Política y ‘business’

Todos los conocemos. Los vimos llegar tiesos como mojamas, montarse en el coche oficial e irse luego a enriquecerse en sus exclusivos chiringuitos de influencias. ¿Por qué los políticos no íbamos a tener derecho a seguir un modelo de ‘business’ tras dejar nuestros cargos?, se preguntaba hace un mes en ‘Times’ el expremier británico Tony Blair. Hombre, se le ocurren a uno muchas razones, sobre todo si como en su caso, lo vemos ganar, en apenas tres años, 17 millones de euros, parapetado tras varias sociedades-fantama, “asesorando” a bancos como el JP Morgan o a aseguradoras como la Zurich Financial Service, aparte de “aconsejar” a varias compañías privadas incluidos dos fondos de inversión, uno en Kuway y otro en Abu Dhabi, a pesar de ser el enviado especial del “Cuarteto” en Oriente Medio.  Nada puede objetarse al plan del político de reconvertirse en negociante, con la condición, claro está, de que lo que venda sea realmente el producto de sus capacidades y no el efecto de unas influyentes relaciones capaces de “abrir las puertas” mejor custodiadas del Poder. ¡Claro que nada puede oponerse –al revés—a que un antiguo prócer ofrezca al Mercado su talento! Lo que ya no está tan claro es que deba ser lícito –más allá de esas ridículas e ineficaces puertas al campo que imponen las leyes de incompatibilidad—que en democracia se practique ese “tráfico blanco” de influencias que lo mismo consigue una recalificación urbanística del alcalde amiguete o del partido connivente, que logra aplazar una ley o apresurar la contraria. Claro que estos líderes trajinantes no han inventado nada que no supieran ya hace dos milenios César o Craso. Tan cierto es que la política es un negocio como que el negocio siempre tuvo demasiado que ver con la política.

 

Los ingleses han revivido el enfado por lo de Irak a propósito de la comparecencia de Blair ante la comisión que investiga aquella trágica locura, no para que explique por qué embarcó al país en una guerra, sino para ver cómo justifica un enriquecimiento tan súbito. ¡Anda que si aquí se hiciera desfilar por la pasarela a los conseguidores y nos fuera posible atisbar por un momento sus cofres secretos! Mirando hacia tras sin ira, empieza uno a comprender a Juan Guerra cuando dijo en la tele que su gran pecado era haber salido de la pobreza procediendo de la nada. ¿Cuántos Juanesguerra ofrecen hoy sus prohibitivos servicios a este país tan especulador? Ninguno de ellos podría comprender la severidad que supieron aplicarse a sí mismo un Pi y Margall o un Pertini. ‘Monipodio’ no es un invento de Cervantes sino un invariante político que hoy vive su mejor momento.

Facturas a la sombra

La Junta de Andalucía, a través de su departamento de Salud, va a informar en adelante a los usuarios de los hospitales del SAS de lo que han costado su estancia y tratamiento. ¡Para que se enteren! Que uno haya pagado durante toda una vida laboral su seguro público le importa un rábano a esta tropa que, a buen seguro, no exhibirá ni loca las cifras de lo que se gasta en sueldos suntuarios, costoso parque móvil, publicidades comecocos o subvenciones a deudos, amigos y demás parientes y afectos. A quien se le haya ocurrido esa insultante bufonada y a quien la haya consentido habría que exigirle la misma transparencia con sus cuentas propias.

Nada de AVE

Que no, que no tragan. Que el AVE no llegará a Huelva mientras la capital siga siendo un bastión inconquistable ante el que han fracasado cuatro veces los candidatos del PSOE. ¡Enseguida va a tolerar éste que, con las municipales a un tiro de piedra y con todas las previsiones en contra, “su Gobierno” cumpla sus promesas en Huelva! Este es uno de los casos de informalidad política y de deslealtad cívica más clamorosos que se recuerdan en nuestra tierra, un solar donde, a lo que no beneficie al PSOE –desde el AVE a Astilleros pasando por el récord de parados–,  ni agua. La nueva desvergüenza es una pandillera patada en el trasero a una ciudad que, libremente, no vota lo que conviene al partido en el Gobierno.

Una imagen arcaica

Va a causar sensación el libro del postulador de la causa de beatificación del papa Wojtila, Slawomir Oder, que sale estos días al público y anda ya disponible en Internet. Son revelaciones formuladas con la intención  más favorable, como es natural, pero que escuchados fuera resuenan extrañamente en los oídos del ciudadano actual incluido, probablemente, el de profesión católica, porque, al margen de que ahora resulta que el torturado pontífice había dispuesto renunciar en caso de graves dificultades físicas (¿quiénes y por qué decidieron, entonces, arrastrarlo penosamente hasta el final?), lo que el postulador cuenta es que el papa se mortificaba de manera habitual por los procedimientos más arcaicos, desde el autocastigo corporal a base de azotes a la tortura de dormir desnudo en el suelo frío noches enteras. No se cuestiona el criterio personal de un creyente como él –por más que su ejemplo no es el de cualquiera– sino la rareza que supone ver confirmada en sus propios actos aquella fórmula que definía a Wojtila como “un papa de la Edad Media con televisión”. Sé bien que sigue habiendo partidarios de la estricta disciplina y convencidos de que el testimonio cristiano pasa por el sufrimiento o la negación de la naturaleza, pero también que en amplios sectores de los creyentes actuales hace tiempo que esa imagen de la santificación fue superada por la evidencia de que su primitivismo poco o nada tiene que ver con el mensaje evangélico. Esos ayes de dolor que cuentan que se oían en la noche vaticana y esa sangre derramada no me parecen discutibles frente a la libertad personal del personaje, pero estoy convencido de que, en la perspectiva de una religión abrumada por los efectos secularizadores de un mundo que se le escapa, la flagelación y demás medios de autotortura tienen poco que hacer. Wojtila fue un santo inactual disfrazado de moderno. Me parece que las revelaciones de su postulador van a permitirnos la explicación de muchas cosas.

 

Comentando un día con un misionero amigo mi recuerdo infantil de los cilicios de mi madre –unos armadillos de tela basta con lacerantes púas metálicas–, se limitó a señalarme un pasaje de Leon- Dufour que alertaba sobre las consecuencias sobre el ideal de santidad que implicaba la diferencia teológica entre “cuerpo” y “carne” que el apóstol Pablo introdujo frente al arcaísmo que imponía su confusión. Mi amigo, que pasa su vida en una comunidad en condiciones infrahumanas, bastante cilicio tenía con bregar entre las chabolas. Dudo que estos santos desconocidos se flagelen o pasen penitentemente sus breves noches en vela.

El pobre Toscano

Al popular alcalde de Dos Hermanas, Francisco Toscano, se la han colado doblada desde su partido al obligarlo a tragar con el ignominioso paripé de reconvocar a la Federación Andaluza de Municipios y Provincias (FAMP) para dar marcha atrás y decir Diego donde dijeron digo, rechazando los proyectos de ley de autonomía municipal de la Junta, los propios alcaldes del PSOE. Un trágala amargo y degradante que disminuye su figura hasta dejar clara la inutilidad de una institución sometida sin remedio a los intereses o al capricho de la mayoría en el Poder. Toscano ha quedado en evidencia para cubrir a Pizarro. El partido manda y cartuchos al cañón.

El cuento del alfajor

Otra vez con el cuento de que las perspectivas son excelentes pero que no nos pueden decir en qué consisten. Le toca ahora a la directora del Parque Científico y Tecnológico de Huelva, quien acaba de asegurar que hay una barbaridad de empresas interesadas por entrar en ese Parque pero que no puede citarlas, no se entiende por qué. Ojalá no pase como en tantas ocasiones en que la Junta prometió la llegada de un ‘Godot’ que nunca acabaría de llegar, dejando que el tiempo disolviera la expectación y se olvidara la promesa. ¿Qué inconveniente habría en publicar los nombres de las empresas interesadas? ¿Será que no lo están tanto? Lamentablemente esta historia suena una vez más al cuento del alfajor.