Malos tratos

Cuesta comprender el dato facilitado por la Comisión Local Contra los Malos Tratos almonteña, según el cual, durante el año pasado, fueron precisas  144 actuaciones para atender a mujeres sujetas a tratos violentos por parte de sus parejas, ex-parejas o simplemente conocidos. Hay que pararse a considerar ese número en relación con la población almonteña sin perder de vista la enormidad que supone que se registre un ataque prácticamente cada dos días, pero no parece, en cualquier caso, que baste con las medidas actuales para detener esta ignominia. Sería curioso conocer cuántos de esos maltratadores han sido sancionados y en qué medida.

Música sacra

La intuición de que la música constituye un factor de enorme eficacia en la experiencia espiritual parece que ha decidido al episcopado francés a legitimar el uso eclesiástico de las llamadas ‘MAC’ (músicas actuales cristianas). El culto eclesiástico mantiene con la música un viejo contencioso que va desde la lejana pugna medieval entre la liturgia romana y la mozárabe, al éxito reciente del canto llano en los ambientes laicos, pasando por la tradicional desconfianza hacia ese recurso tan tenazmente mantenida. Durante mucho tiempo estuvo prohibido en las iglesias el uso de instrumentos de cuerda para garantizar el primado del órgano, instrumento insuperable –al menos tras la apoteosis bachiana—de la solemnidad ceremonial, de la misma manera que se mantuvo la prohibición de utilizar el cristal como protección de las pinturas. La música ha marcado la linde entre ciertas severidades y actitudes más tolerantes que veían en ella un instrumento útil a la piedad, a pesar de lo cual los intentos contemporáneos de animar la liturgia con cánticos han llevado un sello pacato –incluyendo la grabación famosa del papa Wojtila–  que limitaba inevitablemente su pretendida influencia, un fracaso relativo que viene dando lugar hace años al intento de introducir en los cultos una música actualizada en la que algunos grupos incluyen al mismísimo rock. ¿Ustedes saben que la juventud europea pasa una media de seis horas diarias oyendo música, es decir, más de lo que dedica a la tele, al videojuego y al ordenata juntos? Los obispos franceses sí deben saberlo porque han parido un documento, en el que reflexionan sobre la conveniencia de abrir esos cultos piadosos –en especial a aquellos en que la participación juvenil sea alta—a grupos especializados en rock, en ‘reggae’ y en lo que haga falta. La batería, el bajo o la guitarra eléctrica estarán pronto en el coro hasta ahora reservado a las salmodias de María Ostiz.

 

Veremos en qué acaba este esfuerzo de sacralización de lo eminentemente profano, esta proyecto de reconvertir en ‘mana’ lo que es a todas luces ‘tabú’, pero lo previsible es que ni uno ni otro lleguen muy lejos, dada la irreductible condición de lo pagano y también, por supuesto, la tradicional desconfianza eclesiástica hacia todo elemento cultural que exalte los sentidos y movilice el cuerpo. Que el gregoriano triunfara entre los yuppies de Wall Street no deja de ser una paradoja pero ese de ‘rock cristiano’ en el que andan reinando los obispos galos no deja de ser un oxímoron. Lo sagrado y lo profano son antagónicos e irreconciliables. Aspirar a un tiempo al caldo y a las tajadas no deja de ser una utopía.

La ‘canallesca’

Nunca esperé escuchar al presidente José Antonio Griñán esa exhortación a sus militantes a prescindir de la prensa, y mucho menos fundar el consejo en el sobado argumento de que a la prensa “no la lee nadie”. Ya, ¿y por qué se gasta entonces su gobierno los millones que se gasta en publicitarse en la prensa, o por qué todo un Presidente como Chaves hace el ridículo ante los tribunales irritado por el mero hecho de que la prensa denuncie lo que cree de conciencia denunciar ante la opinión? No es ésa la postura que se espera de un dirigente que presume de ilustrado pero, sobre todo, no es ése el objetivo que corresponde a una conciencia que se tome la ética en serio.

La Rábida, politizada

En Huelva se va a acabar dividiendo radicalmente en dos toda la vida social de mantenerse este criterio excluyente de los partidos. El disparate de La Rábida, es decir, la negativa de la Diputación a sumarse a la aplastante iniciativa popular (que no “popular”, como se pretende) para que se declare al lugar colombino Patrimonio de la Humanidad, resulta absurda y no poco indignante por lo que tiene de sectaria, y desde luego poco favor va a hacerle a nuestra Universidad que le carguen ese mochuelo partidista que, si algo puede reportarle, es el alejamiento de la opinión. Politizar La Rábida es ya el colmo. Meter por medio a nuestra UHU un  error lamentable.

La mitad del cielo

A finales de los años 40, la propaganda maoísta difundió intensamente por China un eslogan tan bello como extraño: “La mujer es la mitad del cielo”. Quizá se trataba de reconducir el estrepitoso fracaso de la ambigua política feminista del régimen iniciada con la prohibición, jamás respetada, de vendar los pies a las niñas para reducírselos, pero en cualquier caso la frase no pasó de tal. Una larga campaña demográfica legitimó (y legalizó, de hecho) no sólo el aborto selectivo cuando ya se dispuso de ecógrafos, sino la eliminación de las hembras nacidas que bien podían ser enterradas vivas, ahogadas en el río más próximo o vendidas en la ciudad prácticamente como esclavas. De “mitad del cielo”, nada, no ya bajo Mao sino también bajo el régimen híbrido que dice conciliar los rigores comunistas con la tiranía de un capitalismo salvaje que crece en tasas desconocidas hasta ahora a costa de la explotación más descarnada, y en cuyo ámbito persiste la diferencia brutal entre los sexos a pesar de la galopante emancipación de la mujer que ha propiciado la demanda industrial de mano de obra masiva entre las jóvenes del campo. Verán, hay quien relaciona este atavismo hiriente con la cosmovisión y la antropología confuciana pero hay que estar ciegos para no ver que el menosprecio de la mujer es una invariante de todas las culturas que, tristemente, ha pervivido en la nuestra, incluso en los niveles más civilizados y cultos. ¿No decía Eurípides que una mujer miente incluso cuando dice la verdad, y Erasmo , creo recordar que textualmente, que una mujer es siempre una loca?  ¿Por qué extrañarnos de que el primitivismo chino desprecie y maltrate a las mujeres cuando un Faulkner nada menos ha dicho entre nosotros que una mujer no es más que un “órgano genital” (sic) capaz de gastar todo el dinero del mundo? ¿No las comparó Niestzche con las gatas o las vacas lecheras y las calificó Proust como un elemento intercambiable de un placer siempre idéntico? Mejor no sigo. Ovidio dijo en su “Arte de amar” que cuando la fuerza triunfa de una bella es porque ella lo ha querido. Para que luego hablemos de algunos jueces.

 

Cuando hace pocos años se celebró allá el cónclave mundial del feminismo de nómina no recuerdo a ninguna amazona plantada en jarras frente al poder anfitrión al que, con su presencia, ellas estaban legitimando. Ha pasado el tiempo y sólo la lógica del mercado –y de la explotación—parece conseguir algún  progreso en esta tragedia inmemorial. ¡La mitad del cielo! Hay que desconfiar de las metáforas cuando prometen paradojas. La brutalidad del sexismo chino no se distingue del occidental más que por el grado.

Remedios tardíos

Reunión de ZP con Griñán para prometer el oro y el moro con el fin de solucionar el grave problema que Andalucía tiene planteado con las inundaciones. Otra vez la solución tras la catástrofe, de nuevo la evidencia de que aquí no se prevé nada sino que se espera a que truene para rezar a santa Bárbara o que caiga el rayo para llamar a los bomberos. Cada dos por tres queda patente una imprevisión grave de una autonomía que se ha pasado 30 años viéndolas venir y sin plan racional alguno. Estas catástrofes, por ejemplo, se podían haber minimizado actuando sobre los cauces y controlando el urbanismo anárquico. Como no se ha hecho, ahora hay que prometer. Que, ciertamente, no es lo mismo que dar.