Arsa y olé

En medio de la que está cayendo fuera y dentro del Ayuntamiento, al alcalde de Sevilla se le ha ocurrido prolongar la Feria de Abril. Más días festivos y más espectáculos, aunque ello requiera llevar a cabo un referéndum, vamos, una “consulta popular” que, muy probablemente, apoyará el proyecto. ¿No teníamos bastante con un segundo semestre prácticamente sacrificado a ritos y orgías, era imprescindible y anterior a la solución de tantos problemas graves, centrar el interés municipal en prolongar todavía más el ocio y dar pábulo a la leyenda festera de Sevilla y Andalucía? El alcalde cree que sí y no dudo de que su iniciativa será probada por amplia mayoría. Panem et circenses, decía el romano. Seguiremos a la cola de Europa pero encabezando el ránking del flamenquito universal.

La Cina è vicina

A dos pasos de la epopeya del 68 –Sarkozi y otros cursis la llamaría hoy “distópica”—una película de intrincados amoríos de lo más convencional, brindó con su título a cierto sector de la Izquierda ingenua y extremada un título que había ser servirle de coartada publicitaria: “La Cina è vicina”. China, la China de la Gran Revolución Cultural o Gran Salto Adelante que confirmó el poder de Mao cuando todo indicaba que se venía abajo, se lanzó a una movilización sin precedentes a cuya sombra creció hasta el absurdo una revolución insensata que llegó a ver en las gafas un signo de decadencia burguesa para acabar deshaciéndose en el caldero de su propia ferocidad. Y como digo, un sector de nuestra juventud insurgente cometió el “anatopismo” de asumir aquella locura como un modelo a seguir aquí, en el lejano Occidente. Luego las cosas han cambiado mucho y hoy sabemos que en China –incluso en este último periodo desacelerador— surgen diariamente decenas de nuevos millonarios que no sólo tienen ya en un puño la deuda yanqui sino que, como ahora sabemos, guardan su tesoro en las islas bucaneras que negocian con la fiscalidad ajena. ¡El propio y actual “Gran Timonel”, Xi Linping, su predecesor Bo Xilai, ministros y miembros del Comité Central en peso –justo cuando se proclama en el país una drástica campaña anticorrupción—guardando sus fortunas en las Islas Vírgenes y entregándole el plano del tesoro al palanganero panameño! Lo del gato de Mao va resultar cierto.
El capitalismo postmoderno y global está acabando, no ya con los planteamientos utópicos sino con las propias ideologías, de modo y manera que lo mismo en Alemania que en China, igual en USA que en España, la férula neoliberal –expresión política del individualismo feroz—hace uno de todos, fundiendo en su eficiente matriz desde el ideal conservador al sueño utópico pasando por el posibilismo manchesteriano. La Humanidad ha regresado más allá incluso del progresismo ilustrado y sus hijuelas, superando a los integrismos más acreditados, encantada con la máscara lobuna que Hobbes le puso en su día. La Cina è vicina hoy, ciertamente, o mejor si cabe, es que, en este mundo global, se han abolido las distancias eliminando toda épica y toda lírica de la memoria de Marco Polo. Hoy se manga lo mismo en Pequín –huy, perdón, en Beijin—que en Barcelona, en Caracas que en Sevilla, en Londres que en París. Monipodio aspiró siempre al Imperio y ya lo ha conseguido.

Rebelde con causas

Un ex-delegado de Empleo de la Junta, Antonio Rivas, absuelto anteriormente de otras dos graves imputaciones, compareció ayer a medias ante la comisión parlamentaria que investiga el saqueo del dinero de Formación. Y digo a medias porque el compareciente llegó, dio su discurso de protesta, reclamó las excusas de la Cámara y luego, como el valentón cervantino, “fuese y no hubo nada” sin contestar a las preguntas de los comisionados ni someterse a otro fuero que el de su libérrima y real gana. Como el palero del chiste, el investigado pareció decir aquello de “yo necesito más autoridad”. Bien, veremos que ocurre con el rebelde y si, efectivamente, hay autoridad suficiente para reducirlo a la obligación común.

Sumo Pontífice

Cuentan que el papa Francisco –que visitó el sábado en la isla de Lesbos junto a los inmigrantes rechazados por Europa— ha renunciado de hecho al título de Sumo Pontífice, al que antes se agregaba, de una sola tacada, los de Vicario de Jesucristo, Sucesor del Príncipe de las Apóstoles, Sumo Pontífice de la Iglesia Universal y Soberano del Estado de la Ciudad del Vaticano, entre otros. Y hace bien, porque eso de “Sumo Pontífice” es una herencia romana que, como ha recordado alguna vez José M. Castillo, era propio y realengo de los Emperadores que oficializaron el cristianismo, lo que dio lugar a que, en pleno siglo IV, el insigne Ambrosio de Milán –un ilustre abogado electo plebiscitariamente por la comunidad de fieles— hiciera renunciar de ese tratamiento a Teodosio I. A Francisco le gusta, por lo visto, que le llamen lisa y llanamente “obispo de Roma”, algo que, contra lo que suele creerse, nunca fue san Pedro ni lo fueron durante algún tiempo sus sucesores. Puede gustar más o menos este papa Francisco, pero en el poco tiempo que lleva en el pontificado, aparte de dar sartenazos que han hecho tambalearse al orbe curial, ha dicho ya, entre otras muchas, cosas tan decisivas como que sueña con “una Iglesia pobre”, que su mayor preocupación es el hambre en el mundo, que muchos trabajadores son rehenes de sus empresarios, que los cristianos necesitan pastores y no burócratas, que en el Vaticano funciona un “lobby gay” o que le duele ver el papel subordinado que la mujer ejerce en la Iglesia.

Conservador en el plano dogmático, este Papa ha entrado en su pontificado, en todo caso, como caballo en cacharrería, no por sus modales, que son pausados y hasta humildes, sino por su intención de devolver a la Iglesia la integridad y pureza que fue propia de sus inicios, sobre todo en cuanto se refiere a aquellas truncadas aspiraciones a la igualdad y al respeto radical por el ser humano. Su visita a Lesbos, lo mismo que la anterior a Lampedusa, prueban su decisión de apoyar a los débiles y su empeño por encontrar una salida humana a la crisis migratoria que, provocada por la guerra y la miseria, ha desbordado por completo a la llamada “Europa de los mercaderes” que seguro que –tal como algunos sectores de su propia Iglesia– hubiera preferido convivir con un Sumo Pontífice antes que con un obispo universal llanamente comprometido hasta este punto con el imperativo de la misericordia.

Vivir del caché

Me ha costado dar crédito a la noticia de que el ministro Montoro había impuesto una multa de 70.000 euros al ex-Presidente Aznar y que, encima, le habría hecho apoquinar cerca de 200.000 euros por diversas irregularidades fiscales, especialmente impropias, a mi juicio, tratándose de un distinguido inspector fiscal de este Estado cada día más raro. Pero compruebo que es cierto e, incluso, que el hecho ha provocado en el seno del PP el lógico terremotillo. Hay quien mira con conmiseración a los “ex” de nuestra alta política, ignorantes de que acaso no haya en el planeta estado económico más deseable que el de baranda retirado. En el caso de Aznar –que dicen que se las ha tenido tiesas con Montoro— es obvio que sus méritos no discutibles le han proporcionado su fortunita, más o menos equiparables a las de sus colegas retirados, entre otras cosas porque sus libros y conferencias permiten a estos personajes, aquí y en Pernambuco, cobrar “cachés” por completo inusuales en el mundo de la Cultura, a salvo los autores/as de los folletones y telenovelas destinados, sobre todo, a aliviar el veraneo a nuestras amas de casa. Clinton cobra una millonada por cualquier alocución y cobraría la del tigre si se decidiera a contar en público la tragicomedia de la Lewinski en el Despacho Oval, y su fracasado sucesor Al Gore le ha sacado una pasta a su campaña ecologista repitiendo el pregón milenarista del calentamiento global y el agujero de la capa de ozono. Dios se lo conserve a todos.
Claro que no sólo son las primeras figuras de la política quienes viven divinamente del caché pues, dada la prodigalidad con que en nuestra patria fiscal se administra el dinero público un vocalista como el de “Los toreros muertos” puede afanar en el Cádiz podemita por dar el pregón de los carnavales cerca de los 50.000 euros, una cantidad, por cierto, todavía inferior a las narcotizantes que en su día cobraron allí mismo Merche, Jorge Drexler o la Niña Pastori, que se llevó entre las uñas casi 93.000 euros por el dichoso pregón. ¡Para que digan que la Cultura no es rentable! Lo es, ya lo ven, y permite, además, a un ministro de Hacienda imparcial y riguroso darle un repaso de aquí te espero al mismísimo presidente de su partido. Vivimos en un país raro, ya digo, que “recorta” a tope los servicios cívicos mientras paga fortunas a los amiguetes de la farándula. Estarán de acuerdo conmigo en que si no tuviéramos un ministro Montoro habría que inventarlo.

Más vale tarde

Más vale tarde que nunca. El PP, al que los escándalos no le dan respiro, ha reaccionado sin titubeos ante la detención del alcalde de Granada y lo ha suspendido de militancia. La secretaria general andaluza, Loles López, explicó públicamente que el que la hace la paga, impecable doctrina que a lo peor tiene que aplicar también al ministro Soria y a Rita Barberá. Y yo me pregunto: ¿no parece un poco raro que las únicas corrupciones que esta temporada van destapando las policías conciernan siempre –pero es que siempre– al PP mientras de los saqueos del PSOE y demás, apenas hay rastro mediático? ¿Es que los indicios granadinos son más graves y abrumadores que los hechos que la Junta tapa en la comisión parlamentaria de los fondos de Formación o que el tejemaneje de los ERE? Leña al mono que es de goma, por supuesto, pero a más de uno este festival nos va pareciendo raro, raro, raro.