El reparto interno

Un nuevo hallazgo escandaloso –el de que la Junta habría triplicado las ayudas económicas a una empresa de Punta Umbría desde que su dueño es el alcalde del PSOE—permite sospechar que cualquier esperanza de autocontrol y rigor por parte de las Administraciones del “régimen”, es pura ilusión. Si a ello se une que el citado alcalde –persona hasta hace poco ajena a la política y dedicada a sus prósperos negocios—está ya imputado por graves delitos presuntamente cometidos en su Ayuntamiento, comprenderán que lo que está en cuestión no es la suerte de un cargo público sino la imagen de un partido triturado por los escándalos económicos.

La N-435, tampoco

Ha explicado el autodidacta Jiménez que el desdoble de la carretera nacional N-435, en tiempos reivindicada por el PSOE hasta desgañitarse, no puede ser asumida AHORA legalmente por el ministro al no haber dinero consignado en los Presupuestos para su ejecución. ¿Ven lo que se aprende en la “universidad de la calle”? Hombre, no hay dinero precisamente porque el ministro no lo ha consignado en su momento, y la cuestión estaría en explicar por qué no lo ha consignado si el desdoble era una reivindicación urgente que hizo montar guardia en el semáforo de Beas, pasquín en mano, a la plana mayor del PSOE mientras gobernó el rival. Si de este cantamañanas ha de depender la suerte de la provincia, aviados van los onubenses.

El ágrafo feliz

Dos brillantes profesoras universitarias sevillanas, Isabel Román y Pilar Bellido, me han propuesto generosamente trabajar en una antología de esta columnata con que desde hace años les atormento, y a mí se me ha venido a la cabeza –consciente del abismo que media, por supuesto– la sorprendente confesión de Salinger sobre la paz y la tranquilidad que proporciona al escritor guardar sus escritos y no publicarlos. ¿Para qué publicar si todas las estadísticas confirman que no se lee o, cuando menos, que se lee muy poco? Esa pregunta es muy distinta si se refiere a la razón de la escritura, pues no hace falta ser Lacan para entender que el viejo hábito de ver reflejado en blanco y negro su pensamiento, sus preocupaciones y hasta sus angustias, tiene para el escritor mucho de terapia aunque no siempre funcione. El pobre Juan Rulfo, maestro inigualable, se limitó a darnos un libro de relatos y otro que era, en realidad, un relato prolongado, y yo lo echo a pelear con todos los triunfadores del famoso ‘boom’ –he dicho con todos—seguro de que, habiendo entre ellos eminencias incuestionables, ninguno habría de superarlo en calidad. Hoy día se escriben diariamente en España, multiplicadas por el llamado “efecto Internet”, no sé si cientos o miles de columnas, de las cuales nueve de cada diez se enredan en el cañamazo de la actualidad política y sus comejenes, muy lejos ya del tiempo feliz en que escribir en periódicos –cierto que sin tanta limitación de espacio como nos ha impuesto el vértigo hodierno—constituía una vía de escape para el ensayismo de urgencia en todas sus versiones. Pocos libros de Ortega como “El Espectador” y pocos retratos intelectuales tan ilustrativos de nuestro pasado como el que ofrece en la hemeroteca el periodismo olvidado. En esta profesión ser humildes ni siquiera tiene mérito. Yo les he abierto a Isabel y a Pilar mis archivos advirtiéndoles que no les arriendo las ganancias.

 

Curiosa paradoja vital: parece ser que hay una gran paz en esconder la escritura que nos salva. ¿Elitismo, aristocratismo, pavor escénico? Probablemente nada de eso, sino la sospecha de la inutilidad de la escritura unida a la simple intuición del placer del silencio. Lector sin remedio de lo ajeno, confieso que hay en mí una invencible pulsión autocrítica que se hace más activa y amarga a medida que aumenta una experiencia que no tiene por qué reducirse al pesimismo. Quizá es que uno no se hace nunca del todo a la impudicia descarada el “stripper”. Porque lo que no saben los incautos es que escribir, bien o mal, torcido o derecho, es empezar a desnudarse. Y hacerlo cada mañana, en el callado retiro de nuestro rincón créanme que puede ser como despelotarse en un cuchitril de mala muerte.

Dialéctica de cloaca

El singular discurso de la portavoz de IU en el Ayuntamiento de Vélez-Málaga demuestra que nuestra política debe mucho de su lamentable estado actual a la insolvencia cultural e ideológica de sus profesionales, algunos de los cuales, como esa hidra municipal, no se cortan ni a la hora de injuriar a los adversarios políticos. Se ha mostrado dispuesta esa ménade a “ponerle la cara morá” a sus oponentes conservadores, a los cuales, junto a sus votantes, ha tratado con una violencia que sólo explica su burricie. IU debería renunciar al viejo estilo, a ese maniqueísmo elemental y burdo que resuena en bocas como la de esta concejala como un eco de nuestros viejos enfrentamientos.

Bollullos

Pasquines en Bollullos amenazando con linchamiento al alcalde legítimo de IU que logró desplazar al alcalde del PSOE y sus ediles hoy imputados por la Justicia. E insensatas palabras del jefe provincial, el autodidacta Jiménez, sosteniendo la antidemocrática tesis de que esa violencia explícita no es, en definitiva, sino la consecuencia de la “violencia” que, según él, implica presentar una moción de censura, como la que presentó el alcalde amenazado. ¿Es éste el nuevo PSOE que apadrina Griñán para la nueva era? Pues si es así, la verdad que más nos hubiera valido quedarnos como estábamos.

La honra asesina

No ha constituido ninguna sorpresa la estremecedora noticia de que la policía turca ha acabado descubriendo el cadáver de una joven kurda desparecida en el corral donde su familia criaba las gallinas. Yacía en una zanja profunda en la que fue enterrada viva por su propio padre para librar a la familia de la ‘deshonra’ que suponía la afición de la adolescente a salir con chicos, y las espeluznantes conclusiones de la autopsia demuestran que no padecía lesión alguna previa a la muerte sino que falleció asfixiada mientras, acurrucada en posición fetal, inspiraba a la fuerza la tierra que le amontonaban encima sus verdugos familiares como castigo por su inocente crimen. Trescientas mujeres siguen una suerte parecida en esa Turquía que pretende incorporarse a Europa y que sólo por presión de ésta, y hace sólo un puñado de años, eliminó del código penal un precepto en el que pervivía un medieval atenuante para semejantes delitos que, al parecer, siguen gozando de notoria popularidad. En la India y otros países, en los que también el matrimonio sigue siendo pactado por dinero entre las familias y en los que el rechazo femenino del pretendiente es considerado como una injuria, son habituales los atentados contra la mujer a la que se le desfigura el rostro con ácido entre otros procedimientos, sin que hasta ahora haya servido de mucho ni poco la intensa protesta internacional. ¿No se ha discutido en Francia –y en España: soy testigo—sobre el derecho “multicultural” a la ablación del clítoris o a la infibulación? No creo, por lo demás, que quepa distinguir esencialmente entre esos crímenes de los que entre nosotros se cometen un día sí y otro no (es la estadística, no una frase) por mano del macho herido en su amor propio o en su paranoia, pero es evidente que habría que vetar la asociación a todo país incapaz de superar tan primitivos estados de la conciencia. Quizá Shakespeare brindaba al sol cuando sostenía en su “Enrique IV” que el honor no es más que una palabra, pero lo que, desde luego, ese honor no puede seguir siendo es la sinrazón de la horda.

 

Llevan razón los franceses cuando dicen que el velo islámico no es un tema religioso sino un uso patriarcal sin sentido en sociedades decididas a refundarse sobre el principio de igualdad entre los sexos. Pero véase a qué distancia estamos todavía, en Turquía y en España, pero también en Dinamarca o Perú, de una adecuada comprensión de esta exigencia del progreso moral de la especie. La irrupción de la mujer marca el fin del neolítico. Los viejos imperativos de la honra, que son nuestro más rasgo animal más genuino, deben ser sustituidos, de grado o por fuerza, por códigos civilizados.