Prioridad absoluta

La provincia de Granada no va nada bien, ni siquiera comparada con la media andaluza. Y sin embargo, la preocupación prioritaria de las fuerzas autodenominadas de izquierda, concretamente PSOE e IU, no andan en esa grave pelea por la subsistencia sino empeñadas en un objetivo mucho más “in”: conseguir que el Ayuntamiento de la capital luzca en su balcón el arco iris de la bandera gay (esto es la que representa a gays, lesbianas, transexuales y bisexuales) para conmemorar la efemérides que supone el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia. Pues nada, adelante, prioridad absoluta. La crisis, con sus parados y sus comedores de caridad pueden esperar. Sentados.

El pregón del libro

Permítanme la broma, pero escuchando el pregón del libro de Manuel José de Lara tienta decir que menos mal que, por una vez, topamos con un pregonero (de lo que sea) que sabe de qué habla y cree en lo que dice, lo que demuestra que el descrédito del pregón como género se arreglaba rápido con sólo mantener el cuidado de elegir a pregoneros de verdad y no a fantasmas improvisados. Lara, un lector impenitente y un profesor con una obra de peso tras de sí, ha resultado la voz autorizada que se preveía. Ya ven lo fácil que era salir de ese círculo de tiza.

La red o el garlito

A pesar de tantos avisos discretos, todavía queda por ahí mucha gente crédula que no acaba de percatarse de la peligrosa capacidad de engaño que, junto a su indudable valor como fuente, posee Internet. Un amigo que enseña en la universidad francesa me decía no hace mucho que el mayor riesgo de la Red no estriba en ofrecer sus eventuales trampas o errores a los estudiantes sino en que los propios profesores lo hayan convertido en una Biblia de uso corriente, argumento similar al que se prodigó entre las elites europeas tras el descubrimiento de la imprenta. Hay que aceptar, en cualquier caso, que el recurso a una base inmensa e incontrolable de información implica riesgos evidentes desde la perspectiva de la difusión del saber, como acaba de probar la extraordinaria anécdota de ese bloguero que ha puesto patas arriba las redes sociales al inventarse una espléndida camelancia según la cual el círculo mágico de Stonehenge –sobre el que desde los fantasiosos hasta un tipo tan severo como Fred Hoyle, tanto se ha especulado ya—no sería una obra megalítica genuina sino un artificioso invento de ciertos personajes británicos empeñados en superar a base de timos los logros famosos de la arqueología continental. Ni siquiera el hecho de haber sido difundido el cuento el 1 de abril, es decir, el April Fools’ Day (Día de los Bobos, nuestros decembrinos “Inocentes” ) ha bastado para desengañar a los ingenuos, hasta el punto de que el propio National Geographic al que falsariamente se atribuía el apócrifo, se vio obligado a salir a la palestra para desmentirlo, aunque muy probablemente esa diligencia no bastará ya a deshacer un entuerto que, en mayor o menor medida, seguirá rodando por ahí quizá para siempre. Es ya un viejo tópico de la sociología que no hay innovación o desarrollo de relieve que no acarree sus costes al sistema. Ahí tienen una prueba más.

 

La Red es un también, qué duda cabe, un garlito, como lo ha sido antes el libro y, por supuesto, el manuscrito, porque el fracaso de la verdad no deriva del soporte sino de la proverbial tentación humana de utilizarlo para el fraude. No hay diferencia entre este bloguero y el misterioso artífice de los llamados “Plomos” del Sacromonte, los malvados redactores de los “Protocolos de los Sabios de Sión” o tantos otros estafadores culturales. La novedad estriba en el alcance universal de un difusor que, encima, resulta tan difícilmente controlable. Un tío cualquiera –que sepa lo que hace, eso sí—puede echar abajo la certeza allí donde se le antoje con sólo “colgar” en Internet una fantasía bien traída. Nunca la Cultura dispuso de mejor aliado ni estuvo sujeta a una amenaza mayor.

Volver al realismo

Resulta demoledor el informe de de un grupo de expertos tan poco sospechoso de tremendismo como el de Unicaja, Analistas Económicos de Andalucía: crisis para rato, PIB todavía negativo, recuperación no anterior al 2014, paro aumentando todavía un semestre hasta situarse por encima del 27 por ciento… En absoluto se trata de propiciar el pesimismo, pero sí de que se debería tratar de abandonar ese optimismo sin causa del que la Junta ha hecho su panacea y Griñán su muletilla. No vamos a salir de este agujero a base de falsas esperanzas. El realismo es un prerrequisito ineludible que la Junta ha de asumir si quiere, por fin, hacer algo más que verlas venir.

Capas y sayos

El caso del alcalde sociata de Higuera de la Sierra –otro atropello de la normativa urbanística en beneficio propio por parte de quien tiene el deber de garantizar su cumplimiento—no es el primero ni el segundo que se logra destapar. Y si ha habido casos como el de Linares, en que el PSOE –vaya usted a saber por qué razones– reaccionó con la debida energía, otros hubo, por ejemplo el de Moguer, en que no movió ni un músculo. Esto de que los mismísimos alcaldes/esas se salten la ley a la toreara mientras a los peatones les mandan demoler sus construcciones ilegales, manda huevos. Pocos gestos tan evidenciadores de la vitalidad del caciquismo como éste del abuso monterilla.

Gigantomaquia

Circula por Internet –¡y a qué velocidad!—un desconcertante reportaje fotográfico que da cuenta del hallazgo por parte del National Geographic en cierta región de India de un depósito de restos humanos de tamaño colosal –esqueletos de unos diez metros—que la tradición identifica como cierta raza de gigantes creados en tiempos y luego destruidos por los dioses. Lo de menos es la calidad de la información o de la broma en el caso de que fotoshop haya andado por medio, ya que lo que importa, me parece a mí, es la persistencia de esos mitos y de esas leyendas difundidas un poco por toda la Tierra desde la noche de los tiempos, tradiciones que encontramos lo mismo en aquel subcontinente que en España (en Cataluña, en la Rioja con su gigante ‘Ferragut’, en Baleares , en el País Vasco o en Canarias) y que, por descontado, se remontan a nuestro pasado remoto y, muy en especial, a las referencias tartésicas. En su espectacular excavación de la onubense necrópolis de La Joya, el profesor Juan Pedro Garrido se topó con restos humanos extrañamente bien conservados y de proporciones casi sobrehumanas, igual que antes y después se han venido descubriendo en tantos lugares del planeta dando pie incluso a delirantes teorías sobre su origen extraterrestre. Los imaginativos griegos manejaron una pléyade excepcional de gigantes que, tal como ahora mismo los descubiertos en India, acabaron indefectiblemente fulminado por los poderes celeste, como aquel al que Dionisio se cargó con su tirso o a aquel otro descocado al que la gran Atenea aplastó arrojándole en lo alto nada menos que la isla de Sicilia con todos sus avíos, lo mismo que Poseidón hiciera con otro grandote al que echó encima un pedazo arrancado a la isla de Cos. Los recién descubiertos en la India también habrían sido liquidados, según dicen, por Shiva tras haberse rebelado contra el poder de los dioses. No se le ocurre a nadie una cosa semejante, desde luego, por muy gigante que sea.

 

Que somos de lo más constantes (es decir, de lo más limitados y repetitivos) en nuestra imaginación lo prueba que esa vieja materia de la gigantomaquia –el buen fin en la pelea contra los gigantes– requirió siempre, como la mitografía griega se encargó de especificar, la colaboración del poder de los dioses con la astucia o virtud de algún hombre, un poco como ocurre en el cuento maravilloso, donde el brazo del héroe, así como su corazón, ni que decir tiene que operan animados por fuerzas superiores. Gigantes atestiguan el Génesis o el profeta Baruch que poblaron la tierra en un tiempo primordial como ahora esa prestigiosa revista. No cambiamos ni a tiros. Nuestra imaginación no cesa de reinventar los mismos mitos.