Prohibido creer

Por gentileza de un amigo parisino acabo de leer en primicia “Le prix á payer”, el precio a pagar, el libro de Joseph Fadelle que cuenta la historia fidedigna de un chiita irakí que hubo de vivir una tremenda odisea tras su conversión al cristianismo bajo la influencia de un amigo, odisea que acabó a tiros en plena calle y con el converso abatido por su propia familia. Es una historia dramática que coincide con la noticia, que antier mismo pudimos ver en televisión, sobre ese matrimonio pakistaní al que los integristas islámicos martirizaron quemando vivo al marido y violando a la mujer ante la pasividad absoluta de la policía presente, uno más entre los numerosos atropellos que están ocurriendo en aquel país, en India, en Nigeria, en Malasia, en Egipto, en Somalia, en Marruecos, en Argelia o en el propio Irak, en todos los cuales la fobia antioccidental se ceba en esos fieles como presuntos corresponsables de los errores políticos de Occidente. Por supuesto que no hay en esta situación nada esencialmente nuevo en la medida en que la intolerancia ha sido siempre un rasgo de la convivencia en los países islámicos. Lo que es nuevo es el hecho de que las instancias internacionales tomen tan justa y diligentemente la defensa de las minorías musulmanas en este lado del mundo –como hacía el jueves pasado el Consejo de Derechos Humanos de la ONU al condenar la discriminación de esas minorías y pronunciarse contra la prohibición suiza de los minaretes—mientras se ignoran de la manera más olímpica esas otras persecuciones padecidas en el lado de allá. El protagonista del libro de Fadelle es condenado por una fatwa ejecutada por sus hermanos en plena calle, pero ni por él ni por el matrimonio martirizado se ha oído la voz de Human Rights Watch o de Amnistía Internacional, tan atentos siempre a la injusticia. Este doble rasero puede que acabe enrareciendo aún más el clima de tensión religiosa que va a hacer buena la profecía de Malraux sobre este siglo de las esperanzas que pinta cada vez peor.

 

No habrá posibilidad de un orden internacional nuevo y solidario mientras las decisiones políticas y sociales dependan de criterios religiosos. Pero eso, que respecto a los países teocráticos resulta inútil recordar, es preciso subrayarlo en el ámbito teóricamente libre para el que todo ataque a las creencias personales debe constituir un atentado. No es justo ni quizá posible imponer el respeto a las creencias islámicas en los países desarrollados mientras en los musulmanes se castiga con la muerte la simple conversión y se persigue a los cristianos. No lo es que el martirio sea “El precio a pagar” por la libertad de creer.

La jungla escolar

El consejero de Educación se ha estrenado con el reconocimiento del desprestigio del sistema educativo y con la promesa de reforzar la figura del profesor dotándola de más autoridad aunque no ha dicho cómo ni cuándo. Su primer acto ha sido, sin embargo, interesarse por ese director de Instituto agredido esta semana por uno de esos alumnos intocables contra los que poco puede hacer hoy el claustro ante la desmesurada protección oficial. Es una lástima que alguna comunidad rival se haya adelantado a atribuir al docente la condición de funcionario público que convierte en atentado la hasta ahora simple agresión, sobre todo porque ese sigue siendo el camino más lógico para garantizar en lo posible la paz escolar.

A la fuerza ahorcan

La decisión de Griñán de mantener dos legislaturas a aquellos/as que sean designados candidatos para las municipales tiene mucha lógica, pues hay plazas demasiado difíciles para encomendárselas a candidatos a palo. A la ex-consejera Castillo, defenestrada de Medio Ambiente al cabo de un año mal contado tras su fracaso en la gestión, le debe haber caído la ocurrencia como un pelotazo, si es que finalmente es ella la víctima propiciatoria que se inmola en el altar de la improvisación frente al imbatido Pedro Rodríguez. Nadie quiere figurar en ese cartel y eso es mal síntoma en unas elecciones a las que el titular concurre, además, como más méritos visibles que nunca.

El enemigo interior

A propósito de un libro publicado por el periodista John Avlon que describe el repliegue irracional de la derecha american tras la elección de Obama, se están registrando en aquel gran país opiniones que invitarían a la hilaridad si no fuera porque testimonian un estado de debilidad mental rayano en la idiocia. Santo y seña de esa campaña contra el “presidente negro” está siendo un cartel utilizado en Internet durante la campaña por el equipo de McCain en el que Obama aparece luciendo los cuernos diabólicos del Anticristo, pero mucho más elocuentes son los sondeos publicados estos días por el Instituto Harris y en los cuales sorprende que un 40 por ciento de la gente considere que el Presidente es socialista, un 32 lo acuse de ser musulmán,  casi un 30 por ciento piense que abandona la soberanía nacional ambicionado el liderato del mundo, un 23 que es antiamericano y casi uno de cada cinco sospeche que trata de aprovechar la crisis para optar al poder absoluto. Hay datos peores aún en los sondeos del Partido Republicano, como que el número de quienes lo suponen socialista alcance el 67 por ciento, el de los que lo “acusan” de ser musulmán se eleve al 57, el de los que lo tildan de racista sube al 42, que un 38 lo compare nada menos que con Hitler, un 45 lo identifique con el enemigo interior” del que habla la Constitución, que el 22 fantasee con el absurdo de que desea la victoria de los terroristas y, en fin, que uno de cada cuatro republicanos no descarte que sea, en efecto, el Anticristo de que habla el Apocalipsis. Hay motivos para pensar, como ven, que ese líder acogido con tanta esperanza en buena parte del planeta tiene dentro de su propio país una enorme enemiga que basa su fuerza en la movilización del miedo en los términos inconcebibles que revelan los datos expuestos. Frömm se quedó corto cuando avisó sobre el peligro que implicaba el miedo a la libertad.

 

No va descaminada la opinión de que el mito Obama, con independencia de su mayoría circunstancial, es más una ilusionada construcción europea que un producto americano. Lo que no podían uno suponer era que la conciencia colectiva consagrara, a estas alturas, semejante ruta, ni que la cultura política del primer país del mundo encerrara semejante capacidad mitificadora. Resulta casi impensable tanta simpleza y tan ingenua permeabilidad a los estímulos aterradores, pero es evidente que esa derecha enrocada en tan medroso infantilismo va a constituir un escollo difícil frente al carisma presidencial. No es Obama el único comprometido en esta crisis de la razón sino todo ese proyecto mundial que parecía articularse en torno suyo.

El “INI” autonómico

El enorme tinglado erigido por la Junta para aviárselas administrativamente con mayor comodidad y, de paso, colocar a una vasta clientela política –las empresas públicas autonómicas—, acaba de ser puesto contra las cuerdas por una sensata sentencia del Tribunal Supremo que ve en la sustitución del funcionario público por un gestor paralelo un auténtico “desapoderamiento” de la Administración. Lo curioso es que un truco tan visible –¡y tan prohibitivo!—haya tardado tantos años en ser señalado por la Justicia. Uno se pregunta a veces en qué estará pensando la leal oposición y, ya de paso, esos sindicatos que asisten impertérritos a semejante saqueo de la función pública.

Carnaval en Cuaresma

Carnavalillo en plena Cuaresma ha sido el organizado por los alevines del PSOE –esas Juventudes en las que muchos encontrarán su empleo de por vida– al manifestarse ante la tele municipal reclamando pluralismo. ¡Qué cosa, tener que escuchar al PSOE exigir pluralismo tras tan larga experiencia de “agiprop” monocolor! ¿No habrán visto más que esa tele los jóvenes del esparadrapo en la boca? ¿Qué pluralismo han encontrado alguna vez siquiera en los ‘medios’ que controla su partido aunque los paguemos entre todos? ¿Quieren acaso controlar también los medios ajenos? Se comprenden las prisas por hacer méritos pero no espectáculos como el que los veteranos han hecho representar a estos jóvenes.