Mala matraca

Mala matraca ha elegido el PP para oponerse al PSOE en Andalucía durante esta nueva etapa. El propio Rajoy pedía ante la Interparlamentaria reunida en Sevilla, elecciones adelantadas y proponía la comparación del relevo ocurrido en Andalucía con una eventual sustitución de Zapatero por Solbes que carece absolutamente de sentido. No se irá a ninguna parte por esa trocha –e imagino que ellos mismos lo saben—mientras que la ausencia de una oposición realista y con contenido sigue brillando por su ausencia, lo que no deja de ser una ventaja para Griñán. Es posible que cuando por fin decidan entenderlo sea demasiado tarde para ellos.

El buen oficio

El buen oficio y la imaginación acaban siempre por ganar. Ahí tienen, repetimos, el exitazo de José Luis Ruiz con sus ‘Latitudes 21’, la espléndida muestra fotográfica a la que se han acercado, para ver de cerca, 36.000 onubenses. Supongo que pocos daban un duro por ella cuando se concibió, como pocos apostaban en serio por nuestro Festival de Cine cuando se le ocurrió proponerlo al mismo José Luis Ruiz, un personaje fundamental de la cultura onubense y, en consecuencia, injustamente tratado por tirios y troyanos. Ahí está su obra, en todo caso, dos muestras de primer nivel para una ciudad culturalmente más que abandonada. Yo creo que felicitarlo a él es, de algún modo, felicitarnos todos.

El desafío pirata

Los piratas somalíes que tienen aterrorizado el tráfico marítimo en sus aguas han cometido el error imperdonable –desafiar a los EEUU—y los EEUU han contestado, como ellos suelen, con una severa reacción que no excluye una primera guerrita de el era Obama contra las bases piratas en aquel país. La contundente acción llevada a cabo por la marina para liberar al capitán capturado (abatidos los tres piratas a la voz de ¡ya!) ha sido, por supuesto, una demostración de la reconocida voluntad americana de no permitir ataques de ninguna especie contra su país, pero también un aviso a los navegantes para que no le tomen a Obama el número equivocado. El fantasma de Al-Qaeda en la zona y la gravedad creciente de la actividad bucanera –“una criminalidad del siglo XVII enfrentada a los medios del siglo XXI”, según  Hillary Clinton—han hecho ver de pronto y sin ambages que la posibilidad de una intervención militar yanqui no ha de tomarse a título de inventario sino como una opción más que plausible: si hay algo que no se discute en esos EEUU es el derecho a la seguridad de su nación, y la guerra, incluso la preventiva, es un instrumento que nadie cuestiona por aquellos lares cuando ese derecho es amenazado. El error de cálculo de los piratas puede acabar saliéndole por un pico no sólo a ellos sino a la expectativa de paz introducida por el flamante Presidente en su proyecto pacificador.

 

No era lo mismo, a la vista está, abordar barcos españoles o griegos que desafiar al Imperio. Por esas aguas transitan a diario no sólo una enorme cantidad del petróleo que consume el mundo sino los innumerables productos que mueve el comercio entre Oriente y Occidente, lo que constituye una razón añadida al principio de intangibilidad del derecho americano que por sí mismo justifica, para ellos, la intervención armada. El problema es que, por más que nadie va a oponerse previsiblemente a una acción expeditiva de esa naturaleza si continúa la acción de los piratas, una invasión en regla de las bases que en tierra tienen los mismos, no dejaría de ser un mal paso en el proyecto de paz de que se espera de la nueva era. Puede, pues, que el principio del fin de la intervención en Irak se vea ensombrecida por una primera guerra del mandato de Obama que, eso sí, contaría con pleno apoyo, de momento, dentro y fuera de su propio país. Los del XVII, en efecto, tenían buen cuidado de no asaltar barcos según qué banderas, incluso si contaban con el apoyo oculto o explícito de alguna armada real. Estos chiflados no han tenido en cuenta esa ley del mar escrita sobre el agua pero observada con rigor en todo tiempo. Puede que lo paguen caro. Lo que no sabemos es cuánto habrán o habremos de pagar los justos por esos pecadores.

Mala memoria histórica

Gran jaleo a costa del cambio de rótulo en una calle sevillana, la del General Merry que en adelante se llamará de Pilar Bardem. Un fascista por una roja, así, manita a manita, no más que para perpetuar el gesto cainita de las “dos Españas”. Con el agravante de la mala memoria. Porque ese General Merry que ahora apean de la calle no es quien parece que cree todo el mundo – es decir, el capitán general Merry Gordon–, sino su padre, el general de brigada Francisco Merry Ponce de León, como puede comprobar cualquiera, incluso un concejal o un memorioso, en el municipal “Diccionario Histórico de las Calles de Sevilla”. Una confusión generalizada que da una idea de la precariedad de estas memorias banderizas.

¿Una nueva izquierda?

En la necesidad de crearla parece creen, en efecto, la disidencia de Izquierda Unida, que ayer mismo se reunió en Bollullos (el pueblo del coordinador general, Diego Valderas, ojo) con la intención de refundar la coalición. No sé, un poco tarde me parece a mí, que llega esa iniciativa, porque IU anda ya a los pies de los caballos (en las próximas elecciones europeas puede quedar definitivamente postergada) cuando no despepitada a las puertas del PSOE que, todo hay que decirlo, se vende caro, aparte un par de mascarones de proa. Lo que sea, sonará, pero ni siquiera creo que entren en ese proyecto personajes de algún fuste.

El sueño de Faraón

Nos cuenta Tamames en las “Charlas de El Mundo” sevillanas su visión de la crisis, o mejor, su teoría de que la crisis, las crisis, son un elemento más del Sistema, algo que pertenece a la fisiología de éste, y que es tan viejo como el hecho económico. Recuerda el Génesis: el sueño de Faraón. José le explica a Faraón que las siete vacas gordas y las siete vacas flacas son una alegoría de la inevitabilidad de la crisis y que el sueño no es sino un prudente aviso para que se adopten medidas mientras sea tiempo de adoptarlas: ése es el consejo dado por José de guardar en la bonanza el quinto del cereal y almacenarlo para cuando apriete la canina. Pero los hombres no aprenden. ¿No perdió Newton una fortuna apostando en una “burbuja” de su tiempo? Tamames dice que lo grave que nos ocurre es que no hay un diagnóstico correcto, que avanzamos a tientas, quizá a trancas y barrancas, copiando de aquí y de allá providencias menores pero sin querer entrar en el fondo de las reformas imprescindibles ni aceptar la responsabilidad generalizada en la gestación de una catástrofe que en USA, por ejemplo, embarga ya tres billones de dólares, esto es, un 25 por ciento de aquel enorme PIB. Aparte de que ni siquiera se opta por informar al personal, como hiciera Roosevelt, cuando su crujía, y se cierran los ojos hasta el punto de ignorarse, a estas alturas, cual es el volumen real de los llamados “activos tóxicos”, que sería el primer dato exigible antes de haber echado la mano a la cartera. Y ello supone que habrá que meter la cuchilla y hacer cambios estructurales –diseñar un modelo nuevo, flexibilizar el mercado de trabajo, reducir la abrumadora fiscalidad…– si se quiere que la larga resaca no lo sea aún más.

 

Nos ha faltado hasta ahora un José y cuando desde el Banco de España se ha alzado la voz de alarma lo han puesto de chupa de dómine desde el Gobierno a los sindicatos que, por lo visto, prefieren la inopia de la ciudad alegre y confiada al desgaste que pueden suponerle los imprescindibles rigores. Tamames cree que, después de todo, no será para tanto, que saldremos de ésta como hemos salido de ocho o diez tiempos atrás, que volverán las oscuras golondrinas a colgar de nuestros balcones los nidos de futuros negocios y tropelías. Que no cunda el pánico, pero que se diga la verdad. Y sobre todo, que se actúe, que no se limiten a mirar con los gemelos al revés, que se acuerden de la discreción con que José aconsejó actuar cuando aún era tiempo en previsión de los tiempos malos. Vascas gordas y vacas flacas habrá siempre: son condición del Sistema. El toque está en no esperar a que, una vez devoradas entre ellas, nos devoren también a nosotros.