Más decepciones

No me esperaba –como más de uno—a Griñán rotulando de “extremistas” a los adversarios. Ese recurso bolche, ciertamente, aparte de que es reversible, no aporta nada al buen entendimiento entre los ciudadanos, pero se ve que, tristemente, Griñán se ha doblegado a no tardar a la estrategia maniquea de su partido que hace tiempo se apuntó a dividir a los ciudadanos en dos bandos suicidas. ¿Qué es eso de la “derecha extrema” aplicado al rival quizá porque, por vez primera, lo adelante en las previsiones electorales? Algo en lo que ni hubiéramos reparado en boca de muchos de sus predecesores, rechina viniendo de un personaje al que temo que se la haya concedido, de entrada, bastante más que el beneficio de la duda.

Beturia

El debatillo a propósito de si Beturia será declarada Parque Nacional o no, puede que encubra algo más que un malentendido. De hecho, la consejera dijo lo que dijo, o sea que sí, y el jefe provincial lo contrario, o sea que no, sin que, a estas alturas, nada supongan sus autodesmentidos. ¿Se cuartea el PSOE onubense en facciones enfrentadas que ya no se resignan a permanecer bajo la manta, refleja este incidente algo más que un malentendido? Es probable, sobre todo en la perspectiva de unas municipales por las que nadie da un duro en el partido, sobre todo en la capital, y en las que los “nuevos” podrían aprovechar para quitarse de en medio a algunos/as “históricos/as”. No sé si me explico pero verán como el tiempo —breve plazo—lo va aclarando todo.

La crisis ecológica

En diversas regiones españolas se ha observado en los últimos tiempos una recuperación inusitada de la fauna. Los labradores se quejan del progreso de la piara jabalí que anda devorando en ciernes sus cultivos, los ganaderos del auge de la manada lobuna que crece en proporción exponencial y destroza sus rebaños, otros labriegos protestan porque los ciervos, envalentonados por su número creciente, invaden sus sembrados zampándose desde los brotes tiernos hasta los plantones jóvenes y ramoneando los ya agarrados. Están de enhorabuena los jauleros y furtivos, los unos a causa del incremento de las piezas, los otros porque no sólo tienen el gazapo en la puerta del alfoz, sino debido a que parece que la autoridad, que tiene su coranzoncito aunque lo disimule, hace la vista gorda ante una actividad que hoy bien puede ser considerada de subsistencia. Los que van de cráneo son los dueños de cotos, los cortijeros marchantes en monterías y los señoritos venidos a menos que organizan ojeos en sus pagos a tanto la pieza para que ejecutivos yanquis y jubilatas europeos vengan a satisfacer deportivamente su instinto de muerte acribillando perdices pero dando de comer a muchas cuadrillas. Hasta el ministerio que antes de esta revolución monoparental  se llamaba de Agricultura, ha llegado un sordo rumor en demanda de medidas que contribuyan a salvar una industria de la que vive una multitud. O sea, que va a resultar que la crisis es ecológica en la medida en que está logrando, sin más arma que la depresión económica y aunque sea a costa del reino humano, la recuperación del reino animal. Vean lo raro que este Sistema: se desinfla la Bolsa en Nueva York y proliferan los conejos en sus madrigueras, prospera el negocio mundial y le cae la del tigre a las especies salvadas en el Arca. Nunca se me habría ocurrido que la redención del zorro y la suerte del muflón acabarían dependiendo del ‘Ibex 35’ o del ‘Índice Nikkei’.

 

Pero así es y me dice un amigo economista que en ello hay que ver la mejor prueba de la interdependencia de los factores económicos y sociales, base tanta veces olvidada de la virtualidad de una lonja universal para la que el mito hodierno del “efecto mariposa” parece confirmado cada vez que se le pone a prueba. Nunca llueve a gusto de todos, como es de sobra sabido, de manera que lo que alegra la pajarilla al conservacionismo atribula a la economía y lo que a ésta beneficia perjudica al medio, o al menos eso pensaría el zoo sin el zoo pudiera pensar. La Madre Naturaleza es muy suya, la jodía. Reflexione sobre ello cada vez que se coma un conejo, con perdón, o vea sus impuestos destinados al lince.

El congreso de Pepe

Pies de plomo en el PSOE a la hora de organizar el Congreso Extraordinario. Para empezar, tras un  lema banal, no se oculta que la operación es personal e intransferible ya que no se trata de otra cosa que de provocar el relevo de Chaves por Griñán. Por eso hablan de “el congreso de Pepe” y por eso han sentado de antemano que no habrá más listas que las del “aparato”, de modo que las eventuales alternativas pasan al congelador junto con cualquier pretensión de democracia interna. Con las cosas de comer no se juega: doctrina Chaves. A veces Dios castiga sin palo ni piedra.

Pelotazos en plena crisis

Llevan razón los sindicatos cuando critican el sueldazo incomprensible del gestor que la Junta y el PSOE han opuesto al frente de unos Astilleros que, no les quepa duda, van a ser cerrados como tales para mantener abiertos los sevillanos. Esa polémica de los pelotazos de los ejecutivos está planteada en todo el mundo, pero a mí que alguien me demuestre que resulta imprescindible pagar esa fortuna a un gestor como si fuera único. ¿Por qué lo apoyan tanto sus mentores, será porque esperan de él facilidades para sus planes políticos partidistas? En cualquier caso es un abuso hablar de esas cifras que nada justifica, fuera de la garantía de sumisión al poder que designa y cesa.

El espejo cóncavo

Boadella ha estrenado en Sevilla su nuevo montaje, “Omega-G”, un ‘esperpento’ con todas las de la ley de este Valle-Inclán hodierno. Ha cambiado la cejilla, Boadella, para adaptar la comicidad de su clásico sarcasmo a la ‘materia trágica’, como decían nuestros preceptistas, y hay que decir que ni le ha temblado el pulso ni le falló la nueva falseta. El ‘esperpento’ funciona extremando la realidad, exponiéndola en su condición hiperbólica, para que el efecto sobre la conciencia, como el del reflujo de una marea sentimental, acabe conciliando cuerdamente el vitriolo y la compasión, la risa y el llanto. Los viejos, por ejemplo, y noten que renuncio a la ‘corrección’ de decir ancianos, no serán plenamente visibles mientras no se les muestre desnudos en su desmesurada desdicha de manera que su suerte nos alcance amenazadora hasta ponernos de su parte, que es lo que logra el espectáculo de Boadella. Insisto en que nunca estuvo más cerca de Valle este dramaturgo insobornable que ha desvelado ya tantos retratos de la realidad española, pero quizá nunca con el compromiso moral que implica este radical desafío a las bondades convencionales: la vejez es una catástrofe, una tragedia anunciada e inevitable, frente a la que la lógica social arbitra paliativos y cataplasmas sin la menor relación con la piedad verdadera. Sarcasmo y humor, guasa y miserabilismo, mezclados con mano maestra en la coctelera de los tópicos sobre los que se desliza el psiquismo colectivo. Conmueve y divierte la función de Boadella como un eco puesto al día de las “ternuras secretas” que se atribuyen a las viejas ‘divinas palabras’. Insisto en que Boadella es el Valle-Inclán actual y su dramaturgia una reinvención de aquella fuerza de la naturaleza que mostró en bragas a una España declinante.

 

Se ha sostenido –Maravall, por ejemplo—que nuestro teatro clásico fue un aparato de propaganda, un instrumento plenamente consciente al servicio de la monarquía señorial-feudal, para la que trabajaba procurando la ‘integración’ colectiva en el sistema de valores que la mantenían vigorosa. Valle o Boadella –no me preocupa repetir el parangón—hacen lo propio pero invirtiendo el transparente de manera que el tragicómico envés de la realidad social se recomponga a la vista de todos rescatado del espejo cóncavo, unos viejos decrépitos perdidos en sus sueños y extraviados en un entorno desdeñoso, una instantánea del destino captada por un fotomatón implacable y compasivo. Música y lágrimas. El teatro no merecería la pena si no estallara de vez en cuando en esta pirotecnia deliciosa que divierte hasta la hilaridad al tiempo que, con mano de hierro, nos anuda la garganta.