Aumenta el paro

No hay quien detenga la caída del empleo, al menos con los brazos cruzados. Los datos del paro registrados correspondientes al mes de febrero no son de lo peor para nuestra provincia que, en números absolutos, es la que menos puestos de trabajo ha perdido, a pesar de lo cual 563 nuevos parados pasaron el mes pasado a engrosar las dramáticas listas. El paro se ralentiza, como es natural, porque la masa laboral ya está más que reducida, pero aún así esa cifra significa que diariamente se han quedado sin trabajo otros 20 onubenses. Que les cuenten a ellos y sus familias que vamos mejorando, que se lo cuenten a ellos.

Divinas panaderas

El mundillo conventual francés anda revolucionado por la irrupción en el hasta ahora exclusivo mercado de las hostias de una concurrencia feroz. Hay monasterios dedicados a la confección de esas sagradas formas que ven reducirse las demandas de manera imparable, a causa sobre todo, según parece, de la concurrencia ejercida por los artífices polacos, no necesariamente religiosos, que han logrado abaratar sustancialmente el producto hasta poner en peligro la supervivencia monacal. En Francia se calcula que hay 35 monasterios que vienen fabricando anualmente 140 millones de hostias, sin contar con que otros 30 al menos viven de comercializarlas en un mercado cada día más complejo, que ha de contar con el efecto de la secularización sobre una población católica que ve disminuir a paso rápido el número de fieles practicantes. Sólo un ocho por ciento de esa población del país cumple con el precepto dominical, por ejemplo, lo que implica, como es natural, que los llamados índices de frecuentación sacramental hayan disminuido a su vez sensiblemente, un fenómeno que me consta que en España ha corrido parejo con la industrialización, tal como predijeran los fenomenólogos, y en especial Thomas Luckmann y Peter Berger. Frailes y monjas no saben qué hacer y hasta le dan vueltas ya a la idea de dedicarse a otros menesteres más prosaicos, cosa que no ha de resultarles demasiado difícil habida cuenta de que hace tiempo que las compañías capitalistas descubrieron el chollo laboral que le ofrecían las clausuras, en algunas de las cuales, aparte de las tradicionales labores de lavado y reparación de la lencería hotelera,  se llevan ahora también, religiosamente, y nunca mejor dicho, la contabilidad de ciertas tarjetas de créditos con las que sólo Dios sabrá qué habrán pagado sus dueños. Todo un signo de los tiempos esa crisis de la divina panadería que no es, en definitiva, más que otra consecuencia de la imparable desacralización del mundo. Max Weber era todavía un optimista. El tiempo se ha deslizado vertiginosamente después de él.

 

No hay muros ni clausuras que impidan ya al ruido de los tiempos penetrar en el recinto de la vida contemplativa, lo cual contrasta, ciertamente, con la rigidez de ciertas posturas jerárquicas que parecen no querer enterarse de por dónde va la vera. La misma prohibición de utilizar hostias sin gluten, tan demandadas por los celíacos, se perfila en este horizonte como un gesto intransigente por no decir integrista, y más en estos tiempos de crisis de la industria monasterial. Hasta el lema benito de “ora et labora”  alcanza una contracción del consumo que no se detiene ya ni ante el obrador de las monjas. 

El loro insaciable

Aquí a todo exceso presupuestario se le aplica la vana muletilla de “chocolate del loro”. Lo que la Diputación de Sevilla –uno de los organismos más prescindibles y más gastosos de la autonomía—se va a pulir en consagrar en un retrato la memoria de un presidente al que nadie conoce (81.200 euros), es un ejemplo más de esa imparable sangría que no se corta siquiera ante el drama de la crisis. Y no me venga nadie con que es un caso aislado o un caso más, porque lo que ese disparate representa es todo un estilo político que no se ve el modo de arrancar en tanto el “régimen” se mantenga bien agarrado en esta Babia pródiga.

Pronóstico oscuro

No me hagan mucho caso pero, por lo que me va llegando, el “caso Punta Umbría”, es decir, el que afecta a la presunta coacción sobre un  concursante por parte de significados miembros del Ayuntamiento y el PSOE para que renunciara a su derecho, se va a poner cada vez peor. Y no sólo porque esas cintas grabadas a los presuntos coaccionadores resulten elocuentes –venir a ellas con el cuento del “contexto” no es más que una insostenible chorrada—sino porque verán como en poco tiempo salen a relucir otras circunstancias que acaban de rematar el embarque. Yo creo que el alcalde estaría a tiempo de salvar de la quema total su quebrantada imagen pero dudo de que lo consiga. Hay mucha leña en esa fogata. Y más que le van a echar.

El mono crédulo

Pocas cosas tan divertidas como el presagio. El fracaso de la predicción de la “tormenta perfecta” que, felizmente quedó en nada, no debe hacernos descreer de la ciencia predictiva, en la medida en que lo es, pero sí caer en la cuenta de cuánto debe la credulidad humana al miedo. Todas las grandes civilizaciones picaron ese anzuelo, desde Babilonia a Roma pasando por Grecia, no menos que las culturas que se mantuvieron en la servidumbre del primitivismo. Los hombres han tratado siempre de adelantar el futuro lo mismo observando el vuelo de las aves que escudriñando las vísceras de los sacrificios, procedimientos no menos arbitrarios que los que fiaron ese conocimiento a la revelación divina, como explicó Dodds hace años en un bello y olvidado libro. La caída de unos dados le decía al cleromante tanto como la voz del dios a la Pitia, el aspecto de un hígado aún trémulo convencía tanto como el fragor del trueno o la señal del rayo. Los romanos distinguían el prodigio del presagio pero creían con idéntico fervor en los “omina” o avisos percibidos por el oído que en los “auspicia” que entraban por la vista. Cicerón refiere cómo Craso se buscó la ruina por no entender el pregón de un vendedor de higos y sabemos que los libros anticipadores se guardaban devotamente en el templo junto a los sibilinos. O sea que nada nuevo. El papa Paulo III, por lo que dice Ranke, no convocaba jamás un sínodo sin consultar antes con atención a sus astrólogos y todos sabemos que desde Hitler a Reagan pasando por los Perones, la credulidad del poder ha hecho rico a mucho brujo. ¿La tormenta perfecta? Yo no digo que el susto no le haya venido de perlas al Gobierno para distraer el hambre y el cabreo del personal, pero a este paso los meteorólogos van también derechos al paro.

 

Con el lío de las isóbaras y el seguimiento de los anticiclones vía satélite, no hemos avanzado tanto, en fin de cuentas, respecto a las menologías arcaicas –a las babilónicas, por ejemplo– que sostuvieron que el trueno a mediados de agosto convertía en criminales a las esclavas. Hace poco unos sabios revelaron en la revista ‘Procedings of National Academy of Science’ que la facultad de anticipación humana residía en la corteza lateral izquierda, el precuneus del mismo lado y el cerebelo posterior derecho, pero el caso es que de la anunciada tormenta perfecta nada hubo salvo esas rachas huracanadas que hemos visto despeinar a las corresponsales gallegas de la tele. El mono crédulo ha demostrado una vez más su mansedumbre aunque tal vez haya salido de esa minicrisis algo mosqueado. Yo no sé de dónde ha salido eso de que el hombre, esa malva, es un animal difícil de controlar.

El PP en los feudos

El PP se ha sacudido el complejo, me da la impresión de que en proporción directa al creciente canguelo del PSOE a la vista de las encuestas. Presentarse en Dos Hermanas y llenar hasta las trancas fue una proeza inimaginable antes de la crisis, pero hacerlo en un feudo blindado como Alcalá de los Gazules ha sido casi una provocación que no ha acabado mal ni mucho menos. ¿Va la crisis del PSOE más acelerada de lo que se viene pensando, tanto han cambiado las cosas como para convertir en verosímil el cambio que hasta ahora se daba por imposible? Sin duda. La crisis devora al más pintado, cierto, pero no será sólo por sus efectos por los que el “régimen” se venga abajo, si es que se viene.