El caso

Enorme alboroto alrededor del “caso Chaves”, defensa ofensiva del protagonista, absurda decisión de no facilitar una discreta investigación de las circunstancias en que se produjo el evidente enjuague aunque sólo sea porque mientras más se enroquen más resonará la bronca. ¿Por qué va a tener Chaves el derecho a señalar, con razón, a los presuntos corruptos del PP y va a exigir, en cambio, que su presunción de inocencia sea absoluta, definitiva y suficiente? Lo malo no es, en todo caso, la suerte de Chaves (que cada cual peche con lo fecho) sino el daño que le está haciendo a la autonomía y al propio Griñán, que se ve obligado a torear un toro que no es suyo.

El PSOE y el polo

Extraño empeño por quedarse solo frente al drama del Polo Químico, el del PSOE onubense. Dos mociones de la oposición de izquierdas, apoyadas por la de derechas, han sido rechazadas sin ambages primero en el Ayuntamiento y luego en la Diputación. Nada de apoyo expreso a los trabajadores del Polo y nada de control sobre la actuación empresarial en la crisis: bastante tienen ya esos cuitados con la iniciativa del Gobierno y la de la Junta, por lo visto y oído. Extraño empeño, mala estrategia la de “conmigo o contra mí”. Los trabajadores del Polo –una buena parte de las familias de la capital—habrán tomado buena nota de quiénes tratan de defenderlos y de quiénes echan balones fuera.

¿Qué izquierda?

Los resultados de las elecciones europeas del domingo pasado amontonan los comentarios y reflexiones especialmente en torno a la evidente crisis de la izquierda europea, o séase de la socialdemocracia con sifón que es lo que de verdad queda en el continente. Se traen a colación viejos conceptos y frases. Entre estas últimas la advertencia de Guerra de que, o la Izquierda se planteaba (lo dijo ya hace años) un replanteamiento de su papel y contenido, u otras fuerzas sociales (políticas) vendrían raudas a desalojarla del viejo nicho histórico y a ocupar su puesto. El ex–presidente de Extremadura me contestó un día en un coloquio madrileño que la misión de la Izquierda hoy era “resolver los problemas de la gente” a lo que, por pura cortesía ni le repliqué que ése papel sería también el del guardia de tráfico o el del gestor administrativo. Otro ex-presidente, el andaluz Borbolla, solía cifrar su programa político no en un proyecto de conjunto –vasto, revolucionario, etcétera– sino, simplemente, en el propósito pequeño-burgués de “hacer cositas”. Pero la sociología política europea viene avisando hace decenios que la Izquierda –como visión del mundo y como proyecto político—decae y se acaba a ojos vista, no porque no sea ya necesaria, sino porque la “astucia de la razón” conservadora le ha ido segando la hierba bajo los pies. El pisito hipotecado, el utilitario y la tele han contribuido al retorno del liberalismo casi tanto como todos los errores de las izquierdas históricas.

 

Miren en este momento hacia Europa. No es casualidad que en plena catástrofe económica las masas opten por las opciones conservadoras, poniendo sus esperanzas en los mismos proyectos teóricos y prácticos que condujeron a ella. La Europa más granada vuelve la espalda a la utopía o bien no ve otra utopía en el horizonte posible que la reanimación de un mercado hoy por hoy universal. El desastre francés, la debacle alemana, la desintegración ocurrida en Italia, el crak británico y la derrota española demuestran que ni siquiera la amenaza cierta de la crisis ha sido capaz de revitalizar los proyectos llamados ‘de progreso’. Pero eso ya estaba avisado, como decimos, lo han dicho y repetido, desde Gorz a Bourdieu, dos generaciones de observadores, y lo que han dicho es, en resumen, que una cosa es una “izquierda posible” y otra la “izquierda oportunista”, la radical pero epifenoménica, la que renuncia a los grandes objetivos por las “conquistas” pintorescas y las justas maniqueas. En España mismo –se ha repetido mil veces—ya me dirán que diferencia hubo y hay entre Solbes y Rato. Y eso se debe a que la izquierda se ha ido vaciando al tiempo que la derecha reciclaba sus materiales de derribo hasta restaurarlos por completo. No es posible esperar seriamente en una Izquierda que olvida el imperativo intervencionista para fijarse en el carril-bici o en la píldora del día después.

Fuegos de artificio

No acabo de entender qué sentido tiene la ley de la Muerte Digna que acaba de aprobar la Junta de Andalucía. Y no lo entiendo porque, retirada, como buen juicio, la polémica cuestión de la eutanasia y el suicidio asistido; una vez renunciado también el propósito, más que discutible, de sancionar la objeción de conciencia médica; poco queda en esa norma que no estuviera ya vigente. El derecho del paciente a renunciar al tratamiento no hacía falta ninguna reiterarlo pues está reconocido de hecho y de derecho no en nuestra legislación sino en todas las civilizadas. ¿A qué viene, entonces, tanto ruido en un Parlamento que lleva tanto atraso en tantas materias graves y comprometidas? Salud tiene muchos frentes abiertos que requieren su atención mucho más que este paripé.

Dinero fácil

Siento disentir, pero la imagen de esa turbamulta encaramada en un muro para recoger billetes regalados me resulta de lo más degradante. No le veo la gracia, en otras palabras, ni entiendo qué razón publicitaria puede llevar a una empresa a regalar dinero “a pelón” sólo a efectos propagandisticos, que tampoco resultan muy claros. En un mal momento como éste, esa imagen chusca del forcejeo por el billete no aporta nada pero menoscaba mucho una imagen –la de la ciudad—que antier daba la vuelta al circo español, con el onubense disfrazado de payaso. Debe de haber otras iniciativas más razonables que recrear la escena rancia de los “duros antiguos”.

Manes millonario

Escucho en la radio al presidente del Madrid, ‘FP el Deseado’, batiéndose contra una mesnada de lobos que le recuerdan el pasado y le cuestionan el presente, mientras él se debate, sin alterarse un pelo, como don Suero de Quiñones en el Paso Honroso. Hacía falta Kaká. Un país no puede vivir con un solo gran referente, con una luminaria única, y ésa era la sombra que se cernía sobre nosotros tras el triunfo arrollador del Barça que ha decapitado a medias la hidra bicéfala de la Liga. Habrá un nuevo ‘Real’, pues, según parece, al precio que sea, aunque ‘FP’ explica que el dinero no es el problema, no porque a él le sobre, sino porque el jugador más caro –milagros del ‘marchandising’–  resulta siempre el más barato a la hora del balance. Recuerden a Zidane, no olviden a Beckam. Kaká mismo acabará siendo una ganga a fuerza de camisetas vendidas y anuncios de yogures, ya lo verán. Dos es hoy mejor que uno. Para todo, pero sobre todo en el fútbol y en la política. Aunque, bien pensado, siempre lo fue y en todas partes, al menos desde que Manes divulgó el dualismo que le habrían revelado a él Adán y Noé, la doctrina que hace de la lucha el fundamento de la vida e incluso del ser, y que nos enseña que no hay luz sin tinieblas, ni puede haber Bien sin Mal. El “nuevo Real” restablecerá el equilibrio perdido, nos reinstalará en la dialéctica prehegeliana, inmemorial, de la competición sin fin, que es, en definitiva, la cálida matriz primordial donde se engendra toda realidad. A fuerza de millones, como si la crisis no fuera con él ni con sus rivales, viva demostración de que, en el fondo, fútbol y política, como la vida misma, son siempre, en última o primera instancia, competencia, rivalidad, o no son nada. La vida es lucha y la lucha precisa sin remedio de dos. Kaká es sólo el comienzo. Había que restablecer a toda costa el principio inmutable de la “Razón Rival”. ¡Ya era hora!

 

Fracasada la dualidad José Tomás/Morante, volveremos a tener, sin embargo, dos grandes partidos y dos grandes equipos. En medio de un caos millonario, acaso sumidos en la penumbra, pero dispuestos a protagonizar en el vasto escenario el drama sublimatorio de la oposición que confiere su último sentido a la existencia. Manes puro: el futuro –decía el Maestro—es la época en la cual se habrá restablecido la separación. Divide o muere, divide y vencerás, aunque sea perdiendo unas veces y ganando otras. La dialéctica carece de la primitiva simplicidad de la lógica y ‘FP’, como su antagonista, lo saben. La guerra es la madre de todas las cosas, dijo Heráclito. Y Platón remató: “Todas las cosas se generan conforme a contienda”. La aportación de ‘FP’ consiste en la idea de que, encima, el sistema resulta barato. Hay que darle la bienvenida a Kaká. Por mucho que cueste, porque no hay mono-arquía buena. Por supuesto, ni siquiera en política.