta sus presuntas conexiones mafiosas, está exasperando a un país que ve que el jefe del Gobierno y su mayoría cambian las leyes cuando les conviene –algo que aquí no debe sorprendernos—y reducen su estrategia a criminalizar a la disidencia política tanto como a los medios críticos. Italia se ha convertido en un polvorín. Desde antier la Red está llena de mamelucos solidarizándose con el agresor en el que ven una suerte de Garibaldi majareta. Parece que estamos viendo aún el cadáver de Aldo Moro en el maletero, pero se ve que nadie escarmienta.

Proliferan, en todo caso, las agresiones a líderes desde el zapatazo contra Bush, y ése es un síntoma pésimo tanto del desprestigio político como del funcionamiento en la opinión del criterio tiranicida que defendieron, todo hay que decirlo, nuestras lumbreras escolásticas. Una moda que conviene cortar por lo sano y que puede contribuir a aumentar todavía más el distanciamiento entre el Poder y los súbditos. Nadie en sus cabales, ni siquiera el más irritado crítico de Berlusconi, puede aceptar ese hecho que quizá tenga una remota relación con la insensata simpatía con que se celebró el zapatazo de Bagdad. Es tan necesario que Berlusconi responda ante la Justicia sin privilegio alguno como intolerable que esa justicia la administre por su cuenta y riesgo un chalado a quien no tiene el menor sentido relacionar con la oposición.

Echen números

Los señores de los sindicatos han acogido el proyecto de ERE de la alcaldesa de Jerez –500 empleados a la calle—como la solución “menos traumática” para posibilitar un plan de viabilidad de la institución. Vale, pero ¿nadie, ni esos sindicatos se habían percatado hasta ahora de semejante ‘overbooking’ en las oficinas municipales? ¿Quién y por qué ha metido en ellas a tantos como ahora sobran, qué hacían mientras no fueron cuestionados? Sobre todas esas preguntas creo que la que habría que plantear es a qué partidos u órbitas de influencia partidistas pertenecen esos trabajadores ahora amenazados. ¿Ocurrirá lo mismo en otros muchos chiringuitos de nuestra Administraciones? La pregunta resulta tan obligada como desoladora.