Tiempos revueltos

Compiten en exhibiciones públicas los dos grandes partidos andaluces. No tienden manos ni mucho menos tienden puentes entre ellos, sino que se reúnen a puerta cerrada con los propios y hacen alarde de fuerza con megafonía, que el paro y la desgracia pueden esperar a que ellos diluciden su pleito por el Poder. El PP habla ya como ganador virtual y el PSOE, curiosamente, repite su alerta reclamando una unidad interna que, por lo visto, está en cuestión. Lo que no se oyen son propuestas concretas, fórmulas prácticas para, al menos, ensayar la salida de la situación crítica. Lo primero es lo primero. Sobre todo para los políticos profesionales.

Terroristillas

Primero fue Punta Umbría, luego le ha tocado a Bollullos y, por fin, a la Nava. Son los terroristillas cobardes de la amenaza, los aberchales de pacotilla de nuestra política banderiza, pero aún así la delegación del Gobierno debe remover Roma con Santiago hasta esclarecer quiénes están detrás de los hechos, porque estas cosas  se sabe como empiezan pero nunca como terminan. Claro que si el jefe provincial del “régimen” culpa a la víctima como ha hecho en Bollullos, es fácil presumir que el subdelegado, que es un mandado, deje correr las cosas. Incluso en La Nava, que es un pañuelo. Igual la autoridad no mueve un músculo porque se malicia que, si lo mueve, puede toparse con lo que no quiere.

La doble llave

En mi ignorancia algo escéptica en materia económica conseguí enterarme en su día de que la sustitución de la castiza peseta por la moneda común europea era un recurso de los sabios cuyo objetivo era conseguir un espacio económico común, una vasta zona en la que inversores, empresas y consumidores, pudieran funcionar a salvo de las devaluaciones que derivan de las mudanzas sufridas por las tasas de cambio, todo lo cual convertiría el puzzle europeo en una gran lonja tranquila y habitable. Lo entendí como pude, pero he de decir que, para mí, la primera experiencia práctica de la histórica mudanza fue que la caña de cerveza del mediodía, que hasta entonces me venía costando 65 pesetas, pasó de un día para otro a costarme 100, algo que ocurrió, por lo visto, en la inmensa mayoría de los productos y que fue dócilmente aceptado por los paganos a la dudosa sombra conceptual de una figura que, más que del lenguaje técnico, parecía proceder de la jerga traficante: el “redondeo”. No habíamos entendido, por más que se nos explicara hasta el cansancio, que ese paraíso comunal exigía como contrapartida una ‘convergencia’ –¿recuerdan?—consistente en la merma de la autonomía nacional en beneficio de un poder comunitario capaz de imponer a las naciones asociadas, una homogénea política presupuestaria y fiscal. Bien, pues ha pasado el tiempo, nos ha caído en lo alto como un meteoro la crisis ecuménica, y hete aquí que el idilio soñado comienza a resquebrajarse hasta el extremo de que ya Bruselas le ha tascado el freno a Grecia como un anuncio de la que se nos avecina a nosotros mismos, a Irlanda o a los hermanos portugueses. ¿Saben lo que le contestó un espontáneo a Botín cuando dijo que comparar a España con Grecia era como comparar al Real Madrid con el Alcoyano? Pues un repique breve y aplastante como una sentencia:  “O con el Alcorcón…”.

 

No parece probable, según los entendidos, que el milagro del euro acabe estallando como otra burbuja. Dicen que hoy no es imaginable en el sistema monetario europeo un zambombazo como el sufrido en los primeros años 90. Pero ha quedado claro que para salir de ésta habrá que ceder sin rechistar esa autonomía y aceptar que sea la biempagada burocracia europea la que nos vigile de cerca y, llegado el caso, la que nos meta la mano en la faltriquera, reos de haber sobrepasado con mucho el margen de endeudamiento compatible con la unión, es decir, el 3 por ciento del PIB. Miren por donde el internacionalismo de nuestra dorada juventud resurge cambiada la piel roja por la concha del Sistema. La verdad es que cuando recuerdo aquellas cañas baratas me echo instintivamente la mano al bolsillo.

El reparto interno

Un nuevo hallazgo escandaloso –el de que la Junta habría triplicado las ayudas económicas a una empresa de Punta Umbría desde que su dueño es el alcalde del PSOE—permite sospechar que cualquier esperanza de autocontrol y rigor por parte de las Administraciones del “régimen”, es pura ilusión. Si a ello se une que el citado alcalde –persona hasta hace poco ajena a la política y dedicada a sus prósperos negocios—está ya imputado por graves delitos presuntamente cometidos en su Ayuntamiento, comprenderán que lo que está en cuestión no es la suerte de un cargo público sino la imagen de un partido triturado por los escándalos económicos.

La N-435, tampoco

Ha explicado el autodidacta Jiménez que el desdoble de la carretera nacional N-435, en tiempos reivindicada por el PSOE hasta desgañitarse, no puede ser asumida AHORA legalmente por el ministro al no haber dinero consignado en los Presupuestos para su ejecución. ¿Ven lo que se aprende en la “universidad de la calle”? Hombre, no hay dinero precisamente porque el ministro no lo ha consignado en su momento, y la cuestión estaría en explicar por qué no lo ha consignado si el desdoble era una reivindicación urgente que hizo montar guardia en el semáforo de Beas, pasquín en mano, a la plana mayor del PSOE mientras gobernó el rival. Si de este cantamañanas ha de depender la suerte de la provincia, aviados van los onubenses.

El ágrafo feliz

Dos brillantes profesoras universitarias sevillanas, Isabel Román y Pilar Bellido, me han propuesto generosamente trabajar en una antología de esta columnata con que desde hace años les atormento, y a mí se me ha venido a la cabeza –consciente del abismo que media, por supuesto– la sorprendente confesión de Salinger sobre la paz y la tranquilidad que proporciona al escritor guardar sus escritos y no publicarlos. ¿Para qué publicar si todas las estadísticas confirman que no se lee o, cuando menos, que se lee muy poco? Esa pregunta es muy distinta si se refiere a la razón de la escritura, pues no hace falta ser Lacan para entender que el viejo hábito de ver reflejado en blanco y negro su pensamiento, sus preocupaciones y hasta sus angustias, tiene para el escritor mucho de terapia aunque no siempre funcione. El pobre Juan Rulfo, maestro inigualable, se limitó a darnos un libro de relatos y otro que era, en realidad, un relato prolongado, y yo lo echo a pelear con todos los triunfadores del famoso ‘boom’ –he dicho con todos—seguro de que, habiendo entre ellos eminencias incuestionables, ninguno habría de superarlo en calidad. Hoy día se escriben diariamente en España, multiplicadas por el llamado “efecto Internet”, no sé si cientos o miles de columnas, de las cuales nueve de cada diez se enredan en el cañamazo de la actualidad política y sus comejenes, muy lejos ya del tiempo feliz en que escribir en periódicos –cierto que sin tanta limitación de espacio como nos ha impuesto el vértigo hodierno—constituía una vía de escape para el ensayismo de urgencia en todas sus versiones. Pocos libros de Ortega como “El Espectador” y pocos retratos intelectuales tan ilustrativos de nuestro pasado como el que ofrece en la hemeroteca el periodismo olvidado. En esta profesión ser humildes ni siquiera tiene mérito. Yo les he abierto a Isabel y a Pilar mis archivos advirtiéndoles que no les arriendo las ganancias.

 

Curiosa paradoja vital: parece ser que hay una gran paz en esconder la escritura que nos salva. ¿Elitismo, aristocratismo, pavor escénico? Probablemente nada de eso, sino la sospecha de la inutilidad de la escritura unida a la simple intuición del placer del silencio. Lector sin remedio de lo ajeno, confieso que hay en mí una invencible pulsión autocrítica que se hace más activa y amarga a medida que aumenta una experiencia que no tiene por qué reducirse al pesimismo. Quizá es que uno no se hace nunca del todo a la impudicia descarada el “stripper”. Porque lo que no saben los incautos es que escribir, bien o mal, torcido o derecho, es empezar a desnudarse. Y hacerlo cada mañana, en el callado retiro de nuestro rincón créanme que puede ser como despelotarse en un cuchitril de mala muerte.