Al mal tiempo, mucha cara

La Junta está encantada, al parecer, con no tener “más” que 50.657 parados en la provincia, una cifra que supone un aumento del 17 por ciento respecto al año pasado, y en la que se incluyen los 717 nuevas víctimas caídas en enero: echen la cuenta diaria. Y frente a ello, junto con el Gobierno, insiste en negar a Huelva las inversiones en obra pública comprometidas, incumpliendo las promesas formales y dejando por el suelo al presidente Griñán que anunció que ayer mismo Blanco despejaría la incógnita del AVE. Frente al paro están a verlas venir, sin iniciativa alguna, entre otras cosas porque la tragedia no va con ellos, que tienen el sueldo asegurado. Quiten ustedes mil sueldos políticos de esta provincia y los veremos encabezar en la mani pancarta en mano.

El progreso culinario

Ante el cierre del mítico restaurante catalán El Bulli, mi amigo Antonio Burgos se ha lamentado de una pérdida tan irreparable, tras evocar los inventos de un viejo chirigotero en nada diferenciables de la pamplinología actual de los chefs. ¡No tiene ni idea, Burgos, de la hondura de la cuestión ni de la trascendencia de un negocio al que el Gobierno de España, desde su ministerio de Ciencia e Innovación, acaba de dedicarle todo un Real Decreto (BOE, 31/10/09) y, ya de paso, una subvención de 7 millones de euros 7, destinada a poner en marcha a un ‘Basque Culinary Center’ desde el que “una generación de cocineros de renombre internacional, pioneros de la alta cocina española” podrá “trasmitir su legado” a las generaciones del mañana. ¿Sabía usted acaso que la “alta cocina” “aúna una excelencia técnico-conceptual que se encuentra en el vértice de la pirámide creativa e integra el diseño sensorial y un proceso de elaboración de excelencia en cuanto a los procesos de elaboración basados en la calidad total”? ¡Pues entonces para qué habla, hombre de Dios! Es muy fácil caricaturizar a estos creadores de plato grande y ración minúscula, que emplean más nitrógeno que aceite de oliva en sus potingues, pero ya es hora –a ver si se enteran, de una vez, Burgos y tantos detractores—de cuánto tienen que ver los ‘bullis’ “en la formación e investigación, la innovación y la transferencia de conocimiento y tecnología”. ¡Vamos, hombre, tomarse a cachondeo esta profunda Ciencia de los fogones mientras el Gobierno le larga 1.166 millones de las antiguas pesetas a unos cuantos científicos de gorro blanco! No darse cuenta de que estamos a la cabeza del progreso es no querer ver lo que está a la vista, por más que desde el CSIC se quejen los otros sabios de que el Gobierno providente los trae como mojamas. He visto bajo ese Decreto la firma del Rey y me he quedado reinando yo mismo en qué se le puede haber pasado por la cabeza a la hora de echar el garabato.

 

Recordaba Burgos algunos de los platos imaginarios de Agustín el Chimenea que darían el pego total en cualquiera de esos chinringuitos elitistas: cañamón del mojamaque y petrolín de arabesco, aldafaina y casquete agropecuario con fondillo apipigarañado. Vean lo malo que es haber nacido demasiado pronto, cuando aún no podía imaginarse siquiera el grado de estupidez a que podría llegar la idiocia elitista y el mangoneo político. Daría un brazo por ver qué diría el escriba gubernamental frente a la cocina de subsistencia que, día tras día, se aliña en los abarrotados comedores de caridad. Ni Burgos ni el Rey tienen puñetera idea de lo que se cuece en España.

Pasta concertada

Algún sindicato no mayoritario, CSI-CSIF, vuelve a andar a la gresca con la estrategia de la “concertación social” que permite a la Junta –el Gobierno ha doblado su dádiva en unos pocos años—arrimarle a sus “socios verticales” una pasta que nunca pudo soñar el sindicalismo y menos en un país, como el nuestro, en el que la inmensa mayoría de la gente les es ajena y no tiene ni idea de para qué hacen o dejan de hacer. Ganen o pierdan su reclamación los descontentos, realmente esa comedia hace mucho que se pasó de guión y tanto sindicatos como patronal se han plegado definitivamente a un planteamiento que los forra de arriba abajo.

Cuentas del PP

Dice el PP que si se hubieran acometido en Huelva los proyectos prometidos por el Gobierno y la Junta habría en la provincia 10.000 parados menos. Claro, y si mi abuela tuviera manillar sería una bicicleta, pero la relatividad de esa estimación no deja de tener sentido porque es cierto que esos proyectos se comprometieron y que si se dejaron de hacer no fue sólo por el recorte impuesto por la crisis sino por la estrategia defensiva del PSOE que se opone a cualquier progreso rotundo en Huelva mientras la capital siga siendo su imposible objeto de deseo. Ninguno de esos proyectos se hará mientras no obtengan el milagro de un cambio o las circunstancias los fuercen. NO tienen más que mirar la agenda.

Vivir de tacón

El taconazo de Guti ha eclipsado durante el fin de semana la realidad española. Un simple y magistral taconazo –aquel invento que nos descubrió Di Stéfano—ha llevado a rastras la ‘opinión publicada’ por tierra, mar y aire hasta que ya, al filo de la nueva semana, cerrara el ciclo, de momento, otro taconazo de Navas. Nunca ha estado más claro que en esta era el hecho elemental de que la sociedad, como el rebaño o como el banco de peces, actúa igual que un organismo complejo guiado por la taxia infalible de imitación, ese elemento que posibilita la integración instintiva de los individuos en el orden superior de lo colectivo. Cuando los sociólogos hablan de “socialización” aluden a este mecanismo prelógico sin el que la cohesión resultaría imposible, pero no debe confundirse esa servidumbre biológica que la imitación expresa con ninguna forma de represión impuesta desde fuera, porque es la propia naturaleza animal la que la propicia. Ni el transgresor más audaz escapa a esta regla en la medida en que, intentando cargarse la función, no hace, en realidad, sino desempeñar del revés el rol que tiene asignado, como descubrirían tarde aquellos hippies que no eran más que el reflejo invertido del Narciso burgués sin dejar de ser tan burgueses como el mismísimo Narciso. El mimetismo es el prerrequisito de la convivencia sin el cual ninguna pedagogía sería posible, y en su índole instintiva tiene su origen el hecho social, y su gramática el aprendizaje de los individuos. Aunque otra cosa parezca a primera vista, como la abeja o la sardina, el ser humano sólo se constituye en el grupo y al grupo accede por espontánea o aprendida imitación de los demás. Ya verán la de taconazos que nos esperan esta temporada.

 

Es importante entender lo que, junto a esa servidumbre voluntaria, hay de ‘natural’ y legítimo en el mimetismo de las conductas. El sabio Henri Focillon, que nos descubrió para siempre las claves mentales de la imaginación románica, sostuvo algo así como que lo que conduce al hombre a la imitación es precisamente el estado de libertad indeterminada en que la Naturaleza sitúa a la conciencia, sin que ello implique en la acción mimética tanto a la voluntad como a ese misterioso artilugio psíquico que es el reflejo. Vamos a ver en lo que queda de temporada muchos taconazos como el de Guti por la misma razón que hemos visto multiplicarse estos últimos años las réplicas del engendro de Dan Brown y hemos de ver en los próximos las secuelas mamotétricas de Stieg Larsson. Somos animales de imitación. La sociedad es un rebaño con ínfulas y el hombre un animal soberano que marca disciplinadamente el paso sin percatarse siquiera.

Otro trimestre a perros

Otro trimestre perdido, ahora para conjurar el fantasma de los “dos poderes” que el partido en el Poder y sus corifeos aseguraban que no existía más que en la imaginación de los maliciosos. Pero tiene sentido, porque lo que no se podía mantener era que el Presidente de la autonomía funcionara como un títere del “aparato”. Otra cosa será el resultado de ese congreso, más allá de las apariencias y declaraciones de unos y otros, ya que el sínodo podrá lograr una apariencia de relevo pero no un control efectivo del partido por parte de quien apenas cuenta en esa organización tan fuertemente caciqueada. Ceder ha sido un gesto obligado. Resolver al tensión interna ya será otra cosa.