Razón retorcida

Hace bien Chaves renunciando a recurrir al TC el pleito contra los periodistas de El Mundo que, entre otras cosas, sabe que le resultaría casi imposible ganar. Y hace el ridículo tratando de retorcer las razones de la sentencia que desestima sus pretensiones y absuelve a los querellados, hasta hacerla decir lo que no dice. Lo que ha quedado claro es que aún queda un resquicio por el que el derecho a la información y nuestra libertad de informar puede tomar oxígeno, lo cual no era nada predecible en esta región dominada en todos sus niveles por la trama del “régimen”. Que se calle ahora, pues. Ha perdido y eso es todo. Demasiadas veces le habían salido las cosas mejor de la cuenta.

Qué espectáculo

Astilleros ya no será un astillero, no sé si se entiende, pero eso es lo que ha dicho el gestor de la Junta que va a cobrar lo que no está en los escritos por esa solución, que desde el PSOE se insiste en que no es un cierre. Andan tomándole el pelo a los trabajadores desde el principio, enfrentándolos a otros, desviando su atención, para, al final, ponerlos ante los hechos consumados, ya veremos con qué consideraciones. Y lo malo es que la Junta, el partido, los sindicatos, la patronal, todos lo sabían desde el principio aunque hayan estado enredando con la “hoja de ruta” y demás pamplinas. Al administrador le ha tocado el gordo, eso sí. Los demás, ya se irán aviando como puedan.

Celestina en la web

Una moda arrasadora, tan vieja como el mundo, anda llenado la Red de ofertas de vírgenes al mejor postor. La propuesta estriba en la venta de la virginidad mediante subasta y su éxito está siendo arrollador a juzgar por la multitud de imbéciles exquisitos que a ellas concurren ofreciendo desde cantidades modestas, como los trece o veinte mil euros conseguidos por sendas postulantes en Londres o Ecuador, hasta los 3’8 millones de dólares que un  caprichoso australiano habría apoquinado a una joven estudiante que, como todas en su caso, asegura que se alquila para poder pagarse los estudios. La colaboración entre el sensacionalismo, la propia Red y los burdeles de nota se está demostrando eficacísima a la hora de perpetrar estas  miserias contra las que en vano se invoca el carácter depredador de la sociedad capitalista o la libertad del cuerpo, que no hay por qué negarle a nadie, desde luego. Miles de obsesos concurren a esas subastas en cada ocasión y ni que decir tiene que los ingresos de la “étoile filante” no acaban en el sobre del desvirgador sino que se prolongan en los basureros del “reality show”, cuando no en ofertas recibidas desde las editoriales o la industria del cine. La inmemorial marca de la hembra, surgida en el primitivo mercado exogámico, he aquí que pasa a convertirse en una reivindicación de la libertad femenina que ni siquiera cuenta ya con la excusa del engaño de la madre Celestina. Pero uno se pregunta más por ellos que por ellas, más por el oscuro complejo de violador que evidentemente subyace en esa fantasía masculina, que por el uso oportunista que esas desinhibidas hagan de su cuerpo serrano. Mucho me temo que, de seguir el negocio viento en popa, pronto tendrá abarrotada su covacha la vieja remendadora de virgos.

 

A esos necios pervertidos habría que recordarles aquello que decía Voltaire sobre la ingenuidad supersticiosa que veía en la virginidad una virtud, ya que no la grosería de Ramón Gómez de la Serna al compararla a una lata de sardinas. Pero más allá de cualquier consideración, la verdad es que esto da asco, y que habrá que irse haciendo a la idea de que la revolución cibernética, que está suponiendo una profunda revolución en tantos aspectos de la vida, comporta también un incontrolable grado de envilecimiento. Bien mirado, venderse como virgen no es una novedad sino una tradición, pero no cabe duda de que, vigente u obsoleta, la clásica marca de la integridad se degrada sin remedio en el expositor del mercado. Tan lógico me parece defender la libertad de disposición del cuerpo como plantarse frente a la idea de convertirlo en pura mercancía en la feria de los degenerados.

No querer ver

El PSOE y la patronal de Huelva coinciden en respaldar sin condiciones al alcalde de Punta Umbría cuyo negocio habría visto triplicada la ayuda de la Junta superando con mucho a la concedida al propio pueblo y alegan, ambos, la legalidad formal de esas ayudas, sin atender a la evidencia clamorosa que sugiere un trato de favor. Sería muy conveniente, en todo caso, revisar a fondo el negocio de la Formación Profesional, la administración de esos dineros públicos que lo mismo van a manos de los “agentes sociales” que de los amigos políticos. Repasar los nombres y razones sociales beneficiarias, por ejemplo, quizá fuera ya un ejercicio de sobra ilustrativo.

Greña sindical

Los dos grandes sindicatos, CCOO y UGT, no irán juntos ni revueltos en la manifestación del 17-F, en defensa de la industria. Siguen a la greña, como siempre, y desmarcándose el uno del otro en cada ocasión, hasta el extremo de tratar de boicotear las acciones respectivas en las propias fábricas. Mal camino, aunque se comprende que en ese pleito no pesan sólo las razones sindicales sino las partidistas que están tras ellas. Ahí los tienen callados mientras la Junta da luz verde al desmontaje de Astilleros y el paro se hace insoportable en la provincia. Que no será, lamentablemente, lo peor que tengamos que verles hacer.

Cerrojazo a astilleros

¿Ven cómo cuanto les decíamos aquí sobre la dobles de los predicadores del PSOE y sus intenciones de cerrar Astilleros era verdad? Ahí los tienen ya, olvidados los días soleados de los mítines en la factoría, hablando de buscar “escenarios no traumáticos” una vez que la factoría se cierre y sus trabajadores se queden al relente. Todo era cuento: la “hoja de ruta”, las promesas, las protestas de solidaridad. La Junta y su partido apostaron siempre por el cierre de Huelva con tal de salvar el Astillero sevillano. Ante el silencio de todos, incluidos esos ‘agentes sociales’ que han llevado el palio en esta procesión.