Agravio y acuerdo

Tras su encuentro con Rajoy, la presidenta Díaz ha comprobado que el acuerdo, tras el diálogo, resulta siempre más rentable que el agravio. Cesadas las hostilidades, Andalucía tendrá pronto –y con ella toda España—un nuevo pacto de financiación autonómica, algo evidentemente más provechoso que la rácana renta producida por la estrategia sistemática de enfrentamiento con el Gobierno. Ya veremos cuánto tardan en surgir nuevas excusas hostiles, pero es posible que Díaz, que poco puede esperar de su propio bando, haya entendido esa lección y busque en el respeto institucional un refuerzo para sus propios equilibrios. Sería un milagro, desde luego, pero habría de resultar provechoso, sin duda posible, cerrar la gallera tras cuatro decenios inútiles. Acierta Díaz esta vez aunque seguro que, en su deriva al pairo, Sánchez se lamenta.

Curiosas lealtades

Mientras desde Madrid una ex–consejera de Chaves lo sublima asépticamente como “ciudadano Chaves”, en plena Feria de Sevilla el jefe Sánchez sugiere que, de ser absolutoria la sentencia de los ERE, tanto aquél como su sucesor podrían “ser readmitidos en el PSOE como militantes”, a lo que añade la virreina andaluza que, en tal caso –restituida la “honestidad” de los Presidentes acusados—, “las cosas quedarían en su sitio”. ¡Lo que es la vida! Los mismos que anteayer besaban obsequiosos las huellas de esos próceres y se disputaban su cercanía a dentelladas, hoy se calzan los guantes para saludarlos y se enjuagan la boca con medroso escrúpulo tras pronunciar sus nombres. Da asco esta política convertida en pingüe profesión, pero es la que hay. La lealtad ni está ni se la espera en el diccionario de esta tropa oportunista.

Norte perdido

Hace años que los viejos sindicatos andan viniéndose abajo. Costaría explicar hoy en qué consiste su papel en una sociedad por completo distinta a aquella en la que surgieron y pelearon sus hermanos mayores. ¿Cuál es hoy su papel, a quién representan, quién los mantiene? Dos imágenes hablan por sí solas de esta decadencia imparable: la de su presencia en el festival independentista de Barcelona y la de los sillazos bronquistas registrados en su propia caseta de feria, que dejan chicos a las mariscadas, los maletines y las “tarjetas B”. ¡No se puede vivir eternamente a la sombra del pasado! Pero esas fotos recientes van más allá, hasta cuestionar a fondo tanto su legitimidad como su razón de ser. Renovarse o morir. Por mucha subvención que reciban, ese apotegma vale también para ellos.

Sanidad de pobres

Los farmacéuticos de Andalucía han recurrido y van a informar al Parlamento Europeo sobre lo que está ocurriendo con las subastas de medicamentos que hace la Junta. Y van a decir que los famosos “genéricos” adquiridos en aquellas, puede que ahorren el dinero que se despilfarra por tantos agujeros pero que, desde luego, no son ni idóneos ni, en ocasiones, resultan inocuos. Su presidenta y portavoz sostiene en público, además, para quien lo quiera escuchar, que esos remedios de pobre “producen desigualdad”, una denuncia que rechina en boca de una boticaria íntegra y más todavía sobre la coraza de los colectivistas. ¿Dará la Junta marcha atrás como ya la ha dado en otras ocasiones? Puesto que corregirse es de sabios, no estaría mal, pero de comprobarse esta denuncia sería preciso que se revisaran también las responsabilidades políticas.

Último acto

Encara su último acto la tragicomedia de los ERE con el ex–presidente Chaves como protagonista. Todo el daño que se le podía hacer a Andalucía, ya está prácticamente hecho con esa imagen que tanto ha durado en portada: el banquillo de la jerarquía. Toda prudencia será poca, en todo caso, durante esa recta final de un plenario tan desconcertante como previsible, tras el que nada volverá a ser igual en nuestro horizonte político, tanto si, al final, las sentencias son severas como si resultan catonianas. El disparate no ha sido sino el resultado fatal de un “régimen”, una larga autarquía de hecho frente a la que nunca hubo una Oposición como la gente. Quizá hemos perdido, entre unos y otros, el penúltimo tren de la historia. Lo suyo, a pesar de los pesares, sería esperar al siguiente.

Más leyenda negra

Tal vez no cese nunca. La “leyenda negra” –lean el reciente libro de Elvira Roca o el ya centenario de Julián Juderías—lleva camino de sobrevivir indefinidamente clonándose a sí misma. Su último capítulo, el escrito a la sombre de la dictadura franquista, ahí sigue caracoleando en el limbo culposo de la malquerencia de unos y otros. ¡No nos “perdonarán” nunca, ni siquiera los que tienen mucho que perdonar! Ahí tienen, estos mismos días, la tarta de disparates de la Justicia europea con la guinda intolerable colocada por la ministra alemana de Justicia: “Si no se prueba tampoco la malversación de caudales, Puigdemont será un ciudadano libre en un país libre”. Ahí queda eso. ¿Un país libre Alemania? ¿Y España no? Hay que tener audacia para señalar a la democracia española desde un país con el pasado de Alemania, y no me refiero al apocalipsis nazi sino a sucesos post-bélicos tan “democráticos” como el degüello en sus celdas de los miembros de la banda Baader-Meinhof o la bárbara masacre de Múnich en el año olímpico del 72.

Es posible que el triste asunto no renga remedio, lo que no implica por mi parte esquivar la responsabilidad relativa de nuestra diplomacia, incapaz desde siempre y hasta ahora de explicar por ahí fuera que padecer una tiranía durante cuarenta años no es motivo para extender su alargada sobra sobre una democracia que dura ya otro tanto. Nadie señaló a la democracia recuperada en Alemania tras su derrota bélica, porque era evidente que Adenauer o Willy Brandt nada tenían que ver con Göring o Goebbels, y ello a pesar de cuanto se ha especulado con la “responsabilidad colectiva” del pueblo alemán. ¿Por qué sostiene la ministra, a pesar de las rectificaciones tardías, que hoy día Alemania es libre y España no, a ver? Pues sencillamente porque, increíblemente, incluso en el democrático Gobierno alemán sigue viva la “leyenda negra”.

No deja de ser raro, por lo demás, que un país como el alemán, que recientemente revisó su estructura federal, recortando las competencias de los “länder”, para reforzar el sentido de la nación frente a eventuales aventuras regionales, apoye de hecho a los separatistas catalanes, unos golpistas más desahogados que los propios nazis a la hora de asaltar el Poder. Y se entiende, hasta cierto punto, que ni el Gobierno ofendido ni el ofensor estén por la labor de ver sus buenas relaciones en peligro, pero no la evidencia de que desde Europa se nos siga mirando como un país arriscado y rehén de un pasado que, hay que repetirlo, no es peor, ni mucho menos, que el de nuestros socios continentales. Los tópicos son cómodos, qué duda cabe, pero no por eso dejan de ser tan injustos como intolerables.