Crónica valverdeña (2)

Y siguió el follón al día siguiente, cuando el alcalde, monterilla rematado en esta ocasión, negó a los vecinos el local para reunirse en asamblea con la intención de debatir su inobjetable causa: el abandono municipal de Los Pinos. Con policías y todo, locales y guardias civiles, como en los viejos tiempos. Y con posterior manifestación y sonora pitada a las puertas del Ayuntamiento, sobre esa lastimosa Plaza desfigurada sin motivo ni razón y con criterio pardillo, con cargo al Plan E. Puede que sea el principio del fin de Cejudo. En compañía de socios como los que lo sostienen en el poder, no tendría nada de extraño.

País efervescente

Con el anuncio de una huelga de futbolistas convocada por su representación nacional , la AFE, culmina, de momento, la tensión vivida en ese poderoso sector de actividad económica que es el negocio del fútbol. Ni que decir tiene que los huelguistas no han osado perturbar la próxima jornada –al esperado Real Madrid-Barça, ni reñirle, claro–, pero sí que amenazan con colgar las botas en la siguiente, es decir, la del fin de semana posterior, desesperados ante la insolvencia de esos despilfarradores clubs que andan debatiéndose en las últimas con la evidente vista gorda del propio Gobierno que es quien debería preocuparse ante esa nueva burbuja que amenaza con estallar en cualquier momento. Al grano: el negocio del fútbol debe hoy al menos 3.000 millones, más de 600 a una complaciente Hacienda que lo deja hacer y deshacer, y casi 5.000 a la Seguridad Social, estimándose que apenas un 15 por ciento de los clubs está en estos momentos al día. ¿Cómo y por qué se permite esa deuda a un Real Madrid que debe más de 500 millones mientras dilapida doscientos en fichajes mediáticos, a un Barcelona que no puede pagar casi 400 millones o a un Atlético que roza por abajo esa cifra? Sumen esa locura a los 4.000 millones que tiene colgados la Segunda División y tendrán claro que esa burbuja explotará tarde o temprano, dejando muy clara la inmundicia del negocio de los dirigentes y la complicidad acollonada del Gobierno. Dicen, eso sí, que la burbuja futbolera no está sola, sino acompañada por la enorme deuda municipal, cuyos Ayuntamiento empiezan a cruzar ya la raya roja al no pagar siquiera sus nóminas, o la que a ojos vista aloja en su templado amniótico a las Cajas de Ahorro. El trajín de los constructores se las trae, no lo discuto, pero ándense listos porque esa supernova fue la primera pero no va a ser la última en sobresaltar nuestro firmamento.

 

Un poco, pues, como la muñeca rusa, el país soporta una crisis abierta bajo el cielo encapotado de otras pendientes y amenazadoras. Y en todos los casos –fútbol, Ayuntamientos, Cajas—hay que preguntarse qué hace el Gobierno consintiendo el despiporre, por qué tolera esas deudas inmensas si se las compara con las minúsculas por las que cruje a diario al sufrido empresario, cuántos rasero maneja esa Hacienda componedora y qué razón puede dar la implacable Seguridad Social para plegarse a semejante cachondeo. Será curioso ver, eso sí, a esos jóvenes millonarios paralizar psíquicamente, por lo menos a la mitad de la población, saqueando nuestras reservas de opio. Franco no dejaría que las cosas llegaran a mayores. La democracia, ya lo verán, tampoco va a consentirlo.

UGT se baja al moro

No sabe uno si tomarse en serio o a chacota la absurda propuesta del responsable andaluz de UGT, Manuel Pastrana, de que se permita el rezo compartido en el recinto eclesial de la Mezquita de Córdoba “para atrae turistas”. En serio sería para enviarlo a los albañiles; en broma, la propuesta supone una ignorancia de lo que aquel gran símbolo representa tanto como una ocurrencia, entre pueril y estúpida, indigna de quien dice representar a los trabajadores. Cualquier clavo le vale a esos síndicos subvencionados para escabullirse de los gravísimos problemas reales, pero lo menos es exigirles que no hagan el ridículo con iniciativas como ésta.

Crónica valverdeña

El alcalde de Valverde está de los nervios. Lo ha provocado el Seprona (la Guardia Civil, para entendernos) al denunciarlo  por ejecutar obras sin el preceptivo diseño de plan urbanístico, y lo han sacado de quicio los vecinos con casas en la zona residencial de Los Pinos, hartos del abandono al que los somete un Ayuntamiento que no les da el menor servicio pero les obra el IBI más caro de la historia. Hubo en la asamblea convocada por él mismo, de todo, desde inaceptables insultos al regidor, hasta réplicas inaceptablemente cabreadas del mismo, que perdió visiblemente los estribos cuándo le preguntaron, con razón, en qué se gasta lo que recauda de sus subidos impuestos. Está muy nervioso el alcalde. Sus razones tendrá.

Cerebro artificial

Traen entre manos los sabios del Politécnico de Lausanne un proyecto –en el que hay implicados varios centros, entre ellos algunos españoles—que trata, por decirlo malamente, de “reproducir” un cerebro artificial a base de reunir en potentes ordenadores todas las informaciones disponibles sobre la corteza cerebral, con la esperanza de que esa providencia acabe dando con la tecla justa del funcionamiento del misterioso órgano que nos hace ser lo que somos. Hablando mal y pronto, algunos reducen la cuestión diciendo que de lo que trata esa alianza entre neurofisiólogos e informáticos es de conseguir, de hecho, la “inteligencia artificial” –ése sueño del demiurgo—pero  mi amigo José María Delgado, que profesa un concepto casi lírico de su ciencia positiva, me advierte discreto que una cosa es ese alto objetivo, que pretende resolver problemas mediante el los recursos del ordenador, y otra muy diferente diseñar cerebros de artificio realmente autónomos como, con sus limitaciones, lo es el del ser humano. Sueña el hombre desde siempre en reproducir la creación de la especie con un sueño que hunde sus raíces en la primitiva y artesanal robótica ya conocida en la Antigüedad y llega hasta esta coyuntura tecnológica, tan prometedora que quien más quien menos anda ya viéndose triunfando sobre el caos y dispuesto a descansar al séptimo día, aunque demasiados indicios sugieren que esa linde no será fácil de trasponer. El saber ha conseguido, es cierto, graves logros en esta materia, como puede serlo haber dotado a la máquina de capacidades que pudiéramos llamar intelectivas, como las relativas al cálculo, superiores a las de cualquier humano, pero incluso esas proyecciones de la de la inteligencia “natural” distan insuperablemente de las capacidades de nuestro magín. Desde ninguna teoría del conocimiento se vislumbra siquiera la mera posibilidad de crear un cerebro inorgánico. Parece que lo de aquel descanso hebdomadario del Creador iba, en fin de cuentas, de lo más en serio.

 

“Blue brain”, cerebro azul, se llama este inquietante proyecto de los sabios en el que, de todas maneras, caben todavía insospechables sorpresas y que ellos atribuyen, cautamente, a lo que llaman “ingeniería inversa”, como quien ha buscado –a punto he estado de decir “a ciegas”– un camino de regreso como mejor atajo para acceder al destino deseado. Cualquiera sabe. Mi amigo José María, que como digo, suele mezclar diestramente sinapsis con octosílabos y axones con pies quebrados, sabe bien que la Vida esconde a conciencia sus misterios hurtándolos a la curiosidad humana. El hombre es un mono insolente, no hay duda, pero el enigma también.

El apagón de la Junta

Cómo será el fiasco inicial de la TDT que el presidente del Consejo Audiovisual Andaluz (CAA) ha declarado a quien ha querido oírle que el mapa diseñado por el Ministerio resulta, en la práctica, inviable. ¿La Junta? La Junta viéndolas venir, como siempre desde que surgió el gran negocio de las licencias de emisoras –aquí ha habido concesiones de Presidencia a algún amigo carnicero que terminó revendiéndolas ilegal e impunemente antes de montarlas siquiera—en su designio de reforzar con ellas sus sistema clientelar. ¿Qué hay pueblos “apagados” y un auténtico baratillo de licencias? Pues que les vayan dando. Bastante problema tiene hoy la Junta con saber dónde está de pie.