La difícil verdad

La difícil verdad

En pleno lío del espionaje español al jede del montaje se la he ocurrido echar mano del llamado polígrafo o máquina de la verdad y someter a su tiranía cibernética a los mortadelas sospechosos de haber filtrado a la prensa sus impresentables aventuras turísticas a cargo del contribuyente.  Ya ven qué pamplina, sabiéndose como se sabe que ese invento no es más que un instrumento imaginario en manos de las policías despistadas, un camelo en toda regla, pues, que aparte de estar admitido científicamente que sus resultados tienen el mismo valor que el puramente aleatorio (el de lanzar una moneda al aire, por ejemplo), ha mandado a la silla eléctrica a más de un pobre pringao, allá en la Babilonia yanqui. Era lo que faltaba para el duro del descrédito de nuestros espías, esa secta secretísima qua cada día va resultando más desmitificada en la opinión pública, lo que, a mi juicio, constituye tanto un signo de progreso informativo como un riesgo para la seguridad, valga la aparente (sólo aparente) contradicción. ¡Mira que sentar en el polígrafo a un espía hecho y derecho para sacarle por el cableado la Verdad con mayúscula, es decir, precisamente eso que el espía tiene el privilegio legal de ocultar cuando se tercie! La Verdad, además, no existe en buena ley, como sabemos, o si se prefiere, no es tan rotunda y nítida como las “verdades” en que la especie humana se refugia desde siempre o, al menos, desde que Caín intentó quedarse con Dios padre cuando le interrogó sobre la muerta de Abel. De modo que esos espías bien podrán refugiarse, como Averroes, en el dobladillo de la “doble verdad” o acogerse con los escépticos a la sombra de la Verdad imposible, ese memorable fracaso gnoseológico. ¡Ahí es nada la verdad! Creer en serio en que la frecuencia respiratoria o los cambios en la sudoración, el ritmo cardiaco o la presión arterial, van a desvelarnos el secreto mejor guardado, es cosa de primos. Eso está bien para jugar con el Dioni o algún putón verbenero de nuestra feria del colorín, pero de ninguna manera para escudriñar el subconsciente y menos aún el de un profesional del disimulo.

 

Nunca han estado tan a la vista las sentinas de lo público, las “cañerías del Estado” de que hablaba González con pleno conocimiento de causa, jamás nos hemos zambullido en el descrédito y la rechifla como en esta temporada de despropósitos ilustrada con las fotos trucadas de nuestro ‘Smile’ exhibiendo sus capturas cinegéticas o pescadoras. Pero esta audacia de jugar al polígrafo con los espías profesionales, además de un desvarío psicológico,  constituye una prueba supina del desbarajuste a que ha llegado nuestra vida pública. Y quizá nada más peligroso para la sociedad que una avería en su secretísima santabárbara. Lo malo no es ya, como pueden ver, que nos traten de tomar el pelo con el cuento del envergue, sino que lo traguen ellos mismos incluso cuando los tienen acorralados posando con el pez espada.

Chaves habla claro

Ayer reproducía El Mundo las palabras entrecomilladas que acreditan la ojeriza cainita con que el ex–presidente Chaves ve y juzga a su antiguo protector, Alfonso Guerra. La dureza de sus palabras, su distanciamiento subrayado respecto del “marrón” del “caso Guerra”, incluso su acusación directa –“Guerra no consintió pero sí hizo la vista gorda y miró para otro lado”—de connivencia y corrupción en su antiguo mentor: nunca brilló más claro lo de la paja y la viga. En la vida de estos partidos mediocres y encanallados, estas cosas ya no son siquiera noticia, pero conviene recordarla para que se compruebe el poco valor que tienen por parte de estos ganapanes las descalificaciones a la crítica ajena a la hora defender los intereses propios.

El Dioni en la Antilla

Retrato al natural, “vera faz” de nuestras actualidades, hegelianas ironías de la Historia: el Dioni, el gran Dioni de nuestro cutre atraco del siglo, anda por La Antilla de agente y comisionista de un promotor al que trata de colocarle las viviendas hoy invendibles. ¡El gran Dioni, genio y figura, celebrando el aniversario del golpe con una tarta en forma de furgón, como un Espartaco contumaz, pero integrado en nuestra vida económica como un  agente más! Desde luego, no es el peor delincuente económico de nuestra vida pública, eso es seguro, ni siquiera sin salir de nuestra provincia donde tanto ‘furgonazo’ impune llevamos visto. ¡Larga vida al Dioni, ese hermano feo del ex-presidente Kirchner! Al menos él va por la vida con la verdad por delante.

Espejo del alma

No va a acabar así como así la polémica europea sobre el enmascaramiento del cuerpo, sobre todo del rostro, que está provocando la revolución migratoria. Un poco por todas partes se multiplican las prohibiciones legales de ocultarlo, bien en nombre del progreso moral, bien por razones de seguridad. En Holanda, un país que se adelantó a todos a la hora de legalizar materias tan espinosas como la droga, la prostitución o la eutanasia, andan pensándose proscribir el uso del burka a las mujeres musulmanas, y hoy mismo parece que se pronunciará al fin sobre el mismo asunto en la Asamblea el propio Sarkozy, sin perjuicio de que siga funcionando la comisión parlamentaria abierta en el seno de ésta para estudiar la cuestión, y mientras no cesa, siquiera residualmente, el debate sobre la prohibición del velo en las escuelas que fue establecida en 2003. Pero el sábado pasado aparecía en el boletín oficial del Estado vecino una disposición prohibiendo también el uso de capuchas en las manifestaciones callejeras en espera de que una ley actualmente en preparación califique al enmascaramiento como un delito “de participación en banda violenta”. Las imágenes que nos llegan del polvorín iraní, por otra parte, están repletas de rostros disimilados tras máscaras quirúrgicas, y leo no sólo que en México acaba de prohibirse por los árbitros de fútbol la celebración de los goles utilizando máscaras de luchadores, sino que en Florida sigue en vigor una vieja ley contra el KKK que se aplica de vez en cuando contra los portadores de disfraces que impidan reconocer el rostro. Al margen de muy respetables motivos morales, lo cierto es que el Poder se inquieta si no nos ve abiertamente la cara quizá por aquello tan clásico de que la cara es el espejo del alma.

 

La morfopsicología dirá lo que quiera a este respecto, pero personalmente me inclino hacia la razón simbólica que ve en el rostro humano una especie de resumen y sustituto de la persona en su conjunto. De ahí que su ocultación, o bien pueda sugerir cierta idea de peligro, o bien suponer, en el caso de que sea forzada, una violencia contra la más elemental humanidad. No quiere el Poder enmascarados y lleva no poca razón, por más que se invoque una libertad multicultural que, en modo alguno, puede acabar justificando ni el riesgo de la inseguridad ni el oprobio de un tapado forzoso que, por otra parte, nada en absoluto tiene que ver con la autoridad coránica. Bastante tenemos ya con el enigma, tantas veces indescifrable, del rostro mismo, como para celarlo bajo el celemín del capricho o de la impunidad.

Un registro de guasa

A la portavoz parlamentaria del PP le han pedido que aclare su declaración de patrimonio para justificar el estado de sus bienes. ¡Pues ya son ganas! Porque aunque ese registro vale para bien poco dadas las circunstancias, si se revisara la evolución del patrimonio de sus Señorías iba a costar Dios y ayuda comprender tanta y tan propicia mudanza como revelarían sus datos. Nadie se toma en serio ese registro, de todas formas, porque hasta el más pardillo sabe que existen uno y mil recursos para disimular el patrimonio. Mejor no meneallo, me parece a mí, si quieren tener la fiesta en paz.

IU a lo suyo

Tras el intento de compra de un concejal del PP ha fracasado el proyecto de coalición tripartita en Ayamonte. IU prefiere que el propio partido comprometido en la miserable acción –el PSOE local—gobierne apoyado en ella, como tantas veces, aunque esta vez teatralizando la fórmula minoritaria. Nada nuevo, en fin de cuentas, sino el sempiterno prurito frentista para “cerrar el camino a la derecha”, incluso si se trata de permitir que gobierne una fuerza a la que, al parecer, han sorprendido en una práctica tan indecente. Lejos queda la IU marcada por Anguita con su sello ético. Esta IU en decadencia no se molesta siquiera en disimular su papel ancilar junto a la mesa del PSOE.