El rincón de abajo

El secretario de UGT, compañero Puente, ha desempolvado la imagen remota de la Huelva arrinconada, del rinconcillo peninsular que el franquismo utilizó para alejar a sus clientes molestos. No el “culo del mundo”, como dijo Unamuno de Fuerteventura cuando allá lo envió de un empelló la otra Dictadura, pero casi. Lo dice para “explicar” el retraso de nuestras infraestructuras y el abandono en que su “partido hermano” tiene sumido a este criadero de parados, pero olvida que esa imagen resulta hoy anacrónica y sin el menor sentido. Más arrinconado está el Algarve y miren el salto adelante que ha dado en estos años. O tantas provincias españolas todas las cuales están regionalmente por encima de nosotros. La UGT podía renovar el repertorio de un tiempo en el que, por cierto, ella no estuvo presente.

El aliado loco

A mis graves dudas sobre la entidad humana y política del golpista venezolano Chávez acabo de reunir estupefacto una convicción de lo más plausible a la vista de los hechos: que no está en sus cabales. Se puede ser muy listo –¡que le voy a contar a Noé del Diluvio!—y dominar con agilidad las claves del populismo más zarrapastroso, reproduciendo la caricatura de Castro en inacabables discursos televisivos, condenas antiimperialistas y repartos de mercedes, sin dejar por ello de ser un majareta consumado. ¿Qué no? ¿Y cómo calificarían entonces a un sujeto que, desde la presidencia de un país, no se corta un pelo a la hora de decir una sandez tan desatentada como que el terremoto de Haití no es un fenómeno de la Naturaleza sino el efecto calculado por la Marina de los EEUU que dispondría a placer de “armas de terremotos”? Siempre se me podrá objetar que quien mantenga semejante tesis, antes que un pirado es un ignorante escapado de la serie James Bond o simplemente un bigardo tan basto como para presumir la ignorancia de todo un pueblo, el suyo, al que acaba de explicarle que los yanquis ya ensayaron ese “arma” en la propia California y que ahora preparan nada menos que la destrucción de Irán “a través de una serie de terremotos”? En fin, si me aprietan estoy dispuesto a dejar el diagnóstico a horcajadas entre la insania mental y el descaro más insolente, pero, en cualquier caso, estarán conmigo en que pone los pelos de punta pensar que estamos en manos de sujetos de esa calaña, avalados por al menos la mitad de su pueblo, y sostenido en el poder, contra viento y marea, por algunas impolutas democracias (es un decir) como la nuestra, sin ir más lejos. No hay que idealizar el pasado: siempre la fortuna ha sido un componente clave del liderazgo. De lo que dudo es de que el mismísimo Carpentier hubiera sido capaz de inventarse a un zumbado como este botarate.

Bien, pues ese botarate es la clave de bóveda de la política exterior de nuestro Gobierno, que ahora tal vez tenga que explicar el apoyo incondicional que le viene prestando, al nuevo “amigo americano” que hasta le cede el púlpito a nuestros furiosos ateos para que se retraten largando su cínica plegaria al buen Dios. Pero en cualquier caso, consideren esa instantánea del Poder, el retrato de un máximo mandatario capaz de fantasear hasta un infinito rayano en el ridículo. Una indeclinable esperanza nos hace confiar en que quienes vienen sosteniéndolo comprendan de una vez el peligro que representa. Un tío que dice que un seísmo es obra humana, no debe campar por sus respetos en una presidencia sino permanecer a buen recaudo en un psiquiátrico.

Cita en Madrid

Parece que la nueva edición de de Fitur, la feria (nunca mejor dicho) del turismo, rebajará presupuestos este año. Pero allí estarán, no lo duden, al lado de la Junta munificente, Ayuntamientos, Diputaciones; Mancomunidades, Patronatos y demás parientes y afectos, como cada año desde hace muchos. ¡Qué sería de Andalucía sin este éxodo masivo de la clase política a Madrid! Con crisis o sin ella, la verdad es que parece estar asumido por todos que esta excursión gratis total que se repite años tras año resulta ya imprescindible. Las cigalas y le Jabugo de Fitur constituyen un escándalo, sobre todo vistos desde nuestros comedores de caridad.

Jugar a la contra

Ayer la apertura del nuevo Mercado del Carmen fue una fiesta. No han podido con el proyecto, aunque puedan haberlo retrasado, la oposición cerril que incluso llevó las obras del aparcamiento a los tribunales, la quiebra de la constructora ni los problemas de la crisis. Y al final, ahí está el resultado: un baño de masas para un alcalde incombustible por el que no pasa el tiempo político. Como cuando la inauguración del Parque Moret, como cuando la puesta de largo de la “loca idea” del nuevo Estadio Colombino. Un tal Baluffo, desde la bancada del PSOE, rumia su rencor y dice que el Mercado es un “monumento a la incompetencia”. ¡Pues anda que si llega a serlo al éxito! Jugando a la contra se ganan pocos partidos. Si no hay quien les meta eso en la cabeza, pero apara ellos.

El hombre dormido

Cualquiera de ustedes, como yo mismo, habrá visto en más de una ocasión la escena: un paisano abducido por la tv, contemplando la escena íntima e inmóvil de una pareja revelada por el ojo de un ‘gran hermano’, y en espera de quién sabe qué eventuales escenas tentadoras. Hasta en los excusados ha penetrado a veces esa inquisición, no sé si en busca de alguna conducta reveladora o por la simple presunción de la coprofilia de la audiencia. La indecible experiencia del espionaje consentido que campea en nuestros medios revela que el “voyeurismo” es algo más que una fantasía o una aberración minoritaria, para presentárnoslo como una suerte de instinto que afecta a vastos sectores de la Humanidad. En la tele vimos en su día la odisea domiciliaria de una pareja de la España profunda que vivía de vender libremente su intimidad no por lo que ésta pudiera tener de interesante –que no tenía nada, por lo visto—sino por el mero hecho de que el acceso a ese ámbito de suyo inaccesible, impregnaba de morbosidad la vida doméstica. Y ahora es una pareja del “hinterland” londinense la que ha logrado un millón de babiecas parados ante la pantalla y pendiente de las revelaciones intrascendentes que cada noche le graba su santa esposa a un ejecutivo abrumado por su tarea que, al parecer, se desfoga liberando el inconsciente durante el sueño. Un millón de panolis, ya ven,  diez mil seguidores en Twiter y doce mil colgados en Facebook atentos a las pamplinas de un hombre dormido, prueban esa triste tesis de que quien más quien menos lleva un mirón encajado en la duramadre. Un día miraremos atrás para lamentar de qué ridícula manera el instinto superpuesto a la razón hizo que despilfarráramos en acechos alcahuetes las inmensas posibilidades que el progreso tecnológico ha hecho posible.

 

La leyenda lupanaria contaba que, en las alcobas del lenocinio, los espejos lucientes que adornaban las paredes no eran sino mirillas disimuladas de otros clientes más tentados por el sexo visual que por la práctica del mismo, que pagaban fortunas por sorprender los secretos de la naturaleza hasta en su último rincón. Hoy la tele o la Red han creado un burdel universal que ofrece en directo al ‘consumidor’ el placer dañado de la curiosidad, como si el simple hecho de desvelar la privacidad confiriera interés incluso al espectáculo más trivial. A un hombre dormido, por ejemplo, aunque esa imagen no constituya ninguna novedad para los seguidores de esos bodrios nuestros que muestran a unos adolescentes en clausura retozando a sus anchas. Está visto que, lejos de de liberarnos, la técnica nos enchirona sin resistencia en el calabozo del instinto.

Marcha atrás

Era lo menos que podía hacer y lo ha hecho. La Universidad de Sevilla ha terciado en el debate y cachondeo nacional provocado por una norma suya en que se disponen medidas de protección al alumno que copie en un examen, tratando de explicar que no se trata de ningún “derecho a copiar”, sino de conceder al copión  la oportunidad de defenderse, por cierto ante un tribunalillo paritario compuesto por tres profesores y tres alumnos. El bastinazo ha sido de los que hacen época y viene a confirmar el desastre que reina en nuestro sistema educativo. Están de más, por eso, los intentos de explicación. A los autores de esa norma habría que separarlos de la responsabilidad universitaria.