¡Colócanos a `tos´!

El clásico grito cacique que le espetaron a don Natalio Rivas en Órgiva resuena hoy en Valverde, como en tantos sitios: “¡Colócanos a ‘tos’!”. Ahí tienen al “socio” de gobierno, al de la mariscada (el archivo de esa causa penal para nada niega el hecho del convite ni su pago injusto), que ha metido ya en nómina a cuatro familiares directos sin contarle a él mismo. El dinero público para quien lo maneja, dirá él. Y mientras, Valverde es el pueblo más endeudado de la provincia y los propios funcionarios del Ayuntamiento hacen cola para cobrar ante la ventanilla cerrada. Roma sí paga a traidores. Éste, a cambio de trampear en la Dipu, mantener al alcalde y cargarse a IU en el pueblo, va ya de don Natalio por la vida.

La mano del hombre

Hay indicios sobrados de que, en esta fase de la civilización, lo artificial es la clave del progreso. La mano del hombre interfiere cada día más los planes de la Madre Naturaleza corrigiéndolos tanto en su beneficio como en su propio perjuicio, hay que reconocerlo, en una alocada carrera que a estas alturas parece irremediable. Acaba de anunciarse, sin ir más lejos, el éxito de una técnica ensayada por biólogos clínicos capaz ya de “fabricar” un corazón cultivando células troncales, hallazgo todavía en fase de experimentación animal pero que en plazo breve —-oigo decir a un experto que tal vez en cuestión de un lustro o dos—podría aplicarse como remedio en el cuerpo humano, abriendo el camino a la replicación orgánica que, al menos sobre el papel, haría de esta especie caduca una estirpe inmortal. No hay ámbito natural en el que el hombre no ensaye sus artificios, de manera que los mercados pueden mantener todo al año los productos de temporada y multiplicar a voluntad lo mismo frutos que animales incluso sin recurrir a las temidas transgenias. Hoy la caza se “siembra” con piezas criadas en granjas, complicando seriamente el equilibrio natural previamente amenazado por los predadores, y hasta circulan ofertas contradictorias como las que pretenden “infectar” con conejos prolíficos y resistentes los cotos esquilmados por la mixomatosis y, al tiempo, disponen de zorros vivos para que los perjudicados labradores se defiendan de la plaga. La especie ha encontrado en lo artificial la cruz que completa la moneda de la Creación, tras las huellas vacilantes de aquel mono fabril que logró la primera herramienta o hizo surgir el fuego a placer, quién sabe si por pura casualidad, entrechocando dos piedras entre sus manos. Jünger decía algo así como que a los seres no ha de pedírseles más que lo que es conforme a su naturaleza. El problema, a estas alturas, estaría precisamente en determinar esa conformidad.

 

Menos claro parece el sentido de “desnaturalización” a la que, inevitablemente a mi entender, conduce el desarrollo tecnológico, y la consiguiente democratización del progreso que permite la artificialidad. Incluso alguien dijo hace tiempo que, en el punto en que estamos, solamente un progreso nuevo y decisivo del artificio podría devolver al Hombre esa libertad natural que se supone extraviada a lo largo de los tiempos. No lo sé, francamente, pero veo a Prometeo campar por sus respetos en medio del fracaso natural de la especie, y creo entender de otra manera la dialéctica que enfrenta a cazadores y labriegos, disputando sin contemplaciones sobre zorros y conejos, en el exigente coto de esta realidad doliente.

Cosas de Palacio

Ridícula la discusión sobre la segunda (porque es la segunda) restauración del palacio de San Telmo. Por ambas partes, pues si recuperar un monumento nunca es objetable, gastarse una fortuna en lujos innecesarios sí que lo es. Y más el hecho de que las cuentas no estén claras tras el enorme incremento del presupuesto original (en la primera ocasión llegó a duplicarse según la Cámara de Cuentas). ¿Qué puede justificar ese secretismo, por qué no se facilitan responsablemente esas cuentas si nada hay que ocultar? Claro que aparte de todo, Andalucía está en un brete tan comprometido que perder el tiempo en este negocio concluido carece de sentido. Una vez más el criterio de nuestros políticos demuestra su triste mezquindad.

En campaña

Papel mojado, las encuestas sobre intención de voto en la capital. Demasiado lejanas, demasiado obvias. ¿Cómo no va a afectar la crisis al PSOE local si lo hace en toda España, quién puede creer en una intención de voto que ni siquiera conoce al candidato rival del actual alcalde o que no tenga en cuenta para nada los logros decisivos del Ayuntamiento en esta legislatura? Y encima con una previsión récord de abstención, a mi juicio en modo alguno argumentable sin conocer la fecha ni las circunstancias. Hay prisas por entrar en campaña y la industria de la prospectiva se aprovecha de la credulidad general. Pero los nervios visibles en el PSOE desdicen –eso lo ve cualquiera— el optimismo de los augures.

‘Fantomas’ en la Bolsa

Nadie se pone de acuerdo sobre la causa que pudo determinar el increíble y lamentable batacazo ocurrido el viernes pasado en la Bolsa de Wall Street. El propio presidente Obama ha puesto a currelar a medio centenar de expertos que tratan de averiguar contra reloj qué pudo suceder para que, en milésimas de segundo, una cascada de órdenes de venta provocara el desplome planetario. Se habla de la posibilidad de que un bróker hubiera errado un teclazo confundiendo la eme de millón con la be de billón –a cierto ex-presidente de Diputación andaluza, aquel que dijo lo de “billón con uve”, no le hubiera ocurrido, ya ven—desencadenando la previsible seísmo. Pero la realidad es que nadie ha podido establecer hasta el momento que coños ocurrió el viernes, aunque la hipótesis más recurrida esté siendo la del algoritmo culpable que habría desencadenado el pánico al empujar al yen frente al euro y a éste contra el dólar. Ni idea, por supuesto, por más que los responsables se agarren ahora a la falibilidad del sistema informático y, en consecuencia, a algo que viene avisándose desde hace mucho y desde variados ámbitos, a saber, al riesgo que, en definitiva, supone siempre la ausencia del control humano y su sustitución por la acción ciega de la máquina. Claro que mucho se ha hablado también de la neutralidad cibernética frente al albedrío humano que ya causó catástrofes como la provocada por el “trader” que desde Nueva York arruinó a un banco en Hong Kong. Es posible que sea el concepto mismo de Bolsa lo que resulta expuesto. En tiempos de Narváez alguien se hizo de oro difundiendo en los pasillos de las Cortes el rumor de un golpe de Estado imaginario, aunque todavía haya pringaos convencidos de que los “especuladores” que estos días nos están hundiendo como país son un invento reciente. Tan peligrosa es la máquina como el hombre. El rumor no tiene por qué ser menos fulminante que un teclazo mal dado.

 

El espectáculo ha sido, eso sí, de gala, hasta el punto de que ha dejado en evidencia a todo un montaje que funciona precisamente en base a su supuesta solvencia y fiabilidad. Esos gestos de asombro, esas miradas hipnóticas colgadas del pantallón, el síncope colectivo del gran mundo, bien merecen un aplauso del “gallinero” por más que los cascotes hayan de acabar descalabrando a los propios aplaudidores. Como merecen una reflexión por parte de la masa ingenua que cree a pies juntilla en la invulnerabilidad de esa lonja mundial que se ha venido debajo de improviso sin que sospechemos siquiera por qué. Otro gigante con pies de barro. La verdad es que la arrogancia capitalista se tiene ganados a pulso tanto sus fracasos como su impunidad.

La marcha atrás

Ver a la Junta de Andalucía inaugurando en encuentro internacional y antisistema sobre la “reforma agraria” es realmente algo psicodélico. Vaya que la ley del ramo esté todavía insepulta mientras la Junta se dispone a vender su patrimonio agrario al mejor postor, pero que, a estas alturas, la Administración  autonómica cultive esa esquizofrenia alineándose en Marinaleda como un antisistema más, resulta, sin más, una exhibición de funambulismo político. Claro que todos sabemos que a la Junta le da lo mismo  tres que trescientas, sobre todo en materia de Agricultura, pero ni por ésas se entiende ese guiño demagógico que supone apostar por el reverso de Europa.