El día grande

Espléndida selección la que el Ayuntamiento ha hecho este año para el medallero honorífico de la ciudad. Instituciones incuestionables, personajes de primer nivel y en algún caso rescate del injusto olvido. Buena política de convivencia, sin distinción de vitolas políticas ni más criterio que el mérito y la relevancia. Porque hasta a la hora de honrar a los ciudadanos distinguidos se puede hacer política de la buena, abierta, sin complejos, pactada incluso, que es la mejor manera de distinguir a los homenajeados y de prestigiar el galardón. Un día para la concordia es poco, pero menos da una piedra. Esa imagen de unidad efímera de todas las tendencias debería estimular a unos y otros en beneficio de todos.

El lobo fingido

Se equivocan quienes no ven en el debate sobre el ‘lifting’ de Belén Esteban más que motivo de cháchara propiciado por la inopia nacional. Y no sólo porque los rostros remodelados sean muchos y famosos, aparte del suyo, sino porque lo que está en juego en este delicado momento de nuestro psiquismo colectivo no es tanto la originalidad de las imágenes como el hecho crucial de que la imagen misma haya perdido su firme estatuto noológico para pasar a ser una realidad veleidosa en manos de cualquiera. Cosas y figuras no son ya lo que eran en la medida en que han sido despojadas de su apariencia estable para convertirse en un plasma dócil y moldeable a voluntad. La ciencia, que había de garantizarnos un conocimiento más firme de lo que las cosas son, nos anda tomando el pelo con sus ardites de modo y manera que ya ninguna de aquellas puede considerarse fija en su imagen sino a merced de la generosa o malévola manipulación que de ellas quiera hacerse. Si no salimos del lío de las fotos famosas que han resultado fraudes, desde los trágicos montajes bélicos de Robert Capa a las instantáneas de Franco y Hitler en Hendaya, ahora resulta que ni siquiera la espléndida foto del lobo saltador de vallas que ganó el máximo premio a la fotografía de la Naturaleza salvaje, el Veolia BBC Wildlife, era auténtica, en el sentido de que no correspondía a ningún lobo feroz sorprendido por el cámara, sino a un lobito bueno, de nombre ‘Ossian’, amaestrado como modelo para ‘actuar’ en sesiones de foto y cine. Estamos viviendo una revolución icónica que concierne a la propia identidad a través de la imagen. Platón no saldría hoy de su asombro viendo lo que es capaz de hacer con sus ‘ideas’ el paredón de la Caverna.

La misma hilarante historia del diputado Llamazares manipulado por el FBI hasta convertirlo en Bin Laden debe servirnos de aviso sobre la escasa fiabilidad que va teniendo ya el imaginario y sobre la falta de consistencia de lo real, igual da que hablemos de lo “real maravilloso” que de la realidad más cutre. Era mentira aquel bello salto del lobo, falsa su proeza nocturna y falso él mismo, por no hablar del tramposo de su retratista. Lo malo es que esa evidencia no resolverá esta especie de sublimación de lo verdadero que tan irreversiblemente compromete nuestra propia capacidad de conocimiento, hace tiempo cuestionada por sabios como Richards o Morin. De un Juzgado de Marbella desapareció un sumario que amenazaba a Gil y de uno sevillano un video que comprometía a Chaves. Supongo que de todos los lobos posibles quizá el menos inquietante es nuestro lobo saltarín.

A toque de corneta

El PSOE andaluz ha forzado a sus alcaldes miembros de la FAMP a retractarse de lo que libremente votaron el día anterior, a saber, su rechazo a los dos proyectos de ley de reforma del municipalismo tan torpemente muñidos por la Junta como para que hasta los suyos se le plantaran. Y claro, los alcaldes en cuestión han tragado, dando una soberana lección de lo que es seguidismo y falta de democracia interna en un partido, bajándose los pantalones y aceptando el ukase del partido. ¿Cómo se presta a este tipo de cosas un personaje como Griñán, a quien se supone tan ajeno a semejantes miserias? Pues no sé la respuesta, pero se presta. Este triunfo pírrico de Pizarro restalla con un trallazo sobre la imagen de este Presidente sin partido.

El rincón de abajo

El secretario de UGT, compañero Puente, ha desempolvado la imagen remota de la Huelva arrinconada, del rinconcillo peninsular que el franquismo utilizó para alejar a sus clientes molestos. No el “culo del mundo”, como dijo Unamuno de Fuerteventura cuando allá lo envió de un empelló la otra Dictadura, pero casi. Lo dice para “explicar” el retraso de nuestras infraestructuras y el abandono en que su “partido hermano” tiene sumido a este criadero de parados, pero olvida que esa imagen resulta hoy anacrónica y sin el menor sentido. Más arrinconado está el Algarve y miren el salto adelante que ha dado en estos años. O tantas provincias españolas todas las cuales están regionalmente por encima de nosotros. La UGT podía renovar el repertorio de un tiempo en el que, por cierto, ella no estuvo presente.

El aliado loco

A mis graves dudas sobre la entidad humana y política del golpista venezolano Chávez acabo de reunir estupefacto una convicción de lo más plausible a la vista de los hechos: que no está en sus cabales. Se puede ser muy listo –¡que le voy a contar a Noé del Diluvio!—y dominar con agilidad las claves del populismo más zarrapastroso, reproduciendo la caricatura de Castro en inacabables discursos televisivos, condenas antiimperialistas y repartos de mercedes, sin dejar por ello de ser un majareta consumado. ¿Qué no? ¿Y cómo calificarían entonces a un sujeto que, desde la presidencia de un país, no se corta un pelo a la hora de decir una sandez tan desatentada como que el terremoto de Haití no es un fenómeno de la Naturaleza sino el efecto calculado por la Marina de los EEUU que dispondría a placer de “armas de terremotos”? Siempre se me podrá objetar que quien mantenga semejante tesis, antes que un pirado es un ignorante escapado de la serie James Bond o simplemente un bigardo tan basto como para presumir la ignorancia de todo un pueblo, el suyo, al que acaba de explicarle que los yanquis ya ensayaron ese “arma” en la propia California y que ahora preparan nada menos que la destrucción de Irán “a través de una serie de terremotos”? En fin, si me aprietan estoy dispuesto a dejar el diagnóstico a horcajadas entre la insania mental y el descaro más insolente, pero, en cualquier caso, estarán conmigo en que pone los pelos de punta pensar que estamos en manos de sujetos de esa calaña, avalados por al menos la mitad de su pueblo, y sostenido en el poder, contra viento y marea, por algunas impolutas democracias (es un decir) como la nuestra, sin ir más lejos. No hay que idealizar el pasado: siempre la fortuna ha sido un componente clave del liderazgo. De lo que dudo es de que el mismísimo Carpentier hubiera sido capaz de inventarse a un zumbado como este botarate.

Bien, pues ese botarate es la clave de bóveda de la política exterior de nuestro Gobierno, que ahora tal vez tenga que explicar el apoyo incondicional que le viene prestando, al nuevo “amigo americano” que hasta le cede el púlpito a nuestros furiosos ateos para que se retraten largando su cínica plegaria al buen Dios. Pero en cualquier caso, consideren esa instantánea del Poder, el retrato de un máximo mandatario capaz de fantasear hasta un infinito rayano en el ridículo. Una indeclinable esperanza nos hace confiar en que quienes vienen sosteniéndolo comprendan de una vez el peligro que representa. Un tío que dice que un seísmo es obra humana, no debe campar por sus respetos en una presidencia sino permanecer a buen recaudo en un psiquiátrico.

Cita en Madrid

Parece que la nueva edición de de Fitur, la feria (nunca mejor dicho) del turismo, rebajará presupuestos este año. Pero allí estarán, no lo duden, al lado de la Junta munificente, Ayuntamientos, Diputaciones; Mancomunidades, Patronatos y demás parientes y afectos, como cada año desde hace muchos. ¡Qué sería de Andalucía sin este éxodo masivo de la clase política a Madrid! Con crisis o sin ella, la verdad es que parece estar asumido por todos que esta excursión gratis total que se repite años tras año resulta ya imprescindible. Las cigalas y le Jabugo de Fitur constituyen un escándalo, sobre todo vistos desde nuestros comedores de caridad.