El salvador del Polo

Se ha desmelenado en Huelva el consejero de Gobernación  y responsable del PSOE andaluz, Luis Pizarro, otro aficionado y meritorio de partido encumbrado a la cima de las decisiones. Y lo ha hecho para decir que “no se puede perder la única industria química de Andalucía” que hay que conseguir “un solo Polo” (¿) competitivo y ecológico (él lo ha dicho más jergalmente, pero da lo mismo), y que el PSOE “no tiene un doble discurso sobre el asunto como los demás partidos”. En fin. Los Pizarros no suelen aportar más que política y maniqueísmo y en este caso es economía y unidad lo que se precisa con urgencia. Que diga qué están haciendo el Gobierno y la Junta para evitar la caída en picado de nuestras fábricas y se deje de cuentos.

Amor de casados

Un cura polaco, el padre Ksawery Knotz, acaba de sacar a la luz un libro que le están quitando de las manos en las librerías. Se trata de un tratado sobre el sexo dentro del matrimonio, un “Kama Sutra para católicos”, en cuyas páginas el buen hombre –cuya experiencia erotológica cuesta imaginar de dónde procede—aconseja a los cónyuges como conducirse en la “dulce pelea” del amor de la que habló el poeta, recomendándoles plena libertad para introducir en el juego íntimo toda clase de caricias, posturas y artes hasta ahora cuestionadas por ese fundamentalismo inconsciente que hizo decir a cierto pensador célebre que hay buenos matrimonios pero que no los hay felices, o afirmar al maestro Taine que el casorio es la institución en la que “los protagonistas se estudian mutuamente tres semanas, se aman tres meses, se pelean tres años y se toleran treinta”. El padre Knotz parece convencido de que la crisis de la institución viene de lejos y se debe en buena medida a una visión espartana de la vida sexual que, aunque es más que probable que jamás fuera observada con  rigor, ha contribuido lo suyo a demoler la atracción mutua entre los esposos y también, claro está, a empujarlos (sobre todo a ellos) a buscar fuera de casa lo que dentro se les prohibía.  De momento no hay protestas de la jerarquía y hasta se preparan a calzón quitado nuevas ediciones y traducciones a varios idiomas con la intención de procurar al personal una tranquilidad de ánimo que se supone, puede que con cierta ingenuidad, inexistente en la actualidad. No sé qué diría el papa Wojtila si viviera, por supuesto, pero sospecho que se le habría empinado la oreja simplemente con ver ese título provocador.

 

Pocas falsedades tan exitosas como ésta de los rigores matrimoniales de la coyunda católica, que no en balde parte de aquella dura frase de Pablo de que “más vale casarse que abrasarse”, como si el matrimonio fuera un apagafuegos y no lo que, por debajo de las apariencias y salvo excepciones, ha sido seguramente toda la vida. Ovidio no inventó nada en su “Ars amandi” que no practicaran ya sus trasabuelos y aún , seguramente, se quedó corto, como cortos y discretos fueron los extremos de Margarita de Navarra o tantos otros difundidos por la literatura erótica, acaso la más ingenua de las literaturas. Unos años han bastado para convertir en puras “carrozas” a Miller y sus “Trópicos” y unos siglos para que las imaginaciones “ilustradas” parezcan hoy poco más que retorcimientos pacatos. Al cura polaco le echo, por mi parte, unas cuantas semanas antes de pasar del deliro del ‘best seller’ al purgatorio de las devoluciones al editor. Descubrir a estas alturas que, como se ha dicho, el sexo es el cerebro del instinto, la verdad es que no merece otra cosa.

Mal estreno

Resulta extraño, en un técnico con tanta experiencia política como Griñán, el revuelo organizado por la consejera de Medio Ambiente en la Agencia del Agua. Echar por las bravas a un experto curtido como Jaime Palop, hombre conciliador que se había ganado el respeto por su competencia y por su talante, es un disparate y más en plena discusión del proyecto de ley regional que tantos problemas tiene pendientes. Y encima, la dimisión en bloque del equipo le pondrá las cosas aún más difíciles a un sucesor que dista mucho del cesado, por más que la Junta se desgañite diciendo, como es usual en estos casos, que no hay dimisiones sino ceses. Vamos a ver qué ocurre en esa consejería con materia tan importante, sin técnicos experimentados y con una consejera lega por completo, parachutada por el partido con otros objetivos.

Ocurrencias de políticos

Hasta Huelva se han “bajado” los consejeros de Innovación, Ciencia y Empresa, Martín Soler, y el de Empleo (más bien habría que decir el de “desempleo”), Antonio Fernández, para dorar la píldora, a estas alturas tan deteriorada, de la situación de nuestra industria y nuestro trabajo. El primero ha descubierto la pólvora y pide ahora “diversificación y redefinición de la industria”, no sé si les suena, y el segundo se ha dejado caer, en medio de la catástrofe, diciendo que un ERE “no es una tragedia” y que “incluso puede ser curativo”, afirmaciones que habrán levantado el vello a los parados pero que se explican enteramente porque para él son, efectivamente, ciertas. Gobierno y Junta tienen que reaccionar ante esta situación límite. Venir ahora con paños calientes constituye una intolerable tomadura de pelo.

Otro 68

El líder radical Olivier Besançenot, a quien aquí seguimos el rastro desde sus inicios, es hombre “duro’ e boca”, como diría ‘Martín Fierro’. Hace pocos días se mostró abiertamente comprensivo e incluso partidario de los secuestros de empresarios por parte de una clase obrera que me temo que, en su concepto, tornasola tonos que perdió hace mucho tiempo. Y ahora se ha dejado caer con que lo que nos está haciendo falta como el comer es otro 68, la reedición de la utopía generacional que precisamente Sarkozy propone erradicar con todas sus consecuencias de la mentalidad social. El 68 fue lo que fue más mucho de lo que luego se le ha atribuido, pero no me cabe duda de que constituyó una revolución que, como tantas otras, funcionó con efecto retardado a pesar de su aparente derrota. Eso le pasa con frecuencia a las revoluciones, que las idealizan los John Reed correspondientes hasta confundir inextricablemente lo que ocurrió realmente en ellas con lo que nunca pudo pasar siquiera, y si no echen un  rato a perros entretenidos con la revisión de la revolución por antonomasia, es decir, por la francesa de 1789, de la que ahora sabemos tantas cosas como para dudar de que, en efecto, la toma de la Bastilla pudiera no ser más que un adorno eficacísimo, algo así como una revolera o un afarolado que le vino de perlas a la negra corrida de los reyes decapitados o las monjas y aristócratas en carreta camino del patíbulo. Qué dé de sí una revolución sólo puede saberse con el tiempo, cuando se echa la vista atrás con perspectiva bastante para distinguir con nitidez los perfiles y los colores. Y el 68, con su toma de la Sorbona (de la que aquí casi no se enteró ni Dios), es un buen ejemplo de ello en la medida en que fue, en realidad, por encima de las leyendas, la ocupación psíquica de una sociedad vieja cuyo mejor exponente era un De Gaulle vencedor al que le quedaban dos cortes de pelo.

 

Besancenot juega con ventaja quizá porque ni él tiene idea cabal de qué ocurrió de verdad entonces, aunque puede que haya intuido con agudeza lo que ha venido acarreando luego, a saber, que ni Europa ni América fueron ya nunca más lo que habían venido siendo en el desolado paisaje de la postguerra mundial. Otra cosa es su propuesta de reproducir la Historia, esa mala ocurrencia que ha llevado a muchos al fracaso no sin arrastrar a otros muchos con ellos. No se puede reproducir el estilo mental de una generación que este aprendiz de brujo a lo peor no se ha percatado de que va ya incluido en el de la suya. Como no se puede volver atrás en busca de lo que no sólo no existe ya, sino que quién sabe si fue alguna vez como lo recordamos. Estos días ha habido en la misma Sorbona una teatralización insurgente que, una vez liquidada, se ha saldado con unos cuantos titulares. No es fácil ni quizá posible volver atrás y menos cuando ese pasado imperfecto está latiendo en nuestro presente tenso. ‘Prohibido prohibir’, aquella hermosa ‘boutade’ está hoy al alcance de cualquier tonto del bote o de cualquier ministra Aído.

El último mono

La Justicia se está buscando a pulso situarse como el último mono en este circo de locos. Unas veces por sus rigores desmesurados, otras por sus lenidades, el caso es que hemos llegado a un punto en el que cualquier mindundi puede pasarse por el arco al TS o al TC sin la menor consecuencia. Fíjense en la decisión del grupo municipal de IU en el Ayuntamiento de Sevilla de prestarle una sede –¡como si fuera suya!—a la candidatura proetarra Iniciativa Internacionalista (II) ilegalizada por los jueces y noten, sobre todo, el silencio de las instituciones ante semejante chulería. Que con dinero y bienes públicos se perpetren estos atentados es un síntoma pésimo de nuestra situación real.