La ex-cuenca minera

Es una vergüenza que se siga insistiendo por parte del partido en el poder en que en la cuenca minera –una de cada dos personas en edad de trabajar, paradas—hay un problema en vías de solución. Eso es, sencillamente, mentira, y el PSOE lo sabe mejor que nadie porque tiene más información que ninguno, pero no tanta como para disimular el hecho de que esa cuenca está abandonada a la buena de Dios desde hace años sin que ni el Gobierno ni la Junta hayan tenido una sola idea práctica para mejorar su tragedia laboral. A la cuenca minera la ha explotado electoralmente el PSOE a cambio de nada. Que se haya echado ahora a la calle no tiene nada de sorprendente.

Misterio económico

¿Por qué Ruiz-Mateos crece mientras todo lo demás se contrae y baja? Lo he pensado al cumplirse el 27 aniversario del expolio de Rumasa, que ahora la Justicia tiene ordenado reparar al Estado, con cifras que harían tambalearse definitivamente el negocio –unos tres billones de pesetas, millón arriba o abajo—mientras al expoliado se erige en capitán excepcional en medio de la debacle. ¿Por qué crece Ruiz-Mateos frente a una economía que encoge, cómo es posible que ande ofreciendo (y pagando religiosamente, mal que le cuadre a más de uno) intereses inimaginables a los mismos inversores a los que el sistema financiero convencional estafa con unas rentabilidades ridículas y ofende con unos beneficios colosales? Ver trajinar de nuevo a la abeja de Rumasa no ha sido para mí ninguna sorpresa, pero sí lo fue toparme en el periódico con la foto del expoliado posando junto a sus expoliadores –en Andalucía, sin ir más lejos—a la hora de salvar empresas que iban a pique y puestos de trabajo que se daban por perdidos, o bien a la vista de sus espectaculares ofertas crediticias que multiplican por ocho o por diez el interés del mercado. Algo no encaja en esta historia negra con la que la socialdemocracia amiga de los bancos quiso exorcizar su gran contradicción ensañándose con el “parvenu” al que los propios banqueros propusieron como Barrabás sustitutorio en el pretorio oportunista. Algo que, casi tres décadas después, ha fracasado ante los tribunales y mantiene perpleja a una opinión pública que asiste al éxito laborioso del mayor despojado de la crónica española. ¿Saben una cosa? Ruiz-Mateos no iba tan descaminado cuando sostuvo que sus payasadas eran la única vía posible para forzar la acción de una Justicia que venía haciéndole al Gobierno el caldo gordo. Su disfraz de payaso hace crecer hoy más aprisa, salva más trabajo y ofrece más interés al inversor que el frak de los mercachifles convencionales. A ver cómo explican eso Boyer y quien no es Boyer.

 

Pero dejemos el tema del zarpazo político y la posterior verbena de la reventa de Rumasa a los “amigos políticos” por parte de los expoliadores. La pregunta hoy por hoy es la propuesta: ¿por qué Ruiz-Mateos crece y crece mientras todo mengua a su alrededor, cómo se permite con los ojos abiertos el sueño de la expansión mientras los Gobiernos tiritan acollonados cada fin de mes aguardando la estadística fatal? Es como si el proscrito hubiera de demostrar en solitario la viabilidad del Sistema, pero ésa es la realidad. 27 años después recuerdo a Sotillos anunciando balbuciente en la tele aquel mangazo de Estado y veo lo poco que somos en las garras de Leviatán.

Debacle universitaria

La Universidad de Sevilla ha decidido, finalmente, dejar sin corregir la norma reglamentaria recientemente establecida por la que se establecía el derecho del alumno sorprendido copiando en un examen a terminar el ejercicio y ser enjuiciado, no por el profesor, sino por un comité paritario de profesores y alumnos. Hay rectores que cultivan el voto de los alumnos por encima de todo, aunque en ocasiones como la comentada lo que esté en juego sea el carácter inevitablemente jerárquico de la docencia y la propia imagen de la universidad. Y no se trata de una anécdota, sino de un dato elocuente del estado de postración ética en que la lucha por el poder claustral está sumiendo la enseñanza superior.

El consejero estupendo

El consejero de Turismo, Comercio y Deporte de la Junta en Huelva, Luciano Alonso, tiene muchas cosas que hacer aparte de leer la prensa. Por eso, alega él, no “recuerda” si le endiñó o no le endiñó 80.000 euros del ala a su compañero de partido y alcalde de Punta Umbría. Don Luciano debe de creer que el ciudadano/contribuyente es tonto, pero alguien por encima de él debería sentirse en la obligación ética y estética de requerirle para que no diga tonterías él mismo. Más listo ha sido el de Empleo que no ha negado el pelotazo correspondiente al mismo beneficiario sobre el que, insisto en ello, me parece que no deben recaer las críticas tanto como sobre la Junta pródiga, amiguista o amnésica.

Muerte a destajo

Ayer se inauguró en Ginebra otro congreso Internacional contra la pena de muerte, nuevo intento de presionar desde la sociedad civil a los poderes estatales para que asuman la convención contra el suplicio adoptada por la ONU en 1989. Se manejan cifras escalofriantes, a partir del dato oficial de que al año se ejecutan en el planeta a unas 10.000 personas, de las cuales el 93 por ciento corresponde al macabro quinteto que componen China, Arabia Saudí, EEUU, Pakistán e Irak. De nuevo vemos multiplicados los argumentos tradicionales, entre los cuales quizá convenga destacar la conclusión del prestigioso instituto francés Cesdip en el sentido de que, tras la abolición de la pena capital en Francia a principios de los años 80, en modo alguno aumentó la delincuencia mayor, mientras que las cadenas perpetuas impuestas por los tribunales se doblaron prácticamente. ¿De qué sirve la ONU si sus recomendaciones son papel mojado para muchos Estados miembro y, en especial, si las grandes potencias, con los EEUU a la cabeza, descuellan en el rigor represivo? Sirva de muestra un dato: entre los países considerados “retencionistas”, es decir, los que mantienen vigente la máxima pena y la ejecutan de hecho, se cuentan hasta 58 de los 197 que componen la gran asamblea mundial y 18 pertenecen a los propios EEUU. Casi 2.400 reos fueron pasaportados durante el año 2008 en una veintena larga de países a pesar de que existan ya más de un centenar de ellos que son abolicionistas de derecho y 35 que funciona “de hecho” como tales, por no hablar de la inimaginable realidad de los “corredores de la muerte” que ahora –noten el grado de pragmatismo cínico que supone el hecho—comienzan a ser cuestionados, no por su intrínseca inhumanidad, sino por su elevado costo. Se plantea en Ginebra el violento contraste moral que supone el mantenimiento de la vigencia del hacha, la soga, el pistoletazo en la nuca, la descarga eléctrica o la inyección letal en un mundo no poco narcisista que exhibe el progreso humano como su mejor blasón, pero no sobra el optimismo alrededor de esa cumbre. Hay miedos ancestrales que pueden con todo. Al fin y al cabo, el abolicionismo cuenta apenas con dos siglos y pico de historia.

Vieja cuestión. Repetiré el convencimiento del maestro Remy de Gourmont de que los defensores del suplicio tienen más en común con los convictos que con los abolicionistas, en espera de que esta nueva llamada a la conciencia universal sirva para algo. ¿No se esperaba de Obama un giro radical frente a esta barbarie? No es difícil deducir de su actual connivencia la enorme dificultad que implica arrebatarle al mono asesino su instinto ancestral.

El trabajo negro

Ahora salen los técnicos de Hacienda “descubriendo” cuánto crece la economía sumergida –6.322 millones desde el año 2000–, como si ese mercado negro no fuera uno de los seguros que garantizan que no explote la olla a presión que es una comunidad con un millón y medio de parados y cuyo sistema asistencial es tan ‘clientelar’ que ha logrado hacerse famoso. ¿Ahora descubren que hay subsidiados que trabajan o que se niegan a trabajar como no sea “sin papeles” para no perder el subsidio? Andalucía soporta esta enorme presión del desempleo, en buena medida porque se hace trampas a sí misma. Verán como esos observadores tan ajustados no son capaces de localizar casos concretos y poner boca arriba la baraja.