Vandalismo impune

Nuevamente salta a la actualidad la situación en que se encuentra el patrimonio arqueológico onubense, en concreto sus dólmenes milenarios, hoy como siempre –al margen de alguna intervención oportunista–  abandonados a su suerte. Se culpa de los últimos atentados, con razón, al actual delegado de Cultura, Juan José Oña, pero hay que admitir que el abandono de la cacareada “ruta dolménica” viene de viejo. En el importante enclave de Pozuelo se destruyeron monumentos funerarios por dos veces en laboras agrícolas mientras que los demás –anunciados en carretera, eso sí—sobreviven en el más absoluto abandono, sin accesos ni custodia adecuada. La Junta que los reclamó en su día los mantiene en el más absoluto abandono.

Vivir del cuento

Casi todos los que escribimos en esta era confusa andamos echando nuestro cuarto a espadas sobre la hilarante conseja de la ministra de Igualdad (¡vaya oxímoron!) que propone desterrar del magín infantil las fantasías –el famoso “regalo de amor” de que hablaba Lewis Carroll—contenidas en el cuento infantil, porque ven en él, y no les falta razón, un activo instrumento de socialización que, como todo en esta vida, tiene la marca macho de la tradición cultural, la única conocida, dicho sea con permiso de Bachofen. La legítima aspiración feminista está adquiriendo una vidriosa tonalidad sobre cuyo fondo la hembra se refleja ya con trazas de ménade llevando hasta el paroxismo la pulsión maniquea que vertebró siempre lo que la Campoalange llamaba “la secreta guerra de los sexos”. Un ejemplo: la ministra no se conforma ya con proponer el uso sexualmente indiscriminado del juguete –batalla seguramente perdida por razones estrictamente dinámicas—sino que se propone imponer una didáctica nueva capaz de superar la férula patriarcalista, empezando por desterrar los cuentos en que el varón aparece como héroe salvador de una hembra pasiva en el conocido esquema mítico de la prueba del mérito, esa invariante mítica. Cenicienta misma, cree la ministra que simboliza un abuso viril, a pesar de que Bettelheim propuso ver en el zapatito de cristal la irresistible seducción de la vagina o de que el padre de doña Letizia lo aceptara encantado (y nunca mejor dicho) como un obsequio de la vida. En cuanto a la pobre Blancanieves, la otra perjudicada de este “índice expurgatorio”, ya es mala suerte que haya debido soportar a un tiempo la vejación del cine porno y los neuróticos melindres de estas exaltadas. ¿No se dará cuenta la ministra de que si no fuera por el patriarcalismo de ordeno y mano que hace desfilar a su partido, ella estaría aún en Alcalá de los Gazules y, probablemente, mano sobre mano?

 

Quienes creemos que la vida, sencillamente, ha cambiado para bien y que las relaciones entre los sexos nunca volverán a ser lo que eran, podemos avisar bien alto del riesgo de que estas memeces sexistas acaben devolviéndonos a una antropología como la que en su día levantaron tíos como E.B. Bax o Stevens Goldberg, aunque dudo que la ministra conozca las fuentes. Que se produzca una “reacción”, un impulso inverso, quiero decir, harta de coles la muchedumbre a fuerza de escucharle tonterías a las amazonas. No todo estaba mal en el viejo mundo, obviamente. Otra cosa es que gente como la ministra tal vez nunca hubieran ganado en él unas oposiciones libres. No debería desconfiar de la magia de los cuentos quien se lo debe todo a un príncipe azul.

Misión de la Universidad

La Universidad de Granada debe de tener mucho tiempo libre cuando lo emplea en objetivos tan peregrinos como el que campea en un anuncio suyo en el que se convoca a “chicas adolescente heterosexuales, activas sexualmente, que hayan practicado sexo con penetración, que no estén embarazadas y que no vivan con sus parejas”. ¿Se dan cuenta de en qué consiste hoy, por lo visto, la misión de la universidad por la que Ortega clamaba hace tantos años? El programa contempla materias como el uso del preservativo y las relaciones entre adolescentes, ni que decir tiene que “desde la perspectiva de género”. Del género tonto, hay que decir, una vez más, aparte de elevar un réquiem por el “alma mater”.

El atasco judicial

Los datos oficiales hechos públicos por el Consejo General del Poder Judicial son definitivos. Que en Huelva, por ejemplo, haya en este momento amontonadas más de 22.400 sentencias esperando turno para ser ejecutadas es un dato que habla por sí solo y, desde luego, en el lamentable sentido de que el sistema judicial está definitivamente desbordado y los contribuyentes y ciudadanos en general, dejados de la mano de Dios. No sirvió de nada el escándalo y la tragedia del “caso Mari Luz” porque las cosas están hoy peor aún que estaban antes ocurrir ésta. Algo que la Junta debe abordar con urgencia, anteponiendo ese objetivo a tantísimos gastos superfluos –incluyendo los de personal—como llevan por delante las Administraciones.

Ciencia y paciencia

Conversación radiofónica en la alta madrugada. El doctor Martínez Arias, director de un avanzado centro interdisciplinar de Cambridge, va desgranando con rotundidad opiniones que, de tratarse de una hora punta, levantarían ampollas. Que se fue de España hace como treinta años porque entonces no se encontraba biología solvente en nuestro país. Que hace falta más ciencia básica frente a la especializada, que el signo del nuevo siglo no será el solitario triunfo de la biología sino el maridaje entre ésta y la física con la medicina amancebada por añadidura. ¿El genoma? Ese salto prodigioso nos ha descubierto el alfabeto de la vida, pero conocer el alfabeto y aún las palabras de un idioma no habilita para escribir una novela. Compara este prodigio con la ininteligible hojita de instrucciones ante la que solemos rendirnos impotentes cuando compramos un mueble desmontado en Ikea. ¿Y las células-madre? No se arredra ante la pregunta el cerebro fugado: primero, esas células sólo se apellidan “madre” en español (en los demás idiomas se designan como “troncales”) y esa excepción semántica es ya bastante significativa; y segundo, los trabajos que con ellas se hacen son “alquímicos”, búsquedas a ciegas, excursiones que ignoran su destino. Demasiadas expectativas falsas provoca la “venta”  de ese producto pero su alto rendimiento político está desviando hacia ellas el dinero público que debería financiar la ciencia básica. No señala a nadie, pero me parece que el disparo a quemarropa tiene un blanco evidente, y me parece estar oyendo la insistente propuesta que Faustino Cordón predicaba en el desierto de la periferia hace muchos años. Paciencia, hace falta paciencia. La ciencia hecha de cara a la galería con el reojo puesto en la política puede que triunfe pero no avanzará. Verde y con asas.

 

Mi gozo en un pozo: falta mucho camino por recorrer y las prisas son malas consejeras. No a las promesas imposibles, sí a la investigación paciente. Nuestro doctor trabaja ahora coordinando la difícil conjunción interdisciplinar entre biología, física y medicina– vista larga y paso corto—que permitiría “mediciones” realistas e imprescindibles. Pero sin cerrar ninguna puerta: Newton, el último alquimista, descubriría la nueva ciencia en sus ratos libres. Desde su exilio, el doctor tira con bala, consciente del ritmo lento del progreso, cabreado por los vendedores de humo, en un programa que, discretamente, se titula “Partiendo de cero”. Habría que cerrar la barraca del buhonero por más que le alegre la feria al alcalde monterilla.

Las dos manos

Estupenda respuesta del presidente de la patronal andaluza ( CEA) a este diario: hay corrupción porque en “en muchas administraciones públicas” existe “un alto nivel de extorsión al empresario”. ¿Sí, y qué Administraciones Públicas son ésas, por qué la patronal no las denuncia al juez y a la opinión pública, pero con nombres y apellidos? Esto viene a ser como el aviso de Borrell a los empresarios para que no cedieran a la tentación que (por lo visto le constaba) tendían como redes tramposas ¡sus propios subordinados! Están de más las vueltas: para que haya corrupción hacen falta dos manos, la que da y la que trinca. Echar toda la carga sobre los trincones no es más que una excusa.