Gallo sin cabeza

La imagen del gallo decapitado que se mantiene erguido su carrera se está convirtiendo en lugar común tertuliano a causa de nuestra acefalia gubernamental. ¿Puede seguir funcionando un país sin cabeza, acaso los Gobierno no son tan innecesarios como nos ha hecho creer el mito del Poder imprescindible? El ejemplo de Bélgica –quinientos días desgobernada por un Ejecutivo en funciones—es invocado aquí y allá invariablemente con el argumento añadido de que ahí está tan pancho ese país, incluso a pesar de sus fortísimas tensiones separatistas. Hasta mi amigo Ignacio Camacho –que se me ha convertido en un referente obligado a la hora de mirar a nuestro alrededor– le escucho por la radio ironizando sobre la “normalidad” que en las alturas del tinglado de la antigua farsa mantienen los aspirantes a mandar sobre nuestras calaveras, enzarzados en su feroz pelea de perros, por primera vez desconcertados por el capricho electoral. Y es cierto: ahí tienen las oficinas abiertas, las pensiones puntuales y hasta los mangazos a la orden del día, mientras los cataclismáticos anuncian la ruina inminente del Estado. “No passsa nada”, como diría Antonio Burgos, porque la incapacidad de nuestros gobernantes nos priven de su imprescindible aunque enojosa presencia siquiera por una temporada, y más con los Presupuestos previsoramente aprobados. Ni siquiera los jacobinos estamos seguros ya de la inevitabilidad de ese Poder en el que Rousseau, como tantos otros pensadores desde Platón, han visto la condición que nos libera del “estado de Naturaleza”.

No me gusta apostar, pero lo haría preferentemente a que pronto nos veremos de nuevo ante las urnas, una aventura que nos va a salir por un pico económicamente, si consideramos los estragos que la inseguridad política está produciendo en la perceptiva inversora y en la atenta pupila de nuestros socios europeos. ¡Vivir sin Gobierno, “¡ni Dios ni amo!” que repetían los ácratas! Hay ilusiones sugestivas, pero ésta es una de las menos sensatas, como la Humanidad sabe por experiencia, y a la que nos exponemos en el ínterin. Vamos a salir de ésta con una pata rota, una vez que Podemos perpetre su objetivo de destruir a un PSOE devorado por la ambición de unos pocos, y un PP hecho cascotes sobre el cuerpo de un Sansón imperturbable, pero saldremos al cabo. ¿A qué precio? Ah, eso lo iremos comprobando en las curvas de la EPA y en el humor nacional. Porque se puede sobrevivir sin políticos, seguro, pero sin política, no.

Los niños perdidos

De creer a la organización “Save the children” o a los servicios de la ONU, Europa ha extraviado, sin tener ni idea de cómo ni por qué, a unos 10.000 niños sin familia, supervivientes de la catástrofe siria y del más lamentable éxodo en lo que llevamos de siglo. No se sabe a ciencia cierta cuántos son, eso sí, dónde desaparecieron ni dónde pueden hallarse ahora mismo, muy probablemente convertidos en lo que la proletarización y el abandono infantil convierte automáticamente a los niños sin familia: en víctimas o en delincuentes. A la UE sólo se le ha ocurrido, de momento, enviar unos miles de mantas para que acaso allá dónde se acurruquen cada noche puedan protegerse del frío severo, pero lo que sí sabemos –lo confirman los propios organismos oficiales—es que las mafias han experimentado un subidón de no te menees tanto con el negocio del éxodo mismo como con la explotación de muchos de esos ángeles caídos. Se habla de comercio de órganos o de explotación sexual con una naturalidad que espanta a quien conserve en el alma una fibra siquiera de sensibilidad, sin que nadie, en todo caso, haya acordado una medida convincente. Diez mil niños perdidos constituyen una efemérides herodiana que, vista desde la confortable Comisión de Ginebra, no pasa de ser un epifenómeno previsible tras un desastre como el provocado por la tiranía siria bajo el ala de Moscú. También hay niños perdidos en Brasil o en Bolivia por no hablar de los pertrechados con un kalasnikov que se retratan ufanos en el corazón de la tiniebla africana.
Hay pocos fracasos de esta sociedad comparables al de la pérdida o sacrificio de esas bandas angélicas. Aunque ésta es la primera vez que se extravían en plena Unión Europea mientras sus dirigentes discuten en círculo vicioso en nombre de la civilización occidental que no deja de ser, por lo demás, la única verdadera. ¿Cuánta infancia sacrificada entre las razias africanas, los desmanes balcánicos o el auge consentido de las mafias? Temo que, sólo en mitad del primer tercio del siglo del Milenio ya hayamos superado todos los horrores conocidos y más aún en razón de que no hay indicio fiable que nos permitan confiar en una reacción moral y política, sino todo lo más los manejos de unos burócratas que ha logrado convertir a la diplomacia en un desconcierto de sordos. Diez mil niños: como su hijo de usted, como mi nieto, como el sobrino del de más allá. Si dormimos tranquilos es porque moralmente estamos muertos.

Aprobados políticos

La Junta de Andalucía no se conforma con mantener los peores resultados educativos de Europa sino que, encima, se erige en juez de jueces cada vez que un padre –hay que suponer que con agarraderas bastantes—recurre el suspenso de un hijo. Creo recordar que ya hay sentencias que condenan esa inconcebible práctica, pero antier mismo dos alumnas sevillanas que obtuvieron ¡un 1! en sus respectivos exámenes han sido “redimidas” por la Delegación provincial subiéndoles cuatro puntos hasta el “aprobado” , no obstante reconocer que el conocimiento demostrado por las “indultadas” era “del todo insuficiente”. Les importa un rábano la Educación. Lo que cuenta es la “clientela”.

Arcadi en Nerva

Esto de las distinciones municipales viene acarreando desde que se inventaron tenaces polémicas. Le gusta a muchos lo que otros detestan, no reconocen méritos los que lo son a ojos vista para sus oponentes, razón por la que contribuyen, y mucho, a funcionar como un formol de la “mala memoria”, para eternizar nuestro cainismo. A Arcadi Espada –digan lo que quieran de él, pero a ver quién discute la acuidad de su pluma y su sentido de la honradez—le acaba de retirar el Ayuntamiento de Nerva –PSOE, IU y PP—el galardón local más preciado que en su día le concedió el mismo alcalde que ahora se lo quita, no sin antes propinarle en le Pleno –sobre todo el edil del PP—una infame y calumniadora paliza. ¿Lo ven? De nuestros pueblos, incluso de los de mayor abolengo cívico –como es el caso de la Nerva de Barriobero y Concha Espina—no acaba de desaparecer el trasfondo aldeano de la discordia, el rencor y la envidia. ¡Vaya por Dios! Y lo que es peor, parece que han heredado los peores vicios del pasado político, entre ellos, cómo no, la pasión por la censura: ¿Libertad de expresión? La justa y si nos halaga; en caso contrario, ahí está el censor con su guillotina engrasada y la capucha puesta. A Arcadi lo han decapitado –o mejor, lo han asado, vuelta y vuelta, como a san Lorenzo—cuatro aldeanos enemigos de la eminencia. ¡Que se joda Arcadi! En fin, ¡que se joda Nerva!

Bien mirado la culpa del exceso no la tienen los capitulares de esa noble población –como no la tiene su pueblo—, sino sus respectivos responsables de partido, que son, digan lo que digan unos y otros, los que hacen de la capa teórica de la autonomía municipal, un sayo para lo que se tercie. No me extraña nada que IU se apunte a un bombardeo aunque sea contra un escritor de fuste, dada su nanoestatura actual, pero me cuesta oír al PP manifestarse con ese acento tan agresivamente cazurro contra un personaje de tan clara trayectoria. Nerva se lo pierde, claro, pero ¿y el PP, qué pierde el PP alejando de sí a lo mejorcito para entregarse a la gañanía envidiosa y cerril? ¿Es que no se da cuenta del perjuicio que le causan estas exhibiciones palurdas? Ni en Nerva es ya coherente esta Derecha que en su día representaron Vázquez Díaz o los cultos hermanos Zarza. Y en cuanto a la Izquierda, para qué hablar. Van camino de eternizar la demagogia de aquel Barriobero que cifraba su ideario en combatir “la alianza de la Guardia Civil con curas y beatas”. Y al que así le fue, al pobre.

Factura política

La factura política de le corrupción es tan tremenda en Andalucía que no entiendo cómo se la olvida a la hora de disparar contra los corruptos ajenos. Lleven ustedes la cuenta provisional de su coste político: dos Presidentes de la Junta imputados, seis consejeros bajo la lupa, tres alcaldes de Jerez –mejor sería decir “todos los alcaldes de Jerez”—en la trena o aguardando sentencia, y más de doscientos familiares, deudos y amigos del “régimen” en las blandas manos de la Justicia. No hay sociedad que pueda resistir inmune ese precio, ni democracia que no se vea amenazada en la entraña por ese cáncer. Y sigue la fiesta: antier mismo se descubría que, ya en 2004, se gastaba el dinero de Formación en pagar una “bolsa de enchufados”. ¿Y mañana? Mañana, Dios dirá.

El uniforme

La imagen del líder de Podemos visitando al Rey con la camisa arremangada, en plan mormón, o la que, con compañía del soviet en peso se hizo para putear al PSOE con aquella exhibición de prepotencia, no solamente son un motivo de crítica política, sino que constituyen –¡en pleno enero!—la demostración de que todo totalitarismo tiende al uniforme. Esta revolución indumentaria que será, seguramente, la única que van a perpetrar esos extremistas, ni siquiera tiene la tosca imaginación de sus padrinos bolivarianos o la severidad de sus mecenas iraníes, sino que se reduce a eliminar del vestido, en la medida de lo posible, todo vestigio “burgués”, culminando la rebelión que inició un ministro de Economía de ZP cuando se inauguró en el Congreso –decía que para ahorrar la energía despilfarrada en el aire acondicionado—la imagen del diputado despechugado. Hombre, no estoy pensando, ni por asomo, en las chalinas canovistas ni en los chaqués de nuestros antiguos próceres; sólo digo que esa ruina indumentaria no comporta mérito alguno –ni siquiera símbolo que valga—ya que no pasa de una ocurrencia al alcance de cualquiera. Pero eso sí, se ha convertido en un uniforme agresivo e irrespetuoso, comprensible en los gorilas venezolanos pero aquí más bien no. ¿Han visto al alcalde de El Ferrol recibiendo, en plan paria, a dos altos marinos extranjeros, o al de Cádiz, mochila en lo alto, saludando al almirantazgo al pie del Juan Sebastián Elcano? El uniforme delata al hombre, no lo duden, lo mismo por exceso que por defecto.

¡Y anda que si hablamos de camisas! Nunca tuvo Europa pesadillas más graves que las provocadas por la visión de las camisas pardas, las negras o las “bordadas en rojo ayer”, y es de temer que estas camisas blancas remangadas –como las fascistas, igual—acaben convertidas en un nuevo símbolo patético de la pesadilla rebelde. Lenin o Troski vestían como dos señores, las cosas como son, y no eran menos revolucionarios que Girón porque éste se arremangara la camisa azul Mahón por encima de los codos ni que Iglesias porque se a arremangue por debajo. Lo que si queda por los suelos es la dignidad –no el protocolo, ojo—de las instituciones, razón por la cual Felipe VI ni se inmuta al recibir a estos encamisados sino que les cede el paso como un señor. ¿La siguiente? No creo mucho en que haya una siguiente, pero si la hubiera no duden que sería formarnos de tres en fondo y ponernos a marcar el paso.