Antología ajena

“Es necesaria una cura de adelgazamiento desde la austeridad para ahorrar milles y miles de millones”. “Tenemos que replantearnos la función de las Diputaciones en un Estado autonómico avanzado”. “Lo lógico es que los políticos viajen en ‘preferente’ o ‘turista’ y no en ‘club’, como la mayoría de los españoles”. “No es lógico que se compren coches que valen 300.000 euros cuando los hay de 40.000 y prestan los mismos servicios”. “¿Por qué tienen que trasladarse los concejales cada uno en un coche?”. “Creo en la apuesta de Griñán por la Educación, pero repartir portátiles de

un año a niños de un año es empezar la casa por el tejado”. Juan Luis Rascón, diputado del PSOE por Córdoba en el Congreso.

El pan nuestro

Ha crecido el número de asistidos por Cáritas Diocesana hasta alcanzar los 15.000 onubenses que sin esa ayuda solidaria no podrían salir adelante. Y ello mientras desde sectores del PSOE se reclama reducir la ayuda a la misma Iglesia y mientras desde IU resuena estólida, en boca de Valderas, la demagógica estupidez de que “no hay huevos para recortar” esa contribución del Estado que la Iglesia recoge con una mano y suelta con la otra en la de los olvidados por los poderes públicos. Pobres vergonzantes, familias en la miseria, inmigrantes desamparados: la crisis va a durar para ellos más que para los demás, pero de momento, han de comer cada día. La izquierda moral ha dejado su sitio al negocio de la izquierda.

‘Crème de la crème’

En una reciente Charla de El Mundo, un joven espectador, bien reconocible por su manifiesta tendencia a la pseudología fantástica, le planteó a Fernando Savater la cuestión del “club de Bilderberg”, órgano secreto, según él, donde presuntamente se cocía en realidad la decisión política mundial, se organizaban guerras y se muñían paces, se acordaban crisis o se inventaban pandemias. Fernando le contestó, con su habitual frescura e ingenio, que su paranoia –la suya, la de Fernando—era limitada y en esa razón se amparó para eludir un tema que la mayoría, hay que reconocerlo, tomamos a chacota en mayor o menor medida. No es que se tratara de un negocio nuevo, puesto que los libros de Daniel Estulin, lo mismo que la controversia de sus oponentes, han dado siete veces la vuelta al planeta, pero hay que comprender que este mundo, como alguna vez dijo Borges en Sevilla, tiene ya demasiados arcanos como para añadirle otros nuevos. Y sin embargo, lo que fue una comidilla alarmista –la existencia de ese club que incluía desde la Reina de España a los más altos magnates de la política y la economía—ha dejado de serlo por completo tras la reunión celebrada estos días en Sitges a la que ha acudido sumiso –a pesar de la que tiene en lo alto– el mismísimo presidente del Gobierno con objeto, al parecer, de “explicar” (¿) ante tan misterioso y alto senado la cuestionada solvencia española. O sea, que era verdad, que a veces la realidad deja chica a la fantasía, y que la idea, entre marxista y papiniana, de que el Poder visible, el político, no es más que un apéndice obediente del poder fáctico, va a misa. Hay que reconocer que la demagogia no precisa heraldos.

 

¿Qué puede explicar que un cenáculo de 130 influyentes tenga poder para convocar a las más altas autoridades legítimas que tendrían que rendir cuentas ante sus miembros? ¿Qué clase de legitimidad paralela puede justificar que quienes, aún siéndolo todo, nada son ante la “cosa pública”, secreteen y hasta se jacten de secretear ante los pueblos soberanos sobre sus máximos problemas? ¿Estamos ante un Gobierno universal secreto, como anunciaban los pseudólogos? Uno se ha resistido siempre a la fantasmagoría, pero ya me dirán cómo explicar que, frente a la sospecha universal, el presidente del Gobierno y la esposa del jefe del Estado participen en un foro elitista que, sin otra legitimidad que la que otorga el dinero, parece que se reserva la última (¿o la primera?) palabra en las grandes decisiones. Leo en “La Libertad” de Stuart Mill que en todas las constituciones debería haber un centro de resistencia contra el poder predominante. Y no puedo estar más de acuerdo.

Palacios exclusivos

Como no den una explicación urgente y clara de la razón por la que el Gobierno ha ordenado el desalojo familiar a las tres familias de guardas del Palacio de las Marismillas antes del 5 de junio, van a quedar como Cagancho en Almagro. ¿Obras institucionales? Bueno, eso no hay quien se lo crea salvo que uno sea capaz de imaginar el veraneo de la familia presidencial amenizado por el ruido de la albañilería. Que no: que todo indica que esas familias de guardas –160 años viviendo allí—molestan y que, por esa razón, han sido alejadas de la pequeña corte. Si esto lo llega a hacer el Gobierno de Aznar y no el de un presidente “socialista obrero”, lo crucifican sin anestesia.

En boca cerrada…

El consejero onubense de Medio ambiente, el ex –candidato municipal Pepe Juan, ha echado mano del refranero para darle tiempo al tiempo en el asunto de los fosfoyesos, de modo que para justificar que no piensa acometer solución alguna de momento ha repetido aquello de “Vísteme despacio que llevo prisa”. Impecable argumento, aunque no tanto si se tiene en cuenta que estamos hablando de un problema que dura ya decenios y al que, ya veremos con qué grado de razón, hay expertos cualificados que le cuelgan gravísimas consecuencias para la salud pública. La prisa nunca es buena; la parsimonia, casi siempre, no es sino un aliado de la inopia.

La jaula abierta

Es curioso que en un clima de inseguridad tan severo, el proyecto de modernizar las prisiones creando centros abiertos esté prosperando tanto en Europa. Prisiones sin muros ni rejas las hay ya en varios países como Austria, Luxemburgo o Finlandia a los que parece que podría incorporarse, aunque no antes de 2015, la propia Francia, el país donde el genio de Stendhal hizo decir a un personaje que la peor desgracia que de la prisión consistía en no poder cerrar la puerta. El proyecto parte de la idea de que establecer entre el penado y el poder una suerte de pacto de confianza podría contribuir considerablemente a potenciar su sentido de la responsabilidad y prepararlo para una reinserción efectiva, algo que, al parecer, los expertos vienen constando ya en los centros de esa naturaleza, convencidos de que el riesgo de empeorar su situación basta para disuadir al recluso de la tentación de evadirse. De momento, la experiencia ha dado de sí como para beneficiar con ese privilegio nada menos que entre un 10 y un 30 por ciento de una población reclusa de la está excluida por definición, ni que decir tiene, aquella cuyo perfil no  se adecua razonablemente al objetivo, y en especial los convictos de delitos terroristas, criminales de especial peligrosidad o componentes de bandas organizadas. E incluso juega a favor de la experiencia el hecho de que semejantes establecimientos resultarían notablemente más baratos al reducirse de manera significativa los dispositivos de seguridad preventiva. Puede que la crisis económica, con su obsesiva apuesta por la reducción del gasto, acabe haciendo realidad aquella paradoja de Hugo que decía, creo que era en sus “Contemplaciones”, que el hombre es una prisión en la que el alma permanece libre. Ya ven que el idealismo, sobre todo el romántico, da para todo.

 

Me parece a mí, sin embargo, que lo que subyace en estos ensayos no es sólo la humanidad o la economía sino el pavoroso aumento de la población carcelaria en todos los países, entre los que el nuestro, en cualquier caso, destaca por su masificación. Las quejas en EEUU son constantes en este sentido con el agravante de que la prospectiva sociológica apunta a que la evolución de las circunstancias pondrá las cosas peor de lo que ya están reduciendo los márgenes que el famoso humanismo trata de ensanchar a contracorriente. El sueño de la jaula abierta habrá de reducirse por ahora a esos experimentos controlados que, eso sí, podrían dar lugar antes o después a un doble régimen penitenciario que incluiría el infierno y la brisa. En Francia se le ha dado al tema prioridad política. En España, hoy por hoy, no parece posible plantearlo siquiera.