Aulas precarias

Demoledor informe de CCOO sobre el estado del sistema andaluz de enseñanza: faltan 23.000 profesores para igualar la media nacional, es el último en el ránking nacional si se considera el número de alumnos por aula, está muy lejos de aquella media en Bachillerato y ciclos de Grado Medio. Sería necesario, según el sindicato, un aumento del 21 por ciento en las plantillas de profesores –seis veces más en la enseñanza pública que en la concertada– para alcanzar la media española. Una mala situación que aleja sin remedio, de momento, el buen propósito del presidente Griñán.

Aquel incendio

Parece que se complica el olvidado incendio del verano del 2004 en que murieron dos personas y se quemaron 35.000 hectáreas de monte entre Huelva y Sevilla mientras Chaves prolongaba sus vacaciones en la lejana Galicia. Reclaman los hijos de los fallecidos que, como en el caso del posterior incendio de Guadalajara se responsabilice penal o civilmente a la Administración por su obvia falta de previsión y eventualmente por su negligencia. Entonces los diputados del PSOE andaluz, incluyendo los onubenses, votaron en el Congreso contra la propuesta de conceder a la comarca quemada el beneficio de las zonas catastróficas que si tuvo Guadalajara. Ahora van a exigirle a la Junta que peche con las responsabilidades subsidiarias y ya veremos con qué más. Han pasado cinco años, pero nunca es tarde para hacer las cosas bien.

El día del Señor

La penúltima ocurrencia del ingenio neoliberal ha sido la propuesta imponer el trabajo dominical. El viejo ‘sabbat’, el día del Señor, la jornada semanal de descanso que los antropólogos descubrieron allá por donde se han movido, se ve amenazada en el reverso psíquico y moral de una conciencia colectiva que tiene asumido desde tiempos remotísimos el derecho del hombre al descanso. En mi niñez conocí todavía el pago de las empresas al arcipreste del lugar por la dispensa para trabajar los domingos, es decir, el arreglo que hacían entre empresario y eclesiástico al margen del protagonista, es decir, del trabajador mismo, con un inconfundible acento de simonía. Pero la conciencia de progreso, allí donde surgió y se desarrolló, tuvo en ese derecho al descanso, así como en la limitación de la jornada, sus objetivos más memorables. Y ya ven, hoy vamos hacia atrás, como de vueltas de esta Babilonia productivista a ultranza, hacia la región primitiva en la que el trabajo no tenía reglas ni límites. Es verdad que una mayoría de ciudadanos, por ejemplo en Francia, rechaza aún la idea de eliminar el descanso dominguero, pero no lo es menos que un alto porcentaje de ciudadanos seducidos por la lógica del Sistema apoya la idea de prolongar la semana comercial eliminando cualquier pausa, un poco como si el comercio y el consumo fueran los nuevos dioses y el tajo, el templo nuevo en el que rendirles culto. La libertad absoluta de los agentes económicos está por encima de todo, incluso de la inmemorial limitación del trabajo un día a la semana que no era otra cosa que el reconocimiento de un espacio humano indispensable incluso para la lógica del explotador. Producir y consumir: eso es todo lo que se le ocurre a nuestros líderes para remontar una crisis en gran medida provocada por el abuso de esas dos actividades. No escarmentamos. Las previsiones dicen que en poco tiempo serán mayoría los partidarios de la semana laboral completa.

 

Lejos ya del sentido religioso del reposo obligatorio, la lógica laica que veía en éste un factor de humanización de la vida laboral también fracasa y naufraga en el piélago de la concepción utilitarista del hombre que subyace en la propuesta del integrismo liberal. Y hay motivos que lo explican, por supuesto, como los hubo para que masas de individuos asumieran la esclavitud como un estatus natural hasta que la razón ilustrada fue descubriendo la índole necesaria de la dignidad y sus consecuencias. Han sido las circunstancias las que han ido convenciendo al personal para que abdicara de su derecho, y hay que reconocer la maravilla de esa hegeliana “astucia de la razón” que ha conseguido el milagro hasta antier inconcebible. Producir y consumir. A este Hombre que regresa del progreso no le queda otra que aplicarse dócil, voluntariamente, a la famosa servidumbre voluntaria.

Segundo nivel

No debe de enojarse el consejero de Presidencia porque la Oposición califique de “segundo nivel” el encuentro entre la consejera de Economía y el secretario de Estado, y menos decir que esa calificación insulta al pueblo andaluz. ¿Por qué, si en Cataluña, por ejemplo, Montilla deja oír a quien quiere escucharlo que no tiene bastante con el Vicepresidente Tercero y reclama el diálogo directo con la Vicepresidenta Segunda, cuando no exige y consigue ver al mismísimo Presidente? Pocas dudas van quedando sobre que nuestro papel en esta farsa no es otro que el de comparsas dispuestos a legitimar a coro el acuerdo político del Gobierno con Cataluña.

Trabajo sin puesto

El colmo: el PSOE onubense coloca a los suyos incluso donde no hay puesto de trabajo, si hemos de creer la circunstanciada denuncia de IU sobre el “traje a la medida” que le ha hecho el Ayuntamiento de Cumbres de San Bartolomé a su concejal de Cultura para emplearla como “auxiliar de biblioteca” a pesar de que en el pueblo no existe biblioteca alguna. ¡Empleos sin puestos! Lástima que esta tropa, que podría acabar con el paro en un pis pas con solo proponérselo, no aplique su fórmula mágica más que dentro de casa y a sus propios clientes. Por lo demás, no es descabellado preguntarse qué responsabilidad puede haber en decisiones semejantes si se demuestra que, más allá de la anécdota, constituyen auténticos fraudes de ley.

Apoteosis en la crisis

Hay un fino comentarista en mi blog que nunca deja de mostrar su indiferencia más displicente frente al fútbol cuando de él trato en esta columna. Dice que pasa del rollo, que le dan tres caracoles de esa épica dominguera, que no puede interesase para nada en ese fenómeno popular, masivo, que anda poniendo en evidencia a la propia crisis. ¿Y qué quiere que haga uno –me pregunto—después de contemplar el supermitin del Bernabeu, una jauría enloquecida aclamando al unísono con 80.000 gargantas al nuevo héroe y a su mentor? Unos simples datos para poner las cosas en su sitio o más bien para sacarlas de él. El Real Madrid ha pagado por Cristiano Ronaldo un  fichaje de 94 millones de euros más 78 en concepto de sueldo por las próximas 6 temporadas, es decir, más o menos ¡1.500 euros por minuto!, a los que hay que sumar los 65 millones dados por Kaká  más los 42 comprometidos con el jugador a cambio del mismo tiempo, o los 15 por Albiol, un ‘modesto’, dadas las circunstancias. Pero no es sólo el ‘Madrid’ el que agita el cotarro, pues en Valencia acaba de saberse que un inversor fantasmal ha puesto sobre la mesa, al parecer, 500 millones para hacerse con la mayoría accionarial y el control del club, mientras en Barcelona –donde tienen ya vendido mucho pescado– preparan, por su parte, los 55 que podrían proporcionarle juntos al disputado Villa y al joven Mata, compensados, eso sí, por dos importantes cesiones. La explosión financiera del fútbol es tan grave que el mismo Gobierno que ni se inmuta cuando las gasolineras suben el precio o las operadoras de telefonía el de los SMS, se está pensando fijar por ley el porcentaje de ingresos que los clubs puedan dedicar a pagar los salarios de sus estrellas. Mi bloguero debe entender que si hablamos de fútbol no hacemos sino cuestionar al único sector de nuestra sociedad con capacidad para movilizar tanta gente o vivir con opulencia en plena crisis. Pura sociología.

 

El fútbol arrastra la púrpura pero también el sambenito que le colgó la crítica a la Dictadura al considerarlo opio del pueblo, pero ello no es en absoluto obstáculo para que constituya hoy por hoy un poder de primera magnitud en la sociedad postmoderna, como pueden atestiguar las balanzas de pago de países exportadores como Brasil o Argentina o importadores como España o Italia. Por lo demás, antier, nada más finalizar la apoteosis, el gentío que había hecho cola desde el amanecer para pillar un sitio en la ocasión, formó disciplinadamente ante las tiendas del club dispuesto a arramblar con las prohibitivas camisetas del ídolo, lo que deja claro que el negocio no sólo no ha terminado con el derroche, sino que no ha hecho más que empezar. ¿Cómo ignorar ese milagro de la opulencia en medio de la crisis, de la plétora en plena ruina? Hoy lo de menos, me parece a mí, es lo del papel narcótico de un deporte-espectáculo que pertenece ya de pleno derecho al ámbito de la economía política.