El símbolo transgresor

Leo con atención un libro sobre un  tema que detesto pero que, enfocado desde el mirador simbólico, da de sí, y nunca mejor dicho, un memorable resultado. Es un libro colectivo, producto de un provocativo congreso sobre la historia de la mierda en el que un grupo de excelentes profesionales, se esfuerzan, haciendo compatible el rigor académico con la libertad crítica, en esbozar una múltiple simbología del excremento cuya silenciosa trascendencia vital nadie ha discutido en serio después de los hallazgos del psicoanálisis. La entidad y sentido de la materia fecal, las causas y razones de su pudibunda ocultación, el enigmático señuelo que constituye para la imaginación infantil, el lugar de la escatología en el pensamiento teológico, la alianza del símbolo excrementario con la crítica política, todo ello y mucho más ha sido abordado con tacto afortunado por este Olimpo bien escogido por el editor, Luis Gómez Canseco, del que a nadie destaco para no ser injusto. Resulta difícil imaginar hasta qué punto ayuda a entender el uso y hasta el abuso que de ella hicieron próceres como nuestro delicado Quevedo o, mucho más tangencialmente, el propio Cervantes en un famoso consejo. ¿Por qué tapamos con tanto celo –tal como hacen ciertos animales– el desecho fisiológico que ha llegado a constituirse en cifra de lo despreciable? ¿De dónde surge ese instintivo rechazo de la naturaleza hasta constituirse en insuperable tabú tanto como en fuente ubicua de cierta despreciada comicidad? Este ensayo múltiple se esfuerza por explicarlo desde ángulos tan diversos como el enfoque sociológico, la atención teológica, la psicología, la perspectiva gastronómica, el moralismo o la mera pulsión transgresora, y lo hace de manera que fuerza al lector –incluso al renuente por principio, como yo mismo— a aferrarse a la lectura como llevado en volandas por la arrebatadora fuerza de la curiosidad intelectual. Me cuentan que el éxito de aquel congreso fue tremendo. La universidad no sabe lo que se pierde sustituyendo la imaginación genuina por sus pruritos convencionales. Me he acordado de lo que decía Antonin Artaud: “La où ça sent la merde, ça sent l`être”.

 

Sobran tabúes como sobran provocaciones. Y la Universidad tiene un ancho campo por delante para abrirse de par en par a la razón liberadora cerrándose a cal y canto frente a la estafa caprichosa. Lean ese libro excelente –“Fragmentos para una historia de la mierda”, editado por la universidad Onubense—y vean, ya de paso, hasta qué punto ha fracasado la subrepticia campaña anticultural del Sistema a la que aún se resisten, y con qué brillantez, nuestros jóvenes investigadores.

Cerrados en banda

No entro ni salgo en las razones de unos y de otros para ofrecer y negar pactos. Lo que tengo claro es que el PSOE, no de ahora sino desde hace muchos años, tiene atraillado el Parlamento de Andalucía de manera tan rígida que nadie puede esperar en serio que de él puedan salir acuerdos libres de gobernabilidad. Griñán no ha hecho más que continuar el trillado camino de Chaves y sostener la estrategia unidimensional y maniquea que atribuye al PP todo inconveniente, y así, como es lógico, nada podrá cambiar por más que la crisis apriete y la situación se haga insostenible. Es posible que Griñán no pueda hacer otra cosa ahora. Tras el congreso de marzo ya no dispondrá ni de esa excusa.

Lo de Bollullos

Mala racha lleva el PSOE onubense en materia judicial y poco ha durado la tregua dada por el juez de La Palma al archivar la denuncia presentada por el alcalde de Bollullos contra su antecesor y varios de sus ediles por presuntas irregularidades en la adjudicación de obras municipales. La Fiscalía, en efecto, ha recurrido el auto del juez por entender que carece de base suficiente, que faltan pruebas por hacer y que el alcalde demando tiene una sospechosa “memoria selectiva”, aparte de afirmar que, a su juicio, esas adjudicaciones se hicieron contra los informes preceptivos de la Intervención y de la Asesoría Jurídica. Un mal tema, sin duda, que hay que unir con el de Punta Umbría y otros casos pendientes de un partido en el poder al que le crecen los enanos.

Pobres de primera

Con tanto hablar de la crisis griega y la emergencia que ella supone, ha pasado desapercibida la propuesta del presidente (el efectivo, no el fotográfico) de la UE, el economista belga Van Rompuy, de reducir con realismo a no más de cuatro los grandes objetivos de la estrategia comunitaria para el decenio próximo, incluyendo entre ellos, por primera vez, la lucha contra la pobreza en el continente. Rompuy piensa que combatir la pobreza en pleno paraíso primermundista conlleva  salvar lo que él llama el “modo de vida europeo”, objetivo sólo alcanzable a través de un crecimiento económico capaz de sostener financieramente ese histórico modelo social. ¡Pobres en Europa! Los europeos han sido con frecuencia poco tolerantes con la indefensión económica, en línea con la ocurrencia sartriana de que, existiendo dos clases de pobreza, la colectiva y la solitaria, sólo la primera es auténtica en el sentido de que los pobres de un  país rico no serían más que ricos sin suerte. Al maestro Goldmann le escuché en más de una ocasión celebrar el zarpazo del viejo Chamford cuando dijo que los pobres eran los negros de Europa, ocurrencia que ha perdido hoy día todo sentido y más que lo va a perder, previsiblemente, mañana. Pero la realidad es que el árbol de la preocupación tercermundista no nos deja ver el bosque de este “primer viejo mundo” que, según el informe de Eurostat, cuenta ya con un 17 por ciento de ciudadanos enfrentados a la miseria relativa, porcentaje que resuena más y mejor (peor) en su cifra contante y sonante de 84 millones de europeos pobres. ¿Qué siempre habrá pobres y ricos? Bueno, una cosa es el pesimismo antropológico, como los asesores han enseñado a decir a nuestros barandas, y otra muy diferente la utopía. Europa empieza a pensar en que acaso haya una vía media entre ambos extremos.

 

Claro que con esa declaración de intenciones no hemos más que empezar y que una cosa es predicar y otra dar trigo, especialmente en estos tiempos recios en que la crisis complica el panorama y las buenas intenciones se ven limitadas al máximo. En España, por ejemplo, lo que viene siendo tradicional es relativizar la necesidad, una herencia medieval renovada por el moralismo barroco que desde la propia izquierda siquiera nominal y bajo el propio guerrismo, llegó al punto de retirarle a Cáritas la ayuda estatal sólo por haber destapado en su clásico estudio la realidad de la pobreza española. En marzo deberán “los 27” confirmar la propuesta de Van Rompuy para dejar a los Estados la tarea de aplicarla en sus respectivos feudos. Ya era hora de entender que los pobres europeos hace tiempo que dejaron de ser necesariamente negros.

Europa, ¿qué Europa?

¿Qué Europa ni qué cacho cuartos? A la empresa Fertiberia, instalada en el Polo Químico de Huelva, le importa un rábano la autoridad comunitaria europea y se pasa por el arco conopial de sus caprichos al mismísimo Parlamento Europeo. No tienen nada más que ver cómo le ha cerrado la cancela a los europarlamentarios que se han desplazado a la capital onubense para estudiar el caso de los depósitos de fosfoyesos, una vieja cuestión que hace años que viene rodando por los tribunales también con escaso efecto. Y uno se pregunta para qué está la autoridad estatal y la autonómica en casos como éste tan lamentable, aparte de que resulte inevitable plantearse qué podrá estar ocultando esa empresa para plantarse temerariamente y con semejante chulería ante la propia UE. ¿Europa, qué Europa? Hay ocasiones en que dejamos entrever lo mal asumido que está entre nosotros el compromiso europeo.

Palabras en el aire

Al margen de la disputa partidista, es evidente que la oposición lleva razón cuando acusa a la Junta y al Gobierno de no cumplir sus promesas a los onubenses. Se habla ahora de los cinco parques industriales prometidos por las Administraciones regidas por el PSOE que han quedado sólo en palabras, aparte de algún cartel propagandístico levantado en medio de la nada, pero hay que recordar siempre los grandes incumplimientos de promesas infraestructurales clave como el AVE, los puentes de la capital o el aeropuerto, Guadianas que de vez en cuando resurgen para volver a ocultarse. La tesis de que la Junta y su partido castigan a la capital  en tanto que inconquistable fortín municipal del PP no basta a explicar esta actitud cerrada frente a una provincia cada día en peor situación.