El pie cambiado

Verán, no se trata de defender al Alcalde ni de atacar a su por ahora inverosímil rival, pero convengan conmigo en que como la candidata ‘in pectore’, es decir, la calañesa-almonteña Cinta Castillo, no encuentre mejor argumento contra quien ha ganado cuatro veces consecutivas la vara de mando, que eso de la “desidia”, va dada. ¡Pero si Pedro Rodríguez es un hiperactivo que, además, se ponga como se ponga la frustrada consejera, ha transformado la capital como nadie lo había hecho hasta ahora! Se comprende que la pobre ande desmotivada ante el embolado que le han metido en su partido y se mire temerosa en el espejo de sus antecesores en el fracaso. Pero tendrá que hilar más fino si quiere, por lo menos, que la escuchen. Con tonterías como la citada no llegaría ni a la campaña.

Gente seria

Mientras en España se sugería desde el entorno del Gobierno que la descalificación de nuestra deuda por la decisión técnica de Estándar & Poor’s no merecía crédito ya que este mismo instituto fue el que se estrelló en su predicción cuando el crak de Lehman Brothers, en Portugal, sin darle tiempo al tiempo, los jefes de los dos grandes partidos se han  reunido de urgencia para alcanzar un pacto que llegue a los mercados como un mensaje de serenidad. Los portugueses son gente seria –seria y digna, como bien sabemos los españoles fronterizos—y han creído imprescindible anteponer el interés de la nación al de los partidos, en un gesto que, con toda seguridad, contribuirá no poco a ahuyentar lo que ya se conoce en Europa como el fantasma griego. Gente seria. Un diplomático de postguerra acaba de referirnos las duquitas negras que tuvo que pasar  cuando pretendió pagar a los EEUU el primer plazo de amortización del empréstito recibido por su país del Plan Marshall y hasta hubo que pedir autorización al Congreso americano para recibir aquella insólita restitución, única conocida, tras la cual el gran responsable del sistema financiero portugués le aclaró la razón de su peregrino empeño: “Es que un país pequeño sólo tiene una manera de hacerse respetar y esa manera consiste en no deberle nada a nadie”. Es verdad que por entonces aún no habían hecho furor la teoría especulativa de que las grandes fortunas se cimentan sobre grandes deudas, pero aún así hay que reconocerle a aquella dictadura portuguesa un sentido del honor que tenía mucho que ver, seguramente, con la visión derecha de la economía y sus compromisos. Hay anacronismos que conservan, por debajo de su desfase temporal, un grave sentido práctico.

 

En medio de este desconcierto generalizado nada llama tanto la atención como la incapacidad de los políticos para entender la cosa pública como un objetivo superior a sus intereses. España puede romperse como se está rompiendo, las instituciones degradarse como se están degradando, la ruina hacerse presente cada día con mayor gravedad, sin que la mezquindad partidista ceda en su empeño de mantenerse terne ante el adversario caiga quien caiga. Toda esa tropa se troncharía ante el gesto honorable de un país que devuelve sacrificada y honorablemente lo que debe sin necesidad de que se lo reclamen siquiera, porque la política –que nunca fue una profesión moral, por supuesto—se ha convertido ya, quién sabe si irreversiblemente, en un oficio trilero. La democracia moderna yace enferma inmersa en un Sistema podrido. Se puede eludir esta evidencia pero de ninguna manera evitar sus efectos devastadores.

Chapuzas parlamentarias

Divertidísimo el formidable fracaso del nuevo portavoz del PSOE, Mario Jiménez, en su debut parlamentario. Equivocarse 29 veces al indicar el signo de las votaciones es para nota y debe hacer reflexionar a Griñán sobre la capacidad de ese equipo autodidacta que se ha agenciado. Ahora bien, la ley de Aguas ya ha sido aprobada soberanamente y no está Zarrías, como en ocasiones anteriores, para darle hacia atrás al manubrio, procedimiento, desde luego, de lo más tramposo. ¿Qué hará el PSOE, tragarse el desaguisado del portavoz o liarse en trampas para remediarlo? Ambas opciones implican un grado lamentable de calidad política.

Demagogia sindical

Es una pena el descrédito creciente del sindicalismo pero hay que reconocer que en ello tienen más parte que nadie sus propios ordeñadores. La imagen de ese mandado de su partido, el ugetista Luciano Gómez, convocando a los periodistas en el Ayuntamiento de la capital para lucirse como azote del alcalde resulta lamentable, porque ni es verdad que éste amenace a la industria sino todo lo contrario, ni habría nada que objetar en que un alcalde reclame, para cuando la industria del Polo agote su ciclo vital –ojo, para el 2033 por lo menos–, la reversión de aquellos terrenos a la ciudad. Luciano Gómez es un demagogo, paraninfo del PSOE para neutralizar la postura del Ayuntamiento a favor de Astilleros, eso es todo. Es una vergüenza que este personal se lleve lo que se lleva de nuestros bolsillos para hacer este papelón.

Teoría de la amante

Ese trujimán argelino que anda peleándose con el ministro francés de Interior porque éste le ha amenazado con arrebatarle la nacionalidad adquirida dada su condición de polígamo y cabeza de un hogar compuesto por cuatro mujeres y una docena de vástagos, ha contestado irónico, y no sin evidente razón, que si el hecho de tener amantes fuera causa de tan grave sanción, aviada iba la amorosa nación francesa en su conjunto. Vean cuánto puede aportar al entendimiento entre los hombres y los pueblos el “diálogo de civilizaciones”, por más que el expediente al que ha recurrido el morito tenga mucho de cínico y elimine, de hecho, el matrimonio tradicional, pero sobre todo porque parece ser que el truco está en que esa distinción entre la “legítima” y las demás huríes le proporciona el pingüe negocio que suponen las subvenciones con que la seguridad social acude en socorro de las presuntas desvalidas. De toda la vida los vicios se los pagaba uno, de manera que a la amante se le ponía un piso y se le agenciaba un estanco, pero no se le pasaba la factura al erario público, como parece ser que hacen estos polígamos encubiertos aprovechando la ingenuidad occidental y denuncia muy cuerdamente el ministro. Ahora bien, ¿cuántos casos como el de nuestro argelino estarán soportando en estos momentos las haciendas de los países occidentales, y lo que es peor, qué manera habría de desmontar civilmente esa sutil distinción psicológica entre la esposa y la amante? Queda mucho por trillar en esa era, como puede verse, pero me da que el divertido incidente va a marcar un antes y un después en la crónica de esta tragicomedia que es la inmigración masiva. Aquí no me extrañaría que le asignaran al polígamo las ayudas y pensiones que fuera menester, pero me temo que en la Francia chauvinista y jacobina, va dado.

 

Hay que estar ciego para no ver que la poligamia se ha colado en nuestra sociedad por esta puerta falsa pero expedita del derecho a la amante, lo cual era algo previsible desde que las legislaciones futuristas decidieron apostar por formas matrimoniales que, desde luego, cuentan con una tradición mucho menor que la poligamia misma. ¿Cómo negar a quien pretenda formar familia con esa fórmula lo que ya se ha autorizado a supuestos mucho menos razonables? Den por seguro que éste no es un caso aislado y que tras él vendrán muchos otros que, de hecho, ya funcionan en todos los países de acogida. La poligamia es inmemorial; lo que es nuevo es que su factura la paguen a escote los monógamos. Nunca la amante alcanzó mejor estatus ni el garañón tantas ventajas. Lo que no sospechábamos siquiera era que nos habíamos dejado abierta la puerta de atrás.

Comisarías “de género”

La Junta no sabe en qué gastarse el Presupuesto. Lo prueba que con un millón cien mil parados y la que se avecina, acaba de anunciar el establecimiento de brigadas “de  género” o comisariados políticos en cada una de las trece consejerías, inquietante inquisición que la consejera de Presidencia justifica como instrumento dedicado a “remover obstáculos”. Están haciendo de la política pura ideología y de la Administración democrática un cuartel mientras caemos en picado y sin la menor perspectiva de esperanza.