Todo para Huelva, sin Huelva

Nada se sabe en concreto sobre los motivos de la preferencia de la Diputación para elegir a la empresa sevillana ‘Entre3’ antes que a una onubense, pero tampoco es que sobre ella sobren referencias maravillosas. También se ignora cómo se le ha asignado el pelotazo, si hubo publicidad o simplemente se llamó a los elegidos a dedo. Y no puede saberse porque el PSOE tacha de catetos a quien lo pregunte (a los empresarios, a los ‘medios’) y porque la presidenta se considera tan por encima de esa pequeñez que no comparece para explicarlo ni a tiros. Y tiene su importancia esa explicación, porque eso de “todo para Huelva pero sin Huelva” no tiene pase.

Desacato rentable

En Tikrit, el pueblo natal de Sadan Husein, han inaugurado un monumento al zapato que Mountazer Al-Zaïdi, el periodista de tv que lanzó su doble zapatazo al presidente Bush durante su última visita a Irak. Al-Zaïdi acaba de ser liberado tras prosperar su recurso y reducirse a uno su anterior condena a tres años, y ha sido recibido como un héroe por altos dirigentes políticos que lo esperaban a la puerta de la cárcel, mientras le llueven ofertas de trabajo dentro y fuera de Irak y la cadena en la que trabaja le regala una casa en Bagdad además de abonar religiosamente sus haberes durante el tiempo que ha permanecido en prisión. Un chollo, vamos, lo del zapatazo a Bush, lo que para nada trata de restarle “méritos” a la tremenda osadía del agresor ni cuestionar las muchas razones que pueda tener tanta gente en este mundo para arrearle a Bush con lo que sea. Eso sí, no parece razonable confundir la intemperancia o la mera brutalidad con el lógico derecho a la protesta, y menos dar por bueno y hasta por heroico que se atente, en la medida que sea, contra altos dignatarios en visita por el extranjero, porque ni que decir tiene que semejante criterio aniquila el fundamento de la inmunidad diplomática además de constituir una insensata patente de corso en manos de cualquier irascible o, simplemente, de cualquier avispado buscavidas. Esa estatua de una tonelada y rellena de tierra de la que emerge un bonsái tiene incluso nombre, “Estatua de la gloria y de la generosidad”, algo que hay que ser muy fanático para no considerar exagerado desde cualquier punto de vista. Al-Zaïdi ha hecho carrera no con un largo trabajo o con un acto realmente heroico sino con un simple par de zapatazos y eso, por más que los horrores de la guerra y sus atrocidades nublen la vista al personal, es una mala noticia para cualquier profesión y, muy especialmente, para la del periodismo. Aviados iríamos si cada uno fuera libre de estamparle el calzado en la cabeza al prócer de turno al que detestara. El heroísmo es una cosa muy seria además de muy exigente.

Estas son las consecuencias, por supuesto, de la desmoralización de amplias capas de población en este mundo desgarrado. No hace más que unas semanas fue un escándalo la ocurrencia de unos galeristas antisemitas de exponer grandes retratos de vírgenes cristianas con el rostro superpuesto de las suicidas asesinas que el islamismo radical está produciendo, como si la obra de esas heroínas no fuera un crimen abominable explicable sólo por la locura inducida que padecen ellas y su entorno. No es fácil poner reglas a la exasperación pero resulta obligado plantarse ante la vigencia de ese talión ancestral con que se cierra el círculo maldito de la injusticia y la violencia.

El negocio del tránsfuga

El transfuguismo es un gran negocio. No sólo para el tránsfuga, que suele forrarse al dar el paso, sino para el partido beneficiado en cada caso por esa conducta que todos repudian y ninguno castiga. Ahora, con motivo del “caso Pajín” –tras el que se insiste en que lo que hay, una vez más, son intereses urbanísticos—ambos partidos sostienen la porfía de cual de ellos es el peor en este sentido, como si un sólo caso de transfuguismo consentido no inficcionara a toda la democracia. De momento –tal como ocurrió cuando el transfugazo de Gibraleón—la “regeneración” se limita a comparar ejecutorias en la absurda tarea de determinar quien es más infractor, si el PSOE o el PP. Los únicos seguros son los tránsfugas, precisamente porque saben que el negocio no es solamente de ellos.

Arón

Que el alcalde de Huelva sea uno de los regidores que más se lo curren en España no justifica en absoluto que sea el que más cobre. Y si la razón que se alega para justificar ese despropósito es que existe un pacto para que el alcalde cobre una peseta más que el funcionario del Ayuntamiento que más cobre –en este caso, el gerente de Aguas de Huelva–, resulta evidente que lo que urge hacer no es subirle al alcalde sino rebajarle al gerente. No se trata de que la política deba ser también pedagogía, sino de puro sentido común: Huelva no puede permitirse esas recompensas ni elevarlas por encima de todas mientras en la capital haya tanta necesidad e incluso hambre. Nadie gana cuatro elecciones sin méritos eminentes. Ésa es una razón más para que el Alcalde reconsidere este desagradable asunto.

Cañones o mantequilla

Vuelvo sobre el tema del pavoroso rearme del subcontinente suramericano disparado por los insensatos proyectos del bolivarismo de Chávez. Por un motivo obligado, como es ver a España condonarle a Bolivia la deuda bilateral de 70 millones de dólares, que hay que añadir a los 220 millones de euros concedidos desde el 2006, a pesar de que desde que llegó Hugo Morales al poder “indigenista” aquella modestísima nación anda empeñada en rearmarse comprando a Rusia helicópteros y blindados, cuya utilidad se cuestiona, con explicable inquietud, en otros países de su entorno y, en especial, en Paraguay donde se preguntan contra quién piensa el régimen emplear ésas armas suponiendo que nunca lleguen a emplearse en contiendas internas. Mientras tanto en aquella área no se ocultan siquiera las graves carencias de las poblaciones abrumadas por la pobreza secular y ahora sacudidas, por si fuera poco, por los ramalazos de la crisis sobre sus economías. En Guatemala la situación es tal que el Gobierno ha decido promulgar un decreto declarando el “estado de calamidad pública”, una vez que a la advertencia de la ONU de que seis mil niños están en peligro de muerte por inanición se ha sumado la trágica constatación de que uno de cada dos de esos niños vive desnutrido y que decenas de ellos ha fallecido ya por esa causa en el marco de las 400.000 familias –el 103 más en el último trimestre– que se considera que pasan hambre actualmente, a pesar de la ayuda norteamericana y del Programa Mundial de Alimentos. Veremos por qué culata le sale el tiro a este populismo belicista al que Rusia explota como cliente principal y nosotros jaleamos en solitario. Cabría preguntarse en nombre de qué humanismo solidario mandamos dinero a espuertas a países que se arman hasta los dientes en lugar de destinar esas ayudas a otros –quizá la mayoría: ni Argentina se libra hoy del hambre—que no tienen que llevarse a la boca.

La disyuntiva de Samuelson, que enseñó a mi generación la problemática de la decisión política que debía escoger –estábamos en plena Guerra Fría, no se olvide—entre dedicar el presupuesto a las armas o a las necesidades humanas, anda por ahí, viva y coleando, como puede verse, y sujeta a la misma dialéctica en que se desenvolvía por aquellos años. No se discute la solidaridad con los países pobres endeudados, pero ¿por qué ayudar a manos llenas a los que con una mano reciben la pasta y con la otra la invierten en el arsenal? Quizá se haya desvanecido incluso la imagen de los niños hambrientos y quede poco margen, a estas alturas, para enfatizar su tragedia. Debe saberse, en todo caso, que los millones que acabamos de regalarle a Bolivia irán a parar a Rusia en pago de los pertrechos de muerte que le vende a Hugo Morales, mientras en Haití o en Guatemala hasta los Gobiernos reconocen el estado de calamidad.

Predicar en crisis

Por fin parece que la Junta de Andalucía reacciona ante el espectáculo lamentable de los sueldos de sus altos cargos directos o indirectos y se propone “regularlos” atendiendo a criterios de equidad y sin perder de vista la circunstancia de la crisis, en especial los que conciernen a directivos de las empresas públicas que ella misma ha ido creando como tela de araña alrededor de su propia Administración. En una sociedad masivamente mileurista no tiene pase que la política se pague por las nubes y menos si se tiene en cuenta cual es el nivel real de los afortunados. Olvidada ya la idea de la política como “servicio público”, una cosa es queso trabajo se pague con decencia y otra en que permita a esos designados a dedo saquear el presupuesto.