Cencerros tapados

No se comprende la sistemática estrategia ocultista de la mayoría parlamentaria que mantiene rehén a la Cámara andaluza ni el criterio de la Junta regional de tapar cada denuncia que se presenta por escandalosa que resulte. La reactivación de los casos de El Monte y de la Cámara de Cuentas que la Fiscalía ha creído procedente, plantea a la opinión la pregunta de cuáles pueden ser las razones por las que se hurtan a los mecanismos de control parlamentario cuestiones de suyo políticas, como pueden ser las dos mencionadas. ¿Qué se quiere tapar, a quién se quiere proteger y por qué, qué se teme? En caso de que judicialmente prosperara la tesis de la Fiscalía quedarán por los suelos tanto el Parlamento como la Junta.

La justicia, en precario

Un Juzgado en una azotea, alojado en un cuchitril y con una banqueta de bar en lugar de banquillo, es una vergüenza. Que al mismo tiempo el señor delegata beba los vientos en busca de una sede nueva, una tomadura de pelo. Y que la Junta no escuche la demanda sindical de desalojar una Audiencia que la Inspección de Trabajo juzga insegura para sus trabajadores, un auténtico cachondeo, sobre todo si se tiene en cuenta la “sede noble” en la que la Dipu se ha gastado lo que ni se sabe por puro capricho y saltándose con pértiga la normativa. El juez decano se honra buscando el consenso pero si se produjera algún contratiempo, veríamos echarse unos a otros los trastos a la cabeza.

Oficio peligroso

La inmensa mayoría de los lectores no puede imaginar la tragedia interna que vive la profesión periodística. No sabe, seguro, que durante al año que acaba de terminar, 2009, 110 informadores han perdido la vida mientras trataban de cumplir su trabajo en zonas comprometidas del planeta para que la opinión pudiera tener noticia directa de la realidad. Menos, seguro también, que en el último decenio las víctimas de la profesión han sido nada menos que 735, excluidas aquellas que sufrieron lesiones, fueron encarceladas o hubieron de padecer torturas a manos de sus captores que ven en ellas agentes propagandísticos y no meros testigos de la vida y sus conflictos. Hay países como Irak o Filipinas donde hacer periodismo roza peligrosamente el sacrificio (170 y 93 caídos respectivamente durante esos diez años) y otros como México, Colombia o Rusia en los que el informador es visto por principio como un espía algo más que potencial. Un balance inquietante, según el Instituto Internacional de Prensa, que denuncia el éxito habido entre los Gobiernos agresores a la hora de desprestigiar a los periodistas ante la opinión, ni que decir tiene que con el objetivo de impedir o dificultar la libertad de información hasta el punto de garantizar en la práctica la impunidad de los agresores, la inmensa mayoría de cuyos crímenes se han mantenido ocultos por la propia autoridad. No quiere testigos de vista el Poder, evidentemente, en especial cuando se emplea en acciones atentatorias contra la dignidad humana o de las que pueden deducirse con facilidad sus con frecuencia peligrosas complicidades. La opinión pública no debe creer que la información que recibe sobre lo que acontece en Bagdad o en Estambul es gratuito para el informador. Lo asombroso es el valor y la tenacidad con que el periodismo ha asumido el peligro y no sólo en las zonas “calientes”. Hace poco un tribunal español le recordaba a Chaves que el derecho a la información y la libertad de informar no deben ser constreñidos en democracia, no les digo más.

 

Hay muchas formas de disparar contra el plumilla y contra el fotógrafo incluso sin arma de guerra. El boicot riguroso a los medios críticos, la filtración privilegiada y partidaria, la ilegítima exclusión de los incómodos de la publicidad institucional, incluso los ataques directos, verbales o escritos, dirigidos desde el poder contra quienes osan no prestarle vasallaje sino denunciar sus excesos o defectos, por no hablar de recursos más sucios, son algunas de aquellas. Esa legión de víctimas las convierte a todas ellas en cómplices del peor ataque a la libertad.

Más decepciones

No me esperaba –como más de uno—a Griñán rotulando de “extremistas” a los adversarios. Ese recurso bolche, ciertamente, aparte de que es reversible, no aporta nada al buen entendimiento entre los ciudadanos, pero se ve que, tristemente, Griñán se ha doblegado a no tardar a la estrategia maniquea de su partido que hace tiempo se apuntó a dividir a los ciudadanos en dos bandos suicidas. ¿Qué es eso de la “derecha extrema” aplicado al rival quizá porque, por vez primera, lo adelante en las previsiones electorales? Algo en lo que ni hubiéramos reparado en boca de muchos de sus predecesores, rechina viniendo de un personaje al que temo que se la haya concedido, de entrada, bastante más que el beneficio de la duda.

Beturia

El debatillo a propósito de si Beturia será declarada Parque Nacional o no, puede que encubra algo más que un malentendido. De hecho, la consejera dijo lo que dijo, o sea que sí, y el jefe provincial lo contrario, o sea que no, sin que, a estas alturas, nada supongan sus autodesmentidos. ¿Se cuartea el PSOE onubense en facciones enfrentadas que ya no se resignan a permanecer bajo la manta, refleja este incidente algo más que un malentendido? Es probable, sobre todo en la perspectiva de unas municipales por las que nadie da un duro en el partido, sobre todo en la capital, y en las que los “nuevos” podrían aprovechar para quitarse de en medio a algunos/as “históricos/as”. No sé si me explico pero verán como el tiempo —breve plazo—lo va aclarando todo.

La crisis ecológica

En diversas regiones españolas se ha observado en los últimos tiempos una recuperación inusitada de la fauna. Los labradores se quejan del progreso de la piara jabalí que anda devorando en ciernes sus cultivos, los ganaderos del auge de la manada lobuna que crece en proporción exponencial y destroza sus rebaños, otros labriegos protestan porque los ciervos, envalentonados por su número creciente, invaden sus sembrados zampándose desde los brotes tiernos hasta los plantones jóvenes y ramoneando los ya agarrados. Están de enhorabuena los jauleros y furtivos, los unos a causa del incremento de las piezas, los otros porque no sólo tienen el gazapo en la puerta del alfoz, sino debido a que parece que la autoridad, que tiene su coranzoncito aunque lo disimule, hace la vista gorda ante una actividad que hoy bien puede ser considerada de subsistencia. Los que van de cráneo son los dueños de cotos, los cortijeros marchantes en monterías y los señoritos venidos a menos que organizan ojeos en sus pagos a tanto la pieza para que ejecutivos yanquis y jubilatas europeos vengan a satisfacer deportivamente su instinto de muerte acribillando perdices pero dando de comer a muchas cuadrillas. Hasta el ministerio que antes de esta revolución monoparental  se llamaba de Agricultura, ha llegado un sordo rumor en demanda de medidas que contribuyan a salvar una industria de la que vive una multitud. O sea, que va a resultar que la crisis es ecológica en la medida en que está logrando, sin más arma que la depresión económica y aunque sea a costa del reino humano, la recuperación del reino animal. Vean lo raro que este Sistema: se desinfla la Bolsa en Nueva York y proliferan los conejos en sus madrigueras, prospera el negocio mundial y le cae la del tigre a las especies salvadas en el Arca. Nunca se me habría ocurrido que la redención del zorro y la suerte del muflón acabarían dependiendo del ‘Ibex 35’ o del ‘Índice Nikkei’.

 

Pero así es y me dice un amigo economista que en ello hay que ver la mejor prueba de la interdependencia de los factores económicos y sociales, base tanta veces olvidada de la virtualidad de una lonja universal para la que el mito hodierno del “efecto mariposa” parece confirmado cada vez que se le pone a prueba. Nunca llueve a gusto de todos, como es de sobra sabido, de manera que lo que alegra la pajarilla al conservacionismo atribula a la economía y lo que a ésta beneficia perjudica al medio, o al menos eso pensaría el zoo sin el zoo pudiera pensar. La Madre Naturaleza es muy suya, la jodía. Reflexione sobre ello cada vez que se coma un conejo, con perdón, o vea sus impuestos destinados al lince.