Altos cargos

Resulta de lo más ingenuo pensar que la Junta, o mejor, el PSOE de Andalucía, iba a prescindir de un número considerable de ‘altos cargos’ sólo en consideración al criterio de ahorro generalizado a propósito de la crisis. Esos ‘altos cargos’ son el instrumento con el cual el partido se mantiene unido, el pegamento restaurador con el que se subsanan diferencias y cismas dentro de la organización a base de incentivar a los rebeldes peligrosos. Y Griñán, que en el partido manda poco, no va a entrar a saco en ese negocio fundamental para mantener la hegemonía. Hay, por lo demás, otros abusos en la Administración autónoma que sería mucho más razonable atajar. Será cosa de ver si al menos en ellos se hace algo o se deja como está la situación.

Triste política

En Bollullos no ha encontrado el PSOE mejor respuesta a su grave traspiés (la imputación de varios ex-ediles y una diputada provincial) que pasar a la ataque denunciando presuntas vulneraciones urbanísticas del actual gobierno municipal, tales como respaldar o propiciar presuntamente una construcción particular sobre suelo rústico. Mala memoria, porque eso mismo, no presunto sino comprobado, es lo que se descubrió que en algún pueblo habría llevado a cabo la propia anterior responsable del Ayuntamiento del PSOE, sin que hasta la fecha se haya vuelto a saber nada del negocio.

Triste política ésta que no halla mejor argumento que igualar al rival en el fallo, lamentable estrategia tuerta la que no ve en casa propia lo que se denuncia en la del vecino.

La edad permisiva

El presidente de Castilla-La Mancha, que es del PSOE, se ha pronunciado sin ambages contra la reforma de la ley del aborto con que el Gobierno trata de distraernos de la crisis, escandalizado ante la idea de que una chica de 16 años pueda abortar sin permiso aunque no pueda tatuarse sin  él. Por su lado, una organización de gays y lesbianas ha criticado con dureza el apoyo institucional al ‘Día del Orgullo Gay’ con el argumento de que el homosexual no debe ser reconocido socialmente en la imagen de la ‘loca’ en tanga subida en una carroza. El mundo al revés. Es una barbaridad, qué duda cabe, “desregular” el aborto hasta el punto de banalizarlo como si se tratara de una intrascendente cirugía menor y no de una opción grave, en muchos casos con fuerte repercusión en la vida psíquica de la paciente, como lo es permitir la insensatez de que una adolescente disponga de la última palabra en materia tan grave. Pero recordemos que el PP dispuso de ocho años para reformar la ley anterior, que ya era un coladero efectivo, y no movió un dedo por modificar la situación, mientras la Iglesia guardaba un discreto y posiblemente pactado silencio. Ahora, en cualquier caso, se han pasado siete pueblos entronizando a la adolescente en cuestión y abriéndole de par en par las farmacias para que también disponga sin más de esa píldora que no es verdad que sea anticonceptiva, sino que es abortiva puesto que lo que impide es la implantación orgánica del óvulo ya fecundado. Pasaron los tiempos –los felices 70– en que ‘Iberia’ se ponía las botas con los ‘charters’ a Londres repletos de abortistas que iban derechas del aeropuerto de Gatwick a la Harley Strett de las clínicas especializadas. En esta era permisiva se aborta ya químicamente sin salir de la leonera o por cuenta de la Seguridad Social.

 

Es posible que esta estrategia de la flexibilización a ultranza del zapaterismo –cuyo icono beocio es la Bibiana sonriente—abra un hondo debate social que acabe confundiendo en la porfía a tirios y troyanos, asustados todos de que casi el 60 por ciento de los adolescentes de la ESO (entre 12 y 16 años) mantengan relaciones sexuales plenas, la mitad beba alcohol con asiduidad, más de dos de cada tres consuma drogas y dos tercios se vean implicados en situaciones de violencia también habitual. Sospecho, en todo caso, que no es el 68 el que va de paso sino el propio bibianismo, y que puede que estos abusos acaben abriendo una grieta crítica por la que se escape mucha mandanga sobrante hasta equilibrar el disparate. ¡Una adolescente abortando libremente! Se  comprende que cuatro millones de parados resulten difíciles de camuflar, pero da la sensación de que hay camuflajes demasiado provocativos. No se puede banalizar la vida más allá de un límite sin destruir su propia (bio)lógica. Cuando por fin se enteren será seguramente tarde. Para ellos y para todos.

Partidos por dos

No hay forma de que los dos grandes partidos acepten el juego normal y se olviden del cainismo feroz que los hace soñar con la destrucción del rival. La última prueba es la maniobra del PSOE en Benalmádena para desalojar de la Mancomunidad de la Costa al PP, el partido que gobierna tan importantes ciudades costeras. Un “pacto del Tinell” a la andaluza, otro “todos contra el PP” sin pararse siquiera a mirarle las credenciales a los socios de oportunidad. ¿Cómo va a haber grandes acuerdos sobre la crisis o el paro si en el día a día se intenta meter al otro en el lazareto? El partido les importa más que la ciudadanía, sin comparación posible. Habría que empezar a soñar en una política ‘amateur’ que pensara con la cabeza y no con el estómago.

La sombra del fraude

¿Exigirá ahora el PSOE la dimisión de esa diputada provincial que ha sido imputada nada menos que por prevaricación, malversación de caudales, fraude en la contratación  y falsedad documental junto a tres compañeros del anterior gobierno municipal de Bollullos? ¿O no aplicará en sus carnes lo que pide que se aplique a las ajenas? Haga lo que haga, y a reserva de lo que finalmente decida la Justicia, hay que decir que se echa cada vez más de menos un sentido de la responsabilidad que los políticos han decidido ejercer sólo a conveniencia. La gente no puede oír hablar continuamente de mangazos y prevaricaciones sin que el Sistema se resienta hasta deslegitimarse de hecho.

Caritas de ángel

Comentando la indignante comedia que los homicidas confesos de la chica sevillana se traen tanto con la policía como con la Justicia, alguien me pregunta si yo creo posible que se alcancen tales cotas de maldad (¡ay, la banalización del mal, Hannah Arendt!) por parte de personas con semejantes “caritas de ángel”. Es el mismo argumento que escuché furioso cuando el triple parricidio del niñato levantino de la katana (que hace años que anda suelto), el mismísimo que se adujo cuando las dos adolescentes de San Fernando (que idem de idem)  acribillaron a puñaladas a una compañerita, igual que en tantos casos protagonizados por menores arcangélicos que se han ido de rositas ya veremos con qué resultado futuro. Hay en esta presunción fisiognómica de inocencia el mismo absurdo que durante un largo siglo señoreó la psicosociología penal en torno a los disparates de Lombroso, aquel ‘sabio’ italo que sostuvo que las putas y los malevos tenían el pulgar prensil o que la joroba del hotentote venía ser una réplica fiel de la del dromedario como la del cargador vendría a ser el doblete de la del zebú. Quizá un día se admiren las generaciones de aquellas ingenuidades tal como hoy –justo en el centenario de la muerte de quien fuera encumbrado por Zola o el maestro Taine– se registra en medios culturales europeos una fuerte contestación de ese determinismo lombrosiano que tan brillantemente trituró don Julio Caro Baroja en “Las caras del alma”. ¡Caritas de ángel! La intuición excepcional de Jesús Quintero lo llevó en Buenos Aires a descubrir a un ominoso asesino, el “loco del martillo”, a quien, ni qué decir tiene, la prensa porteña llamaba también “Cara de Ángel”. Desde muy antiguo se nos ha prevenido contra esa ingenua fascinación, por lo visto sin grandes resultados.

 

El Mal no reside en ningún órgano ni se manifiesta en rasgo alguno, pese a lo cual la tendencia humana a adivinar bien y mal en el espejo del cuerpo ha sido una constante desde la cultura clásica hasta nuestros días. Ahí está la “antropología” vascongada pendiente de los ángulos faciales, lo mismo que en su día lo estuvieron los nazis (y no sólo los alemanes) y lo sigue estando tanto lombrosiano amateur. Y lo mismo cabe decir del Bien, cuya capacidad de camuflaje fisonómico es tan inmensa como prueba la experiencia y está permitiendo comprobar con una indeseable frecuencia esta rara rebelión del menor que vivimos y que, sin la menor duda, propicia tanto como ampara la propia normativa vigente. Hay demonios con cara de ángel y viceversa. Pero lo que hay, sobre todo, es una inexplicable debilidad de las instituciones frente a la barbarie juvenil.