Gusanillo político

El ex-alcalde de Ayamonte, el controvertido Rafael González, se ha mostrado dispuesto a volver por donde se fue y optar nuevamente a encabezar ese Ayuntamiento al que, en los últimos tiempos, incluidos los suyos, no le han faltado problemas. Se ve que el gusanillo de la política funciona más de lo que pueda creerse, pero está por ver si, a pesar de las dificultades actuales, su partido se olvida de sus pasadas actitudes y se arriesga a devolverle la vara. Debe de ser fascinante para un  trabajador de a pie como González verse en el epicentro de un millonario seísmo como el que ha conmovido durante estas décadas a su consistorio. Fascinante y atractivo, desde luego, como demuestra esta inverosímil marcha atrás.

El mito del miedo

En una decisión crucial y acertadísima, el presidente Obama ha decidido prescindir del mito del miedo puesto en circulación por Bush. Quiere que cese el apaleamiento del fantasma para que los esfuerzos puedan concentrarse donde deben, es decir, pretende ponerle cara, nombre y, si fuera posible, domicilio a ese ectoplasma islamista al que, quizá por su propia naturaleza, no haya habido hasta la fecha manera de echarle el guante. El miedo ha sido siempre un grave instrumento de control social, vale decir de dominación, en manos del Poder, especialmente cuando éste se ha sentido inseguro. Su rastro está en toda la Historia del mundo: los chinos construyeron una muralla singular hartos de temer mano sobre mano a los mongoles; los europeos pasaron siglos temiendo al peligro turco que, como en todo cuento del lobo, acabó llegando; los amerindios temblaban con el anuncio mitológico de la raza rubia y fornida que vendría de Oriente y los europeos reescribieron mil veces el mito del “peligro amarillo” que, ya ven, no resultó tanto una amenaza bélica como un turbión financiero. Y el cine remató el tema desde Fu-Manchú al Dr. No pasando por Fantomas durante una Guerra Fría en la que todo ingrediente pavoroso encajaba en el gran gazpacho del que vivía el Sistema. Obama debe de saberlo y de haber comprendido que nunca saldremos de esta fortaleza amenazada mientras no reduzcamos la fantasmagoría a términos humanos concretos. Igual cree que, como en las películas, al final la policía gana siempre, pero aunque eso no resulte demostrable, la verdad es que siempre será más práctico que disparar sin blanco. Buzzati ilustró en “El desierto de los tártaros” –léanla, no se arrepentirán—el absurdo que supone esperar alerta a un enemigo desconocido. Quizá Obama conozca la fábula.

 

Claro que hay que contar con cara del mito cifra su poder en su carácter incógnito. Esta crisis, mismamente, ¿quién podría poner nombre y apellidos a sus muñidores sin romper la baraja? Los Gobiernos los conocen a la perfección pero se resignan a fingir una ignorancia que para aquellos es la mejor garantía de éxito e impunidad, porque optar por la batalla real debe de ser superior a sus fuerzas. No ha servido para nada luchar contra el “extremismo islamista” como si no supiéramos que la fortuna de Bin Laden (y las de quienes no son Bin Laden) se guarda en cuentas numeradas de lo más legal, o que los terrorista reales, no los imaginarios, viven entre nosotros, muchas veces incluso como confidentes de la bofia. A ver quién nos dice que no hubiera sido mejor bombardear “Mina Conchita” que las montañas de Afganistán.

Gastos pagados

Se resiste la Junta panza arriba a cortar los gastos extra de sus altos cargos. ¡Alguien tiene que indemnizar los gastos de viaje y alojamiento de esas minervas forasteras!, clama la consejera y presunta sucesora Mar Moreno. Ya. ¿Y a los albañiles, un poner, que diariamente se desplazan de Cádiz a Huelva o de Huelva a Sevilla en busca del pan, ¿quién les paga los gastos? Más claro: ¿por qué no les pagan lo que tengan que pagarles a esos altos cargos en lugar de arrimarles bajo cuerda ayudas en especie? ¿No estaría así todo más claro? ¿Qué trabajador soñaría con que su empresa le pague, como hace la Junta con sus altos cargos, un traslado de vivienda? Conteste, si puede, esta Junta suntuaria.

El tiempo, ese aliado

El Gobierno no sabe cuándo iniciaría el proyecto piloto de las balsas de fosfoyesos. ¡Que pase el tiempo, que eso que llevamos ganado!, dirán muchos. Pero vean esa fotografía aérea que circula por ahí y en la que se comprueba que esos depósitos, considerados peligrosísimo por muchos expertos, ocupan un espacio equivalente a la mitad de la capital. Y opinen luego. ¿Cómo será posible a estas alturas, reparar esa agresión medioambiental? El Gobierno no lo sabe, seguramente, pero sobre todo no tiene prisas. Huelva queda lejos y anda en manos del rival. Comprenderán que esos son dos buenos argumentos para los pasotas.

Crisis en el paraíso

Alguien ha dicho que la crisis no afectará a los ricos en sus madrigueras de los paraísos fiscales. Es más, acabamos de enterarnos que, tras la amenaza de gravar a los ricos, han huido 30.000 millones al extranjero en pocos días. En el periódico suizo Bilan escucho a un “emprededor” francés declarar que ahorra una fortuna pagando sus impuestos en Suiza y en el francés Marianne me entero de que el equipo nacional de tenis en peso –Tsonga, Monfils, Gasquet, Mathieu y Benneteau—se ha nacionalizado suizo atraído por las ventajas fiscales que el país vecino les ofrece. Como aquí la Sánchez-Vicario, en su día, o como dicen que todo el que se precie hoy por hoy de no ser un  pringao: promotores, políticos, futbolistas, toreros, actores, todo biempagao del Sistema tendría sus ahorros a buen recaudo y lejos de la garra fiscal, no sólo en esa meca del secreto bancario sino en cualquiera de los paraísos fiscales que inundan el planeta. Se trataría de aguardar a que pase el meteoro y reanudar luego la vida normal sin perder por ello el lustre de ciudadano de pro, y hay que advertir que en ello no cabe diferenciar entre partidarios políticos, pues de todos los partidos hay exiliados fiscales en esa viña del señor, como se probó en su momento la descubrirse que el responsable de finanzas filesias del PSOE poseía una cuenta secreta en cierta isla exenta. El dinero no tiene color, pero la fiscalidad, evidentemente, sí lo tiene.

 

En su fase actual de desarrollo el capitalismo ha puesto a punto como un reloj su propio sistema antifiscal, siempre desde la premisa de que más vale que muchos paguen al límite que desanimar al capital de los menos gravándolo con cargas proporcionadas. En la práctica hoy no se concibe el funcionamiento del sistema financiero sin contar con el poderoso montaje subrepticio (pero todavía legal) que garantiza la paz plutocrática permitiendo a los que más ganan evadir sus impuestos, contando siempre con que la carga será soportada por los que ganan menos. Y ello hasta el punto de que los Gobiernos –el nuestro, desde luego—no tengan reparo en reconocer que actuar contra ese diseño implica un insoportable riesgo de descapitalización y, en definitiva, una debacle. Hoy no es nadie quien no disponga de cuentas secretas y expertos burladores de tributos, hasta el punto que ilustraría la imagen de esos tenistas homenajeados con La Marsellesa en caso de triunfo mientras defraudan al erario de su país. En esta crisis el gran dinero ha contado con ello para resistir sus embates. En la próxima, si llegamos a ella, puede que ya no tenga ni que disimular.

El coche oficial

Ha denunciado el PP que la vicepresidenta de la Diputación de Granada ha usado el coche oficial para irse de cervezas con sus amiguetes. ¡Pues vaya descubrimiento! ¿Acaso no sabe el PP que aquí los coches oficiales se utilizan más de una vez para recoger cada mañana y devolver cada tarde a altos cargos que viven en las Chimbambas, no sabe acaso que ha habido conductor que ha cobrado algún mes más que su titular a base de dietas acumuladas, o es que ignora que hasta ha habido quien ha viajado desde Sevilla a otra provincia, y no limítrofe, para que su peluquera de confianza le arreglase el peinado recién hecho que no le molaba? La Oposición no deja de ser ingenua o será que no se entera.