El de toda la vida

Absurdo pleito el que se traen unos y otros tratando de arrebatarle al jamón de Jabugo su denominación de toda la vida. Y duro palo el que el “Ministerio amigo” de Medio Ambiente y Medio Rural (de soltero, simplemente Agricultura) le ha propinado a la Junta de Andalucía al negarle la denominación pretendida. Aquí siempre peleándonos, incluso cuando hay para todos, mientras otras denominaciones –Guijuelo, por ejemplo—ganan terreno y mercado la chita callando. La verdad, apare de todo, es que no pasa semana sin  que comprobemos el decreciente peso político de Huelva incluso entre instituciones del mismo color político.

El sudor de la frente

Es posible que como consecuencia de la epidemia de suicidios registrada en el gigante francés France Telecom, que ha conmocionado a la opinión pública, anden realizándose en Francia un puñado de sondeos tendentes a avaluar la opinión de los franceses frente al trabajo. Conozco cuatro recientes, al menos (los de los institutos  Ipsos, Opinion Way-En Ligne, Comundi y Cegos), llamativamente  coincidentes en la complacencia mayoritaria del trabajador con el trabajo, cuya estima parece haber subido exponencialmente desde que la crisis está destruyendo el empleo. No les voy a cansar con porcentajes, pero les diré, de manera orientativa, que más de la mitad de los encuestados declaran paladinamente su felicidad por el trabajo, a pesar de que casi la mitad de ellos se confiese frustrado por la falta de reconocimiento profesional, cuatro de cada diez disconforme con su bajo salario y uno década cuatro disgustado por la creciente dureza de las condiciones de trabajo. ¿Se acuerdan de lo que dijo Baudelaire, un día que andaba más colgado que una jaula? Pues dijo, en un precioso ‘calembour’, que si no fuera por gusto, habría que trabajar por desesperación porque, según él, trabajar resulta menos aburrido que divertirse. Ahí lo tienen: el paro ha hecho el milagro de convertir la maldición divina en un privilegio que sus afortunados reconocen ingenuos desde el fondo del subconsciente. Les propongo que repitan las encuestas cuando –dies certus an incertus quandum—la  culta Europa se sacuda el fardo de la crisis y el crecimiento del empleo sublime estas angustias. O más sencillo: que me expliquen cómo se casa semejante optimismo con la aludida ola de suicidios.  Guardo un  memorable recuerdo juvenil de aquel brillante excéntrico que fue Lanza del Vasto proclamando en un café de Saint-Michel que la división del trabajo era tan perfecta que hemos asumido el hecho estupendo de que uno trabaje y el otro engorde.

 

El sistema de capital no pudo imaginar mejor escenario para la explotación que la crisis, como los asalariados no hubieran imaginado tal vez nunca que, sólo por la amenaza cierta del paro, acabarían amando el aborrecido currelo. Se ha venido abajo en un pis pas la esperanza utópica que soñaba con la dignificación del trabajo y se ha puesto en su lugar el señuelo pragmático que la necesidad enseña sin necesidad de maestro. Y ahí los tienen, suicidándose incluso, quejosos de su estima y su estipendio, pero jodidos y contentos por el simple hecho de disfrutar del único privilegio librado por el Sistema: el empleo. Pocas criaturas tan fáciles de contentar como el hombre, sobre todo cuando caen de punta.

La ‘réplica’ del sondeo

No caben disimulos: el sondeo de la propia Junta que concede ventaja electoral en Andalucía al PP sobre el PSOE ha puesto de los nervios al ‘aparato’ pero, sobre todo, a  la ‘clientela’ sociata. El presidente Griñán, con ingenuidad notable, le pide a los suyos un chute de autoestima en vena, dado que el mero anuncio de su ruina ha provocado, no tanto el subidón de los rivales como el bajonazo de las propias huestes. Un sondeo más sobre la misma tendencia, y den por seguro que el tinglado del “régimen” estalla desconcertado, un poco sobre el modelo que ofreció el PRI mexicano hace unos años. No se lo esperaban, ésa es la realidad, y Griñán trata de curarse en salud. Deberían, por lo menos, dejarle las manos libres.

Doñana amenazada

Se fue del Patronato de Doñana el depuesto Ginés Morata, Premio Príncipe de Asturias, para dejar su sitio al ex–presidente González, y se fue con elegancia, sin disparar más que lo preciso. Diciendo, por ejemplo, que espera “que su cese no se deba a su oposición al oleoducto” pero que, en todo caso, se le pregunte a la consejera del ramo, la calañesa Castillo, cuáles fueron las razones del cese. ¡Estos sabios es que no se enteran, las criaturas! Que espere unos meses y ya verán como su sucesor le allana el camino al “empresario amigo” y el petróleo acaba trasegado frente a nuestra joya ecológica. Que es de lo que se trata.

La invención del héroe

Cuando se cumple un año, el primer aniversario, del reinado de Obama, sólo los empecinados negarán que rara vez un mandatario llegó al poder levantado sobre tantas esperanzas. En su país, en el mundo entero, incluso en esas zonas a las que raramente llega el viento de la civilización, Obama ha ilustrado la consolidada propuesta de los sabios sobre la necesidad que tiene el ser humano, cuando la vida aprieta y el mundo se eclipsa a su alrededor en la luz opaca de la mediocridad, de inventar al héroe. Eso es el mito, entre otras cosas: la creación colectiva del ideal (mitopoiésis) y su encarnación en el ser concreto, como garantía de la salvación de todos por obra de uno. Hace tiempo que encalló la idea de que el héroe es idea y figura que pertenece a la sociedad primordial para ser sustituida por el concepto de que, en todas las sociedades y en todos los tiempos, la llamada de ese héroe es, por decirlo como Bergson, el motor de la evolución creadora, la fuerza, en definitiva, capaz de mantener en acción a la esperanza y a la imaginación humana en la búsqueda del bienestar y el progreso. Y desde luego el caso de Obama, su abrupta y afortunada irrupción en el escenario público, demuestra que no iban descaminados quienes postularon que el héroe es, ante todo, una creación de la voluntad colectiva. Bien, pues ahí está el héroe un años después, despejado ya el panorama del estimulante elemento sorpresa, con un bagaje poco tranquilizador que lo hace bajar en las encuestas y permite crecer a sus rivales que hasta se permiten ya –y sólo ha trascurrido un año— derrotarle estrepitosamente en un feudo propio. Se explica, teniendo en cuenta el fracaso de su proyecto de cerrar Guantánamo y juzgar a los torturadores, a la vista de la catástrofe progresiva de Afganistán o del infierno iraquí, viendo cómo ha de recortar su plan sanitario o tragarse el sapo que supone el triunfo legal de los ‘lobbies’. Los héroes también fracasan aunque (o precisamente) porque, en su destino, como vio claro Iung, no hay forma de separar lo histórico de los simbólico. El inconsciente colectivo lo mismo crea que destruye.

 

Hasta la espléndida operación en Haití se le cesura ya a quien hace poco resultaba opinativamente intocable. Y es que los héroes, inventado o reales, han de ganar sus guerras día a día, venciéndose a sí mismos lo primero, firmes sin desmayo frente a los monstruos que lo acechan. Hoy hay mucha gente que se ha bajado del carro de su heroísmo, pero el héroe nunca lo tuvo fácil. Son los demás quienes inventan al héroe y quienes lo olvidan. Es muy importante que eso lo sepa el propio héroe.

Asuntos podridos

Nadie se explicó nunca el emperre de la Junta y del PSOE en mantener incorrupto el cadáver del macroproyecto planeado para la costa de Doñana por el entorno del ex-presidente González. Ni otros casos de empecinamiento que evidencian cómo funcionan los intereses económicos ligados al partido hegemónico. Y ninguno acaso, entre ellos, como el del hotel que en El Algarrobico, es decir, en pleno Parque Natural Cabo de Gata, patrocinó el Ayuntamiento del partido, permitió a ojos cerrados la Junta, fue descalificado luego por el Ministerio y la propia Junta, que prometió su demolición, para ahora dedicarse a justificar semejante atentado ambiental. Son asuntos podridos, ya saben, y a lo peor imposibles de desmontar.