UGT se baja al moro

No sabe uno si tomarse en serio o a chacota la absurda propuesta del responsable andaluz de UGT, Manuel Pastrana, de que se permita el rezo compartido en el recinto eclesial de la Mezquita de Córdoba “para atrae turistas”. En serio sería para enviarlo a los albañiles; en broma, la propuesta supone una ignorancia de lo que aquel gran símbolo representa tanto como una ocurrencia, entre pueril y estúpida, indigna de quien dice representar a los trabajadores. Cualquier clavo le vale a esos síndicos subvencionados para escabullirse de los gravísimos problemas reales, pero lo menos es exigirles que no hagan el ridículo con iniciativas como ésta.

Crónica valverdeña

El alcalde de Valverde está de los nervios. Lo ha provocado el Seprona (la Guardia Civil, para entendernos) al denunciarlo  por ejecutar obras sin el preceptivo diseño de plan urbanístico, y lo han sacado de quicio los vecinos con casas en la zona residencial de Los Pinos, hartos del abandono al que los somete un Ayuntamiento que no les da el menor servicio pero les obra el IBI más caro de la historia. Hubo en la asamblea convocada por él mismo, de todo, desde inaceptables insultos al regidor, hasta réplicas inaceptablemente cabreadas del mismo, que perdió visiblemente los estribos cuándo le preguntaron, con razón, en qué se gasta lo que recauda de sus subidos impuestos. Está muy nervioso el alcalde. Sus razones tendrá.

Cerebro artificial

Traen entre manos los sabios del Politécnico de Lausanne un proyecto –en el que hay implicados varios centros, entre ellos algunos españoles—que trata, por decirlo malamente, de “reproducir” un cerebro artificial a base de reunir en potentes ordenadores todas las informaciones disponibles sobre la corteza cerebral, con la esperanza de que esa providencia acabe dando con la tecla justa del funcionamiento del misterioso órgano que nos hace ser lo que somos. Hablando mal y pronto, algunos reducen la cuestión diciendo que de lo que trata esa alianza entre neurofisiólogos e informáticos es de conseguir, de hecho, la “inteligencia artificial” –ése sueño del demiurgo—pero  mi amigo José María Delgado, que profesa un concepto casi lírico de su ciencia positiva, me advierte discreto que una cosa es ese alto objetivo, que pretende resolver problemas mediante el los recursos del ordenador, y otra muy diferente diseñar cerebros de artificio realmente autónomos como, con sus limitaciones, lo es el del ser humano. Sueña el hombre desde siempre en reproducir la creación de la especie con un sueño que hunde sus raíces en la primitiva y artesanal robótica ya conocida en la Antigüedad y llega hasta esta coyuntura tecnológica, tan prometedora que quien más quien menos anda ya viéndose triunfando sobre el caos y dispuesto a descansar al séptimo día, aunque demasiados indicios sugieren que esa linde no será fácil de trasponer. El saber ha conseguido, es cierto, graves logros en esta materia, como puede serlo haber dotado a la máquina de capacidades que pudiéramos llamar intelectivas, como las relativas al cálculo, superiores a las de cualquier humano, pero incluso esas proyecciones de la de la inteligencia “natural” distan insuperablemente de las capacidades de nuestro magín. Desde ninguna teoría del conocimiento se vislumbra siquiera la mera posibilidad de crear un cerebro inorgánico. Parece que lo de aquel descanso hebdomadario del Creador iba, en fin de cuentas, de lo más en serio.

 

“Blue brain”, cerebro azul, se llama este inquietante proyecto de los sabios en el que, de todas maneras, caben todavía insospechables sorpresas y que ellos atribuyen, cautamente, a lo que llaman “ingeniería inversa”, como quien ha buscado –a punto he estado de decir “a ciegas”– un camino de regreso como mejor atajo para acceder al destino deseado. Cualquiera sabe. Mi amigo José María, que como digo, suele mezclar diestramente sinapsis con octosílabos y axones con pies quebrados, sabe bien que la Vida esconde a conciencia sus misterios hurtándolos a la curiosidad humana. El hombre es un mono insolente, no hay duda, pero el enigma también.

El apagón de la Junta

Cómo será el fiasco inicial de la TDT que el presidente del Consejo Audiovisual Andaluz (CAA) ha declarado a quien ha querido oírle que el mapa diseñado por el Ministerio resulta, en la práctica, inviable. ¿La Junta? La Junta viéndolas venir, como siempre desde que surgió el gran negocio de las licencias de emisoras –aquí ha habido concesiones de Presidencia a algún amigo carnicero que terminó revendiéndolas ilegal e impunemente antes de montarlas siquiera—en su designio de reforzar con ellas sus sistema clientelar. ¿Qué hay pueblos “apagados” y un auténtico baratillo de licencias? Pues que les vayan dando. Bastante problema tiene hoy la Junta con saber dónde está de pie.

El paripé de Valderas

Lleva razón el PSOE onubense cuando le dice a Valderas que se deje de teatro y reconozca que gasta un doble lenguaje frente a privatización de los servicios municipales de abastecimiento de agua, y resulta ridícula la excusa dada por el responsable local de IU culpando al PSOE de la decisión del alcalde de Hinojos. IU dice una cosa en este pueblo y otra en la capital y la prueba va a ser cómo Valderas deja pasar el tiempo sin mover un dedo contra el insurrecto por más que mandara ensañarse contra una decisión pareja en el Ayuntamiento de Huelva. Cuentos. Esta historia demuestra que IU atacó al alcalde de la capital aun teniendo muy claro que la operación era de lo más razonable.

El arte loco

En la radio de madrugada escucho a un especialista la receta para detectar si una obra de arte es arte verdadero o simple camelo. Dice, el hombre, que hay para ello dos caminos: conseguir que el autor te la “explique” hasta que la comprendas o, en su defecto, lograr que un “experto” haga lo propio, en el sobreentendido de que si no funciona ni uno ni otro test podemos dar por camelancia el pretendido arte. También me entero de que en el museo Reina Sofía se inauguró el miércoles pasado una exposición que, bajo el título de Marcos de reclusión, recoge la obra realizada por un mexicano presunto esquizofrénico que, privado de la palabra y verosímilmente de la razón, vivió recluido treinta años en un duro nosocomio, para perderse luego (la obra) en el garaje del psicólogo que lo descubrió y pasar, sin solución de continuidad, a la cadena marchante. Desde luego, no hay nada especialmente novedoso en el arte majarón, genuino o falsario, al menos desde que el surrealismo –esa proeza que los marxista más combativos vieron siempre como expresión idónea de la aventura burguesa—descubrió al espectador el dogma freudiano del valor de lo in o subconsciente, expresado en clave salvaje en la maestría de un Bacon o desde las perspectivas lúdicas de esos linces vividores que van desde Max Ernst a Pollack pasando por De Chirico y toda la patulea que chuleó en Venecia a Peggy Guggenheim. Dalí, que estaba completamente cuerdo a mi juicio, dijo en una ocasión algo que me hubiera apetecido retrucarle al “especialista” que me ha dado la noche, algo así como que el hecho de que él ignorara el significado de su obra no implicaba que ésta careciera de significado. De sobra sabía él que lo difícil es conseguir que el almotacén de la lonja te deje abrir el puesto porque luego todo es pintar y vender. Él llegó a colocarle a los turistas yanquis, pliegos sobre los que un erizo impregnado en tinta china dejaba su rastro, sin duda inconsciente y –ésta vez sí que sí– “brut”, “outsider” y lo que ustedes gusten.

 

Tanto en USA como en Francia funciona como un reloj ese mercado de arte loco apellidado como acabo de entrecomillar, y en él hace tiempo que se cotiza divinamente la obra que aquel desgraciado produjo viviendo en la más cruda miseria. ¿No se venden hoy por doquier muñecones ahorcados y Cristos erectos? La diferencia está en que la obra de este recluso expresa con sinceridad sus barruntos estéticos y otros seísmos anímicos, en vez de defraudar al destinatario con ocurrencias deliberadas. La esquizofrenia anda instalada en el mercado desde mucho que el museo se haya decidido a acogerla.