Sigue el acoso

¿Tiene sentido que el Gobierno –el Ministerio- esté ejecutando a cencerros tapados y a espaldas del Ayuntamiento de la capital los trámites de sus demorados planes en torno a la estación del AVE? ¿Lo tiene que el Gobierno trate al Ayuntamiento con el más absoluto desprecio en vez de procurar un entendimiento que beneficiaría a todos? Es triste tener que repetir que tras esa estrategia partidista no hay más que obstrucción a un consistorio que los ciudadanos no quieren, desde hace 14 años, dejar en manos del PSOE, y a un alcalde que ha liquidado ya a tres candidatos rivales.

Pantoja y Lute

Hay mucha gente que dice no creer en las casualidades. Yo ni creo ni dejo de creer, pero constato, como decía el otro, que una lógica providente acude en socorro de la política abrumada en los peores momentos para distraer la atención pública. La odisea del Lute es proverbial y nadie en sus cabales niega hoy que respondiera a un plan tramado desde el Poder para ponerla en circulación en las circunstancias delicadas, plan que logró imponer la negra aureola del bandidismo clásico sobre el precario chasis de lo que nunca fue más que una tristona experiencia quinqui. No salimos de lo mismo, en democracia como en dictadura: el Tempranillo o la Parrala, el Lute o la Pantoja, como bucos propiciatorios, la maniobra de distracción primaria y castiza cada vez que ese Poder se ve en apuros y lanza como el calamar su nube para cegar a la opinión. Contra el Lute se movilizaron fuerzas como no se había hecho desde la represión del maquis, hasta conseguir que el país creyera en serio que se la jugaba contra una especie de gran delincuente que, en realidad, nunca fue más que un robaperas fuguista. Contra la Pantoja se ha empleado a fondo la “Brunete mediática” desde aquella primera vez en que la sacaron presa de madrugada para pasearla por todas las televisiones, hasta este nuevo episodio que el fiscal ha tenido siglos para resolver pero que no ha roto hasta que el estruendo de la Bolsa y el humo de las barricadas griegas en el telediario nos ha atragantado el almuerzo. Qué casualidad. Yo, ya digo, ni creo ni dejo de creer en las casualidades, pero sin negar que haya razones para proceder contra la tonadillera y su entorno marbellí, no soy capaz de convencerme de que el sartenazo que antier le asestó la fiscalía no estaba calculado y bien calculado. Se ha dicho que el bandolero hizo más por la Isabelona que todos sus logros juntos. A dos siglos de distancia, es una pena, pero seguimos en las mismas.

 

Y lo lamentable es que las corrupciones que caracterizan esta fase histórica del capitalismo son responsabilidad básica (y a veces, exclusiva) de la política, como justamente estos días está proclamando airada la multitud griega obligada a pagar ella sola la factura de una orgía en la que no ha tenido arte ni parte. Pantoja sale hoy a candilejas porque hay que distraer del fantasma del crak, del hundimiento de la Bolsa, del desgalgadero del paro, de la recesión garantizada o de la incapacidad de los partidos, como antes salió ya para eclipsar, desviando el foco, otras situaciones insostenibles. Culpable si se prueba, por supuesto, pero utilizada, mientras la plana mayor del desastre disimula arrellanada en el patio de butacas.

Juan Palomo

Nuestros políticos, los parlamentarios sobre todo, son como Juan Palomo, ya saben. Ellos determinan su propio sueldo, sus dietas, sus horarios (¿), su retiro, sus bicocas o sus vacaciones sin que nadie pueda pedirles cuenta. Y suelen hacerlo por unanimidad, como es lógico, que nadie suele tirar piedras contra su propio tejado. Ahora el Parlamento andaluz se propone consolidar los dos meses (mínimo) de vacaciones estivales, adelantando el único acto inevitable de agosto (la conmemoración de Blas Infante) a julio, vasto periodo para la reflexión que estos bienpagados añaden a los largos parones de Navidad y Semana Santa. Juan Palomo. A los demás, al pueblo soberano, que le vayan dando.

Retraso indefinido

Nada de AVE para Huelva. Unos pocos kilómetros de vía adjudicados y un “apeadero” en lugar de estación es todo lo que el Gobierno propone ahora, y el Ayuntamiento, como exige la dignidad, se ha levantado de manos avisando que va a plantearse hacer por su cuenta la estación que la capital necesita y se merece. ¿Por qué estación de Moneo en Granada y “apeadero” en Huelva? Pues porque está ahí Pedro Rodríguez, libremente elegido por los onubenses en cuatro ocasiones consecutivas, y ésa es la pieza a batir tanto para los mindundis locales, como para Griñán o para ZP. O alcalde del PSOE para la capital o grifo cerrado. Nunca Huelva fue tan despreciada y agredida como lo está siendo ahora por parte de estos malperdedores.

Pobres y ricos

Rumores para todos los gustos a propósito de la crisis. Uno de ellos, al parecer ilocalizable en su origen, ha hecho desplomarse a la Bolsa al anunciar malos presagios, de momento infundados, sobre nuestro crédito real. La “prensa amiga” desdramatizaba ayer al tiempo que desde el FMI el propio DSK alertaba del peligro de contagio, mientras en Grecia el pueblo soberano –no sé si el “demos” o el “laos”—se echaba a la calle protestando de que los paganos de los errores políticos (y económicos) hayan de ser siempre los mismos: quienes no tuvieron arte ni parte en el negocio. Hay, sin embargo, un indicio positivo y se ha producido en el mundo de las subastas de arte, en el que los marchantes acaban de anunciar el fin de la crisis, al tiempo que, para demostrarlo, elevaban la puja por un Picasso en el ambón de Christie’s al récord de 106’4 millones de dólares, por encima, pues, del suyo propio y del que Giacometti consiguió, siquiera a título póstumo, en febrero, aunque lejos todavía de los 140 millones por los que se adjudicó el famoso Pollock hace cuatro años. En fin, que no sabemos, que no tenemos ni idea de la realidad de los hechos, pues unos oyen lejano el eco de las trompetas apocalípticas, mientras que otros dan por zanjado el cataclismo. El tiempo de las crisis es discontinuo y no se distribuye de una manera homogénea. No tienen más que ver que mientras en Christie’s se vuelve  a la millonada, en las calles de Atenas se monta el pifostio y España gime en las colas del paro tanto como en el parquet. Estos desastres que organizan los de arriba los pagan los de abajo y los de enmedio. Las crisis montan en burra a unos cuantos privilegiados que, nada más superar la cuarentena forzosa, se lanzan de nuevo a enriquecer su pinacoteca y a repintar el yate. Ya ven, se recurre a bajar sueldos y pensiones bajo mínimos al tiempo que se rompe el techo de las lujosas subastas. Sin pobres no habría ricos.

 

Habría que volver a leer “El gran dinero”, aquel diagnóstico moral clarividente con que Dos Passos explica la crisis del 29 en función del fracaso moral y de la connivencia de los eternos ventajistas con la burbuja que la causó. O detenerse ante “Tiempos modernos”, ese chaplinesco paisaje de desdicha de los de abajo que estos días se reinaugura en Grecia pero que, en buena medida, se vive también aquí y en el conjunto europeo. La malicia marxista veía en las crisis mecanismos de ajuste de la maquinaria productiva y la verdad es que nadie la ha desmentido. Ésta que nos azota, por ejemplo, ya pasó para los potentados y los subasteros, forrados en medio de la indigencia. ¿Que no habría ricos sin pobres? Pues parece más que probable.

El engaño del SAS

Nos vienen engañando desde hace la tira, pero hasta ahora no lo había certificado la Justicia: los datos con que la Junta maquilla las “listas de espera” están ajustados en falso para ocultar el fracaso de la asistencia del sistema público de salud. Y resulta que eso no es delito –los jueces sabrán—ni merece otra reprobación que la que cada cual tenga a bien hacerle desde su fuero íntimo. ¿En cuántas otras cosas más nos estarán engañando y con qué derecho? Que los andaluces consideren a los políticos como su tercer gran problema se explica con estos argumentos lamentables. ¿No tendrá nada que decir Griñán ante semejante palo del TSJA? Malamente podrá en ese caso pedir respeto a un pueblo al que se le tiene tan poco.