El truco del recorte

La cuerda se rompe siempre por la parte más débil, suele admitirse. Y con razón, Vean el “recorte” finalmente decretado por ZP tras la lógica presión de variadas instancias institucionales. Primero y ante todo, el funcionario, ese privilegiado según y cómo, cuya retribución se bajará implacable en un 5 por ciento de media para ser congelada luego en el ejercicio siguiente, un buen bocado, cierto, pero el chocolate del loro, como suelen decir los gastosos, si se compara con el que podría dársele al personal “político” –es decir, al enchufado– en que se asienta el poder clientelar de los partidos, y nada digo si se le metiera mano a esa “Administración paralela” que son las empresas públicas con que el Gobierno y las Autonomías han logrado duplicar el pesebre y, ya de paso, burlar los controles de intervención, a las innúmeros fundaciones, a los infinitos consejos, a las mancomunidades mil que agigantan un municipalismo voraz y electoralista. Un funcionario es un manguito de carrera que ganó su plaza por oposición, por otra parte, lo que merecería un respeto por parte de estos sobrevenidos que se creen “elegidos” porque alguien los incluyó en una lista de partido, y desde luego, un miembro de un colectivo cuyos cuerpos inferiores cobran una miseria tantas veces. El problema no es el coste salarial de los funcionarios sino su número y, más allá, su duplicación en esas excrecencias administrativas a las que ya verán cómo no se les toca un pelo. ¿Por qué cargar la mano, entonces, con el funcionario por mérito propio? Larra hizo un excelente retrato de ciertas indolencias pero le prestó un flaco favor a la función pública.

 

Creo que hay que apoyar ese “recorte”, en todo caso (a muchos privados ya nos han crujido en silencio), pero si en España hubiera un Gobierno de derechas mañana por la mañana tendríamos la calle abarrotada por la protesta sindical. Aparte de que muchos de esos “recortados” tienen a su cargo familias en las que abundan los parados y cuyas economías luchan desde hace tiempo por llegar a fin de mes. Porque funcionarios –abran los ojos– son los subalternos mileuristas, los policías malpagados, los bomberos, el personal sanitario, los investigadores lampantes, los currelantes judiciales o los furrieles, y es a ellos a quienes se les va a dar el palo mientras los ejecutivos de nuestras podridas finanzas, por ejemplo, hacen público alarde de cobrar millonadas en bonos graciables. La crisis la pagarán los de abajo y los de enmedio, como estaba previsto. Y encima no sabemos siquiera si con su sacrificio sacaremos algo en claro.

Belmonte

Sabemos que la Junta autónoma (pero menos) actúa rigurosamente a remolque del “Gobierno amigo”. Toca ahora ver qué hace a la vista de las medidas de “recorte” anunciadas ayer por ZP. Lo previsible es que repercuta la bajada salarial sobre los funcionarios sin plantearse siquiera la imprescindible reforma del “sector público” –ese nuevo ‘INI’ que se ha ido construyendo a cencerros semitapados—que grava el coste real de la gestión pública andaluza en términos insufribles. Y es probable que paguen los más débiles mientras se mantiene el desbordado tinglado “paralelo” y, por supuesto,  que ello ocurra contando con el silencio del sindicalismo financiado. Griñán no ha hecho nada hasta ahora contra la crisis. En adelante, mejor o peor, no tendrá más remedio que reaccionar.

Poeta silencioso

El poeta riotinteño Juan Delgado –para muchos, como yo, el mejor de la generación onubense—se ha ido como vivió: en silencio y aislado por el vacío. Como un último ultraje, los ignaros de la Diputación han rechazado la edición de su obra, que hace medio siglo ya andaba consagrada en Adonais y gozaba de un respeto generalizado. Una vergüenza más que estos membrillos echan sobre  Huelva y una gran ocasión, cogida al vuelo, por el sentido cultural y la diligencia de la UHU, nuestra “Onubense”, que incluso tiene ahora en sus manos otorgarle el birrete aunque sea a título póstumo. Se nos ha ido un gran poeta. Lo que no somos capaces de quitarnos de encima es la rémora de tanto ignorante con poder.

Cuerpo glorioso

Supongo que habrán leído ustedes hablar del caso del gurú Prahlad Jani, conocido por su parroquia como Mataji, ese auténtico “cuerpo glorioso” que parece haber superado la necesidad de alimentarse que, junto con la reproducción, se considera el atributo elemental del ser vivo. Mataji sostiene que si no come ni bebe –y, en consecuencia, tampoco orina ni defeca—es simplemente porque en un día de su infancia la diosa le tocó la lengua eximiéndole de esa grave servidumbre de la especie y, contra toda lógica, permitirle una vida longeva mantenido a base de la energía natural captada en sus meditaciones. Esta singularidad hindú que los gimnosofistas le mostraron a Alejandro, se ha convertido en una imagen tópica que refleja mejor que nada la idea exótica que en Occidente mantenemos de esa vieja cultura que, como quien no quiere la cosa, por cierto, se está encaramando a los pódiums económicos mundiales a un ritmo escalofriante justo por su fantástica apropiación de las nuevas tecnologías. Pero el caso de Mataji preocupa, quizá por esa misma razón, a la autoridad local que, a través de la más alta institución científica del Gobierno, ha tomado cartas en el asunto controlando durante medio mes al ayunador mediante grabaciones y observación ininterrupida, con un fabuloso resultado: ni una gota de agua, ni un mordisco de pan, ni una visita al mingitorio. Van a hacerle pruebas suplementarias al santón, pero no sin echar por delante el estupor de los sabios, deslumbrados por ese prodigio metabólico que ni tiene precedentes ni menos, si cabe, explicación fisiológica. Nadie cree en la virtud del yogui pero todos han de reconocer que no pueden negársela. Occidente frente a India adopta siempre el gesto de Alejandro.

 

La misma gente que de crédito a la prodigiosa proeza de Mataji sospecha por sistema cuando en nuestro ámbito se produce alguna exhibición de continencia a pesar de que haya habido algunas huelgas de hambre reales y hasta con resultado de muerte, lo que pone de relieve hasta qué punto nuestra opinión está supeditada a prejuicios que van incluso más allá de prueba. Oriente conserva el nimbo de lo portentoso en esa variante característica que es la renuncia a la naturaleza, pero nos cuesta creer que a este lado del planeta el mismo milagro sea posible. Creemos de entrada en Mataji, nunca en De Juana y, ciertamente, la experiencia parece empeñada en darle la razón a nuestras cautelas, por más que subsista la aporía ante nuestros ojos. Nos cuenta Calístenes que un brahmán de aquellos le explicó a Alejandro que la tierra que engendra al sabio es la que lo nutre. Hay leyendas afortunadas contra las que poco puede la razón.

Optimismo de urgencia

El optimismo es estimulante, no cabe duda, pero hay que manejarlo con discreción, sobre todo en momentos críticos, para evitar que contribuya a la parálisis. Escuchar, por ejemplo, al consejero de Economía lanzar esa consigna apresurada de “No hablemos más de crisis” resulta poco sensato, por decirlo suavemente, ya que los indicios de mejora a los que se agarra no pueden ser en absoluto tomados ya como datos definitivos. Aparte de que la crisis, además de un concepto, es una realidad que comprueban en su carne diariamente millones de ciudadanos, y al margen, por supuesto, de que las previsiones más acreditadas prevén todavía crisis para rato. Ávila sabe que exagera. Si no lo supiera sería de lo más peligroso.

Más maera

Más facturas raras en el Ayuntamiento valverdeño, que parece empeñado en copar titulares negros. Ahora no se trata de pagar mariscadas de feria sino, sencillamente, de no pagarle a los proveedores que, según la diligente diputada ‘pepera’, Loles López, no habrían visto ni por el forro los 54.000 euros enviados por la Junta y “perdidos” en el consistorio. Ese alcalde ya no es ni el que era, tal vez algo aburrido en su confinamiento local, y en manos de ese socio mucho más pretencioso que capaz que es el mismo Donaire que se infló antes en la Diputación a cambio de liquidar la agrupación de IU. Lo de las facturas, en todo caso, merece que se investigue (éstas y las anteriores), sobre todo en el pueblo más entrampado de la provincia.