Cobayas humanas

Aumenta, lamentablemente, el debate alrededor de la práctica habitual en la farmaindustria de probar sus nuevos fármacos en cobayas humanas, temo que, más que voluntarias, desesperadas. Existe, por descontado, una normativa rigurosa para evitar cualquier abuso en este sentido pero la verdad es que las noticias que nos llegan sobre “voluntarios” fallecidos aumentan también de manera alarmante. Se entiende que el laboratorio necesita probar sus novedades primero en los clásicos animales para después extender la experiencia en humanos, ya que de otra manera no habría posibilidad de progreso farmacológico y, finalmente, de progreso médico, pero por lo que dicen no pocos expertos la realidad es que el régimen estricto que establecen las normas se salta a la torera bien tentando a desgraciados –con frecuencia en el Tercer Mundo, pero no sólo en él—bien engañando a los pacientes con la complicidad de una, suponemos minoritaria, falange de facultativos y, por supuesto, con la complicidad de instituciones y personajes corruptos. Antes era frecuente hacer esas pruebas ofreciendo a los reclusos más impacientes un alivio en sus penas y una ayuda a sus bolsillos, como lo ha sido en algunas naciones recurrir a la tropa para utilizarla como cobaya, pero lo alarmante es que, según parece, ahora se pillan todos los atajos posibles para minimizar los tiempos en beneficio de los resultados, siempre con la autorización de la Administración de Drogas y Alimentos, la influyente FDA, pero hay quien dice que no siempre –ni mucho menos—con garantías.

En una revista extranjera del ramo leo un escalofriante informe en el que se asegura que numerosas drogas están siendo probadas en niños y ni les cuento lo que parecer ser que en este terreno anda ocurriendo en países como India o China, por no hablar de los desheredados africanos, y se expone el argumento de que siempre existirá esta necesidad si pretendemos que la medicina avance en consonancia con nuestro progreso tecnológico. Me rindo, palabra, no le quedan a uno fuerzas ni para resistir ante informes como éstos que no son rumores azarosos sino opiniones respaldadas por expertos de primer nivel, incluido algún premio Nobel. Por lo demás, el mismo proceso de “subastar” los fármacos en los sistemas públicos de salud, o lo que es igual, la opción por los “genéricos” más baratos, implica un evidente riesgo para un paciente que para ese gigante industrial no pasa de ser un oscuro referente.

El espejo griego

No estoy seguro de que el fragor de las negociaciones, los partidos que en estos momentos tratan de muñir un pacto de gobierno que incluya a Podemos, sean conscientes de lo que está ocurriendo en Grecia con su homólogo Syriza. La semana pasada tuvo lugar en Atenas la tercera huelga general contra el Gobierno de Alexis Tsipras que se celebra desde que en septiembre llegó al poder, una demostración multitudinaria en la que estuvieron presentes, según la propia prensa, los más diversos sectores de la vida del país. Tres huelga generales en menos de seis meses son demasiadas huelgas generales, aparte de que la última se ha celebrado mientras los acreedores europeos negociaban con el Gobierno un plan de viabilidad que a la mayoría de los observadores les parece inalcanzable. Imágenes de los manifestantes intercambiando con la policía en la plaza Sintagma cócteles Molotov por botes de humo y balas de goma, constituyen la demostración palpable del fracaso del sueño demagógico y anuncian la posibilidad de que Grecia termine por sufrir una situación límite que acabe en un desastre no previsto respecto del cual la absurda situación política que vivían los griegos puede que hasta despierte alguna nostalgia. ¿Cómo negociar con un partido hermano del que está provocando el caos en Grecia y con el que los dirigentes de Podemos se han retratado como gemelos políticos? Podemos –sobre el ejemplo en las instituciones a las que los ha aupado el PSOE—no es una opción política realista ni compatible con nuestra condición de miembro de la UE.
Sin darnos cuenta nos hemos encajado en un callejón sin salida en el que, contra lo que ha ocurrido, por ejemplo, en Francia, el extremismo cuenta con el beneplácito de una socialdemocracia en caída libre que parece no percatarse del riesgo de quedar reducida, como en Italia o en la propia Grecia, a un partido marginal. Lo peor para España no sería siquiera, a mi entender, un Gobierno desaforado que sería, por eso mismo, efímero, sino la renuncia a un bipartidismo demonizado por quienes no pensaron que podía haber algo peor, por ejemplo, una situación entrillada entre una Derecha menguante y una izquierda antisistema. Insisto, ¿no habrán mirado a Grecia esos negociadores, habrán subestimado el riesgo de una recaída en el despilfarro que no nos permitirían nuestros socios europeos? ¡Tres huelgas generales en seis meses! Ese balance no admite réplica.

Hablando. Se entiende…

Lo dijo el rey anterior, el emérito, en una ocasión no tan retorcida como la presente pero también compleja: “Hablando se entiende la gente”. ¡Palabra de Rey! No sé qué diría ahora su Majestad Bis si considerara las tensiones políticas que acercan y separan a un tiempo al PSOE con Podemos y Ciudadanos, enemigos irreconciliables estos dos últimos, al menos por el momento, que, sin embargo, en el Ayuntamiento de Córdoba han escenificado un “ensayo general con todo” de lo que pudiera ser la solución final que Sánchez, en su ambición desmedida, persigue. En efecto, Podemos y Ciudadanos, en Córdoba al menos, se estrechan la mano y apoyan al PSOE al aprobarle el Presupuesto. ¿Ven como no hay nada estable ni seguro? El único arúspice creíble es el que aguarda a ver los hechos.

Ay, Carmena

El gobierno municipal de Madrid debe de ser muy difícil. Por él han pasado personalidades tan diferentes como Olózaga o el conde de Mayalde, Arias Navarro, que llenó la capital de puentes elevados, o el profesor Tierno, que mantuvo el crucifijo encima de su mesa. Recuerdo el escándalo que se organizó en una ocasión –la Dictadura tenía sus clanes y cultivaba con celo sus odios—cuando dos concejales de ese Ayuntamiento viajaron a Ceuta en el coche oficial para asistir a no sé qué rito militar de un hijo suyo, pero mucho antes de eso es fama que de su entorno salían pistola al cinto grupos salvajes y noctílopes como el que apaleó a Miguel de Molina por maricón. Yo pensé que la anécdota de la taza de café con leche protagonizada por la anterior alcaldesa culminaba esta crónica tan compleja, pero lo cierto es que desde que llegó la jueza Carmena al ansiado sitial los numeritos absurdos o intolerables, según, no han cesado de producirse, empezando por un concejal de Cultura que rechifló contra las víctimas del Holocausto o de ETA hasta llegar a sus sustituta, hoy en apuros tras haber contratado a unos “titiritarras”, como dice Santiago González, que en un retablillo de cristobistas perpetraron simbólicamente la violación de una monja, el ahorcamiento de un juez y un apuñalamiento además de exhibir un cartel en que proponía una simbiosis entre ETA y Al Qaeda. Un juez ha enviado a la cárcel sin fianza a los “titirarras” y la alcaldesa, con su habitual pachorra desdramatizadora, se ha mostrado tan incómoda con la situación de su concejala como con la medida judicial. Y hasta la próxima.

No recuerdo un Ayuntamiento madrileño menos serio y más osado, grave cuestión dado que el de Madrid es nada menos que la quinta institución del “Estado Español” –que es como los “titiritarras” y sus jefes llaman a España– aun cuando Carmena ha sugerido que anda investigando –¿qué tendrá que investigar?, digo yo—lo ocurrido y hasta considera el posible relevo de esa concejala, que sería el segundo en lo poco que va de legislatura. Hasta Carmona –que fue quien le dio, con los escaños del PSOE, la alcaldía a Podemos para desplazar a Aguirre– muestra ahora su disforia por la mala gestión municipal que, sin duda, era predecible. Valle-Inclán veía la Corte como “un Madrid absurdo, brillante y hambriento” en nuestro retablo de las maravillas. Tras la pasada por Carmena y sus antisistema, quién sabe cómo acabará.

Berrinches parlamentarios

Crece la convicción de que la comisión parlamentaria encargada de poner en claro el “caso” del saqueo de Formación va a averiguar poco. Para empezar lleva empantanada demasiado tiempo bajo la presidencia de C’S y ha costado Dios y ayuda algo tan simple como establecer el calendario de comparecencias que hasta antier, defendido por el PSOE y Ciudadanos, iba a abrir la propia Presidenta. Finalmente, y tras el berrinche de IU que amenazó incluso con abandonar la Comisión, C’S cedió en su pretensión protectora y parece que la Presidenta comparecerá en último lugar en alguna fecha calculada para no entorpecer su pelea por el poder interno del PSOE. El “régimen” sabe ya mucho sobre corrupciones presuntas y reales y su socio en el Gobierno aprende y progresa adecuadamente en el oficio. Lo probable es que la Comisión acabe sin destapar siquiera esa sentina.

Murillo puede esperar

Uno comprende que tampoco es cosa de vivir con el almanaque perpetuo en la mano, pendiente de los centenarios de nuestros genios olvidados. De he hecho ha pasado el cuarto centenario de la segunda parte del Quijote sin grandes fastos y nada anuncia que el de su muerte        vaya a concelebrarse mejor. En cuanto al del nacimiento de Murillo, ni palabra. Se iba a hacer según los anuncios políticos una memorable exposición del genio sevillano desgraciadamente mal conocido en España por estar su obra “de pintura civil”, como dice el profesor Vicente Lleó, no sólo en el exterior sino diseminada entre muchos países –Holanda, Austria, Francia, EEUU—con los que una negociación de esta naturaleza exigiría tiempo y destreza. Si viviera don Diego Angulo –que nació en España, en Valverde del Camino, por cierto—, su máximo conocedor, se subiría por las paredes contemplando esta inhibición de nuestras Administraciones a las que lo mismo les da tres que trescientas el hecho lamentable de que para la inmensa mayoría esa obra genial siga siendo malconocida por la inmensa mayoría como un prodigio de la pintura religiosa barroca que, para muchos críticos no es lo mejor que el gran pintor nos legó si se comparan sus vírgenes y santos con la genialidad de sus retratos callejeros, la impronta de aquella España no poco miserable que esos rostros de niños entre pícaros y angelicales nos ofrecen con inocencia. Pero don Diego no está ya entre nosotros y ya me dirán lo que puede esperarse de la sensibilidad de los gestores de nuestra autonomía y de la nación.

¡La que se organizaría si, por desinterés de alguien, se frustrara una Gala de los Goya! Que se olvide la obra de Murillo, que el país renuncie todavía, cuatrocientos años después, a reparar semejante desmemoria, no deja de ser una vergüenza por más que sea lo sólito en este corral de cabras. ¡Aquí andamos pendientes del esmoquin de un descamisado, de los mangazos de una matrona levantina o de nuestros propios saqueos, no jodan, y ya me dirán por qué iban nuestros responsables –que sería curioso indagar cuántos museos han visitado en si vida—a perder el tiempo en hacerle justicia a un genio olvidado! La semana pasada han arrasado en Huelva un importante yacimiento probablemente tartesio y no se ha movido una hoja, ya ven, y en Sevilla no acaba el cuerpo a cuerpo en torno a la imprescindible intervención en las viejas Atarazanas. Murillo puede esperar sentado. Y nosotros, de pie.