La ‘patena’ onubense

Está dando la vuelta al ruedo ibérico la penúltima chorrada de Jiménez, el autodidacta que ordena y manda en el PSOE de Huelva (se halan de los pelos los mismos que lo izaron): “Como la Semana Santa viene pronto, los turistas no vendrán a bañarse” y, en consecuencia, tampoco es tan grave que las playas onubenses –¿sabrá este sobrevenido cuál es el peso del turismo en la formación de nuestra renta provincial?—hayan quedado destrozadas por el temporal. Lo de pedir a esos huéspedes que “confíen en las instituciones” porque las playas quedarán “como una patena”, ya es de traca. Es curioso que la empresa más ardua de la vida colectiva esté en manos de aficionados.

Pintura roja

A Rosa Díez la han acosado en la universidad de Barcelona, le han escupido y arrojado pintura roja cuando iba a exponer su proyecto –sus ideas—en el ámbito de la Facultad de Políticas. “Algo tiene el agua cuando la bendicen, / algo tiene el vino cuando lo consagran,/ y algo la palabra cuando la prohíben”, escribió nuestro entrañable Blas de Otero. El silencio es el arma de destrucción masiva de todas las tiranías, incluso de las minúsculas que sacan partido de la audacia con el consentimiento, activo o pasivo, claro está, de la autoridad. Así fue siempre y así fue, por supuesto, durante la dictadura, unas veces por cuenta de Leviatán y otras por la de algunos sectores oprimidos. Yo he visto pintar de verde en aquella universidad a un profesor como he visto a más de un  digno maestro acorralado por los extremistas disfrazados de “jueces críticos”, pero sobre todo recuerdo como si fuera ahora aquel clima en el que la palabra era vigilada de cerca por esos comisariados espontáneos que se investían a sí mismos desde el ilusorio derecho que le concedía su complejo de hiperlegitimidad moral, ese mal de nuestra izquierda. La diferencia es que aquellos no eran sino excesos de un sistema a presión, mientras que los de hoy son puros ejercicios de autocracia protagonizados –en inexplicable régimen de impunidad—por el fanatismo que ve un enemigo en la democracia. Ya le ocurrió a Savater, a Arcadi Espada y a otros porque hay que admitir de una vez que ni en Cataluña ni en el País Vasco la libertad está garantizada ni la universidad es libre. La imagen de esa farsa trágica nos ha devuelto al imaginario de otra época en que nuestros adversarios no eran inventados sino reales. Pero no estoy divagando sobre la anomia; estoy pidiendo autoridad en nombre de las libertades.

 

No se comprende, por otra parte, el secuestro de la universidad del espacio público por parte de esos “cuatre gats” de pelaje balcánico, porque cabe preguntarse qué sería de los derechos fundamentales en esa sociedad a poco que, en lugar de cuatro, los gatos fueran cuatrocientos. De momento, eso sí, hay que admitir que la hidra terruñera del nacionalismo tiene en un puño a la democracia hasta el punto de impedir la palabra a la inmensa mayoría, tal como la dictadura hizo en su día y con idéntica protervia. Con la venia pasiva de la autoridad y la protección manifiesta de los poderes de la taifa que son los que han instaurado y estimulan la censura del habla. Lo que no sabe o no dicen es que eso no sólo lastima a la democracia catalana sino a la española en su conjunto. Esa anacrónica pintura roja es todo un símbolo del fracaso de la libertad.

Política y religión

El anuncio de ese partido islamista que pretende participar en la democracia española ha despertado, junto a explicable inquietudes, algunos debates interesantes. Por ejemplo, el que versa sobre el riesgo de que desde Marruecos, pongamos por caso, pueda acabar teledirigiéndose la vida pública española. O el que cuestiona la adaptabilidad a la democracia de una ideología teocrática. ¿Puede concebirse siquiera un partido cristiano en un país de ese otro mundo? La democracia es una cosa demasiado seria como para permitir que se la cuestione desde dentro Y eso es algo perfectamente previsible en un partido como el recién surgido.

El enchufe múltiple

Coincide con el escandalillo de las contrataciones “de diseño” en el Ayuntamiento Aljaraque, el escandalazo que parece que han descubierto los sindicatos –menos mal—en los manejos contractuales de la consejería de Justicia. ¿Se acuerdan de una plaza de instituto hecha que ni a medida de una hija de su señora madre? Pues ahora llegan las comadres y hermanas, aunque me da el pálpito de que, a no tardar, hemos de ver otros libros de familia transcritos en otras nóminas públicas. Esto es una merienda de negros, ni menos. Ni el más arriscado caciquismo tuvo nunca en Huelva una clientela tan descarada.

Los platos rotos

Una de las cosas más curiosas de esta crisis que estamos viviendo es la docilidad con que los contribuyentes de los países desarrollados han asumido la decisión de sus Gobiernos de salvar al sistema financiero tras el crak de octubre de 2008. Quizá asustados por una hábil propaganda que remarcó con trazo negro el perfil de la tragedia generalizada –la imagen del “corralito” argentino fue un eficaz aviso para navegantes–, el ciudadano civilizado ha aceptado sin rechistar que esos Gobierno salvaran al sistema prácticamente quebrado haciéndose cargo de una inmensa deuda cuya factura, finalmente, iría a parar a los bolsillos privados. Unos se arruinan ganando más de la cuenta, en definitiva, y otros  asumen el coste de la operación con docilidad de siervos y sin preguntarse siquiera por qué el hombre de la calle, el trabajador que paga sus impuestos, ha de ser quien, sin comerlo ni beberlo, pague los platos rotos de la orgía financiera. Pero no en todos los casos. En Islandia, de momento, se celebra hoy mismo un referéndum popular en el que se prevé que un 75 por ciento de los consultados se oponga frontalmente a que el país indemnice a los clientes ingleses y belgas arruinados por la sobredimensionada banca islandesa Icesave, con el argumento de que no son ellos quienes deban pagar los platos rotos ya que no son ni legalmente responsables ni moralmente culpables de las torpezas o los abusos que haya podido cometer y sin duda ha cometido ese sistema financiero. Hay riesgos para Islandia en ese gesto de echar las patas por alto, pero hay que reconocer que no les falta su buena razón a quienes creen que, en el negocio económico, eso de que unos afanen las ganancias y otros pechen con las pérdidas es uno de los cuentos más eficaces que hayan surgido de la imaginación explotadora. Mañana sabremos quién gana y quién pierde en este pulso, pero ya desde hoy podemos saludar la buena lógica de  los resistentes.

 

Me cuento entre quienes no esperan de esta crisis ninguna moraleja importante. Saldremos de ella, como entramos, de puntillas y sin ruido, con los ricos más ricos todavía y los pobres resignados en el gesto indefenso del peatón frente a Leviatán. ¿O es que ustedes no han reparado en que los balances de los bancos, bien que lastimados en sus beneficios, han seguido siendo abrumadoramente triunfales? Nuestra banca compra hoy dinero al Estado al 1 por ciento y lo invierte en bonos del mismo para obtener un 3. ¿Hay arte o no hay arte? Nunca sabremos cuánto hemos pagado a escote cada españolito en este tocomocho, pero lo que hay que preguntar, como los islandeses, es por qué coños  lo hemos pagado.

Fotos y retratos

El alcalde de Punta Umbría aplicó en el pleno de antier el principio de que en bocas cerrada no entran moscas. Ni pío sobre las subvenciones millonarias recibidas por su negocio de la Junta, desproporcionadamente mayores que las adjudicadas al propio Ayuntamiento. ¿Y qué iba a decir, el hombre? Lo que no sé si será cierto es que este negocio no va a ser nada comparado con el del pelotazo que le concedió Turismo para unas obras de rehabilitación de su espléndido restaurante que hasta hay quien dice que nunca se llevaron a cabo. Ya se verá. De momento, el alcalde calla y su partido hace como que ni se entera. Sería una pena, pero el mogollón municipal de Punta tiene todas las trazas de acabar mal.