UGT cierra los ojos

A juzgar por las palabras de su mandamás andaluz, Manuel Pastrana, la UGT debe de tomarnos por tontos a los andaluces. Hombre, se comprende que la pingüe “concertación” está pendiente y aplazada hasta el otoño, y que eso no tiene más remedio que traer de los nervios a los responsables de la nómina, pero predicar la equidad de este “acuerdo” de financiación autonómica y sostener que beneficia a Andalucía no es más que un despropósito en el que el sindicato va a quedarse solo (CCOO ya se ha desmarcado con prudencia), incluso entre muchos de los suyos. No se muerde la mano que te da el pan, se admite, pero una cosa es el apoyo discreto al administrador y otra diferente su defensa numantina. Pastrana sabe bien que todo eso que dice es un cuento que no se sostiene, pero parece creer, por la cuenta que le tiene, que los demás somos ciegos. O tontos.

Pintar como querer

El director de no sé qué cosa de la consejería de Innovación de la Junta se ha tirado el rentoy de afirmar, en sede de la UNIA, que en Huelva, desde que se declaró la recesión, se han creado nada menos que 398 empresas que, por lo que ha añadido, vienen a ser los chiringuitos que se han montado para sobrevivir los propios parados: “El modelo actual necesitaba un cambio y desde la Junta hemos pretendido adelantarnos a los nuevos tiempos”, ¿qué les perece? Total, que la crisis le ha venido a Huelva de perlas, que no tiene tanta importancia la estrechez, incluso el hambre o que el Polo esté en el alero y miles de trabajadores en sus casas o esperando la cartita de despido. Esa criatura debe haberse tomado al pie de la letra la imbecilidad ésa de que “la economía es un estado de ánimo” que hemos oído por ahí. Lo consigamos para que se sepa en manos de quienes estamos.

Un verso de Horacio

Estimulado por las múltiples alusiones al caso, he releído estos días el viejo libro de Kapuscinski “La guerra del fútbol” (mi edición veracruzana de 1980 se titula “Las botas”, no sé por qué), aquel brillante reportaje, como todos los suyos, que el entonces corresponsal universal de la Polonia comunista, hizo sobre el conflicto armado entre El Salvador y Honduras que tuvo lugar en Julio del 69. No se le podía escapar a aquel observador que una contienda tan estúpida (100 horas, 6.000 muertos, 12.000 heridos, 50.000 personas sin hogar) poco tenía que ver con los incidentes originados en los partidos de fútbol que ambos países debieron celebrar en la fase previa del Mundial del 70, y tras el primero de los cuales, perdido por un solo gol en el último minuto, una muchacha hondureña casi adolescente, incapaz de resistir semejante afrenta patria, se descerrajó un tiro en el corazón con la pistola militar que su padre guardaba imprudentemente en una gaveta. Era la cuestión de la tierra, en efecto, la presencia de 300.000 colonos salvadoreños en las tierras fértiles de la empobrecida Honduras que señoreaba la famosa United Fruits Company, la causa real de aquella explosión que, sin embargo, es cierto que tomó el incidente del suicidio patriótico, hábilmente utilizado por el Gobierno títere, como causa inmediata. Otra vez la mujer en el origen de la guerra, siquiera sea a título falaz, como Horacio avisara en los expeditivos versos de su Sátira 13, “Nam fuit ante Helenam cunnus taeterrima belli causa”, que no traduzco por consideración al respetable, pero que convertían a la hembra en la razón de muchas guerras. Así se escribe la Historia: ni fútbol ni mujeres fueron causa de un conflicto que, como la inmensa mayoría, no tenía más razones que las económicas. Cuarenta años después, tengo entendido que la vieja herida futbolera se ha cerrado pero es la imagen de la desdichada heroína, como era de esperar, lo que se anda exhibiendo por ahí estos días. También se continúa exhibiendo a la pobre Helena a pesar de que hoy sabemos de sobra con qué poca base cuenta ese mito troyano.

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Poco necesitan los pueblos si no para desencadenar invasiones al menos para enardecerse como energúmenos contra el enemigo real o inventado, y eso es algo que saben bien los mercaderes del conflicto, que han utilizado desde siempre el recurso sentimental para disfrazar sus intereses. Claro que a veces la ocasión les cae del cielo bajo las diversas especies de la afrenta, para las que la imaginación no tiene límites. Una muchacha suicida vale por mil discursos en la mentalidad gregaria como lo demostró aquel miserable graffiti que hace ahora cuarenta años apareció en las paredes de Tegucigalpa: “Venguemos el 1 a 0”. No cabe más elementalidad que en esa necia convocatoria. Muchos de aquellos desgraciados seguro que lucharon y aún perdieron creyendo que combatían por le honor de una mujer.

Fúnebre festival

Sería bueno que la Justicia y la Junta liquiden pronto el contencioso, no poco instrumentalizado, de la fosa del poeta García Lorca y sus compañeros. Sin más tira y aflojas macabros, sin más interferencias ajenas a las familias, sin más profesionales de la “memoria histórica” justificando el sueldo. Otra cosa –enredar alrededor de una tumba y unos restos—no tiene el menor sentido en un ambiente civilizado en el que, por lo demás, la inmensa mayoría de sus ciudadanos ignora, como es natural, las consecuencias de una guerra tan lejana. Ni Lorca ni quienes con él fueron asesinados merecen ser por más tiempo exhibidos en un titular de prensa.

Huelva discriminada

La provincia de Huelva recibirá menos dinero que ninguna otra de las andaluzas en función de su menor población. Un criterio simplista y rígido, en este caso, porque ello la condena a agrandar la diferencia que la separan de las demás, y que no se explica más que por el hecho de que el PSOE da por consolidada su hegemonía suficiente en la circunscripción y no ve, por tanto, necesidad de favorecerla como sería menester. Un ciudadano paga en Huelva los mismos impuestos que sus paisanos del resto de Andalucía, tal vez aporta más al IRPF en conjunto, pero recibe menos que ellos del Estado y de su propia autonomía. He ahí unan injusticia de la que los electores onubenses deberían tomar nota.

Meterse en Honduras

El cardenal Madariaga, viejo amigo de los pobres de su región y gran conocedor del paño hispanoamericano, está a favor de lo que ha sucedido en Honduras, es decir, a la deposición del presidente Zelaya por orden judicial tras la aprobación casi unánime (a falta de cuatro votos) del Congreso. Dice que Zelaya no es más que un peón de Hugo Chávez y que lo que ocurre en Honduras es consecuencia de un insoportable estado de pobreza y desigualdad que favorece los proyectos demagógicos, bien conocidos en un país de tan lamentable tradición dictatorial. Un golpe de Estado hubiera sido la ocupación del poder por el ejército pero no la reacción de los poderes civiles legítimos ante una sistemática violación de las leyes y un proyecto de perpetuación en el poder similar al que ya han implantado en sus feudos el propio Chávez, Hugo Morales, Correa u Ortega. Y un golpe de Estado hubiera sido el cambiazo constitucional que pretendía perpetrar un Zelaya a punto de consumir su legislatura. Madariaga sabe que el Vaticano calla y otorga frente a la reacción generalizada de las democracias de Occidente que, cosa curiosa, parecen ignorar los anteriores extremos, en especial la diplomacia española que dirige Moratinos de modo tan celoso contra incidentes como el hondureño mientras celebra, apoya y promociona a un golpista tirano como Obiang. Un asunto difícil, sin duda (la forma en que se perpetró la expulsión del Presidente, condenada por Madariaga sin ambages, fue un craso error y una barbaridad), de esos que parecen no tener salida al menos en un plano teórico. Aún recuerdo el seísmo provocado por el apoyo intelectual y político generalizado al auténtico golpe antiislamista que tuvo lugar en Argelia una vez que los ganadores de los comicios anunciaron la supresión de toda legalidad ajena la ‘sharia’. Puede que este proceso reproduzca aquel otro, hoy olvidado por completo.

La tesis de Madariaga va ganando terreno sin perjuicio de que el conflicto interior se agrave en Honduras –un país entrenado por el “bolivarismo” en el odio de clases, según el cardenal y muchos observadores—sin que se advierta la menor disposición de algunas democracias discrepantes por reconsiderar los hechos. “Nunca estuvo el país más dividido”, nunca le pobreza extremada se vio involucrada en un embarque como el que le tiende Chávez en su afán de consolidar su proyecto de ese “hemisferio rojo” en el que las leyes son palimpsestos en manos de los dictadores populistas, golpistas muchos de ellos. Y España alineada con éstos como si populismo y dictadura fueran una novedad para nosotros. Puede que se acabe lamentando esa actitud cuando sea tarde pero entonces serán enormes las dificultades para justificar un prurito democrático que no justifica en absoluto cerrar los ojos ante la realidad.