Comunismo a tiempo parcial

Los responsables onubenses de IU, y señaladamente los coordinadores regional y local, Diego Valderas y Pedro Jiménez, son comunistas a tiempo parcial. Por ejemplo, lo son para combatir junto al PSOE al gobierno municipal de la capital, zancadilleado incluso a la hora de buscar en la privatización relativa del servicio de abastecimiento de agua para salvar la insalvable crisis de la economía municipal. Pero son todo lo contrario, cuando el que propone la denostada “privatización” es un alcalde propio, como el de Hinojos. Una de cal y otra de arena, una vela a Dios y otra al diablo. Bien pensado a ver qué puede hacer esta tropa que no conoce otro oficio que el de pastelear en la política.

Otros muros

Una inmensa barrera se está construyendo en Estados Unidos desde California a Texas. Más de mil kilómetros de muralla frente a un desierto temeroso sobre el que cada año se encuentran 300 cadáveres de inmigrantes que, como en las estampas clásicas, sucumbieron víctimas de la sed y la desesperación. Placas de metal de tres metros y medio dotadas de chivatos de última tecnología están siendo dispuestas sobre un territorio desolado por el que merodean aguardando su oportunidad los “coyotes” mexicanos, siempre bajo la amenaza directa de las patrullas y el ojo implacable de los satélites espías. La idea surgió tras el 11-S, cuando la tragedia famosa permitió unir al viejo proyecto aislacionista el fantasma de los nuevos terrores, pero no parece que, a pesar de su prohibitivo coste (se habla de más de 80.000 millones de dólares) vaya a terminarse antes de 2017, aparte de que ya empieza a dudarse de su eficacia ante la evidencia aplastante que aportan las mil trescientas violaciones registradas durante al año pasado a pesar de unos sofisticados dispositivos de vigilancia y control que saltan con frecuencia confundidos por el temblor de una hoja de árbol o el paso cauteloso de un animal. La gran patria de la libertad, la tierra de promisión por excelencia se blinda ante la invasión de una mano de obra dispuesta a todo que resulta especialmente inquietante en la dura circunstancia en que la crisis ha sumido al empleo nacional. En Padua vi alguna vez otro muro canalla cercando el gueto inmigrante, como en Ceuta o en Melilla hemos visto rechazar con contundencia la incesante ola provocada por el maraje de la pobreza africana. Los paraísos, reales o imaginarios, no quieren saber nada de valla hacia afuera por más discursos con que disimulen su autismo egoísta. Hay que ver con qué facilidad olvidan los pueblos inmigrantes que lo han sido alguna vez.

 

El Muro berlinés ha ocultado durante demasiado tiempo que, cada cual a su turno, quizá no haya país que no esté dispuesto a levantar en su momento el propio, como un símbolo clamoroso de la insolidaridad o una imagen ilusoria de la autarquía. Sólo que un muro delante de un desierto –o de un mar—constituye una hiriente redundancia, un gesto excesivo de aislamiento sólo explicables por el miedo al Otro sagazmente explotado, un monumento –hay que imaginar éste que va de California a Texas, de San Diego a Brownsville, erizado de alambres y sensores—a la firme determinación e vivir de espaldas o frente a los demás. No está mal para tratarse de una nación contrahecha de pioneros llegados de cien países antier como quien dice. Esos cadáveres esparcidos por el desierto –casi uno diario—son como una protesta coral que los antiguos inmigrantes ya no pueden comprender siquiera.

Brindis al sol

No se les puede pedir a los políticos de partido que tiren piedras contra su propio tejado, pero por la misma razón sería discreto por parte de ellos reducir el empleo del farol a los casos imprescindibles. Que el presidente Griñán diga que va a llevar al “Gobierno amigo”    , es decir al mismísimo ZP, ante los tribunales, si no se alcanza un acuerdo –¿y el que ya existe, qué pasó con él?—sobre el pago real de la llamada “deuda histórica” que Madrid ha zanjado encasquetándonos a precio de mercado una serie de solares de propiedad estatal, constituye una tomadura de pelo, al menos para los despistados que todavía puedan creer en la autonomía real de la Junta frente a su partido. No está bien jugar con la opinión pública. Eso puede que le pegue a muchos, pero no tanto al Griñán en quien tantas esperanzas se depositaron.

Aumenta el paro

No hay quien detenga la caída del empleo, al menos con los brazos cruzados. Los datos del paro registrados correspondientes al mes de febrero no son de lo peor para nuestra provincia que, en números absolutos, es la que menos puestos de trabajo ha perdido, a pesar de lo cual 563 nuevos parados pasaron el mes pasado a engrosar las dramáticas listas. El paro se ralentiza, como es natural, porque la masa laboral ya está más que reducida, pero aún así esa cifra significa que diariamente se han quedado sin trabajo otros 20 onubenses. Que les cuenten a ellos y sus familias que vamos mejorando, que se lo cuenten a ellos.

Divinas panaderas

El mundillo conventual francés anda revolucionado por la irrupción en el hasta ahora exclusivo mercado de las hostias de una concurrencia feroz. Hay monasterios dedicados a la confección de esas sagradas formas que ven reducirse las demandas de manera imparable, a causa sobre todo, según parece, de la concurrencia ejercida por los artífices polacos, no necesariamente religiosos, que han logrado abaratar sustancialmente el producto hasta poner en peligro la supervivencia monacal. En Francia se calcula que hay 35 monasterios que vienen fabricando anualmente 140 millones de hostias, sin contar con que otros 30 al menos viven de comercializarlas en un mercado cada día más complejo, que ha de contar con el efecto de la secularización sobre una población católica que ve disminuir a paso rápido el número de fieles practicantes. Sólo un ocho por ciento de esa población del país cumple con el precepto dominical, por ejemplo, lo que implica, como es natural, que los llamados índices de frecuentación sacramental hayan disminuido a su vez sensiblemente, un fenómeno que me consta que en España ha corrido parejo con la industrialización, tal como predijeran los fenomenólogos, y en especial Thomas Luckmann y Peter Berger. Frailes y monjas no saben qué hacer y hasta le dan vueltas ya a la idea de dedicarse a otros menesteres más prosaicos, cosa que no ha de resultarles demasiado difícil habida cuenta de que hace tiempo que las compañías capitalistas descubrieron el chollo laboral que le ofrecían las clausuras, en algunas de las cuales, aparte de las tradicionales labores de lavado y reparación de la lencería hotelera,  se llevan ahora también, religiosamente, y nunca mejor dicho, la contabilidad de ciertas tarjetas de créditos con las que sólo Dios sabrá qué habrán pagado sus dueños. Todo un signo de los tiempos esa crisis de la divina panadería que no es, en definitiva, más que otra consecuencia de la imparable desacralización del mundo. Max Weber era todavía un optimista. El tiempo se ha deslizado vertiginosamente después de él.

 

No hay muros ni clausuras que impidan ya al ruido de los tiempos penetrar en el recinto de la vida contemplativa, lo cual contrasta, ciertamente, con la rigidez de ciertas posturas jerárquicas que parecen no querer enterarse de por dónde va la vera. La misma prohibición de utilizar hostias sin gluten, tan demandadas por los celíacos, se perfila en este horizonte como un gesto intransigente por no decir integrista, y más en estos tiempos de crisis de la industria monasterial. Hasta el lema benito de “ora et labora”  alcanza una contracción del consumo que no se detiene ya ni ante el obrador de las monjas. 

El loro insaciable

Aquí a todo exceso presupuestario se le aplica la vana muletilla de “chocolate del loro”. Lo que la Diputación de Sevilla –uno de los organismos más prescindibles y más gastosos de la autonomía—se va a pulir en consagrar en un retrato la memoria de un presidente al que nadie conoce (81.200 euros), es un ejemplo más de esa imparable sangría que no se corta siquiera ante el drama de la crisis. Y no me venga nadie con que es un caso aislado o un caso más, porque lo que ese disparate representa es todo un estilo político que no se ve el modo de arrancar en tanto el “régimen” se mantenga bien agarrado en esta Babia pródiga.