Poeta silencioso

El poeta riotinteño Juan Delgado –para muchos, como yo, el mejor de la generación onubense—se ha ido como vivió: en silencio y aislado por el vacío. Como un último ultraje, los ignaros de la Diputación han rechazado la edición de su obra, que hace medio siglo ya andaba consagrada en Adonais y gozaba de un respeto generalizado. Una vergüenza más que estos membrillos echan sobre  Huelva y una gran ocasión, cogida al vuelo, por el sentido cultural y la diligencia de la UHU, nuestra “Onubense”, que incluso tiene ahora en sus manos otorgarle el birrete aunque sea a título póstumo. Se nos ha ido un gran poeta. Lo que no somos capaces de quitarnos de encima es la rémora de tanto ignorante con poder.

Cuerpo glorioso

Supongo que habrán leído ustedes hablar del caso del gurú Prahlad Jani, conocido por su parroquia como Mataji, ese auténtico “cuerpo glorioso” que parece haber superado la necesidad de alimentarse que, junto con la reproducción, se considera el atributo elemental del ser vivo. Mataji sostiene que si no come ni bebe –y, en consecuencia, tampoco orina ni defeca—es simplemente porque en un día de su infancia la diosa le tocó la lengua eximiéndole de esa grave servidumbre de la especie y, contra toda lógica, permitirle una vida longeva mantenido a base de la energía natural captada en sus meditaciones. Esta singularidad hindú que los gimnosofistas le mostraron a Alejandro, se ha convertido en una imagen tópica que refleja mejor que nada la idea exótica que en Occidente mantenemos de esa vieja cultura que, como quien no quiere la cosa, por cierto, se está encaramando a los pódiums económicos mundiales a un ritmo escalofriante justo por su fantástica apropiación de las nuevas tecnologías. Pero el caso de Mataji preocupa, quizá por esa misma razón, a la autoridad local que, a través de la más alta institución científica del Gobierno, ha tomado cartas en el asunto controlando durante medio mes al ayunador mediante grabaciones y observación ininterrupida, con un fabuloso resultado: ni una gota de agua, ni un mordisco de pan, ni una visita al mingitorio. Van a hacerle pruebas suplementarias al santón, pero no sin echar por delante el estupor de los sabios, deslumbrados por ese prodigio metabólico que ni tiene precedentes ni menos, si cabe, explicación fisiológica. Nadie cree en la virtud del yogui pero todos han de reconocer que no pueden negársela. Occidente frente a India adopta siempre el gesto de Alejandro.

 

La misma gente que de crédito a la prodigiosa proeza de Mataji sospecha por sistema cuando en nuestro ámbito se produce alguna exhibición de continencia a pesar de que haya habido algunas huelgas de hambre reales y hasta con resultado de muerte, lo que pone de relieve hasta qué punto nuestra opinión está supeditada a prejuicios que van incluso más allá de prueba. Oriente conserva el nimbo de lo portentoso en esa variante característica que es la renuncia a la naturaleza, pero nos cuesta creer que a este lado del planeta el mismo milagro sea posible. Creemos de entrada en Mataji, nunca en De Juana y, ciertamente, la experiencia parece empeñada en darle la razón a nuestras cautelas, por más que subsista la aporía ante nuestros ojos. Nos cuenta Calístenes que un brahmán de aquellos le explicó a Alejandro que la tierra que engendra al sabio es la que lo nutre. Hay leyendas afortunadas contra las que poco puede la razón.

Optimismo de urgencia

El optimismo es estimulante, no cabe duda, pero hay que manejarlo con discreción, sobre todo en momentos críticos, para evitar que contribuya a la parálisis. Escuchar, por ejemplo, al consejero de Economía lanzar esa consigna apresurada de “No hablemos más de crisis” resulta poco sensato, por decirlo suavemente, ya que los indicios de mejora a los que se agarra no pueden ser en absoluto tomados ya como datos definitivos. Aparte de que la crisis, además de un concepto, es una realidad que comprueban en su carne diariamente millones de ciudadanos, y al margen, por supuesto, de que las previsiones más acreditadas prevén todavía crisis para rato. Ávila sabe que exagera. Si no lo supiera sería de lo más peligroso.

Más maera

Más facturas raras en el Ayuntamiento valverdeño, que parece empeñado en copar titulares negros. Ahora no se trata de pagar mariscadas de feria sino, sencillamente, de no pagarle a los proveedores que, según la diligente diputada ‘pepera’, Loles López, no habrían visto ni por el forro los 54.000 euros enviados por la Junta y “perdidos” en el consistorio. Ese alcalde ya no es ni el que era, tal vez algo aburrido en su confinamiento local, y en manos de ese socio mucho más pretencioso que capaz que es el mismo Donaire que se infló antes en la Diputación a cambio de liquidar la agrupación de IU. Lo de las facturas, en todo caso, merece que se investigue (éstas y las anteriores), sobre todo en el pueblo más entrampado de la provincia.

El toro y la princesa

Ningún observador europeo serio se ha sorprendido del descalabro electoral de la señora Merkel en Renania. Estaba cantado en función de la débil solidaridad europeísta que, bajo las apariencias, constituye la realidad continental. Muchas voces respetadas se levantan estos días girando alrededor de la idea de que la primera víctima de la crisis no es otra que Europa, la idea de una Europa unida como potencia supranacional, concebida hace sesenta años por Schuman y aquel grupo de dirigentes hoy impensable, desaparecido el cual ningún otro ha tenido el valor de afrontar una unión política que sobrepasara los límites de un simple tratado de librecambio. ¿Dónde están los Schuman, los Adenauer, los Jean Monnet, los De Gasperi, incluso los De Gaulle o los Mitterand?, se pregunta Jean Daniel, convencido de que nunca estuvimos tan necesitados ni tan privados de grandes personalidades como en este momento mediocre. Sin el viejo aliento schumaniano, Europa podría conservar su esqueleto, mantenerse como una especie de OCDE dinosáurica en el mueso de la memoria de lo que pudo haber sido y no fue, sostiene Jacques Delors tras alertar ante el nacionalismo rampante y el populismo de derechas y de izquierdas. ¿Por qué no renunciar al sueño roto de la Europa de los 27 y tratar de conciliarlo, tendidos sobre el costado opuesto, a base de una gran alianza francoalemana ampliable en el futuro a siete u ocho países más?, propone Jacques Julliard como quien se dispone a barajar de nuevo en la timba de la Historia. La crisis está a punto de cargarse el proyecto de Unión Europea, una vez que hay consenso sobre la necesidad de salvar a Grecia pero también sobre la evidencia de que repetir esa operación con países como España o Italia sería sencillamente imposible. Ha fracasado la idea de un mercado común sin médula política, el propósito de consolidar un modo de vida común y una misma idea de libertad. Y puede que haya que empezar de nuevo tras la crisis. En el mejor de los casos.

 

Fracaso de un proyecto y fracaso de un modelo, porque pocas dudas caben de que este cataclismo equivale al fiasco de la ilusión neoliberal, al empeño en reducir drásticamente la política, es decir, el Estado, para permitir el libre flujo de la economía, el tráfico sin trabas del ultraliberalismo, que Tathcher simbolizaba esgrimiendo el librito de Hayes en los Comunes y tantos otros rindiéndose con armas y bagajes al radicalismo de Milton Friedman. El toro ha vuelto a raptar a la princesa y nadie sabe cómo volverle a poner las bridas. En un abrir y cerrar de ojos, Europa –enferma desde la primavera del 2005, incapaz desde el otoño del 2008— se ha despertado en la UVI.

Triste política

El clásico grito cacique que le espetaron a don Natalio Rivas en Órgiva resuena hoy en Valverde, como en tantos sitios: “¡Colócanos a ‘tos’!”. Ahí tienen al “socio” de gobierno, al de la mariscada (el archivo de esa causa penal para nada niega el hecho del convite ni su pago injusto), que ha metido ya en nómina a cuatro familiares directos sin contarle a él mismo. El dinero público para quien lo maneja, dirá él. Y mientras, Valverde es el pueblo más endeudado de la provincia y los propios funcionarios del Ayuntamiento hacen cola para cobrar ante la ventanilla cerrada. Roma sí paga a traidores. Éste, a cambio de trampear en la Dipu, mantener al alcalde y cargarse a IU en el pueblo, va ya de don Natalio por la vida.