Nada de AVE

Que no, que no tragan. Que el AVE no llegará a Huelva mientras la capital siga siendo un bastión inconquistable ante el que han fracasado cuatro veces los candidatos del PSOE. ¡Enseguida va a tolerar éste que, con las municipales a un tiro de piedra y con todas las previsiones en contra, “su Gobierno” cumpla sus promesas en Huelva! Este es uno de los casos de informalidad política y de deslealtad cívica más clamorosos que se recuerdan en nuestra tierra, un solar donde, a lo que no beneficie al PSOE –desde el AVE a Astilleros pasando por el récord de parados–,  ni agua. La nueva desvergüenza es una pandillera patada en el trasero a una ciudad que, libremente, no vota lo que conviene al partido en el Gobierno.

Una imagen arcaica

Va a causar sensación el libro del postulador de la causa de beatificación del papa Wojtila, Slawomir Oder, que sale estos días al público y anda ya disponible en Internet. Son revelaciones formuladas con la intención  más favorable, como es natural, pero que escuchados fuera resuenan extrañamente en los oídos del ciudadano actual incluido, probablemente, el de profesión católica, porque, al margen de que ahora resulta que el torturado pontífice había dispuesto renunciar en caso de graves dificultades físicas (¿quiénes y por qué decidieron, entonces, arrastrarlo penosamente hasta el final?), lo que el postulador cuenta es que el papa se mortificaba de manera habitual por los procedimientos más arcaicos, desde el autocastigo corporal a base de azotes a la tortura de dormir desnudo en el suelo frío noches enteras. No se cuestiona el criterio personal de un creyente como él –por más que su ejemplo no es el de cualquiera– sino la rareza que supone ver confirmada en sus propios actos aquella fórmula que definía a Wojtila como “un papa de la Edad Media con televisión”. Sé bien que sigue habiendo partidarios de la estricta disciplina y convencidos de que el testimonio cristiano pasa por el sufrimiento o la negación de la naturaleza, pero también que en amplios sectores de los creyentes actuales hace tiempo que esa imagen de la santificación fue superada por la evidencia de que su primitivismo poco o nada tiene que ver con el mensaje evangélico. Esos ayes de dolor que cuentan que se oían en la noche vaticana y esa sangre derramada no me parecen discutibles frente a la libertad personal del personaje, pero estoy convencido de que, en la perspectiva de una religión abrumada por los efectos secularizadores de un mundo que se le escapa, la flagelación y demás medios de autotortura tienen poco que hacer. Wojtila fue un santo inactual disfrazado de moderno. Me parece que las revelaciones de su postulador van a permitirnos la explicación de muchas cosas.

 

Comentando un día con un misionero amigo mi recuerdo infantil de los cilicios de mi madre –unos armadillos de tela basta con lacerantes púas metálicas–, se limitó a señalarme un pasaje de Leon- Dufour que alertaba sobre las consecuencias sobre el ideal de santidad que implicaba la diferencia teológica entre “cuerpo” y “carne” que el apóstol Pablo introdujo frente al arcaísmo que imponía su confusión. Mi amigo, que pasa su vida en una comunidad en condiciones infrahumanas, bastante cilicio tenía con bregar entre las chabolas. Dudo que estos santos desconocidos se flagelen o pasen penitentemente sus breves noches en vela.

El pobre Toscano

Al popular alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano, se la han colado doblada desde su partido al obligarlo a tragar con el ignominioso paripé de reconvocar a la Federación Andaluza de Municipios y Provincias (FAMP) para dar marcha atrás y decir Diego donde dijeron digo, rechazando los proyectos de ley de autonomía municipal de la Junta, los propios alcaldes del PSOE. Un trágala amargo y degradante que disminuye su figura hasta dejar clara la inutilidad de una institución sometida sin remedio a los intereses o al capricho de la mayoría en el Poder. Toscano ha quedado en evidencia para cubrir a Pizarro. El partido manda y cartuchos al cañón.

El cuento del alfajor

Otra vez con el cuento de que las perspectivas son excelentes pero que no nos pueden decir en qué consisten. Le toca ahora a la directora del Parque Científico y Tecnológico de Huelva, quien acaba de asegurar que hay una barbaridad de empresas interesadas por entrar en ese Parque pero que no puede citarlas, no se entiende por qué. Ojalá no pase como en tantas ocasiones en que la Junta prometió la llegada de un ‘Godot’ que nunca acabaría de llegar, dejando que el tiempo disolviera la expectación y se olvidara la promesa. ¿Qué inconveniente habría en publicar los nombres de las empresas interesadas? ¿Será que no lo están tanto? Lamentablemente esta historia suena una vez más al cuento del alfajor.

Carne de perro

Siendo alcalde madrileño creo que Arias Navarro, corrió el rumo de que en uno de los populares asaderos de los alrededores de la capital se venían sirviendo chuletas de perro en lugar de las clásicas de cordero. Se opuso a la general aprensión mi amigo el novelista Martínez Menchén con el argumento de que el rumor carecía de sentido toda vez que resultaba mucho más difícil criar perros que criar ovejas, razón equivocada puesto que bien sabemos por los antropólogos que esta crianza es practicada desde antiguo especialmente en esa China que acaba de prohibir—como un guiño de su nueva imagen—el consumo de perros y gatos bajo la amenaza de severas multas. El rechazo occidental a esas ingesta se basa, como es sabido, en el tipo de relación mantenido en ellas con el animal doméstico, pues como advirtió Marvin Harris en su divertido “Bueno para comer”, para que un animal sea aceptado en nuestra dieta ha de mantenerse alejado por igual de la abominación y de la condición de “mascota”, cosa que, por cierto, también se demuestra desacertada en las culturas que miman al cerdo o la vaca antes de zampárselos. Comer perros en China es un hábito ancestral y, por supuesto actual, a causa, sin duda, de esa falta de alternativas cárnicas que condujo a aquel hormiguero a convertirse al “vegeterianismo involuntario”. Somerset Maugham contó alguna vez el soponcio de una turista rica que entregó confiada su gozque al maître creyendo en sus carantoñas para acabar devorándolo en una sofisticada salsa, y un acompañante del capitán Cook comprobó que los polinesios, grandes perrófagos, preferían sobre cualquier otro al perro criado con leche de mujer. De las 245 culturas precolombinas, 75 incluían el can en su dieta, sobre todo en la cocina azteca, pero la regla general es que se come perro allí donde no se dispone de herbívoros domesticados. Por lo demás, como ironizaba Harris, en una nación que va lanzada hacia los 1.400 millones de habitantes, lo que menos se espera de un animal es su compañía.

 

Interesa en ese gesto civilizado lo que en él hay de calculado cinismo, de señuelo para sugerir al occidental –al turista, sobre todo—la nueva realidad de un país económicamente disparado en el que lampan hambrientas ingentes muchedumbres de ciudadanos menos afortunados. Se sigue desnucando de un tiro a los reos –esta misma semana habría sido ejecutado un atracador, Gan Jinhua, a pesar del despliegue internacional organizado para salvarlo—pero se promete excluir del menú las inmemoriales ‘delikatessen’ del perro, el gato, la serpiente o los insectos. El humanismo postcomunista tiene su jerarquía como la tuvo su predecesor.

Del género bobo

Nadie sabe de dónde sacaron al actual consejero de Empleo pero crece la opinión de que urge devolverlo a donde estuviera. La última de sus bobadas ha sido, de paso, un grave insulto al sentido común y a los propios parados, al decir que el paro aumenta porque “por cada persona que pierde el desempleo se generan tres inscripciones más” procedentes de su entorno familiar. Y la penúltima, subestimar la previsión de los técnicos que prevén que en 2010 Andalucía superará el famoso millón de parados arañando el 30 por ciento de la población activa. Nunca un Gobierno menos cualificado ha convivido con una Junta de menor nivel. Griñán debería afrontar ese problema que seguro que él valora. Si es que puede, claro.