Situación límite

Los inmigrantes sin trabajo no tienen qué comer. Acuden a Cáritas en busca de un pedazo de pan, se arraciman alrededor de sus benefactores, privados de todo auxilio público, constituyendo una estampa que desde algunas instancias políticas se ve como un peligro cierto, como una situación que “se puede ir de las manos”. ¿Cómo es posible semejante falta de previsión, qué explica la estancia de esos contingentes ilegales en nuestros pueblos y cómo justificar la indiferencia de los poderes públicos ante un caso semejante de necesidad? Esos trabajadores han aportado mucho a nuestra economía. Lo menos que se puede hacer por ellos es garantizarles un pedazo de pan.

El último eufemismo

En The New York Times del lunes se informaba con no disimulada alarma de que el comité gubernamental que sigue de cerca la crisis y, en particular, la situación del sector automovilístico en los EEUU, habría advertido a la legendaria ‘General Motors’ que se vaya preparando para una eventual “quiebra quirúrgica”. La noticia ha provocado en pocos minutos el hundimiento de las acciones del gigante de Detroit, que han pasado fulminantemente de 14’22 a 1’75 dólares, un desastre que no coge por sorpresa al inversor, de todas maneras, desde que en noviembre pasado el descalabro de sus acciones alcanzó nada menos que el 97 por ciento de su valor respecto del año 2000. Como es natural no ha faltado quien, ‘in continenti’, haya vuelto del revés el viejo eslogan de los años 20 –aquel que decía que “lo que es bueno para la General Motors es bueno para los EEUU de América”—proponiendo ahora medir el descalabro nacional por la vara rota de la emblemática empresa, segunda del planeta en ese decisivo sector. El Poder utiliza, quizá por lo mismo, esa admirable metáfora de la “quiebra quirúrgica”, laberíntica imagen de una acción de control y saneamiento que, por lo pronto, le lleva costado al contribuyente americano 13 ‘miliardos’ y medio de dólares, una cantidad insignificante comparada con la que resultará al final de la intervención si fallan los pronósticos optimitas a que aún se aferran los gestores del desastre. Mal deben de ir las cosas para los EEUU de América, es evidente, cuando la ‘GM’ se debate de semejante manera a la puerta del quirófano.

 

Confieso que me he perdido (con alivio, por cierto) entre la selva contable que proponen unos y otros para sacar de la estacada a ese monstruo, pero sobre todo me ha rondado todo el tiempo la admirable cojonera que ha convencido al planeta de que no hay otra salida a la crisis provocada por la gestión capitalista que la socialización de las inmensas pérdidas a través del elegante mecanismo de las subvenciones con cargo a los impuestos. Aunque admito, eso sí, que al menos en esta ocasión, lo que es malo para la ‘GM’,  malo es también para esos EEUU de esa América que contemplan con perplejidad el saqueo de sus reservas por parte de los mismos que provocaron la catástrofe. Cirugía con anestesia, pues, mano experta para sajar y coser lo que haga falta en nombre de un eslogan de fortuna, mientras al cuerpo social se le aplica sin contemplaciones la más expeditiva vivisección. De esta crisis van a salir muchos liberales perdidos en el limbo narcótico del eufemismo de emergencia. Será curioso ver sus caras cuando, ya convalecientes, les presenten al cobro la factura ajena.

Margen obligado

No estoy de acuerdo con la áspera acogida de la oposición al candidato Griñán. Y no lo estoy porque una cosa es prever el continuismo en su tarea (y su discurso de antier ya lo anunció) y otra muy diferente es regatearle absurdamente la legitimidad o presuponerlo “marioneta” de Madrid. No se trata sólo de que hay que darle margen razonable al recién llegado sino de reconocerle una calidad personal que, al margen de cualquier discrepancia, me parece que está a la vista. Aparte de que a ver qué partido en esa oposición, considerando la historia, puede hablar de autonomía con la boca grande.

El pacto de Bollullos

Es lamentable la reacción intemperante de los mandamases de IU ante el pacto libremente adoptado por la mayoría del grupo municipal bollullero de formar gobierno con el PP en lugar de con el PSOE. Y más si cabe, la expulsión del partidito de los cimarrones que optaron por preservar su legítima autonomía, cuyo castigo no es otra cosa que la imaginaria compensación del fracaso de Valderas en su propio pueblo. ¿Ya no se acuerdan esos barandas de la “pinza” con el PP que mantuvo a Chaves en la nevera? IU no es ni sombra de lo que fue, por supuesto, pero con estas maniobras no hace más que retratarse como acólita del PSOE.

El ayuno

Ninguna noticia tan estrafalaria como la que da cuenta de la huelga de hambre emprendida por el presidente de Bolivia contra su propio Estado. Ninguna tan truquista e insensata, a pesar del apoyo enviado por las dictaduras amigas desde Venezuela y Cuba, que ya me gustaría ver qué harían ellas mismas si se les plantara en huelga de hambre un jerifalte de primer nivel empeñado en sus trece personales. Un conflicto entre los poderes del Estado admite arbitrajes y mediaciones institucionales, previstas en la ley, pero resulta absolutamente impropio planteado en términos de presión, como un recurso al margen de la Ley, como un trágala planteado por un poder a otro, que hace trizas el imprescindible equilibrio de poderes democrático garantía genuina del régimen de autogobierno. Imagino, por supuesto, que si se planteara la cuestión al revés, es decir, si fuera la oposición al proyecto autocrático que trae entre manos Evo Morales a imitación de sus mentores la que emprendiera una acción semejante , sería ensordecedor el coro de protestas “revolucionarias” y nada resultaría más claro a sus ojos que la índole finalmente ilegitima de ese berrinche que manifiesta a las claras la endeblez de una vía democrática a la dictadura en que el castrismo está viendo prolongada su agonía. Resulta infantil –que es lo último en la perspectiva política—la imagen de un  Presidente dramatizando su protesta contra los legisladores en demanda de una solución que le permita liquidar el modelo atribuyéndose su control en términos vitalicios, pero sobre todo desconsolador contemplar la utilización demagógica del populismo llevada al extremo paroxístico de esa imagen ridícula. Es casi imposible tragarse la pantomima de un ayuno que, por supuesto, a nadie se le puede pasar por la cabeza que se plantee siquiera llegar más allá de la simulación, pero su mero planteamiento constituye un insulto a la razón democrática.

 

Lo de menos ahora es si el censo de Bolivia está amañado –¿por qué si no el Gobierno se resiste a revisarlo?—o si el medio país que se opone a la huida hacia delante del indigenismo defiende privilegios a socaire de la Ley. Es la propia idea de la huelga del Presidente contra las Cámaras lo que resulta intolerable porque rompe en pedazos la unidad constitucional tratando de imponer –con esa teatralizada coreografía de violencia pasiva—la voluntad realenga de un mandatario. No se trata de descubrir el designio totalitario de este tipo de regímenes, que eso está fuera de dudas, sino de señalar la curiosa mezcolanza de la liturgia “revolucionaria” con la apelación teórica a la legitimidad del orden constituido que, precisamente, se pretende vulnerar desde fuera. La autocracia degenera en panteón, en cuartel o en circo. Lo que está ocurriendo en Hispanoamérica es la mejor constatación de de este axioma de tres patas.

Política y realidad

Escuche usted a un político referirse a la política de menores de la Junta, a la aplicación –lastimosa y truquista—de la ley de Dependencia, al problema de las drogas o al drama del acoso escolar. Le dirán vaguedades, le hablarán del sexo de los ángeles. Y luego pregunte al Defensor del Pueblo y oirán esto: “En menores no podemos demorar las soluciones trece años”, “hay mucha gente que muerto esperando la aplicación de la ley de Dependencia”, “en el acoso escolar hay que tomar ediciones fuertes contra los verdugos”. La verdad por delante, la simple realidad, contrastando con el cameleo de los responsables. Hace falta más administración  y menos política.